Util y Victorioso
Conozca la impactante experiencia de quién llegó a superar su minusvalía, el abandono y la indigencia y descubra como llegar a ser:
¡Útil y Victorioso!
Homenaje especial a
Christopher Reeve y a su esposa Dana
TRANSFORMANDO LA DISCAPACIDAD EN UNA OPORTUNIDAD PARA VIVIR
Por: Italo Violo Villalobos
TÍTULO: Como llegar a ser ¡Útil y Victorioso!
AUTOR: Italo Violo Villalobos
NACIONALIDAD: Venezolano
La portada, dibujos y fotos han sido elaborados y provistos por el autor.
Fotografías: Katy Villalobos
FECHA: El manuscrito original fue culminado el 2 de junio de 2004
LUGAR: Anaco, estado Anzoátegui, Venezuela S A
TAMAÑO: 29.7 x 21.5
PÁGINAS: 128
REVISADO POR: Ing. Evelio Rubio
Para las referencias bíblicas se han utilizado indistintamente las versiones españolas de Reina – Valera 1960 y de Evaristo Martín Nieto, así como citas de forma libre por el autor.
Derechos reservados: Se prohíbe la reproducción total o parcial de la obra, por cualquier medio impreso, electrónico, radiofónico, videofónico, etc. sin el permiso del autor. El autor asume la total responsabilidad por los conceptos emitidos en esta obra.
ÍNDICE
ADVERTENCIA
DEDICATORIA
EN HOMENAJE A CHRISTOPHER REEVE Y A SU ESPOSA DANA
AGRADECIMIENTOS
PREFACIO
PRÓLOGO
1 - Nazis y Gitanos
2 - Viaje Inesperado
3 - Alabanzas en medio de la Tragedia
4 - Entre la vida y la muerte
5 - Las manos de Dios
6 - Enfrentando mi nueva realidad
7 - Luchando sin avanzar
8 - Vengo a Cuidarte
9 - Entre Ancianos y Locos
10 - La Bala Perdida
11 - Otro ejemplo de amor
12 - Queriendo Morir
13 - Ángeles a mi alrededor
14 - ¡Ustedes están muy Equivocados!
15 - Ángeles al rescate
16 - Bondad y Traición
17 - Perros y Gatos Invisibles
18 - El cuarto del Olvido
19 - El divorcio o la vida
20 - Conspiración mortal
21 - Logrando lo imposible
22 - Portento en la Cámara Municipal
23 - Superman y yo
24 - Nuevas habilidades
25 - Qué significa ser minusválido
26 - Minusvalía, abandono e indigencia
27 – De la tierra del olvido a la mesa del rey
28 - Útil y victorioso
Epílogo
Consejos prácticos para discapacitados
Bibliografía
¡ADVERTENCIA!
Este texto fue realizado con mucho esfuerzo y perseverancia, entre lágrimas y risas, desconcierto y satisfacción.
Cuando decidí escribir este libro, mi amigo Samuel Ardila, enterándose de lo que quería hacer, me envió la obra de Ron Heagy titulada “Actitud ante la Vida”, la cual, mientras leía, hizo revivir mi experiencia y eso fue desgarrador para mí.
Debido a ello, he realizado, además, un gran esfuerzo para suavizar los hechos narrados en vista a que el objetivo edificante de la presente obra desea resaltar principios y valores que le deben ser comunes a toda la humanidad.
Nada me ha confortado tanto como el trato con otros discapacitados, esta ha sido una de mis motivaciones para emprender esta ardua tarea, con el ánimo de que sepas que quien te habla es una persona que te comprende porque tiene tus mismos problemas y necesidades.
Si has sufrido o estás viviendo una experiencia similar, también para ti puede resultar muy difícil conocer la mía, pero no abandones la lectura y te aseguro que al final vas a salir fortalecido y recibirás el ingrediente que te hace falta para afrontar con aplomo tu nueva situación.
Esta obra ha sido realizada íntegramente con la boca sin el uso de manos, (redacción, escritura, diseño exterior, diseño interior, dibujos y pintura).
Un discapacitado siempre espera manos amigas y pies que caminen por él.
“Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez y ya quedas pagado.
Cuando des un banquete invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos, a los ciegos, entonces serás dichoso porque ellos no pueden pagarte”.
Joshua Ben Joseph.
DEDICATORIA
Dedico esta obra al Dios altísimo, verdadero protagonista detrás del telón.
A mis hijos; Zoiledny Alejandra, Milagros Graciela, Adly Verónica, Italo Jesús y Dana Victoria y a mi hermano Brando Walter.
A todos los indigentes, minusválidos y a aquellos que están dispuestos a sacrificarse para devolverles su dignidad.
A la Asociación de Pintores con la Boca y el Pie porque ellos, con su ejemplo, me impulsaron a realizar una labor digna.
En Homenaje a Christopher Reeve y a su esposa Dana
El día 11 de Octubre del año 2004, me desperté con una sonrisa en los labios y disfrutaba de ciertos acontecimientos que me hacían feliz. No sabía que en momentos esa risa se desdibujaría; encendí el televisor y no habían pasado un par de minutos cuando escuché la noticia; “Ayer murió el actor Christopher Reeve a la edad de 52 años.”
Hacía aproximadamente un mes me había comunicado con el actor Christopher Reeve y le prometí por intermedio del señor Carlos Caprioli su especialista de información que después que mi libro estuviese corregido en la versión inglesa le enviaría una copia del manuscrito. En el mismo había dedicado un capítulo a Christopher y al hombre de acero.
Esa mañana salieron lágrimas de mis ojos cuando me enteré que había fallecido y perdí así mi ilusión que leyera lo que él me había inspirado.
En mi primera carta le dije a Christopher que Dios había permitido lo que le pasó para que ayudase a los discapacitados del mundo.
Y puedo decir hoy con seguridad que su lucha no fue en vano. Christopher, hombre más fuerte en su silla ha podido hacer una labor más hermosa que Superman.
¡Hurra! por Christopher y Dana. ¡Hurra! por Superman. ¡Hurra! por todos aquellos del mundo que a pesar de sus limitaciones luchan para superarse y hacer un mundo mejor.
Por estas líneas rindo tributo a quien al igual que yo, venció sus deseos de morir y fue catapultado más allá de las estrellas y del estrellato para servir a la humanidad en una labor sin precedentes.
Mi deseo es que se publiquen mis pensamientos para que todos sepan que Christopher no ha muerto y sigue viviendo con su cautivadora sonrisa en mi corazón y en el corazón de todos aquellos que siguen el mandato bíblico “amarás a tu prójimo como a ti mismo” y desean un mundo mejor.
Gracias Dana por mantenerte al lado de tu esposo, tú también has dado un gran ejemplo al mundo.
El Autor
AGRADECIMIENTOS
A Dios primeramente porque sin sus maravillas no habría podido sortear todos los inconvenientes narrados en esta obra.
Son incontables las personas a quien tengo que agradecer y las aquí nombradas no son más que una representación de todas aquellas a las cuales pido disculpa que por efecto del tiempo he olvidado sus nombres, pero mi agradecimiento no es menos grande hacia ellas.
Quiero rendir tributo a todos los médicos, enfermeros, enfermeras y personal técnico que ejercen una invaluable labor a favor de la humanidad sufriente en centros de salud que muchas veces son inhóspitos, no solo para los pacientes sino para ellos también.
Quisiera escribir con letras de oro y engastes de piedras preciosas sobre una columna de mármol los nombres de aquellos que impulsados por el amor de Dios estuvieron dispuestos a darse a sí mismos para salvar mi vida.
En Maturín: Alexander López, director de la Clínica Adventista de Maturín; gracias por tu diligencia, Magali de Guillén; gracias por tu preocupación, Fernando Guillén, Enoch Piedra, Frigidaire Rojas, Pr. Omar Piña y su esposa y amiga mía, Aydalí de Piña. Samuel Ardila, Dra. Terry de Otahola, Atanasio Osuna y Santa de Osuna, Hely Cancela, Prof. Villegas, Carlos Gómez y María de Gómez; gracias en nombre de mi hija Verónica. Miriam de Zoque, familia Arismendi y familia Frías. En Caracas: Isabel Camargo; “Chava”. Carmen y Tomasa. En Maracay: Luis Esaá, Hno. León, Pr. Jaime Foronda, Pr. Nathanael García, Jaime y su familia de El Progreso. Pr. José Castillo y su esposa Ester. A mis amigos Alfredo Ortiz, Pedro Torres y Margarita. En Barcelona y Puerto La Cruz: Luisa Rodríguez; gracias porque como una segunda madre me brindaste tu cariño y en tu ancianidad te sacrificaste por mí. Faisal, José Ángel Brito, Arsenia, Arselio e Icsamar. En Anaco y Cantaura: Yelitza Maita y su madre. Dra. Yuly Castillo, Jonathan, Joalice y Mena; quienes hicieron mi vida más fácil en Cantaura. Antonio Malavé, Pedro Maita y María Bautista, que con su buena labor me salvaron la vida y devolvieron mi dignidad. Gracias María, porque en tu casa encontré sosiego. Familia Bautista René, Juan Malavé, Wilfredo Gallardo, Hamilton Maneiro, Iris Guilarte, Norelis Brito, Humberto Gómez y Elizabeth Jiménez, Jefferson Rojas, Carlos y Francisco Herrera. Ada Cabello, ejemplo de responsabilidad y respeto, me hizo muchos pequeños, pero grandes, favores sin quejarse ni protestar. David Huber; que este libro sea inspiración para ti, y al pequeño Júnior David que con su inocencia alegra nuestras vidas.
Quiero agradecer, además a las siguientes instituciones: Unidad de cuidados intensivos del Hospital Universitario “Manuel Núñez Tovar” de Maturín, Damas de PDVSA Maturín. Centro de Rehabilitación Nacional, Unión Venezolana Antillana de los Adventistas del Séptimo Día, en la gestión del Pr. Iván Omaña, mi profesor, pastor y amigo. Misión Venezolana Oriental de los Adventistas del Séptimo Día. Iglesias Adventistas del estado Monagas. Iglesias evangélicas de Maturín, Iglesia evangélica “Dios Admirable” de Maturín y al Pr. Hugo Rojas quien cumple una encomiable labor espiritual allí. Iglesias Adventistas de El Paraiso, La Vega, El Valle y Propatria de Caracas. El Limón, El Progreso, Central, Caña de Azúcar de Maracay, Barcelona, Puerto La Cruz, Anaco y Cantaura. Iglesia Evangélica “Luz del Mundo” Misión No. 1 de Anaco y su pastor; Hno. Juan de Dios Pineda, Iglesia Evangélica “Luz del Mundo” Misión No. 1 de Cantaura y su pastor Hno. Daniel Ruiz. Damas Voluntarias Católicas de Hospitales; que con su hermosa labor atienden y animan a miles de pacientes en los centros hospitalarios de Venezuela. Un saludo especial para las damas valientes de Caracas Anaco y Cantaura. Alcaldía de Municipio Autónomo Anaco en la gestión del señor Alcalde Jacinto Romero Luna. Cámara Municipal del Municipio Autónomo Anaco en la presidencia del señor José Ángel Biaggi.
Debo agradecer al ing. Evelio Rubio por disponer de su valioso tiempo para revisar el manuscrito y por haberme dado sus valiosísimas sugerencias, las cuales proporcionaron belleza y comprensibilidad al texto y a María Bautista por proporcionar recursos económicos y tiempo para la realización de esta obra.
Por último, este agradecimiento no estaría completo sino mencionase al Pastor y escritor Miguel Ángel Núñez a quien conocí providencialmente a través de uno de sus libros y que por medio de su “abrazo a la distancia” me animó y tomó su tiempo para revisar, corregir, calificar mi libro y alentarme a continuar.
Un saludo para mis hermanos paternos: Hildebrando, Livio, Ketty y César Violo, y maternos: César, Jorge, William, David, Hernán, Violeta, Yolanda, María, Alicia y Nelly, a todos los que comparten sangre conmigo; si llegan a leer este libro deseo que les impresione suficientemente para que encuentren el camino, la verdad y la vida.
PREFACIO
POR NORELIS BRITO*
“Está muy fresco todavía el recuerdo del día en que conocí a Italo. Siempre digo que lo conocí por dentro primero que por fuera, ya que estaba de espaldas, había en sus glúteos grandes orificios por donde se miraban, lo que parecían, sus entrañas, y uno de sus fémures, el cual ya había perdido todo el cabezal del hueso, su carne era negra alrededor. Estaba su esposa que es médico traumatólogo haciéndole las curas y conversaba con el médico tratante. Éste le decía que Ítalo tenía la hemoglobina en 4 y sus posibilidades de vida eran muy pocas, de manera que debía desalojar la cama que ocupaba en la emergencia del hospital “Domingo Guzmán Lander” de Las Garzas, hacía ya algún tiempo.
¡Fue impactante! Era la primera vez que presenciaba algo como aquello. Ellos hablaban delante de él, todas estas cosas. Yo pensaba en como él se sentía oyendo todo eso. Era como si él no fuese un ser humano, como si fuera algo, no alguien.
Su rostro era apacible, yo creía que el estaba angustiado, busqué algo en su rostro que confirmara esa angustia en él, pero no la encontré, permanecía apacible. Lo quedé mirando y de repente… lo vi. Él estaba en una silla de ruedas. Estaba predicando delante de mucha gente. Era una iglesia grande, la gente tenía los brazos levantados y lloraban.
Recuerdo la cara de incredulidad de Ítalo cuando le dije lo que veía, no obstante, él me respondió; “amén”
Desde ese día él sigue estando presente en mi vida a diario. De eso, hace tres años.
¿Qué siento por Ítalo? ¡Lo amo!, ¡De verdad lo amo! y además, lo admiro y lo respeto. Y esto no se lo ganó de gratis.
Si en algún momento de mi vida cruzó por mi mente alguna duda del poder de Dios, Ítalo la echó por tierra. Dios actúa en su vida con poder. Mi fe ha escalado montañas altas al ver todo lo que Dios es capaz de hacer por alguien y con alguien que ha sido desechado por el mundo y abandonado por sus seres más queridos.
He perdido el miedo a la soledad, a la lejanía, a la pobreza, al abandono de los míos.
Hace año y medio entré en las misiones y ahora trabajo para el Señor en un pequeño pueblo de este país, Venezuela. Estudio teología y tengo tantos proyectos en la obra del Señor.
Creo que él fue el instrumento de Dios para llevar a mi vida el impulso que yo necesitaba.
* NORELIS BRITO es misionera de la iglesia Bautista. Actualmente realiza labor pionera en la población de Santa Rosa a unos 20 kilómetros de la ciudad de Anaco.
PRÓLOGO
“¡Dios creó al mundo y luego…se fue de vacaciones… se olvidó de todo lo que hizo!”…
. . .Había lágrimas en sus ojos, y mientras hablaba…su mirada se perdía en el cielo azul de la ciudad de Caracas, más allá del imponente cerro Ávila.
Luego…un momento de silencio.
Traté de explicarle pero mis palabras no fueron suficientes ni acertadas. Yo mismo estaba en una situación muy difícil tratando de comprender lo que me había pasado. Estaba inmóvil en mi lecho mirando a Carolina*, una enfermera vestida de negro,
¿De negro?
Sí, de negro.
Tan gorda que la ropa casi no la podía contener, a tal punto que se le rompía encima.
Estando hospitalizado en el Centro Nacional de Rehabilitación, Caracas, Venezuela, conocí a Carolina una mujer robusta que mientras realizaba su trabajo se quejaba de la vida y aunque a veces un poco tosca con sus palabras, no faltaban en ellas compasión y tristeza. Entre tanto que ella me alimentaba llevando entre fuertes suspiros la cucharilla a mi boca y con el deseo expresado en su rostro por mi comida, conversábamos y entablamos amistad. Entonces me contó su historia…
Cuando joven hizo un curso de secretariado comercial, después comenzó a trabajar en una entidad bancaria y su deseo era seguir carrera en la misma, pero bien pronto la tragedia llegó a su vida. Un hermano suyo sufrió un accidente y quedó cuadripléjico, y ella, junto con sus familiares, se encargaron de su cuidado, luego estos le pidieron que lo llevara a vivir con ella y casi tan pronto que lo llevó a su casa su segundo hermano, por esas cosas extrañas que pensamos que nunca suceden, también quedó paralizado.
De igual forma fue llevado a su casa para que lo atendiera.
Finalmente, todos sus parientes se apartaron y la dejaron a ella sola con la responsabilidad económica y también con los cuidados de enfermería y aseo personal.
Decidió, entonces, retirarse de su trabajo en el banco donde había soñado hacer carrera y estudió enfermería para atender a sus hermanos que con el transcurso de los años perdieron la vista.
Sí, por más de veinte años Carolina se sacrificó por ellos. No se casó ni tuvo hijos. Solo arduo trabajo, dolor y desesperanza le acompañaban.
¿Vestía de negro?
Sí, de negro
Porque en el transcurso de esos días, sus hermanos, como poniéndose de acuerdo, habían fallecido.
¿Se fue Dios de vacaciones? ¿No se interesa en nosotros? ¿Por qué sufrimos?
El autor no pretende responder a las preguntas antes emitidas, porque considera que no le corresponde. No obstante, sabe que es común buscar la razón por la cual sufrimos y cuando la desgracia nos golpea queremos encontrar a quien echarle la culpa. Si miramos a los lados sin encontrar un qué o un quién, entonces, miramos hacia arriba y en tono desafiante culpamos al Creador.
Mediante un lenguaje que procura ser sencillo, el autor de este libro desea presentar su testimonio y los impactantes milagros que Dios hizo en él y como fue rescatado de la muerte, el abandono, la indigencia y la inutilidad y fue levantado a las alturas; de manera que ahora se considera ¡ÚTIL Y VICTORIOSO!
Se pretende por medio de este libro, evidenciar de manera clara lo que ocurre en Venezuela con muchas personas que pasan por el calvario de quedar minusválidas. Como la pérdida de valores se manifiesta en el desprecio de la vida humana y somos relegados como seres de segunda clase, a quienes hay que atender porque no queda más remedio.
Pero también quiere resaltar la labor de aquellas personas hermosas dispuestas a darse a si mismas y de forma desinteresada para ayudar al que tiene menos que ellas.
En el mismo orden de ideas, aspira concientizar a la sociedad, a los profesionales de la medicina para que manifiesten un mayor interés por aquellos que consideran que no vale la pena salvar y no apliquen con ligereza la eutanasia.
Finalmente quiere ayudar a la familia señalándole el camino a seguir cuando se encuentran en una situación tan difícil como lo es convivir y atender a sus seres queridos en estado de minusvalía.
Dejando de lado las formalidades quiero decirte a tí que sufres una discapacidad, que tienes un valor inmenso y sin importar cuan limitado estés, tú también puedes ser: ¡ÚTIL Y VICTORIOSO!
Te invito a seguir leyendo este libro, el cual estoy seguro que cambiará la percepción que tienes de la vida.
* Los nombres marcados con asterisco en su primera mención han sido cambiados para proteger la identidad de las personas.
Capítulo 1
NAZIS Y GITANOS
Escape providencial
Transcurría el año de 1912 y mientras millones de hombres se alistaban a morir en las putrefactas trincheras de toda Europa, nacía en Dellbrecht, Alemania un niño, hijo de italianos, a quién nombraron Edwald Livio.
Edwald creció entre las estrecheces propias de las consecuencias de la guerra y teniendo que forjarse su propio futuro aprendió varios idiomas europeos.
Siendo adulto, dicen, que se unió a Hitler y trabajó como informante durante la ocupación alemana en Polonia, denunciando a los enemigos del régimen, sacerdotes y judíos.
Estando en Italia mientras los aliados bombardeaban la ciudad donde se encontraba corrió como todos a un refugio anti bombas, pero se sintió incómodo en ese lugar y a pesar de lo cruento del bombardeo decidió salir y tan pronto como estuvo lo suficientemente lejos del lugar una de éstas cayó en el sitio matando a todos sus ocupantes.
Una pequeña decisión puede cambiar al mundo. Y ese hombre que escapó providencialmente de la bomba emigró a Venezuela después de acabada la guerra y se convirtió un exitoso hombre de negocios y además en mi padre.
La joven que huyó
Carlos, un hacendado del sur del lago de Maracaibo y María, una menuda marabina, se enamoraron y fruto de ese amor nació Lilia, una niña fuerte y robusta. Pero esta niña no gozaría por mucho tiempo de ese amor, pues, Carlos quién llegaría a ser mi abuelo, era casado y su esposa nunca le dio el divorcio. Entonces, mi abuela por las convicciones religiosas y las circunstancias de la época se casó con otro hombre.
Cuando Lilia creció fue molestada por su padrastro. Tuvo un accidente del cual ella jamás quiso contar y en el mismo perdió su brazo derecho, quedando marcada para toda la vida.
Como la vida se le había tornado insoportable decidió huir de su casa, pero… ¿Adónde ir?
Allá, como en 1935, un día muy caluroso y con el sol brindando su brillo en todo su esplendor, aunque casi todos los días son calurosos y brillantes en Maracaibo, se paseaba con su sombrilla de flecos y colores por los campos petroleros donde vivían los norteamericanos.
¡Entonces!…mientras andaba sin rumbo su mirada se posó sobre un grupo de jugadores de béisbol que a la sazón estaban en pleno partido y decidió acercarse al estadio.
Caminando por la cerca del jardín central sintió un fuerte… ¡Tras! ¡Buuum!
El bateador de turno había sacudido un sólido jonrón y yendo la pelota más allá de la cerca le pegó en su sombrilla e inmediatamente en la cabeza, de tal manera que cayó en el polvoriento suelo.
El día se le tornó negro y estaba aturdida con la cabeza como si le diera vueltas, pero de a poco se recuperó ante el bullicio de la gente quienes entre susto y premura, entre pociones de agua y resoplidos no sabían que hacer.
Esta vez dejó de preocuparse de sí misma cuando alzó su mirada y vio la bandera del circo que había llegado a la ciudad y de inmediato como si la pelota, cual un gran campanazo, hubiese sacudido todas sus neuronas tuvo lo que ella supuso era una gran idea…
Incorporándose y sin importarle cuanto le dolía la cabeza se alejó del lugar y se dirigió a la carpa del “Circo Gómez” y habló con el propietario quien la aceptó de inmediato para que trabajara con ellos.
¡Había encontrado la forma de huir de su casa!
Cuando el circo se fue, Lilia también desapareció.
Luego, mi futura madre se casó con el hijo del propietario del circo y llegó a ser la cantante estelar. Así pasó muchos años de su vida entre cantos, sollozos y embarazos. Tuvo catorce hijos, quienes a su vez se convirtieron en payasos, bailarinas, equilibristas y contorsionistas.
Como era de esperarse cada uno nació en un pueblo diferente, sin arraigo en ninguna parte, al igual que yo, tienen dificultad para responder a la pregunta: ¿De dónde eres?
Porque la patria del gitano es el mundo y las fronteras modernas no son más que molestias para ir a donde quieren. ¡A TODAS PARTES, A CUALQUIER PARTE, A NINGUNA PARTE! Su origen fue por siglos un misterio que ya ha sido develado. Con su propio idioma, el “Romanés”, su propia cultura, surgida del norte de la India se enriqueció a su paso por Persia, Mesopotamia, Palestina, la península ibérica y toda Europa. Los míos provienen de Hungría, después de pasar por España y Colombia. Sus relaciones sociales se realizan mayoritariamente en “La Compaña,” con sus propias leyes, sus problemas los resuelven por medio de la reunión de ancianos o jefes de clan a la que llaman “Kriss”. No se preocupan por el futuro y la “Diáspora Romaí” es la última la cigarra alegre de la tierra.
A pesar de recorrer por décadas toda Venezuela y Colombia, mi madre nunca más regresó a Maracaibo y todavía hoy setenta años después es recordada por la familia Villalobos Morales, quizás, la más numerosa del estado Zulia, como la prima que huyó y no regresó jamás.
Noé y el gran diluvio
Era la época de Pedro Infante y Jorge Negrete y las películas mejicanas causaban furor en toda Latinoamérica. La gente en Venezuela deseaba verlas pero solo había cines en las grandes ciudades, entonces el Sr. Gómez, con sentido de oportunidad, transformó el circo en cine ambulante y continuó recorriendo las polvorientas carreteras de la época buscando la mejor plaza para divertir a la gente.
En ese mismo tiempo la relación matrimonial de mi madre, se había deteriorado a tal punto que decidió separarse.
Poco después conoció a mi padre, quien era propietario de varias gasolineras en Caracas y Barlovento y padre de cinco hijos. Como producto de esa relación, mi madre quedó embarazada de mí.
Luego de pasado un tiempo, ella fue a visitar a sus doce hijos y estando con ellos le vinieron los dolores, y allí donde estaba, en una casa llena de gente y cuando las parteras a domicilio eran la norma se efectuó el trabajo de parto.
Las horas pasaron, se hizo de noche, llovía a torrentes y a la luz de velas y mechones vine al mundo.
A los pocos minutos de haber nacido escampó y el cielo se despejó, por eso, Violeta, mi hermana mayor, siempre me tomaba en sus brazos y alzándome con deseos de tocar la bóveda celeste decía:
_ ¡La noche que naciste brillaron las estrellas!
Las estrellas brillaron, pero San Francisco de Cara estaba entre dos ríos y ambos se desbordaron esa noche y antes de que amaneciera huyeron del pueblo conmigo en brazos a no se donde. Y del pueblo donde nací hasta ahora solo conozco su ubicación en el mapa. He escuchado que la población fue definitivamente evacuada y lo transformaron en una represa.
Pasado un tiempo, no se cuanto, mis hermanos maternos, encariñados conmigo me presentaron ante las autoridades; no se ni cuando ni donde, y me dieron el nombre de Enoé Gómez, convirtiéndome así en hijo de mi padrastro y de mi hermana mayor.
Mi madre que había vuelto a Caracas, a pedido de mi verdadero padre tuvo que buscarme para llevarme a su lado y luego fui presentado nuevamente en Chacao con el nombre de Italo Livio.
Mi padre murió cuando yo tenía diez años y solo muchos años después, pude entender cuanto este hecho afectó mi vida.
Volviendo con mis hermanos maternos, mi hermano menor Brando Walter y yo, tuvimos desavenencias con ellos; quienes en su celo por no ser hijos del mismo padre decían que éramos muy malos. Hoy en día puedo comprender un poco su actitud, pues, nosotros representábamos la razón por la cual nuestra madre los había dejado, además éramos hijos de un alemán y los nazis se ensañaron de una manera muy cruel contra judíos y gitanos matando a más de seis millones de unos y una cantidad enorme de otros. Por eso para los gitanos ser alemán significa ser malo y nosotros, para ellos, lo éramos. Sin embargo, cuando maduramos todos, la relación se hizo menos tensa.
Mi juventud
No supe que las letras existían hasta el día que fui a la escuela por primera vez a los siete años, pero me pareció que ya las conocía todas. Desde ese momento los libros fueron mis compañeros y mi madre me apodó: “Libro”.
El 29 de marzo de 1975, a la edad de catorce años fui bautizado por inmersión. Tomando a esa edad una de las decisiones más importantes de mi vida.
Al poco tiempo realicé mi primer trabajo vendiendo libros y reuní los recursos para matricularme en el Instituto Vocacional de Venezuela, ubicado en Nirgua, estado Yaracuy. Hice allí mi bachillerato y me formé como técnico en artes gráficas trabajando en la imprenta para pagar mis estudios. (Este colegio es reconocido como uno de los mejores del país).
En el orden académico, siempre fui un estudiante excelente y continuamente me mantuve en el cuadro de honor. Carente de recursos económicos, estaba consciente que mi estadía en el colegio dependía de mis esfuerzos y traté de aprovechar al máximo todo lo que se me podía brindar. Mientras los otros estudiantes hacían deporte yo trabajaba y mientras ellos jugaban me ocupaba en mis deberes escolares.
En varias ocasiones fui nombrado director de la Escuela Sabática, director de la Sociedad de Jóvenes, director misionero, diácono y mis compañeros me distinguieron nombrándome presidente de la clase de graduandos. Hice allí grandes amigos para toda la vida.
Después me gradué como técnico en refrigeración, aire acondicionado y electricidad, actividad que ejercí por cerca de dieciocho años y paralelo a esto, realicé estudios de teología, gerencia y desarrollo empresarial y estaba estudiando arquitectura cuando llegó el infortunado día.
Laboralmente desarrollé mi propia empresa de servicios y efectué contratos de servicio en garantía de fábrica con casi todas las marcas de electrodomésticos existentes en Venezuela.
Después de años de servicio me había transformado en un experto y empecé a sentirme satisfecho cuando me di cuenta que prácticamente ya no cometía errores y conociendo todos los pormenores del negocio, mis clientes habían comenzado a sentirse siempre satisfechos. Queriendo siempre, como muchos, hacer algo diferente en la vida, sentía que había encontrado mi destino y decidí convertirme en el mejor en esa área, ya no por saberlas todas sino porque sería honesto a carta cabal con todos.
Pero este libro no es una autobiografía, sino que he querido hacer un esbozo de mi vida para que nos identifiquemos mejor.
En los próximos capítulos relataré acerca del episodio que dio un vuelco a mi vida y es el que da forma a esta obra.
Capítulo 2
VIAJE INESPERADO
La Sultana del Guarapiche
Mi residencia estaba en Maturín, una bella ciudad al oriente del país, bulliciosa y tranquila a la vez, capital del estado Monagas, tiene un clima agradable, casi todos los días sale el sol y casi todos los días llueve por lo que es una tragedia para los talleres de latonería y pintura. El imponente río Guarapiche lame sus fronteras, con montañas al norte que la protegen, se encuentra rodeada de sabanas siempre verdes, que se adornan con maizales, torres petroleras y gran cantidad de ganado gordo que asemeja grandes rocas tachonando los pastizales.
Se dice que Maturín es la ciudad de las mujeres porque cuando uno sale a la calle ve muchas de ellas, pero lo cierto es que cuando los hombres están en las haciendas, en los pozos petroleros o descansando de su ardoroso trabajo, ellas están de compras o realizando labores propias de su feminidad.
Cuando llegué como forastero, me enamoré de Maturín a primera vista, la adopté como mi ciudad y ella me adoptó como hijo, desde entonces, La Sultana del Guarapiche se convirtió en mi añoranza.
Viaje inesperado
Era el 28 de abril de 1999 y el sol brillaba como nunca, esplendoroso llenaba de alegría todos los rincones y como dice el salmo 19, nada había que se escondiese de su calor.
Me levanté ese día, hice mi rutina, llevé a Dana Victoria, mi hija de nueve años, a la escuela y me dirigí a realizar mi trabajo al otro lado de la ciudad.
Era un día bonito aquel, y me sentía contento porque a pesar de los problemas familiares había una sonrisa en el ambiente y no había tenido contratiempos con el trabajo. De pronto, a las once de la mañana recibí una llamada… Tomé mi celular y me dispuse a contestar,
_ ¡Aló, buenos días, Friotecnia a la orden!
_ Vida, soy yo, _ así me llamaba Josefina*, mi esposa _ “Madre” viene y quiere que la lleve a Alborada para conocer el colegio y hablar con el profesor Bonilla para internar a mi sobrino Ricardo* porque tiene problemas con él.
_Cuando llegue, llámame para acompañarte _le contesté.
_No, no _ me replicó _ viene mucha gente.
_ ¿Te acuerdas dónde queda? _ le pregunté, como insistiendo.
_No muy bien, pero lograré llegar _ me dijo.
_ Entonces, cuando llegue tu mamá avísame para llevarlos_ así di por terminada la conversación.
Alborada queda exactamente en el límite del estado Monagas con el estado Sucre. En una ocasión, de visita en el lugar, abrí mis piernas y levantando los brazos de forma jocosa dije:
Tropezón, ese es el nombre del caserío, es un lugar bonito y muy fresco ubicado a la orilla de la carretera que atraviesa las montañas, siempre llueve y siempre está verde. Por esa razón escogieron ese lugar para establecer una escuela vocacional con orientación cristiana, apartada de la influencia malsana de las ciudades.
Yo sabía que el viaje era peligroso porque casi toda la carretera está llena de curvas y precipicios y mi esposa tenía problemas con la vista, pues, se había sometido a una operación para corregirse la miopía, y como consecuencia de la misma los reflejos de la luz la encandilaban y para protegerla, en cuanto era posible, no la dejaba conducir de noche. Además conocía la carretera mejor que todos.
Por otro lado, era un excelente conductor, nunca había tenido un accidente en carretera. (En Venezuela un excelente conductor es aquel que puede maniobrar muy bien el volante y esquivar a los otros vehículos).
Llegada la tarde, mi esposa me llamó nuevamente para decirme que ya había venido su madre.
_Espérame que voy enseguida _ le contesté.
Me dirigí de inmediato al apartamento donde vivíamos, allí estaban mi esposa, mi suegra y mis cuñados esperándome para salir. Así que después de saludarles me acicalé con la premura del caso.
Cuando salí ya estaban en el vehículo esperándome. Me adentré en el auto, cerré la portezuela y poniendo mis manos en el volante elevé una oración pidiendo protección.
Había mucha premura en salir, pues, eran las cinco de la tarde y nos esperaban trescientos kilómetros de carretera de ida y vuelta. Mi suegra, una mujer muy activa y siempre ocupada que al parecer nunca toma tiempo para el descanso o la recreación, deseaba regresar de inmediato para hacer el viaje de regreso a su ciudad ubicada a ciento setenta kilómetros de distancia tan pronto como llegásemos de este otro viaje.
Antes de salir de la ciudad, hice una sugerencia,
_ ¿Porqué no visitamos a Samuel Bonilla? Él nos podría indicar donde se encuentra su hermano porque el profesor viaja con frecuencia para Maturín.
_No podemos perder tiempo – me respondieron, mostrando su desacuerdo.
Así que me enfilé hacia las montañas y luego de hora y media, después sortear muchas curvas, llegamos sin contratiempos cuando se ponía el sol.
Para sorpresa nuestra, la persona solicitada se encontraba en Maturín, sin embargo, su esposa nos dio la información requerida.
Realmente, yo había planificado un viaje para los próximos días para el lugar porque mi hijo Ítalo Jesús había ingresado a la institución y estaba interesado en ajustar cuentas con la administración, pero por nuestro apuro utilicé parte del tiempo para saludarle y conversar con él.
Siendo la hora de la reunión nos quedamos unos minutos para disfrutar de ella. Nos despedimos y nos pusimos en marcha.
Capítulo 3
ALABANZAS EN MEDIO DE LA TRAGEDIA
Era de noche cuando salimos de regreso. Yo solía disfrutar del paisaje mientras manejaba, pero manejar de noche es otra cosa. Manejar en la noche se convierte en un mero cumplimiento del deber y esa era una noche particularmente oscura.
Al llegar a la ciudad de San Antonio de Maturín nos detuvimos y entramos a una panadería y compramos algo ligero para comer.
¡Esa fue la última vez que hice una caminata y que pude llevar algo por mi mismo a la boca!
Nos montamos en el vehículo y seguimos nuestro camino, pero… ¡olvidé ponerme el cinturón de seguridad!
Y mientras avanzábamos a través de las curvas sosteníamos una animada conversación en la que de forma inusual mantenía el control porque les explicaba el conocimiento que había adquirido en Las Escrituras acerca de la muerte y el estado de los muertos. ¡No sabía que en minutos me encontraría con la muerte!
Pasamos la ciudad de Aragua de Maturín y los silencios en la conversación se fueron haciendo cada vez más largos.
Mi esposa me advirtió un par de veces que bajase la velocidad, luego me pidió el vehículo y contrario a su costumbre se abrochó el cinturón de seguridad, luego me reclamó con aires de celos,
_ ¿Por qué te quedas tan pensativo? ¿En quién estás pensando?
Preguntas a la que no contesté.
¡Ya estaba listo!, una camioneta Jeep Cherokee último modelo con su aire acondicionado brindando falsa seguridad, una carretera estrecha llena de curvas, la penumbra de la noche, el deseo de llegar pronto, un cuerpo y una mente cansados del arduo trabajo de todo un día y horas sentado frente a un volante fabricaron el nefasto cóctel para un accidente automovilístico.
De pronto escuché gritar a mi suegra,
_ ¡La Santísima Trinidad!
E inmediatamente escuché el grito de mi esposa,
_ ¡Dios mío!
Sorprendido solo vi luces y me aferré al volante tan duro como pude y esperando lo inevitable comencé a orar pero en esas fracciones de segundo solo pude decir mentalmente,
_ ¡Señor salva a mi esposa!...
Los demás fueron pensamientos inexpresados, no los dije pero estuvieron allí.
Mientras, me extinguía lentamente como lo hace un bombillo cuando es apagado por un reóstato. No sentí dolor, aunque nunca pensé morir, creí que estaba muriendo y me dije, _ ¡Morir no es tan malo, no duele!
Así sentí introducirme en un hoyo profundo y oscuro cual antes nunca había visto.
No se cuanto tiempo pasó, pero abrí los ojos, vi la luz del vehículo que se mantenía encendida y sentí un fuerte olor a gasolina, temiendo lo peor miré el asiento del pasajero y estaba vacío. Sentí dolor en el cuello y supe enseguida que me había fracturado la columna cervical, pues, intenté moverme y no pude hacerlo.
Escuché varias veces mi nombre,
_ ¡Italo!... ¡Italo!
Era Josefina quien junto con los otros después de reconocerse con los demás me estaba buscando.
_ ¡Aquí estoy! _ Les respondí _ ¡Creo que me rompí el cuello!
Entonces mi cuñado, temiendo que la camioneta ardiera en fuego, se metió en el vehículo que estaba volcado con los neumáticos hacia arriba a la orilla de la carretera y me haló por los hombros.
Entre tanto detuvieron una vieja camioneta blanca conducida por un hombre mayor y me sentaron al lado del conductor. Todo mi cuerpo había quedado fláccido y podía ver de vez en cuando mis brazos inertes.
Mi primera pregunta fue:
_ ¿Cómo están los demás?
_Todos están a salvo _ me contestó mi esposa con la franqueza que la caracteriza.
Solo estaban aporreados y mi sobrino y nuestra niña de nueve años que estaban durmiendo salieron despedidos rodando como trompos cuando la portezuela trasera se abrió. El niño se raspó el rostro con el asfalto quedando parado peligrosamente en mitad de la carretera y mi niña se había fracturado levemente una clavícula.
Entonces, sabiendo que mi futuro era incierto, mis labios se abrieron y prorrumpiendo en alabanzas dije:
_ ¡Señor, tu eres bueno! ¡Te agradezco porque toda mi familia está a salvo! ¡Te agradezco porque soy el único que sufrí una lesión seria! _ Y de verdad no me importaba haber muerto si los demás estaban a salvo.
Días atrás había analizado cuan efímera es la vida del hombre y el proceso por el cual pasamos.
“¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librará su vida del poder del seol?” (Salmo 89: 48).
Había tomado conciencia de que a todos nos toca la fatalidad, tarde o temprano, pero a todos nos llega. Y… a mi me había llegado. Como lo dice Qohélet:
“Porque el tiempo y la mala suerte alcanzan a todos.
El hombre no conoce su hora:
Como los peces son apresados en la red fatal
Y como los pájaros que se enredan en el lazo,
Así los hombres se dejan enredar por el infortunio
Cuando de Improviso cae sobre ellos”. (Eclesiastés 9: 11 – 12)
¡Te alabo Padre!, ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Te bendigo Señor!
Estaba frente a la eternidad y no podía hacer otra cosa.
“Me rodearon ligaduras de muerte,…
… Ligaduras del seol me rodearon, me tendieron lazos de muerte.
En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios.
El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos…
Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca.
En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán.
Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre.
Busqué a Jehová, y el me oyó, y me libró de todos mis temores.
Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.
Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias.
El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.
Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él”.
(Escogido Salmos 18 y 34)
Capítulo 4
ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE
Estaba agitado y no cesaba de hablar; pedí perdón porque mi descuido había provocado el accidente, sabiendo que haría falta dinero le di a mi esposa la lista de las cuentas por cobrar y le dije:
_Si muero vuelve a casarte.
_Tu me has dado todo lo que un hombre puede dar a una mujer_ me respondió.
Al llegar a la medicatura de Aragua de Maturín, me bajaron de la camioneta pick up y la médico residente me limpió los vidrios de mi ojo izquierdo, también me suturó la oreja derecha entre mis recomendaciones de que eso no era necesario.
De inmediato llegó la ambulancia para trasladarme a la clínica. El ejecutivo regional había establecido una red de ambulancias con un servicio excelente y tan pronto como pudieron me tuvieron en la sala de rayos x de la clínica “Divino Niño” de Maturín.
Consciente en todo tiempo pude observar mis vértebras rotas, sí, rotas, tal como se parte un palo de escoba, se podía ver el compromiso medular, es decir, la médula espinal aplastada.
Mi esposa, quien laboraba en ese centro como médico traumatólogo ortopedista sabiendo lo grave del caso habló con su colega y me enviaron a otro centro para efectuar una tomografía…
No perdí el conocimiento pero todos mis recuerdos de lo que ocurrió a continuación quedaron en el olvido…
Ingreso al hospital
Todo era confusión y caos, mientras me trasladaban al Hospital Central “Manuel Núñez Tovar”, sin reponerse aun del accidente todos trataban de hacer algo para ayudar.
Entre tanto, buscaron a mi hija Adly Verónica quien me acompañó toda la noche, viendo con angustia la condición de su padre, con llanto contenido en su garganta escuchaba las incoherencias que le decía.
A la mañana siguiente, me introdujeron a la sala de terapia intensiva, mientras me preparaban para intervenirme quirúrgicamente. Me colocaron en una cama de Striker e introduciéndome tornillos en la cabeza me pusieron bajo tracción.
Comenzaron a surgir inconvenientes, pues no podía respirar y la tensión sanguínea comenzaba a caer.
El médico a cargo había ya decidido no operarme y le dijo a mi hermano Brando que había llegado de Punto Fijo al otro lado del país:
_Tu hermano no se puede intervenir porque no va a resistir la operación, no creemos que resista un día más. Así que la mejor recomendación es que se preparen para lo peor y hagan los preparativos para el entierro.
Me cuentan que mi hermano afligido, sumamente angustiado e impotente ante la situación golpeaba su cabeza contra la pared.
Pero me casé con una mujer que no se amedrenta tan fácilmente.
Se requería una “Placa de Orión” con cuatro tonillos para fijarme las vértebras y ella hizo la diligencia para traerla de Caracas junto con un grupo de especialistas.
La junta médica reiteró que era inútil intervenirme. Luego de discutir un rato, los colegas le dijeron:
_Vamos a esperar unos días para ver como evoluciona.
A lo que respondió sin preámbulos con esa seguridad que la caracteriza,
_Si es de Dios que muera, morirá pero sino, vivirá. Así que intervengámoslo de inmediato.
Facultada para ella misma operarme, sus colegas le permitieron entrar al quirófano, mas no actuar debido a la ética profesional.
… ¡Había ocurrido lo inesperado!
La operación había sido un éxito y allí estaba de nuevo en la sala de terapia intensiva, conectado al respirador, pero continuaba con vida. Nadie quería que muriese pero se prolongaba la agonía.
Pasaron los días, sanaron las heridas pero yo no respondía. Dependía del respirador y mi tensión normal era de 3/6 y continuamente tenían que expandirme inyectándome una botella de suero tras otra. Una y otra vez me encontraba abriendo los ojos rodeado de todo el personal de la unidad y al médico jefe exclamando:
_ ¡Pónganle la solución a chorros que se nos va! ¡A chorros! ¡A chorros!
No me faltaron visitas y los médicos el personal de enfermería estaba gratamente impresionado observando como tanta gente solicitaba verme, dispuestos a prestar toda su ayuda, pero las visitas en ese lugar son muy restringidas.
Muchos no pudieron entrar a verme, sin embargo la iglesia se organizó para que siempre hubiese alguien en la sala de espera para cualquier imprevisto.
Debo mencionar de una forma muy especial a Magali de Guillén quien me tomó especial aprecio a pesar que no la había conocido antes, se esforzó como si fuese yo su hijo.
Me habría gustado ver a mi madre y pregunté por ella, pero estaba muy delicada del corazón y mis hermanos, temiendo por su vida, no se atrevieron a contarle de mi situación hasta el día de su muerte varios meses después.
Mi esposa se las arregló para entrar a cualquier hora y pasábamos horas tratando de comunicarnos. Dana mi hija menor a menudo la acompañaba y siento no haberle prestado la atención que se merecía porque estábamos ocupados, como siempre lo están los adultos, hablando de cosas “más importantes”.
Mi hija Alejandra hizo una tablilla con letras y un SI y un NO y cuando me señalaban las letras hacía señas, lo que nos resultó muy útil. Realmente no recuerdo de quien fue la idea, si de ella o mía.
Al pasar los días me practicaron una traqueotomía para que la entubación no me dañara las cuerdas vocales.
Pronto, en vista de que no respondía, los intensivistas solicitaron permiso para desconectarme, pero mi esposa profirió un rotundo no.
Después de pasado el mes, solicitaron nuevamente autorización para ser desconectado. Pero ella les amenazó con formar un escándalo por la prensa y demandarlos legalmente si lo hacían. Le pidieron, entonces, que comprase un respirador para que me llevase de vuelta a casa. El cual no se podía comprar por ser muy costoso.
Llegó el día cincuenta y seis y llamándola nuevamente le dijeron:
_Sabemos que su esposo no volverá a respirar, así que a pesar de que su tensión se ha estabilizado un poco, hoy lo vamos a desconectar definitivamente. Hemos hecho lo que nos correspondía hacer y no lo podemos mantener aquí para siempre.
No se cuan desconsoladoras fueron esas palabras para ella, ni para mis hijos, ni para mis amigos que siempre habían estado allí dispuestos a colaborar en todo lo que pudieran.
Perteneciente a una comunidad cristiana sabía que todos estaban angustiados y estaban ofreciendo sus oraciones por mí.
Sin saber lo que los médicos habían decidido pude observar como, con mucho tacto y cariño, la doctora se me acercó para cumplir la orden.
Me dijo unas palabras, quizás porque lo hacía contra su voluntad. Había ganado amigos en ese lugar y me habían apodado “Flipper” por mi forma particular de llamar.
Como en un último intento, retiró suavemente la manguera que me conectaba a la vida y me dijo:
_ ¡Trata de respirar!
Asustado intenté insuflar mis pulmones y con mucha dificultad empezó a entrar aire de forma muy penosa.
¡Otra vez había ocurrido lo inesperado! Allí estaba yo, indefenso, frente a la eternidad y sobreponiéndome a la ciencia experimenté el poder de Dios. ¡Podía respirar por mi mismo!
¡Se había evitado lo que vendría después! ¡La eutanasia!
Respiraba con mucha dificultad y las horas se me hicieron largas. Al día siguiente estaba alojado en una habitación del 5to. Piso y conectado a una “T” de aire que me suministraba oxigeno puro.
Capítulo 5
LAS MANOS DE DIOS
La casa de la muerte, la casa de la vida.
Sacudía la cabeza con frenesí, me faltaba aire y quería respirar.
La enfermera se levantó de su asiento y corriendo se acercó a tranquilizarme, aumentó el ritmo del respirador entonces regresó la calma.
Me dicen que estuve consciente todo el tiempo, pero ese es el primer acto consciente que recuerdo. Ya no estaba en la cama de Striker. Realmente no me habría enterado sino me lo cuentan.
Mi hija Milagros vino a visitarme pero mi subconsciente me recordaba la difícil relación que habíamos llevado y sintiendo un cariño especial por ella, su presencia me producía taquicardia y los médicos le prohibieron visitarme.
Cuando recobré la conciencia empecé a mirar alrededor el ambiente pulcro y lleno del sonido de los monitores de la sala de terapia. Tenía mangueras conectadas por doquier y como diez bolsas de suero que pendían de un par de parales adornaban mi cama.
Pude observar como entraban las personas con vida y salían cadáveres. ¡Estaba en la casa de la muerte!
Especialmente notorio fue el caso de una niña indígena que había sido picada por una raya. Recuerdo todavía a su madre pasar con mucha tristeza a su cama y observarla sin decir palabra alguna, todo el tiempo que le permitieran.
Como la niña no respondía al tratamiento, los médicos aprovecharon la oportunidad cuando la señora viajó a su aldea, la sacaron de la unidad de terapia y la confinaron en una habitación con el letrero “SE PROHIBEN LAS VISITAS” hasta que la niña falleció. Escuché a los médicos lamentarse porque necesitaban la cama para otro paciente con mejor pronóstico.
Esta parece ser una actitud cruel, pero en Venezuela como en toda Latinoamérica escasean los recursos y el hospital central de Maturín cuenta solo con cuatro camas en la sala de cuidados intensivos para atender a una población de casi un millón de habitantes pertenecientes al estado Monagas y a varios estados circunvecinos, por lo que los médicos tienen que desempeñar la penosa labor de decidir quien vive y quien no, de acuerdo con el pronóstico favorable o desfavorable del paciente, según la disponibilidad de camas.
Entendí lo grave de mi situación, no quería estar allí, pero supe que ese era el lugar más seguro del mundo para mí, en esos momentos y que estar allí significaba que no podría vivir en otro lugar. ¡Estaba en la casa de la vida!
Perdía peso cada día pues solo recibía alimentación intravenosa y líquida por una sonda nasofaríngea.
Me atacó una severa neumonía muy difícil de curar por lo que utilizaban costosos antibióticos de última generación para contrarrestarla.
Entre tanto, cuando mis pulmones se llenaban de líquido me los succionaban con una sonda, algo que me causaba mucho malestar. Veía además la solución sanguinolenta que fluía de mi interior.
Las manos de Dios
Después que volví en mí, no pude volver a dormir, sabiendo que mi vida pendía de un hilo comencé a implorar.
Día y noche queriendo estar bien con Dios, oraba y oraba, repasé toda mi vida, punto por punto y cuando me encontraba con algún hecho incorrecto pedía perdón y así continué como por cinco días. Jamás había orado tanto en toda mi vida.
Nunca pensé, con anterioridad, que una persona pudiese pasar tanto tiempo haciéndolo. También pude recapacitar sobre mis malas decisiones y como habían afectado mi vida.
Cuando llegué al día de hoy, es decir de ese momento, me sentí libre con una paz que jamás había experimentado.
Por extraño que parezca, ni antes ni después he sentido miedo. He buscado una respuesta a este fenómeno y he llegado a la conclusión de que se debe a mi comprensión de Las Escrituras por las que entiendo que Dios siempre tiene el control de nuestras vidas.
Hice un pacto con Dios diciéndole que siempre diría la verdad no importando cuanto me perjudicara. Hoy años después he podido notar que este pacto me ha traído muchos beneficios, y en las ocasiones en las cuales he salido perjudicado por decir la verdad, Dios ha redundado en sus bendiciones para conmigo. Desde esa ocasión cuando se presenta una situación comprometedora guardo silencio o digo francamente que no quiero opinar sobre el tema, pero jamás miento.
Otro punto que todavía me causa asombro es que jamás le pedí a Dios que salvara mi vida, no, mi oración fue “SEÑOR HAZME ÚTIL”.
Después que me tomaran la radiografía en la Clínica Divino Niño, solo recordaba vagamente cuando me introducían en el tomógrafo y a una persona a quien supuse mi esposa que me rapaba la cabeza. Pero hubo otra cosa que si recordaba con toda claridad y me ha dado seguridad hasta el día de hoy: Veía yo unas manos hermosas, manos límpidas, que pertenecían a alguien que vestía túnica blanca, estaban rodeadas de una luz maravillosa y se extendía hacia mí. No sentía que me dijeran ven, sino, aquí estoy yo.
No vi más, pero esa visión me hizo estar seguro y tomé una determinación: Me pondría en las manos de Dios y me dejaría llevar por él como una pluma por el viento. Yo no vi de quien eran esas manos, pero lo cierto es que me han confortado hasta el día de hoy. Por eso digo que eran las Manos de Dios.
Recordé la promesa bíblica:
“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí en las palmas te tengo esculpido…” (Isaías 49:15,16).
Ángel de misericordia
A pesar de profesar el cristianismo por muchos años, dudaba del poder de Dios, quizás porque en la iglesia a donde pertenecía se cuestionaba a todo aquel que dijese haber experimentado un sueño, una visión o un milagro.
Ahora sentía que este hombre creyente e incrédulo a la vez había entrado en la presencia del Señor. Pude experimentar que Dios se manifiesta en circunstancias muy especiales para confortar y guiar a sus hijos. Lo hace para decirnos que él siempre está presente, y cuando el mundo se pone oscuro él nos muestra su luz.
Ron Heagy, quién también quedó cuadripléjico tras un accidente en una tabla de surf en Huntington Beach en el sur California, nos cuenta en su libro “Actitud ante la Vida” lo siguiente:
“En un instante, se cerró la puerta y la ambulancia salió haciendo sonar la sirena. Mike, asustado y perplejo, quedó solo en el risco, a miles de kilómetros de casa, sin dinero y sin poder llamar a nadie para pedir ayuda.
Hasta el día de hoy, diecisiete años después, a Mike le cuesta describir lo que pasó después. Es más no le gusta pensar en ello porque el recuerdo es demasiado doloroso.
Devastado con la idea de perder a su hermano y sintiéndose abandonado, le llevó un buen rato poder moverse. Se acuerda que volvió a la playa donde menos de una hora antes estaba tendido en la arena. _ Seguramente que la llave del VW está en el bolsillo de su pantalón vaquero pensó. ¿Pero de qué me sirve? No puedo manejar sin licencia y ni sé como llegar a la casa de Annette.
Dio un vistazo a la playa. Estaba casi desierta. Solamente había gaviotas y zancudos para hacerle compañía. Impulsivamente, Mike se tendió en la toalla, metió la cabeza entre sus brazos y empezó a llorar
No lloré tan fuerte como para que me pudiesen oír_ recuerda_ pero era profundo. Me sentía muy perdido, muy solo y no sabía qué hacer. Más que nada, quería estar con Ronnie, pero ni siquiera sabía dónde lo habían llevado. No tenía la menor idea de qué hacer, así que me tendí allí y lloré.
El tiempo pasó lentamente, pero al rato, Mike escuchó la voz de una mujer y él levantó la cabeza. Era una señora mayor con un enorme sombrero de paja y un vestido de colores brillantes.
Esta bien, Mike _ le dijo sonriendo _ todo va a estar bien. Ronnie está herido pero no se va a morir.
A Mike no se le ocurrió preguntarle como sabía su nombre.
Debes estar agotado. ¿Por qué no vienes a mi casa? _ le preguntó, señalando una casa en el risco_. Te daré unas galletitas y una limonada. Te sentirás mejor.
Como todos los padres, los nuestros nos habían enseñado a no hablar con extraños, no ir a la casa de alguien a quien no conociéramos y, sobre todo, no subir al auto de ningún desconocido. Pero Mike dijo:
_Nunca me dio la sensación que fuera una extraña. Conocía nuestros nombres.
Mike no se acuerda como era la casa de la señora; lo que si recuerda es que se sentó a la mesa con ella y le sirvió las galletitas y la limonada que le había ofrecido sin dejar de hablarle en tono consolador.
Ronnie se rompió el cuello_ le informó_. Va a quedar paralítico pero no se va a morir. Va a vivir y tú lo verás, Mike. Dios se va a glorificar en la vida de Ronnie.
Mike no sabe cuanto tiempo estuvo sentado a la mesa de la señora. Lo único que sabe es que un tiempo después volvió a bajar los escalones a la playa sintiéndose reconfortado. Un sentimiento de paz se había sobrepuesto a su ansiedad…
Nunca supimos quien protegió a Mike aquel día. Algunos nos insisten en que fue un sueño. Pero a Mike no le preocupan las teorías acerca de la identidad de la señora. El la llama simplemente ‘el ángel’ ”. (Actitud ante la vida Pág. 44)
Capítulo 6
ENFRENTANDO MI NUEVA REALIDAD
Solidaridad humana
Estuve hospitalizado cerca de treinta días en el 5to. Piso del Hospital “Manuel Núñez Tovar”. Empecé a comer con mucho temor porque los médicos me habían advertido que como había perdido la capacidad para toser si me atoraba iba a tener muchos problemas.
Debido a que la comida del hospital consistía básicamente en un trozo de pollo horneado a mediodía y por las tardes. Mis amigos se comprometieron a traerme los alimentos. María Bautista preparó una dieta muy especial para reestablecerme y a pesar de sus muchas actividades tomaba tiempo para traérmela y ella misma dármela en la boca. Con ella y otros amigos compartí mi infortunio y muchas veces lloramos juntos. Cuando vienen a mi mente esos acontecimientos, me embarga un sentimiento de gratitud que no me es posible describir.
Apenas comenzaba a conocer mi cuerpo en mi nueva situación, me pasaban cosas extrañas que no entendía. Cuando dormitaba sentía de repente que me halaban el brazo derecho y cuando abría los ojos no había nadie. Con el tiempo aprendí que se trataba de espasmos los cuales eran cada vez más frecuentes y fuertes.
Debido a que pasé mucho tiempo sin comer perdí cerca de veinte kilos y mi gusto por los alimentos cambió de tal manera que los sabores me parecían más fuertes.
Me di cuenta que era incapaz de realizar cualquier tarea, por sencilla que fuese. Tenían que asearme, cambiarme la ropa de cama, darme el alimento en la boca y si algún insecto se acercaba o me picaba tenía que esperar o dar muchas explicaciones para una actividad tan sencilla que por lo general la hacemos de forma inconsciente y automática.
Como solo podía mover mi cuello, repetía muchas veces que me había convertido en un busto como esos que adornan las plazas donde solo se ve los hombros y la cabezas de los próceres patrios. De una vida independiente había pasado a otra de dependencia total.
Empecé a sentir sensaciones que me eran desconocidas y todo esto me mantenía ocupado casi de manera permanente.
Desarrollé un gran deseo de estar acompañado y continuamente miraba la puerta de la habitación esperando siempre ver entrar a alguien. Sin embargo llovieron las visitas y siempre estuve muy bien acompañado. El licenciado Enoch Piedra, un misionero mejicano, estuvo muy pendiente de mi situación, cantante profesional, me brindó un concierto, me alentó y me ayudó en muchos aspectos. Quienes me visitaban y estaban pendientes no eran mis familiares, sino mis amigos y los miembros de la iglesia; había pasado la novedad del caso y mis hermanos me visitaron muy de vez en cuando, mi esposa siempre estaba ocupada y por eso continuamente la excusaba, a mi suegra no la volví a ver sino años después, ni a mis cuñados a quienes había llamado “mi familia”, a algunos de ellos no los he vuelto a ver hasta el día de hoy.
Josefina* caminó una senda que pienso no debió andar porque me culpaba por lo que había pasado y empezó a sentir que era el responsable de su desgracia y esta circunstancia se interponía entre ella y sus deseos de escalar posiciones en su carrera y en la vida. Se mantuvo permanentemente buscando a alguien para que se responsabilizara de mí, utilizó muchas frases que me zaherían y que considero prudente no escribirlas en estas páginas.
Solo mi hija Verónica se mantuvo a mi lado, estaba terminando el bachillerato y estuvo a punto de dejar sus estudios, pero sus profesores y compañeros le alentaron y la ayudaron para que se pudiese graduar. El instituto canceló la deuda de su colegiatura y con lágrimas y angustia recibió en esos días su título como bachiller en ciencias.
Debido a las circunstancias especiales la institución universitaria donde yo había estudiado años antes le otorgó un cupo como estudiante trabajadora, el cual no pudo aprovechar porque era imperativo que me acompañase al nuevo lugar a donde me tocaría ir.
Lamento cuando mi esposa en uno de esos momentos de rabia le dijo a mi hija:
_Te vas por tu cuenta, allá en Caracas verás como te las arreglas.
Pero también recuerdo a Frigidaire, una joven estudiante de pedagogía que pasó muchas noches de una forma altruista, durmiendo en el piso de mi habitación para cuidarme y se despidió de mí con lágrimas en su rostro. Personas como ella, me han confortado desde entonces y me hacen saber que todavía hay amor en el mundo.
En el Centro Nacional de Rehabilitación
Un vecino nuestro tiene un amigo médico que trabajaba en el Centro Nacional de Rehabilitación ubicado en Caracas, la capital de la república. Sabiendo de mi situación, mi esposa habló con él y encontró un cupo de cortesía para mí en dicho centro ya que el mismo es utilizado de manera exclusiva por los que tienen seguro social y yo carecía de ese servicio. (En Venezuela pocas personas tienen seguro social).
Una de mis clientes que trabajaba en la empresa petrolera (PDVSA) consiguió con sus compañeros de trabajo un succionador, del cual dependía mi vida y tres boletos de avión para la capital.
De mañana muy temprano salimos y llegamos sin más novedad que la incomodidad de cargar un cuerpo inerte de la ambulancia al avión y del avión a otra ambulancia. Josefina fue muy diligente para hacer todos los preparativos necesarios para el viaje y mi ingreso al centro.
A pesar de la contaminación, se sentía agradable el clima fresco y suave de Caracas, una ciudad donde siempre es primavera. Aunque sabía que mi caso es por lo general definitivo, guardábamos una leve esperanza porque mi médula no estaba rota, sino que había sufrido un aplastamiento y la médica especialista cuando me examinó también dijo que había alguna posibilidad de volver a caminar.
De inmediato, después del reconocimiento médico fui llevado al salón de terapia, no pude contener el llanto al ver a aquel grupo de personas en sillas de ruedas, rodando sobre una colchoneta gigante o tratando de caminar, guindados de unas cuerdas. Sentí que luchaban contra lo imposible.
Mientras trataba de contener el llanto, una dama que obviamente era una de las terapeutas pidió que me acercaran a ella, fue muy amable conmigo y de inmediato supe que era una persona muy especial.
_Me llamo Cecilia _ me dijo_ pero todos me dicen Paloma.
A la tarde ya estaba instalado en mi habitación, en el 5to. Piso. Mi hija me acompañaba y esa también sería su habitación, sin cama, sin closet, sin alimentos y sin baño para ella. Tendría que acomodarse como pudiese.
No teníamos recursos, pues ya se habían consumido todos. Haciendo honor a la verdad, creo que en este percance he consumido más recursos que los que pude ganar en toda mi vida.
Esto me ha enseñado que la vida no tiene precio y que por eso, el mismo Señor Jesús, puso su vida por la mía.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha enviado a su hijo unigénito, para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino tenga vida eterna”. (Juan 3: 16)
Capítulo 7
LUCHANDO SIN AVANZAR
Arreglándoselas como se pueda
Estaba más preocupado por mi hija Adly Verónica que por mí. Desde la primera noche durmió sobre una cama playera muy incomoda. Yo no dormía y la llamaba con mucha frecuencia, además, las enfermeras entraban cada tres horas a la habitación para cumplir con el tratamiento. A los pocos días, aun cuando ella no se quejaba y estaba presta para todo, se le notaba el agotamiento, empezó a arrastrar los pies y a cualquier hora quería dormir.
Para descansar un poco y para su aseo personal, nuestros amigos de Maturín, le encontraron un lugar donde ir.
Me sentí muy apenado porque mi hija, una hermosa señorita de diecisiete años, tuvo que atenderme viendo mi desnudez.
Los primeros días compraba su comida en los restaurantes cercanos al hospital, luego cuando se agotaron los recursos compartíamos la comida que me ofrecía el centro, la cual estaba bien para mi solo, pero para los dos se hizo muy escasa.
Ella era quien me trasladaba al gimnasio y a donde fuese necesario. Se convirtió en mis manos y mis pies. Su trabajo para conmigo fue superior al de los enfermeros.
En ese tiempo pude conocer mejor a mi hija, aumentó mi aprecio por ella y pude observar como las circunstancias difíciles le dieron un temple maduro que antes no tenía. Además, presintiendo que se quedaría en Caracas, traté de entregarle toda la sabiduría que había acumulado por el transitar de mi vida para que le fuese útil en una ciudad llena de trampas y peligros.
No acostumbrada a pedir, un día se me acercó y me dijo:
_Papi, quiero trabajar.
Quedé un rato pensativo…
...La primera condición para permanecer en el centro era tener un acompañante. Si ella comenzaba a trabajar mi estadía allí estaba en peligro. Pero considerando que sus necesidades eran muchas, entonces, mi sentido paternal se antepuso. …Después de un largo silencio le dije:
_Mañana, muy temprano compra el periódico y busquemos en los clasificados, de seguro, allí vas a encontrar el trabajo que necesitas.
Contenta por mi respuesta reía, mientras se frotaba las manos dando pequeños saltos. Al cabo de una semana, luego de mucho buscar se me presentó con el periódico y un aviso que le interesaba. Discutimos el asunto y buscando apoyo me llevó hasta la planta baja para llamar por teléfono. Realizó la llamada, mientras yo escuchaba y al terminar me preguntó:
_Papá, me dijeron que me presentara mañana temprano. ¿Eso, qué significa?
_Que te van a dar el trabajo _ contesté.
Su rostro se iluminó y aunque celebraba, se mantenía incrédula y nerviosa. Al día siguiente, levantándose muy temprano y tratando de recordar todas mis recomendaciones salió como una heroína en busca de aventuras.
A la noche regresó contenta con su nuevo trabajo en una bella panadería que estaba abriendo sus puertas en la urbanización El Paraiso. Me contó nerviosa que había tirado una bandeja de pasteles por el piso. A lo que contesté:
_Es tu primer día y estabas nerviosa, los dueños lo saben y comprenden la situación, así que no te preocupes y da lo mejor de tí.
Días después, contenta, mostraba su admiración porque no me había equivocado en ninguna de mis palabras. Trabajó por más de dos años y medio en esa panadería y sus jefes desarrollaron gran confianza en ella, logrando el mayor ascenso que podía tener en ese lugar.
Mi estadía en el centro no se vio perjudicada y el personal de enfermería cumplió con sus labores.
¡Por medio de estas líneas te rindo tributo, hija mía!
Luchando sin avanzar
Un mes después de mi llegada, me trasladaron a otra habitación y mi cama estaba cerca de una muy amplia ventana, pudiendo ver la ciudad desde allí, era muy refrescante ver el cerro Ávila y de tanto observarlo me enamoré de él. También contaba todo lo que pudiera ser contado, vehículos, antenas, las rayas de la pared, las arañas, las palomas y los zamuros que planeaban el cielo caraqueño
El traqueotomo me había sido indicado de por vida y la traqueotomía me molestaba mucho, se llenaba de secreción, mis pulmones continuamente estaban llenos de flema por lo que por durante más de un año tuve un trabajo inmenso, tratando de respirar las 24 horas del día y tenían que succionarme, pues, incapaz de toser no podía expulsar los fluidos. Pocas enfermeras sabían realizar esta labor y me causaba estupor cuando las tres enfermeras del turno de la tarde, para una tarea que solo requería de una persona y un par de guantes, se aparecían totalmente vestidas de pies a cabeza con ropaje desechable de quirófano. Cuando entraban a la habitación les gritaba:
_ ¡Llegaron las astronautas!
Todos los días me bajaban al gimnasio y con ansias esperaba mi turno para la sesión de terapia. Primero me calentaban los hombros con luz infrarroja porque me dolían permanentemente. La tensión arterial siempre se mantenía baja y me desmayaba varias veces al día; mi vista se nublaba y manteniendo los ojos abiertos no podía ver. Este problema lo solucionaban inclinando la silla hacia atrás y dándome a oler alcohol. Manteniéndome siempre acucioso ponía atención a todo lo que se decía y hacía, pronto me di cuenta que estaba en peor condición que todos los otros pacientes. Muchas veces, Paloma, mi terapeuta me llevaba asustada corriendo a mi habitación.
En una ocasión, mientras mi hija me alistaba en la silla de ruedas, quedé con los ojos y la boca abierta, dado que mi hija me hablaba y yo no respondía, creyó que había muerto y fue corriendo, llorando y gritando a buscar a las enfermeras, cuando regresó ya estaba consciente como si el tiempo no hubiese transcurrido y bromeando pregunté porqué estaban tan alborotadas, así creyeron que lo hice por chanza.
Aún cuando callaba y no indagué al respecto, me di cuenta de que el personal de terapia no guardaba esperanzas conmigo. Seguían dándome mucho ánimo, pero eso era debido a una estrategia a la que ellos llamaban “cariño terapia.”
Paloma, terapeuta ocupacional, era muy solícita con todos y a mí me trató de una manera muy especial. Hizo más de lo que le correspondía hacer. Por eso casi todos los pacientes que pasan por sus manos la recuerdan con mucho afecto. Ella es ejemplo de quienes se preocupan más por la gente a quien sirven que por la mera responsabilidad de un trabajo.
Todos los informes médicos eran negativos. Pero ya me iba acostumbrando, desde el primer día de mi accidente y hasta el día de hoy, prácticamente sin excepción, los médicos y terapeutas nunca han creído que pudiese tener algún tipo de recuperación. Sin importar el motivo de mi consulta, continuamente me medican sin creer que su tratamiento dé resultado. Incluso algunos admiten abiertamente que no quieren o no pueden tratarme. Algunos médicos amigos, sincerizándose para conmigo, me han dicho que el personal médico considera una pérdida de tiempo y recursos atender a los cuadripléjicos porque ya no son útiles para nada. Claro está, debe entenderse que este es el pensar de un nutrido grupo, mas no de todos. Con el paso del tiempo he podido comprobar que muchas personas consideran que los cuadripléjicos no tienen derecho a la vida porque son una carga social. _Me suicido, si quedo así_ dicen.
En una ocasión, cuando fui a visitar a la Cruz Roja, un médico que me había tratado con anterioridad, al ver que continuaba con vida, comentó resignado:
_Está bien, total, otros andan por ahí sin hacer nada. Refiriéndose a los delincuentes.
De esa manera expresó el sentir de muchos, que consideran a los minusválidos, lacras sociales, parias que afean la ciudad y aumentan la carga social.
Comparándonos con delincuentes, muchos cual Hitler quisieran exterminarnos.
Capítulo 8
VENGO A CUIDARTE
No permitas que cualquiera ore por ti
Nunca he acostumbrado a prejuzgar a las personas y difícilmente algún individuo me cae mal de buenas a primeras. Sin embargo, la siguiente experiencia constituye una de esas excepciones:
Era la tarde y me encontraba pasando las horas cuando se me acercó una anciana y comenzó a hablarme. No le puse atención a sus palabras y mientras la miraba me decía a mi mismo:
_ ¡Que fea es!
Me dijo que iba a orar por mí, cerré mis ojos y luego, contrario a mi costumbre, los abrí y pude verla con los brazos en alto, los ojos abiertos mirando al techo y su gran boca haciendo alarde digno de una película de terror con su gran colección de caries y muelas faltantes. ¡Me pareció más fea aún!
Al despedirse me entregó un librito titulado “Cristo en el Hogar”. Pero al ver la portada observé el rostro de quien supuse era Jesús y me dije a mi mismo:
_ ¡Ese Jesús si es feo!
Quedé inquieto toda la tarde y cuando llegó Verónica lo primero que hice fue pedirle que buscase el libro y averiguase quien lo editaba. Quedé asombrado cuando me enteré que pertenecía a una orden espiritista y el rostro dibujado en la portada no era el de Jesús sino el de un conde fundador de dicha orden. De inmediato le pedí a Verónica que rompiese el libro y lo tirase a la basura. Me sentí muy mal porque sentía que el enemigo de las almas había venido a visitarme.
Entendí más claramente que las fuerzas del mal están, también, muy ocupadas y nos buscan para hacernos daño. Pero cuando mantenemos una sana comunión con Dios, él nos da discernimiento para detectarlas, sin importar cuan sutil sea ese acercamiento. Desde ese entonces decidí no aceptar la oración de cualquier desconocido sin saber primero de donde viene.
Vengo a cuidarte
Pasaban los días y una tarde se me acercó otra viejecita. La noté cruzar la puerta con mucha energía. Los hombres no solemos ser detallistas, sin embargo, la recuerdo con claridad.
Mujer de tez clara y de baja estatura, tenía un porte digno, a pesar de llevar ropas raídas de tantas lavadas y unos zapatos de tela negro, tan baratos como, quizás, pudo conseguir y un penetrante olor a ajo la acompañaba, después me diría que se debía a su trabajo donde usaba mucho para elaborar mayonesa casera. Con su rostro afable me dijo:
_Soy Isabel Camargo pero todos me llaman “Chava” y vengo a cuidarte.
Conversamos acerca de las cosas típicas que hablan las personas que se quieren conocer y trató de alentarme mientras buscaba que hacer. Cuando llegó la cena me la dio con gusto y mientras les hablaba del amor de Dios, se mantuvo atenta para atender las necesidades de mis tres compañeros de habitación.
Llegó la noche y cuando vino mi hija le dijo que fuese al apartamento donde le daban posada para que descansase porque ella había venido a cuidarme.
Cuando tocó la hora de apagar las luces, “Chava” en vez de acostarse, quedó impávida en la silla en son de alerta durante toda la noche. Como yo tampoco dormía, noté que ni siquiera posaba su dorso sobre el espaldar, la insté varias veces a que se recostara un rato. Pero se negó a hacerlo y me dijo:
_Estoy en una misión y cuando estoy en una misión, no duermo.
¡Quedé asombrado, una persona a quien jamás había conocido antes estaba dispuesta a velar por mí, sin descansar un minuto y ofrecer sus cuidados, su aliento y sus oraciones!
Las noches de cuidado y vigilia se hicieron frecuentes y constantemente buscaba a otros para que pasaran la noche conmigo y mi hija pudiese descansar. Me adoptó como su hijo y se ocupaba de mantener todas mis cosas en orden. A pesar de su pobreza siempre se las arregló para suplir lo que me hacía falta.
Llegó el veinte de noviembre, el día de mi cumpleaños, y se presentó un sábado con un grupo de miembros de su iglesia para celebrar conmigo. Recuerdo aún, dos enormes pastichos, jugo y una hermosa torta casera que compartimos con todos los pacientes y el personal de nuestra sección.
El desastre más grande de Venezuela
Mi condición física era nada alentadora y la junta médica decidió darme de alta, además el 15 de diciembre, el centro concedía vacaciones; enviando a todos los pacientes a sus casas. “Chavita” se las arregló para conseguirme los pasajes de avión para regresarme a Maturín. Sin embargo, esos planes no se pudieron llevar a cabo.
Hacía un mes que no cesaba de llover en toda Venezuela, pero esos últimos días empezó a llover a cántaros sobre todo el valle de Caracas y el litoral central, las quebradas y ríos se desbordaron y las montañas literalmente explotaron ante la carga de agua. Rocas gigantes y lodo sepultaron ciudades enteras matando a decenas de miles de personas y dejando otras decenas de miles sin hogar y sin familia. Muchas personas salieron de su trabajo para no regresar jamás, las ausencias se notaban por todas partes y por doquiera se veían rostros angustiados y llenos de lágrimas.
El país entero se encontraba bajo el agua, el país entero lloraba, las gotas de lluvia aumentaban la tristeza porque la naturaleza parecía llorar con nosotros, inclemente arreciaba y todos ansiábamos días de sol. Los puentes se rompieron, los aeropuertos colapsaron y nos encontramos aislados. Nos encontrábamos ante el desastre natural más grande que ha sufrido Venezuela en toda su historia.
Todos los pacientes del Centro de Rehabilitación fueron enviados a sus casas y quedé solo en un edificio enorme y la institución fiel a su ética se mantuvo abierta para atender a un único paciente. Las enfermeras no dejaban de mostrar su incomodidad.
Milagro de amor
En vísperas de navidad, me encontraba en el 3er. piso donde comía después de que las palomas picotearan mi alimento, impotente trataba de espantarlas pero su gorgoteo era más fuerte que mi voz. La tristeza lo envolvía todo, en esos días el único tema de conversación era la tragedia y encender la radio o la televisión implicaba oír los lamentos y ver los rostros desesperados de personas buscando a sus seres queridos. Me hice especialmente sensible y esto me deprimió mucho.
Esa noche, mi hija estaba laborando muy duro en la panadería donde había encontrado trabajo, entonces “Chavita” me sorprendió trayendo la cena navideña para las enfermeras y para mí. Eso fue muy significativo para mí porque ella se esforzó y sacrificó su tiempo trasladándose del otro lado de la convulsionada ciudad para ese detalle. De esta manera iluminó mi habitación con alegría mezclada con amor y bondad.
Me demostró de manera fehaciente que se interesaba por mi persona. Sí, todavía quedan seres como ella, dispuestas a dar no solo sus recursos sino también a darse a sí mismas por otros.
“Chavita” representó para mi un milagro de amor. A través de ella y muchos otros, Dios me dijo: “Te amo y en mis manos te tengo esculpido”.
Capítulo 9
ENTRE ANCIANOS Y LOCOS
De Caracas a Maracay
En la tarde del 28 de diciembre, fui sorprendido al ver cruzar la puerta de mi habitación a Josefina, quien apurada y cansada apenas me saludó, y de inmediato recogiendo todas mis cosas, en menos de media hora me tenía en una habitación que estaban usando como depósito de camas viejas en el Hospital “Manuel Pérez Carreño” que está ubicado justo al lado del Centro de Rehabilitación. Mientras rodaban mi camilla rumbo al otro hospital pude ver como ponían cadenas a la puerta principal, evidenciando el deseo del personal de tenerme fuera de allí.
En aquel lugar me recibieron colocándome una inyección que correspondía a otro paciente. Allí recibí el año 2.000, mientras, mi esposa buscaba infructuosamente una ambulancia, avión o helicóptero para trasladarme a Maturín, labor que se hizo imposible debido a que estaban ocupadas en el gran rescate. Tratando de calmarla le expresé:
_Iré a donde el Señor me lleve y cuando él quiera, así que no te afanes demasiado_, le dije eso porque en su visita anterior, tras discutir conmigo me había dicho:
_Estás en mis manos y lo que yo quiera eso haré contigo.
Percibiendo una gran fuerza dentro de mí y con un coraje que no suelo tener, le contesté:
_Estás equivocada, no estoy en tus manos_ y recordando para mis adentros, la visión, continué_ estoy en las manos de Dios y adonde él me lleve iré. Si a la muerte, allí iré o a cualquier sitio porque no estoy en tus manos, sino en las manos de Dios.
El Señor me había dado seguridad y esto me mantenía libre de temor porque me mantenía ejerciendo confianza en Dios.
El día 7 de enero me trasladaron a mi antigua habitación del 5to. Piso y preocupado porque nadie me daba noticias de mi madre comencé a orar por ella en voz alta. Al terminar mi esposa me dijo:
_Italo, no ores más por tu madre porque hace tres meses que murió.
Esa noticia se convirtió en mi regalo de año nuevo. Me sentí devastado. Sentí mucha tristeza y rabia a la vez porque a ella le habían ocultado mi condición hasta el último día y ahora me habían ocultado su muerte. Los días cuando ella murió, mi hermano Brando me visitó y a pesar de que le había dicho que no me ocultase nada, sin embargo calló.
Muchos creen que ocultando la verdad lo protegen a uno, pero lo cierto es que cuando esa verdad se sabe a destiempo aumenta el dolor.
Llegó el 9 de enero y encontraron un sitio en Maracay, al atardecer ya estaba instalado en mi nuevo lugar de reclusión.
Las vías ya estaban abiertas para trasladarme a Maturín, pero yo ignoraba que mi esposa había decidido no recibirme ya más en casa. Así empezaba a cumplirse la premonición que me acompañaba desde que desperté en la sala de terapia intensiva. ¡NO REGRESARÍA JAMÁS A CASA!
La casa donde solo se espera la muerte
Introdujeron el vehículo en el estacionamiento de tierra y dos jóvenes me sacaron del asiento trasero del viejo Malibú y colocándome en la silla de ruedas me metieron en la sala de la casa. Me desagradó desde el primer momento y “Chavita” tratando de animarme me dijo:
_El lugar es bonito, tiene una bella montaña al frente para que la veas y respires aire puro.
Era una casa nueva pero muy mal construida llena de desniveles por todas partes y con una distribución muy desagradable, en cuatro habitaciones estaban hacinadas unas veinte personas y un solo y estrecho baño, mal ubicado frente a la cocina era útil para todos.
En los próximos días traté de ambientarme y la propietaria con sus tres hijos hacía lo posible para que me sintiese bien, pronto descubrí que ese no era el sitio para estar, mis acompañantes eran todos ancianos decrépitos que por vetustos habían perdido la razón, lo cual junto con sus muy malas condiciones físicas, no querían ser atendidos por sus familiares y tampoco eran recibidos en institución alguna. Se habían especializado en recibir a los pacientes a quien nadie quería. Así mismo, había varios hombres con esquizofrenia; ante este tipo de personas me sentí aislado.
Uno de ellos, apodado “el tío”, era un día piloto de avión y al siguiente día era un magnate, policía o corredor de bolsa. Los ancianos me atormentaban porque pasaban horas hablando incoherencias o gritando. Una de las ancianas me era especialmente molesta porque la colocaban en la ventana de mi habitación y por horas piaba como un pollito, rezaba en voz alta y no cesaba de pedir “cafecito” por eso la apodaban “guarapito”. Entre tanto uno rondaba el patio con el envase de orinar dentro de su pantalón, gritaba pidiendo comida porque tenía hambre, sin importar cuanto o cuando hubiese comido. Alberto, perdió la razón cuando se disponía a realizar su tesis para graduarse de ingeniero geólogo y respondía cualquier pregunta que se le hiciese, pero en cualquier momento se tornaba molesto porque comenzaba a repetir ideas fijas y tercas, además era incapaz de tomar cualquier decisión por simple que fuese y empezaba a comerse las uñas, además se divertía todo el día mirando a los demás porque estaban locos. Otro saltaba como un pavo que por ser tan alto se golpeaba la cabeza contra el techo, además, dejaba soltar una risa gutural que me parecía particularmente espantosa. Este último, junto con el “tío”, era utilizado por la propietaria para que hiciese muchas labores rudas porque estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por un cigarrillo y así, el primero se mantenía peleando todo el día por su recompensa. En esas condiciones me era imposible descansar o dormir y en la noche en mis plenas vigilias veía a Víctor, un adulto de unos 50 años con síndrome de Down que buscaba los envases de orina y excremento para tomárselos y bañarse con ellos.
En una ocasión pude experimentar, porque quise utilizar parte de mi tiempo para analizar y comprender conductas tan extrañas, lo que significa la frase “Cada loco con su tema”:
Una mañana, una de las ancianas, se sentó en el diván que quedaba frente a mi habitación y comenzó a tejer su hamaca imaginaria, enseguida llegó Víctor, quien no dormía de noche y se acostó peleando para que lo dejasen descansar, entretanto otra anciana peleaba para que no le molestaran su gato invisible y otro, entretanto los observaba alegre, se reía a carcajadas saltando como un pavo.
Pude experimentar, siendo joven con solo 39 años de edad, lo que significa ser un anciano, me di cuenta cuan efímera es la vida, me encontraba en ese lugar completamente solo.
Hablo de la soledad de la tristeza y la desesperanza.
Hablo de la soledad del no futuro y no poder compartir mis desdichas.
Hablo de la soledad de la añoranza de tiempos mejores.
Hablo de la soledad de sentirse inútil.
Hablo de la soledad de solo esperar la muerte.
Supe entonces lo que significa ser un anciano.
Haciendo de tripas, corazón
Hace algún tiempo que había decidido vivir un día a la vez, en ese lugar no había necesidad de hacer planes, por lo que ocupaba la mayor parte de mi tiempo viendo la televisión, incluso las 24 horas del día, para abstraerme de ese sitio tan inhóspito.
Con el tiempo le hice unos reclamos a mi hija Alejandra por mi inconformidad de algunas cosas de ese lugar y me contestó que no reclamase porque no había otro lugar donde me pudiesen llevar.
Y tenía razones para reclamar porque la comida por ser tan abundante me causaba problemas, la cual consistía básicamente en una inmensa arepa (pan de maíz), con café negro en la mañana y un plato de arroz o pastas con carne en la tarde. Las frutas y legumbres brillaban por su ausencia. Solo consumía una comida al día como a las cinco de la tarde porque siempre me sentía con el estómago lleno.
Aún cuando tenían a una joven que limpiaba el ancianato, eran muy desaseados con ellos mismos. Javier*, el hijo de la propietaria cuando se disponía a darme el alimento comenzaba a estornudar y con la misma mano que se hurgaba la nariz, se la pasaba por los ojos para quitarse las lagañas, después de estrujarse la cara llena de grasa se acomodaba el cabello y terminaba limpiándoselas en su sucia franela que le cubría la inmensa barriga, después de ese ritual tomaba el alimento para llevármelo a la boca. Reclamé porque, incluso, cuando me daba el pan lo empujaba para que mis mordidas fuesen más grandes y así terminar pronto. Cuando servían verduras, estaban llenas de tierra porque no las lavaban bien y no pocas veces, me encontré con chiripas nadando en mi sopa.
Un día pedí que me limpiaran el rostro y cuando uno de los jóvenes me pasó la mano por la cara me la dejó putrefacta con el olor del perro lleno de pulgas que había estado acariciando.
En otra ocasión, pedí un cambur (banana) y desnudándolo por completo se le cayó al piso, recogiéndolo se pasó las manos por los dedos de sus pies descalzos, entonces alargando el brazo pretendía que lo comiese, por supuesto protesté y esos reclamos hicieron más difícil mi estadía en el lugar.
A las enfermeras les atemorizaba atenderme y por lo general lo hacía la propietaria del ancianato después de haberse desocupado con todos.
Acuérdate de tu creador
Mis días allí se hicieron lúgubres, pasaba días enteros en los cuales no abría los ojos sino para comer, pedir agua y cuando me limpiaban. Entonces me abstraía de mi entorno, aunque sin perder contacto con él. Soñaba despierto, fabricaba mundos, escribía artículos para la prensa, elaboraba discursos, componía el país, inventaba cosas, revisaba mentalmente creencias y doctrinas, filosofaba, recorría mi vida anterior y la colocaba en diferentes escenarios… así, de esta manera mi mundo se enriquecía y no quería abrir los ojos porque mi mundo interior era inmensamente mayor que la diminuta habitación en la que solo veía fealdad y estrechez.
Con frecuencia efectuaban reuniones y nos colocaban haciendo una rueda en el patio y podía observar allí, los rostros con la vista perdida de algunos ancianos, su mirada sin brillo y lerda reflejaba su incapacidad de reconocerse así mismos, seguían vivos pero me daba la impresión de que ya habían sido abandonados por sus espíritus, rodaba su saliva por sus mentones y lanzaban largos alaridos quejándose, decían incoherencias mientras sus rostros se contorsionaban para fabricar desagradables muecas, los locos deambulaban de un lugar a otro, cada uno ensimismado en su universo, todos estaban solos, ninguno le hacia compañía al otro y todo esto me hacía parecer que estaba inmerso en una película de terror que mezclaba a “Matrix” con “Thriller” y “Frankistein”. Perdidos en su propios mundos, era yo incapaz de indagar los entuertos de sus mentes. Sentía compasión por esos seres, el problema era que yo estaba allí como uno de ellos, me encontraba impotente sin poder hacer nada para cambiar esa situación. Tomando en cuenta que tal espectáculo me perturbaba sobremanera, opté por pedir que me pusieran de espaldas a donde pudiese ver el cielo y la montaña que quedaba a escasos 50 metros de distancia o permanecía en mi habitación y salía después que acostasen a casi todos.
En ocasiones, de madrugada, comenzaba a llorar sin motivo aparente, mis sollozos despertaban a Patricia* quien asustada llamaba a sus hijos. Cuando me preguntaban qué me pasaba les respondía:
_No sé, solo quiero llorar_ entonces lloraba por horas.
Comencé a recordar las palabras que mi madre escribiera, veinticinco años atrás, en mi pequeña primera Biblia, recordaba, incluso su caligrafía. Tomando un nuevo significado las podía ver con claridad.
“Acuérdate de tu creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento”.
Pedí mi Biblia, el único libro que me había quedado y volví a leer:
“Acuérdate de tu creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos y que lleguen los años de los que dirás:
‘No encuentro placer en ellos, antes que se oscurezca el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia; cuando tiemblen los guardianes de la casa, y se encorven los hombres fuertes, y cesen de moler las mujeres porque son demasiado pocas, y pierdan la vista las que miran por las ventanas, y se cierren las puertas de la calle, y se debilite el rumor del molino, y se apague la voz del ave, y desaparezcan las canciones, cuando en las alturas haya temores y en los caminos angustias; y florezca el almendro, y se haga pesada la langosta y no sirva para nada la alcaparra, porque el hombre se va a su morada eterna, y las plañideras recorren la calle; antes que se rompa el cordón de plata, y se quiebre la lámpara de oro, y se haga pedazos el cántaro en la fuente, y se rompa la polea en el pozo, y que el polvo torne a la tierra como era antes, y que el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio’.“ (Eclesiastés 12: 1 – 7)
Capítulo 10
LA BALA PERDIDA
En uno de esos días que parecían interminables, llegó por fin la noche y todos los pacientes estaban en sus camas a excepción de Alberto que siempre merodeaba hasta tarde y Víctor que estaba a la expectativa a que todos se durmieran para empezar su ritual nocturno de bañarse con orina y excrementos.
Patricia, la propietaria del centro geriátrico, se aprestaba a dormir en la pequeña silla playera de mimbre que mi hermano Brando le había regalado.
Mientras tanto, entraba y salía, no sin antes tomar unas bocanadas de su cigarro favorito.
Antes le había dicho,
_El cigarrillo te va a llevar a la tumba.
De repente, Patricia, comenzó a preocuparse y mientras salía y entraba a la casa, decía:
_ ¡Algo va a pasar!, ¡algo va a pasar!
Apagó las luces y se acostó, pero a los pocos minutos se levantó, salió, se fumó otro cigarrillo para calmar los nervios, pero fue inútil. Empezó a pasarse las manos por la cabeza y se halaba los cabellos diciendo nuevamente:
_ ¡Estoy muy nerviosa, algo malo va a pasar!
Lo repetía una y otra vez, pero siendo yo una persona poco dada a los presentimientos lo tomé, simplemente como un acto propio de su personalidad nerviosa.
Varias veces le dije que se tranquilizara, preguntándole:
_ ¿Qué puede ocurrir? Además, de pasar algo, no lo podríamos evitar.
Varias veces se acostó y luego volvió a pararse. La última vez se acercó y comenzó a conversar conmigo al lado de mi lecho y mientras lo hacía me acomodó en la cama ya que los espasmos me tiraban paulatinamente hacia el lado izquierdo, también haló la cama y la cambió ligeramente de lugar porque las personas que se me acercaban la empujaban al recostarse.
Después de hacer esto se despidió y se acostó de tal manera que se quedó profundamente dormida tan pronto como cayó en su lecho.
Dispuesto para mi noche de vigilia, cerré los ojos para sumergirme en mis pensamientos, pero al pasar unos diez minutos escuché una fuerte explosión muy cerca de mí. Creyendo que se trataba de un corto circuito o que el colchón anti escaras había explotado empecé a llamar gritando, pero, Patricia no me escuchaba, estaba profundamente dormida.
Alberto, quien si estaba despierto y había escuchado la explosión se acercó y preguntó que había pasado.
_No sé _le contesté _ hubo una explosión y quiero saber que pasó.
Yo también escuché la explosión_ me dijo, mientras encendía la luz.
_Señora Patricia, señora Patricia, levántese que hubo una explosión_ llamó, mientras la tocaba para que despertase.
Comenzamos a buscar a ver que había pasado y todo parecía estar en orden. Cansados de buscar, se alistaron nuevamente para irse a dormir. De pronto miré el cielo raso y noté un pequeño agujero que no había visto antes, entonces le pedí a Alberto que la quitase la lámina y al quitarla se hizo evidente la causa; una bala había atravesado el techo y rozando mi cama había arrancado fragmentos al piso, buscando en el suelo apareció la bala calibre 45.
Había pasado exactamente por el sitio donde había estado antes de que la señora Patricia moviera la cama, sino lo hubiese hecho la bala me habría impactado en el tórax con consecuencias desconocidas. Nos pareció que había alguien interesado en quitarme la vida.
Capítulo 11
OTRO EJEMPLO DE AMOR
En los primeros meses, mi hija Verónica, mi hermano Brando y mi esposa se pusieron de acuerdo para cancelar la mensualidad del centro geriátrico.
Pero un día recibí una llamada…
_ Hablé con la señora Patricia para que busque un sitio en el geriátrico público para que te trasladen hasta allá. No tengo como pagar tu estadía allí. Tengo que escoger entre mis hijas y tú...
_Pero tú sabes que llevarme allá significaría la muerte para mí_, le contesté.
_Lo sé, _ me dijo _ pero te mueres tú o perecemos todos.
Dijo muchas cosas. No las recuerdo. Ella necesitaba argumentar y le permití que hablara. No tenía palabras para contestarle, así que me limité a hacerle saber que estaba al otro lado de la bocina escuchando. Sé que ella estaba viviendo su propia angustia, su propia encrucijada, y estaba dispuesta a tomar el camino más fácil.
Es imposible explicar el borbollón de sentimientos que se agolparon en mi pecho. Mi boca se cerró como la de un perro enfermo y no quería emitir palabra alguna. Era un hombre maduro pero me sentí indefenso, aún más que un niño, porque un bebé abandonado despierta instintos maternales y hasta se pelean por adoptarlo. Me enceguecí y olvidé que Dios estaba conmigo. A duras penas sufrí estas cosas y las que vendrían porque me hice incapaz de tomar decisiones. No era solo mi condición física lo que me preocupaba, sino, el desprendimiento, el creer que no era lo suficientemente importante para alguien.
Patricia, conocía las condiciones infrahumanas del sitio adonde me querían llevar, peores que las del sitio donde me encontraba y asombrada por lo que mi esposa le había dicho, asomó la bondad escondida en ella, entonces, rabiosa y llorosa expresó:
_No te preocupes que donde te quieren llevar no te aceptan. Quédate tranquilo que de aquí no te vas a ir, así no tengas como pagar un centavo.
A pesar de todos los inconvenientes, Patricia me quería en el centro porque era yo la única persona con quien podía tener una conversación coherente cuando quedaba a solas. Nos convertimos en confidentes el uno del otro y mutuamente nos aconsejábamos. Patricia, se había convertido en esclava de su propia situación, mujer madura, realizaba trabajo equivalente a varias personas, las 24 horas del día, los siete días de la semana y me irritaba ver como sus hijos, en especial el mayor, quien fungía de administrador, no le prestaban la debida ayuda a su madre.
Luego de este episodio, Patricia, llamó a Luis Esaá y al amigo León, a quienes ya había conocido, miembros de una iglesia cristiana de El Limón, Edo. Aragua y conversó con ellos.
Puedo reconocer en estos dos hombres a dos varones de Dios, no solo por lo que hicieron por mí, sino por su carácter.
Luis, despojado de si mismo, estaba dispuesto a servir a quien lo necesitase y tenía una lista de personas a quien visitar y ayudar. Cuando no tenía los recursos los buscaba. Tenía una hermosa familia a la que también le era muy solícito. Se podía notar la bondad en su rostro.
El hermano León, de carácter más recio, casi siempre le acompañaba en estas labores de ayudar a la gente. Noté en él una honradez poco vista, sentía que sus palabras se hacían ley porque siempre las cumplía.
Entre los dos liderizaron a un grupo de personas para suplir mis necesidades básicas. Todos los sábados en la tarde me visitaban y Patricia se alegraba porque se convirtieron en visitas para todo el centro y fue beneficiado el conjunto de pacientes con cariño, cantos espirituales, dulces y mucho más.
Recuerdo de forma especial, las visitas del Pastor Jaime Foronda, anciano ya, pionero del evangelio en Venezuela, porque llevaba una guitarra y un acordeón llenando el ambiente de júbilo. Otro amigo, también de nombre Jaime, venía con su esposa y sus cuatro hijas, hermosas señoritas y nos brindaban agradables conciertos.
Otro hecho que me brindó satisfacción fue que me llevaron a la iglesia en varias ocasiones y me dieron el honor de la predicación en un par de oportunidades en el culto principal.
Mi hermano y mi hija tomaron la responsabilidad económica pero me visitaron solo en contadas ocasiones. Algunos de mis hermanos a pesar de vivir a escasos veinte minutos de distancia no me visitaron jamás con la excusa de que se iban a sentir muy mal al verme. ¿No implicaba eso a darme por muerto?
Mesa último modelo
Siendo mi pasión la lectura, aún cuando estuve en terapia intensiva me las arreglé para leer. Una doctora me había dicho que había roto con 57 días el record de permanencia en esa unidad. Quisiera saber si rompí el record como el único paciente que leía.
Mi mente se cansaba de tanto divagar y siempre estuve atento para ver que podía hacer. Así que pedía un libro, que por lo general era muy difícil de conseguir porque la mayoría de las personas casi nunca lee y teniendo muy pocos libros son muy celosos con ellos y los guardan siendo útiles a nadie.
Cuando lograba uno, pedía que me sentasen en la cama clínica y poniendo una almohada sobre mis piernas colocaban el libro y comenzaba a leer. Después que terminaba las páginas que me quedaban al frente esperaba a que alguien estuviese disponible para voltear la hoja. Esto me ayudó a pasar mejor el tiempo pero tenía que esperar incluso horas hasta que alguien pasase cerca y pedirle el favor. Siendo un lector muy rápido esto me hacía penosa la lectura.
¡Se me ocurrió una idea! ¡Con un palito podría pasar las páginas!
Estando un guayabo en el patio dije a alguien:
_Vamos a hacer un experimento, córtame una ramita que me sirva para pasar las páginas de los libros.
El joven que me ayudó fue cortando varias ramas hasta encontrar una que me pareció adecuada. Torpemente tome el palito en mi boca e intenté usarlo. A los pocos minutos me pareció que pesaba una inmensidad, se me caía de la boca y no podía hacer nada útil con él. Las astillas de la rama mal cortada me lastimaban. Pero sabía que todo aprendizaje lleva esfuerzo e insistí... Mi mente comenzó a esforzarse para saber como mejorar. Pedí la Biblia porque tiene las hojas muy suaves y mejoré un poco. A veces, demoraba hasta media hora, hablo de forma literal, hasta media hora para escoger y voltear de forma correcta una página. Luchaba y no engarzaba la hoja, pasaba varias páginas a la vez. La encía me dolía y se me cansaban los músculos de la cara y el cuello hasta que quedaba extenuado. Fueron meses de esfuerzo pero el deseo de logro y la perseverancia dieron resultado. Perfeccioné la técnica dos años después.
Pensé que una mesa sería útil para mí. Así que me di a la tarea de diseñar una que tuviese múltiples usos. La imaginé como una mesa para comer, mesa de Mayo, de lectura y escritura y que se pudiese mover e inclinar en cualquier dirección. Cuando estuvo lista en mi mente hablé con varias personas.
Cuando llegó el fin de semana, conté mis planes a Luis Esaá y tratando de presentarle de una vez alguna alternativa le pedí que conversara con los muchachos del club de Conquistadores, (exploradores) pero el me contestó:
_No se preocupe, hermanito, yo le voy a hacer la mesa.
Acto seguido, nos pusimos a planificar el trabajo, después de darle todas mis ideas y aportar él las suyas tuvo en claro lo que iba a hacer.
Poco después de una semana, se apareció con el equipo ya terminado, con una tabla enchapada y pulida, recién pintada de blanco y tan fuerte como la pudo hacer.
Mi rostro se iluminó y no pudiendo esconder mi alegría dije:
_ ¡Está hecha con todos los hierros! ¡Me siento más contento que cuando compré carro nuevo!
No podía dejar de verla, me parecía hermosa. Pude observar de inmediato que Luis había puesto todo su cariño en ese trabajo y eso me dio gran satisfacción. Le di las gracias muchas veces. Hoy, varios años después, aprecio mucho más este regalo porque llegó a ser la base para realizar todo mi trabajo. Nunca imaginé cuan útil me sería, posiblemente éste es el regalo más útil que me han hecho.
Me fui contento a descansar pero aseguro que Luis encontró mayor satisfacción porque como lo expresó Saulo de Tarso citando a su Maestro:
“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.” (Hechos 20: 35)
Capítulo 12
QUERIENDO MORIR
Morir… ¿por qué?, morir… ¿para qué?
Es un hecho conocido que muchos minusválidos se suicidan o intentan hacerlo. En este capítulo quiero abordar el tema del suicidio y como pude sobreponerme.
Pocas personas sobreviven a un accidente que lesione la médula espinal a nivel de las vértebras cervicales, Según el Manual de Merck, el porcentaje asciende apenas a 2 ó 3 %. De ese exiguo porcentaje, un respetable porcentaje muere en los siguientes meses. ¿Por qué mueren?
¡Porque se autodestruyen! Generan ansiedad que les produce úlceras y otras complicaciones o simplemente el creerse inútiles y sin esperanzas los lleva al suicidio. No soy una autoridad en la materia pero me atrevo a decir, que no hay un discapacitado que no haya pensado en quitarse la vida.
Tengo una colección de historias de minusválidos que se han suicidado. Hace poco supe de la siguiente experiencia contada por el escritor argentino Miguel Ángel Núñez:
“Un soldado que estaba regresando de la guerra de Vietnam llamó a sus padres por teléfono para anunciarles que había vuelto a casa. Les dijo:
_Voy de regreso a casa, pero quisiera pedirles un favor; traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros, al menos por un tiempo.
_ ¡Claro! _ dijeron enseguida_. Nos agradaría conocerlo.
_Pero hay algo que deben saber_ les dijo el muchacho_ Él fue herido en la guerra. Pisó una mina de tierra, y perdió un brazo y una pierna. En este momento no tiene adonde ir; por eso quiero que vaya a casa con nosotros.
El padre carraspeó un poco y luego lentamente le dijo:
_Siento mucho el escuchar eso, hijo. A lo mejor podemos encontrar un lugar en donde él se pueda quedar.
_No papá _ quiero que él viva con nosotros.
_Hijo_ le dijo el padre _, no sabes lo que estás pidiendo. Alguien que está tan limitado puede ser un gran peso para nosotros. Nosotros tenemos nuestras propias vidas, y no podemos dejar que algo como esto interfiera con ello. Yo pienso que tú deberías regresar a casa y olvidarte de esa persona. Él encontrará una manera en la que pueda vivir solo.
En ese momento el hijo colgó el teléfono.
Los padres angustiados, no volvieron a escuchar de él, al menos por unos días. Una tarde recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco. Le anunciaban que su hijo había muerto. Había caído de un edificio. Se suponía que tal vez había sido un suicidio.
Los padres, acongojados, volaron a esa ciudad y fueron llevados a la morgue para identificar a su hijo. Les mostraron su rostro, pero con horror descubrieron que al hijo,
¡Le faltaba un brazo y una pierna!”
“¡Cuan fácil resulta amar a personas que se ven bien físicamente! ¡Siempre el atractivo y bello parece merecedor de más amor! ¡Cuánto nos cuesta relacionarnos con personas que no son tan ‘hermosas’ o ‘completas’ como el resto! ¡Qué difícil es enfrentarnos al hecho de que hay personas que son inválidas o minusválidas!”
(Un Nombre Nuevo Pág. 18)
¡No! no es la minusvalía la que lleva al suicidio, es la desesperanza, el sentirse inútiles, es la falta de ese alguien que de manera incondicional quiera mantenerse a su lado. Este joven no tuvo una segunda oportunidad, pero tú que lees este libro, sí la tienes.
Estando hospitalizado en el Centro Nacional de Rehabilitación, entré en un cuadro depresivo profundo y el dolor físico y moral me eran insoportables. No dormía ni de noche ni de día, a excepción de pequeñas siestas en la tarde o el sábado por la mañana cuando “Chavita” después de una noche de vigilia me leía el folleto con la lección bíblica.
En las noches me picaba muchísimo la cara y el cuero cabelludo. Impotente, cuando quedaba solo y sin poder llevarme la mano a la cara para rascarme, me desesperaba porque no había a quien llamar, supe lo que significa tener sed, sed terrible por la fiebre y no tener quien me brindase un vaso de agua. Entonces, en ocasiones, me parecía ver la muerte como una espesa nube negra que se posaba a mi lado y lo peor… ¡quería que me arropase!
Empecé a planificar como suicidarme. Entonces pude observar que cuando le pedía a alguien que me diese una pastilla o dos me la daba sin preguntar. Y así armé mi plan:
_Cuando llegue una persona le pido un par de pastillas de las más peligrosas y cuando pase otra hago lo mismo, y así sucesivamente, hasta tomar todas las que pueda, ¡Pero hubo algo que me detuvo!
Estando ya en el ancianato volví a deprimirme, pero esta fue una depresión más profunda. Perdí el deseo de vivir y decidí no comer más hasta morir de inanición, al igual que antes ¡hubo algo que me detuvo!
Después que recibí mi flamante mesa de trabajo, opté por leer toda la Biblia, de tapa a tapa, sin saltar de un lugar a otro, y no avanzar a otro texto sin haber leído bien el anterior. Mi objetivo era encontrar una excusa o una aprobación para quitarme la vida. Descubrí lo que ya sabía, Dios no se complace con los suicidas y los llama cobardes. Otro descubrimiento que hice fue que solo aquellos que estaban lejos de Dios se habían quitado la vida. Escuché la voz de Dios que me decía: “Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. (2 Corintios 12: 9)
Eso me detuvo, el saber que la vida pertenece a Dios y que nosotros no podemos disponer de ella no importa cuan desesperados estemos. Recordé las promesas en Las Escrituras, tuve la seguridad de que como hijo de Dios debía confiar y esperar. Eso marcó la diferencia.
Cuando el sufrimiento nos toca, el tiempo nos parece eterno, pero después de una negra noche, siempre amanece. He perdido la cuenta de noches eternas donde llamando no he recibido a nadie para aliviar mi necesidad, a tal punto que si fuese cierto que los cabellos emblanquecen tras una noche tal, los tendría como nieve. Muchas veces esperé el primer rayo de luz matutino y siempre llegó.
Mientras escribo este libro, todavía tengo grandes necesidades, pero he decidido vivir un día a la vez y vivir ese día de la forma más intensa posible. La vida me quitó todo lo que tenía, pero Dios me ha recompensado en abundancia y ahora agradezco porque pude vencer la depresión y porque he podido seguir con vida para testificar de un Dios amoroso que se duele con nosotros y está dispuesto a suplir nuestras necesidades.
Esto significa que debes tener paciencia porque en su tiempo va a cambiar lo malo en bueno y fortalecido agradecerás.
Mirando hacia adentro, mirando hacia fuera
En ocasiones, en el pasado, me desalentaba, pero siendo un entusiasta empedernido, cuando tenía un problema en forma jocosa exclamaba:
_ ¡Pobrecito yo!
Pero la situación que estaba pasando ahora, era diferente y comencé a pensar en mi desgracia y me deprimía cada vez más. Aún cuando trataba de mantener el buen ánimo, esto parecía una labor imposible.
En una ocasión, siendo de noche, las enfermeras me voltearon en la cama y mi vista se topó con los cristales del ventanal los cuales reflejaban mi figura. Fijé mis ojos y observaba a un ser desconocido, mi cuerpo y mi rostro se habían transformado por el deterioro y dije en voz alta:
_ ¡Ese no soy yo!
Una crisis de nervios se apoderó de mí y lloré incansablemente sin tener quien me consolase.
Pocos días después, entró a mi habitación un joven empujando una silla de ruedas que ocupaba un hombre, bastante delgado y ya entrado en años. Al igual que yo, lucía un traqueotomo como corbata, estaba cuadripléjico. El joven se presentó y me dijo:
_Él es mi papá, estamos en el 2do. piso y lo saqué para que conociera a los otros pacientes. Mi papá tuvo un accidente de tránsito y tiene un tiempo aquí pero pronto le darán de alta…
Mientras le oía y trataba de ser amable con él, me topé con la mirada de su padre. Traté de hablarle pero me respondió con monosílabos. Sin embargo me miraba sin quitarme la vista. Entonces volví a mirar a quien me miraba y sentí que nuestros espíritus se cruzaron en una dimensión etérea y palpé a través de sus ojos que tenía una tristeza infinita que me atravesó el corazón. Esa experiencia marcó mi vida y cuando recuerdo esos ojos tristes y sin vida no puedo evitar perturbarme. Invariablemente siento como si una daga fría me atravesara el pecho. Es como si me hubiese administrado una dosis de ese sombrío sentimiento que le acompañaba.
Luego de despedirse, quedé meditabundo y vinieron las palabras del apóstol Juan a mi mente: “Mirad cual amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1), escuché a Pablo decirme: “Estad siempre gozosos” (1 tesalonicenses 5: 16) y recordé la enseñanza de Jesús: “La lámpara del cuerpo es el ojo, así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que hay en ti son tinieblas ¿Cuántas no serán las mismas tinieblas?” (Mateo 6: 22,23)
Tenía tiempo para pensar y lo hice hasta que llegué a una conclusión; soy un hijo de Dios y debo confiar en él, por lo que la tristeza no me pertenece. Decidí que desde ese momento en adelante tendría siempre un rostro alegre, una sonrisa y una mirada limpia.
Quizás, como aquel hombre, estaba mirando hacia adentro, lleno de auto compasión decidí que ahora miraría hacia afuera, me proyectaría hacia los demás para darle lo mejor de mí, un consejo, una palabra de aliento, daría mucho de lo poco, según consideraba, que tenía para dar. Ahora no me auto compadezco y tampoco permito que sientan lástima por mí. Cambié mi perspectiva, y por ende, cambió mi vida.
Cuatro años después
Cuatro años después, llegó una mañana, un joven a mi habitación que me visitaba por segunda vez, traía una bolsa de mangos para obsequiarme, porque en su primera visita se había enterado que me fascinaban. Traspasó la puerta y acercándose extendió el brazo cuan largo le era posible para que yo tomase la bolsa.
_No puedo tomar la bolsa porque no muevo los brazos_ le dije _ponlo en la mesita.
Entonces pude ver mejor sus expresiones, me miraba y gruesas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, en aquel momento, mientras lloraba se ofreció a darme a comer un mango, salió, lo lavó y mientras lo acercaba a mi boca, María y Ada se acercaron para observar al desconocido que lloraba.
_ ¿Quién es? ¿Qué le pasa? _ preguntó María, mientras Ada observaba.
_No se preocupen, todo está bien, yo le conozco. Por favor, déjenme a solas con él que tenemos que conversar _les contesté.
Apenas salieron le dije al joven:
_Estás atribulado, pero quiero decirte que puedes confiar en mí. Dime, ¿Por qué lloras?
Entonces, haciendo fuerzas para hablar me dijo:
_ He hecho cosas muy malas, varón, muy malas, varón. Le he desobedecido a mi madre y le robé unas cosas, varón…he intentado contra mi vida, varón…estoy desesperado, varón…
Le escuché atentamente y permití que se desahogara, dijo todo lo que me podía decir, entonces llegó mi turno:
_Dios te ama _le dije _el es tu Padre amoroso y está dispuesto a perdonarte, él puede sanar tu alma y puede restaurarte, busca en mi Biblia el Salmo 51…
Tomó la Biblia y torpemente comenzó a leer:
_ “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones…Al corazón contrito y humillado no despreciaras tú, oh Dios.”
Sus lágrimas no cesaron mientras leía todo el salmo. Tuve, entonces la oportunidad de explicarle lo que eso significaba para su vida y luego de orar con él se despidió confortado.
Después que el joven se fue me invadió una gran alegría, y dije;
_Valió la pena haber soportado la prueba, y Señor, si el sufrimiento pasado fue solo para esto, no me importa, gracias. Gracias por permitirme alentar a alguien al borde del suicidio _ agradecí porque Dios en su presciencia no había permitido que me llevasen a una reunión a la que quería asistir esa mañana.
A Propósito de el Suicidio y la Eutanasia
La prensa nos entrega a diario noticias de suicidios, siendo ésta una realidad siempre presente, pero la eutanasia, la cual no está legalizada en muchos países y de la cual poco se habla, a menos que esté en el tapete por algunos días debido a un caso particular o por discusión de leyes, se aplica por lo general de forma pasiva cuando retiran los cuidados al paciente hasta que fallezca. Agotar este tema es difícil pero quiero hacer algunas consideraciones:
Primero: Ninguna persona que se sienta feliz y en plenitud de vida pensará en quitarse la existencia, por lo que obviamente el suicidio y la eutanasia están íntimamente ligados a la depresión y la desesperanza.
Segundo: En estos casos la persona, debido a la carga emotiva, no está en capacidad de pensar con claridad y por ende no puede tomar una decisión objetiva.
Tercero: En los países donde se aplica la pena de muerte, los jueces toman incluso años para condenar a un reo a la pena capital, sin embargo, con mucha frecuencia los familiares son conminados a tomar una decisión para aplicar la eutanasia a su ser querido en el pasillo de un hospital en medio de la tensión nerviosa provocada por la premura, el desespero y el dolor.
Cuarto: Muchas personas que han sobrevivido al suicidio están agradecidas por no haberlo podido llevar a cabo.
Quinto: La naturaleza a menudo nos sorprende devolviendo a la vida a aquellos por los que la ciencia médica consideraba sin ninguna esperanza de recuperación.
Sexto: Considero que cuando se aplica la eutanasia a pedido de la propia persona no es más que suicidio asistido y cuando otros son los que toman la decisión se transforma en homicidio legalizado.
Séptimo: Ordenar la muerte de un ser querido conllevará a remordimientos de conciencia y sentimientos de culpa.
Octavo: La vida pertenece al Creador por lo que nadie debe apropiarse la autoridad de disponer de ella.
Capítulo 13
ÁNGELES A MI ALREDEDOR
Operación inminente
Desde que mi situación cambió a raíz del accidente, me he sentido maravillado como Dios me tomó de una forma tan especial. He experimentado un cuidado esmerado de su parte. A veces me he sentido mimado porque oraciones tan sencillas como; “Señor, quiero un pan o un dulce, así o así” han sido contestadas de inmediato. Siempre he dicho que Dios ha puesto ángeles a mi alrededor y a menudo llamo ángeles a las personas desconocidas que aparecen en el momento justo para suplir alguna necesidad.
He dicho que el alimento que me brindaban en el centro geriátrico era inadecuado y esto dañó mi sistema digestivo. Todavía no conocía bien mi cuerpo en mi nueva situación y eso me mantenía alerta, pero cometí muchos errores y quienes me atendían cometieron más.
Cuando me limpiaban, preguntaba siempre, si había defecado y por lo general la respuesta era positiva, luego pude darme cuenta que con regularidad me mentían. Comía gran cantidad de carbohidratos y esto me producía estreñimiento y no había aprendido a controlar la situación.
En una ocasión, me enfermé, tenía fiebre y mi abdomen se abultó tanto que parecía tener varios meses de embarazo y sintiéndome mal pedí que me atendieran, pero Patricia y su hijo decían que estaba gordo porque ellos me daban mucha comida. A Javier, su madre lo consideraba versado en medicina, porque aunque no había terminado el bachillerato, leía unos manuales farmacológicos que tenía en su poder.
Todavía recuerdo a modo gracioso como Javier con aires de médico y con el torso desnudo mostrando su espléndida barriga, se me acercó con el estetoscopio y colocándolo sobre mi abdomen dijo como quien sabe mucho,
_Está todo perfecto porque tiene ruido intestinal.
Contrariado pedí que me solicitaran el servicio de emergencia con que contaba el centro, cuando llegó la doctora, apenas me vio, dio una orden tajante:
_Necesita ser hospitalizado de inmediato, móntenlo en la ambulancia.
A los pocos minutos llegaba con Patricia a la emergencia del Hospital Central de Maracay, me recibió el director médico emergenciólogo diciendo:
_Éste va directo para quirófano, colóquenlo en una camilla para prepararlo.
Me mantuve sereno, pero habiéndome relacionado por diez años con asuntos médicos, supe lo que eso implicaba; me harían una laparotomía que consiste en abrir el abdomen para explorar todos los órganos internos y hacer los correctivos necesarios.
_Señor, si tu quieres que continúe con vida, no permitas que me operen._Oré.
No dije más, ni esa noche, ni al día siguiente.
Entre tanto se hacían los preparativos, ordenaron colocarme una sonda naso gástrica para drenar todo lo que tenía en el abdomen. Un líquido verdoso salía por mi nariz a través de la sonda. Pasó la noche y en ocasiones una doctora residente me evaluaba. A la mañana siguiente después de hacer los exámenes pertinentes, la experimentada junta médica, reunida frente a mí mostraba su desconcierto porque mi cuerpo no les daba suficientes elementos de juicio para tomar una decisión. Había que abrir para explorar. Las 12 m. era la hora pautada.
Minutos antes de ingresarme al pabellón, la doctora tomó la palabra y dijo:
_Desde anoche he visto cierta mejoría en él, por lo que sugiero que esperemos porque creo que lo que tiene es una impactación fecal.
Acto seguido pidió a uno de los médicos residentes que me extrajera las heces acumuladas en el recto y después en casa me hicieran un lavado intestinal. Dio resultado y la intervención quirúrgica se evitó.
Dieta providencial
Me sentía muy mal y sumamente débil, porque tenía varios días sin comer y sin tomar agua. Llegó el siguiente fin de semana y apenas había probado algún alimento. Mi esposa me visitó y me llevó al parque de “Las Ballenas” de Maracay para conversar con calma. A pesar de que no había comido nada solo quise un helado y le dije:
_Quiero tomar jugo de lechosa (papaya), Dios ha puesto en mi mente que solo debo comer lechosa en estos días.
Buscamos en varios puestos de comida de los que se colocan alrededor del parque y no conseguimos.
Era la tarde y extrañado ante un cuadro que me desagradaba al observarnos. Yo, en una silla de ruedas y mi esposa empujándola. Sentí pena por ella porque aún cuando yo seguía viviendo, ella había perdido a su esposo. Consideré que al continuar con vida era más penoso para ella. Impotentes no sabíamos como manejar la situación. Amaba a mi esposa y deseaba un mejor destino para ella.
Mientras hablábamos, cavilaba con esos pensamientos, entonces, un hombre maduro se acercó y se ofreció para empujar mi silla. Todos mis pensamientos se esfumaron y la conversación cambió.
_Soy Pedro Torres, vivo cerca y vengo todas las tardes a caminar_ nos dijo.
Mientras rondamos el parque, le hablamos de nuestra experiencia y el nos contó de su familia. Cuando ya casi nos despedíamos le dije que necesitaba comer lechosa por varios días para resolver mi problema intestinal. A lo que él me contestó.
-Tengo un par de lechosas en mi casa que de inmediato te las voy a dar. También soy propietario de una finca de lechosas en el estado Cojedes y mañana cuando regrese de allá te voy a traer suficiente.
¡No lo podía creer, Dios había traído hasta mí a la persona indicada! Él sabía que en el lugar donde estaba, donde jamás se veía una fruta, no me iban a cumplir una dieta tal. Ese señor sin saberlo se había convertido en el instrumento de Dios para suplir mi necesidad.
Al día siguiente se apareció con dos sendos tobos llenos de lechosas verdes y maduras. Demás está decir que durante una semana no hice otra cosa que comer lechosa y mi problema desapareció por completo. Luego me visitó un par de veces y una vez me llevó a su casa donde disfruté un concierto de piano interpretado por su hijo menor y luego fuimos a conocer la histórica plaza de toros, la “Maestranza de Maracay” con sus estatuas de César y Curro Girón y visitamos un museo de arte contemporáneo. Creo que jamás me olvidará porque ese día tenía diarrea y ensucié la tapicería de su Jeep Wagoneer.
Capítulo 14
¡USTEDES ESTÁN MUY EQUIVOCADOS!
_Hemos llegado a la conclusión que no podemos hacer nada por el paciente, las heridas están tan avanzadas que no se pueden curar, las úlceras lo van a llevar a la muerte en pocos días. No creemos que viva más de una semana, diez días a lo sumo…
Las palabras retumbaron en el ambiente. Pero ¿Por qué llegué a ese extremo?
Promesas incumplidas, espera continuada
Llegó el 20 de diciembre del año 2000 y se acercaba la navidad, el milenio estaba por terminar. Para esa fecha había soñado ser un hombre realizado y presumir que por el contrario, había llegado al final del camino antes de tiempo y sin haber hecho nada que fuese verdaderamente importante en el transitar de mi existencia, me causaba aturdimiento.
Para esa fecha llamó mi esposa para decirme que había llegado a la ciudad a visitarme y a pasar la navidad con su hija mayor Alejandra y nuestra pequeña Dana, me dijo que iba enseguida a verme. Pero pasó el día entero, llegó la noche y no apareció. Al día siguiente dijo e hizo lo mismo, llamó y no vino. Así fue al siguiente día y al otro hasta la víspera de navidad cuando se apareció nuestro yerno como a las seis de la tarde. Refunfuñando permití que me introdujeran en el vehículo para llevarme a la casa para la cena navideña. Pedí una explicación pero no obtuve una respuesta satisfactoria. Ella no lo sabe, pero esa actitud provocó una crisis nerviosa de grandes proporciones en mí.
Una persona en condiciones de invalidez no se le debe dejar a la expectativa porque la espera continuada lo destruye emocionalmente y esa fue una tortura para mí.
Pero, aprendí. Con anterioridad me había dado cuenta que mantenerme esperanzado por la promesa incumplida de alguien me hacía daño. Decidí, entonces, no esperar a nadie, sin importar quien fuese. He aprendido en mi condición particular que la mayoría de las personas me visitan una sola vez y muchos lo hacen para satisfacer su curiosidad. Luego no los vuelvo a ver. Así que aún cuando no se los digo, me despido para siempre de ellos y no hago caso de las promesas que me hacen porque la mayoría no las cumple.
Pequeñas arañas de mi habitación, a las cuales observaba por horas y días enteros, también me enseñaron, porque ellas se mantienen inmóviles como yo y cuando les llega su alimento se apresuran a tomarlo para después volver a su inercia. Eso me ayudó a tener paciencia y aprovechar al máximo la oportunidad cuando se presente.
¡Estaba muriendo y no lo sabía!
Había desarrollado una pequeña úlcera por presión cuando salí de la unidad de cuidados intensivos, la cual se convirtió en un imposible para los médicos del Centro de Rehabilitación. Para evitar la formación de nuevas úlceras me movilizaban cada tres horas y el método dio resultado.
Cuando llegué al centro geriátrico, una de las primeras cosas que dijo Patricia fue que ella era experta curando escaras (úlceras por presión) y a todos nos satisfizo su entusiasmo, la verdad sería otra, Patricia no tenía la mínima noción de cómo curar una úlcera de este tipo. Para que sanase me mantenía de lado por largos períodos y solo después que exigiese más de una vez me cambiaba de posición.
Un colchón en mal estado, largos períodos en una sola posición, una alimentación pobre e inadecuada y grandes dosis de ignorancia, constituyeron los elementos que casi me llevan a la muerte.
No solo mi ulcera sacra continuaba abierta, sino, que apareció otra en la espalda y se abrieron otras dos, a nivel de los trocánteres (caderas), ¡enormes!, ¡gigantes!, que destruyeron piel, músculos, nervios, tendones y hueso. (Quiero hacer notar que la mayoría de las personas que sufren una lesión medular pierden la sensibilidad y no sienten dolor en ciertas partes del cuerpo por lo que son incapaces de notar por ellos mismos la formación de úlceras).
El método de Patricia consistía en curar y no en prevenirlas. Cuando me aseaba tomaba la manguera y a chorros me las lavaba para luego poner pedazos de trapo viejo, papel toilet o gasa, cuando había, untados con blanco de zinc.
Pasaron los días, llegó el año nuevo y entré en un estupor y un desgano que nunca había sentido. Nada me importaba, casi no hablaba, no miraba la televisión, no leía, ni oraba. No era la depresión porque estaba aprendiendo a manejarla y me estaba recuperando emocionalmente.
¡Estaba muriendo y no lo sabía!
Tenía fiebre todos los días pero no tenía tratamiento alguno. Un día exploté, me habían dado un par de cápsulas para laxarme, mi cama se convirtió en un arrabal putrefacto. La cocinera decidió no cocinar por el hedor. Me sacaron al patio para bañarme y enormes moscas verdes se arremolinaron en torno a mí. Decidieron llamar a mi esposa quien por teléfono ordenó algunos exámenes. Cuando le leyeron los resultados, alarmada ordenó de inmediato que me trasladasen al Hospital Central de Maracay. Tenía septicemia (infección generalizada) y gangrena en mis nalgas.
Al llegar al hospital me internaron de inmediato. Siento que me atendieron muy bien porque miles de personas corrían de un lado a otro buscando alivio y los médicos se agotaban tratando de satisfacer a todos en medio del hacinamiento y la falta de equipos y medicamentos.
La fiebre no me dejaba y mi boca se quemó toda. No quería probar alimento alguno porque los antibióticos me afectaron el estómago. Mi sed era insoportable, mi boca se mantenía seca no importa cuanta agua tomase. Estaba pútrido, a tal punto que no soportaba mi propia fetidez. Los médicos comenzaban a curar y terminaban pidiendo el bisturí para cortarme el tejido muerto. Los fémures se salieron de su lugar porque no había músculos ni tendones que los sostuviesen. Muchas enfermeras y legos que me veían pedían una silla para sentarse porque se les bajaba la tensión.
Pasaron los días y perdí la noción del tiempo. Mi esposa y mis hijas viajando de lejos se hicieron presentes y Milagros pidió que me llevasen a Puerto La Cruz donde vivía y había obtenido hacía poco tiempo una tarjeta del seguro social donde me había incluido.
Mis amigos de la iglesia estuvieron a mi lado de una forma muy especial, acompañándome en todo tiempo. Recibí la visita del pastor José Castillo, anciano y jubilado ya, y su esposa Ester de Castillo. Había recibido de él el bautismo por inmersión 25 años atrás en la ciudad de Barcelona y junto con su esposa fue mi mentor cuando era apenas un niño. Sentí gran satisfacción, porque a pesar de que hacía más de veinte años que no les veía me trataron con el mismo gran aprecio de antes y el pastor, cantante profesional entonó para mí su himno estelar “Prefiero a mi Cristo”
El hermano León, incapaz de quebrantar un principio no hacía caso cuando le pedía algo contra indicación médica. Siendo mi transferencia inminente, Luis Esaá hizo la diligencia para trasladarme.
Todavía puedo ver la dulzura de sus ojos cuando nos despedíamos entre sollozos y mientras acariciaba mi cabeza decía:
_No llore hermanito. No llore.
¡Ustedes están muy equivocados!
Después de un viaje de ocho horas en una moderna ambulancia de la gobernación del Estado Aragua, llegamos de madrugada al Hospital de Guaraguao en Puerto La Cruz. Mi hija Verónica y la paramédica, una hermosa mujer de color, campeona nacional en artes marciales, me acompañaban. Nos sentimos muy incómodos cuando nos dijeron que no nos podían recibir. Habíamos viajado con la certeza de que había una cama esperándonos. Nos enviaron al otro hospital del seguro social ubicado en Las Garzas, Lecherías pero allí tampoco querían recibirme.
Entonces, furiosa, la joven paramédica dijo al residente de guardia:
_Este paciente ha viajado durante ocho horas y está muy grave, no lo voy a devolver para que muera en el camino, así que lo reciben o lo reciben.
De inmediato se acercó a la ambulancia y bajándome junto con el chofer me pusieron en el pasillo de la emergencia, entregó mi historia clínica y se despidió.
Un médico muy afable me recibió, llenó mi historia y me envió a un lugar llamado “quirofanito”.
El lugar a los pocos minutos estaba hediondo. Al día siguiente comenzaron a evaluarme y me hicieron varias curas que representaban verdaderos actos quirúrgicos. Como en esa área soy insensible al dolor no requerían anestesiarme por lo que consciente escuchaba todos los comentarios e incluso también opinaba cuando tenía la oportunidad.
Verónica me acompañaba y todavía siento con pesar como a medianoche luego de tanto agotamiento se acostaba sobre una sábana con la cual cubría el contaminado piso. A menudo le pedía que se recostara sobre mi pecho. En especial recuerdo el momento cuando agotados los dos quería expresarle unas palabras y mi mente no podía procesarlas.
_Palabras… en… tengo mi mente… pero no puedo decirlas…no salen…este…_ le dije.
Entonces ella, abrazándome, lloró, tal vez pensó que había llegado mi fin.
Cuando pasaron los días, noté que cuando un médico cumplía su labor me refería a otro servicio diciendo que esa no era su competencia hasta que llegó el momento que no hubo más donde referirme y me convertí en paciente de nadie. Sin embargo, por ese temor que tienen los médicos de ser demandados por mala praxis o negligencia me seguían suministrando los cuidados necesarios. Permanecí en ese lugar como por espacio de dos meses. No dormía y el suministro incesante de una batería de antibióticos me producía grandes náuseas vomitando todo lo que ingería. Perdí muchísimo peso. Mis amigos y Milagros me decían que me veía bien para no desalentarme. Pero un hombre que me vio se convirtió en mi espejo cuando exclamó:
_ ¡Parece un Cristo!
Y es que mi delgadez llegó a tal extremo que parecía un sobreviviente de los campos de concentración de la segunda guerra mundial.
Una mañana en la revista médica entraron al “quirofanito” alrededor de diez médicos entre especialistas y residentes. Esa mañana parece que el tiempo se detuvo. Miré como se apostaron uno al lado del otro, preparándose como una coral para vocalizar una pieza musical. Todas sus miradas escrutadoras se posaron sobre mí, hasta que uno de ellos espetó:
_Hemos llegado a la conclusión que no podemos hacer nada por el paciente, las heridas están tan avanzadas que no se pueden curar, y las úlceras lo van a llevar a la muerte en pocos días. No creemos que viva más de una semana, diez días a lo sumo…
Las palabras retumbaron en el ambiente. Pero surgió energía de mí. Mucha energía. Estaban dictando mi sentencia de muerte, sin embargo, se transformaron en palabras vanas para mí. Irguiéndome cuanto pude les dije:
_ ¡Ustedes están muy equivocados! ¡Tengo un Dios arriba en los cielos que no va a permitir que yo muera!
Mis ardientes palabras dieron un poco de calor al frío ambiente. Observé a un médico inclinar la cabeza, como avergonzado, y otro exclamó:
_ ¡Tiene buen ánimo!
No les importó mi persona, no tuvieron un atisbo de delicadeza, semejantes palabras parecían carecer de significado para ellos. Ninguno se acercó para decirme lo siento. No hubo palabras de consuelo. Nadie se despidió. Los hombres de blanco salieron uno a uno como una coral de cantantes mudos, luego de terminar su acto, indiferentes a los aplausos del público.
Ellos tenían razón, podían hacer muy poco por mí, y lo que dije fue una locura, un ilógico. Era yo quien no sabía lo que decía.
Pero con esas palabras metí a Dios en un problema porque él no puede ser indiferente al clamor de sus hijos. El Señor no se resiste a una invocación sincera. En ese momento no hice una simple mención del ser supremo, no fue un simple llamado, fue algo más, fue un imperativo de acuerdo a su carácter y a sus promesas.
“Invócame en el día de la angustia, yo te libraré y tu deberás darme gloria”. (Salmo 50:15)
Es por esa razón por la que me siento impelido a escribir este testimonio porque el Señor Jehová cumplió su parte, como es evidente al poder hacer este trabajo, y estoy obligado a honrarle.
“Mas ¿que dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón…serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: TODO AQUEL QUE EN ÉL CREYERE NO SERÁ AVERGONZADO.” (Romanos 10: 8 – 11)
Él es el Señor de lo imposible, de lo que parece incongruente, de lo que a los hombres parece locura. Cuando le invocamos no nos deja avergonzados.
“Porque la palabra de la cruz es locura para los que se pierden, pero a los que se salvan es poder de Dios. Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escritor? ¿Dónde está el filósofo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?
Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Sino, que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte”. (Escogido 1 Corintios 1: 18 – 20, 25,27)
“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades…en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12: 10)
En los siguientes días un médico, tratando de convencer a mi hija de que no valía la pena lo que estaban haciendo le dijo:
_Además de su mala condición física está desvariando, está mal de la cabeza.
Capítulo 15
ÁNGELES AL RESCATE
Del Getsemaní al Gólgota
Mi hija Milagros Graciela es una joven de chispeantes ojos negros, esforzada y excelente estudiante que asimiló sus primeras letras antes de aprender a caminar. Mi relación con ella se tornó difícil a raíz de mi divorcio con su madre. Una mezcla de admiración y resentimiento por su parte y el no haber cumplido con mi parte como padre, nos había distanciado. Pero las circunstancias nos habían unido nuevamente y como pasó con Verónica, pudimos en ese tiempo compartir nuestros temores y esperanzas. Pude hurgar un poco su ser interior y ella el mío. Miré, entonces, con añoranza el tiempo pasado para hacerlo mejor.
Verónica había regresado a Caracas y ella tomó toda la responsabilidad de mi cuidado; con un trabajo que cumplir y una tesis que presentar para graduarse como enfermera, unido a su inexperiencia no la hacían la persona ideal para defender y atender a un padre moribundo.
A pesar del reto que yo le había impuesto a Dios en la ocasión cuando los médicos dijeron que no tenía posibilidades de vida, mi condición seguía siendo desalentadora.
Al cabo de unos días, la infección y la gangrena cesaron por lo que me colocaron en el pasillo de la emergencia, pues, no quisieron hospitalizarme ya que no había ningún servicio dispuesto a recibirme.
Mi condición física parecía continuar deteriorándose. Continuaba perdiendo peso, la hemoglobina llegó a estar en 4 mg. y la proteína en sangre de un valor normal de 7 estaba en 0.4, escuché a un médico decir:
_La hemoglobina está en 4 y bajando, en realidad está en menos de 4
Otro expresó:
_ ¡No entiendo como este hombre sigue vivo!
Otro más me tomó fotografías diciendo:
_ ¡Esto es digno de un congreso médico!
Las transfusiones se habían convertido en casi un imposible, mi tipo de sangre, O RH Negativo, es muy difícil de conseguir y a pesar de colocar anuncios en la radio local no aparecían donantes. En una ocasión mi hermano Brando, al otro lado del país, tomó a un amigo suyo que compartía mi tipo de sangre y montándole en su vehículo lo llevó a un centro médico para extraerle una dosis, enviándola urgentemente por avión.
Mis venas se habían deteriorado a tal punto que tenían que buscar enfermeras altamente especializadas del servicio de neonatología para poder colocarme las agujas. En una ocasión, mientras me colocaban una transfusión la aguja se obstruyó perdiéndose la transfusión y lloré al ver como se perdía el valioso líquido.
Todavía puedo ver con toda claridad, cuando en otra ocasión me transfundían, como destilaban las gotas de sangre a través de la sonda. Mis pensamientos giraban en torno a que esa persona me estaba dando parte de su vida y agradecí la bondad de ese desconocido. Mi mente fue más allá y rememoré el sacrificio de Jesús para darnos vida a través del derramamiento de su sangre; primero, el momento cruel en el Getsemaní cuando la inmensa tensión nerviosa y la angustia provocada por la separación de su Padre a causa de nuestras transgresiones le hicieron brotar grandes gotas de sangre, cuando su llanto interior se exteriorizó, y después en el Gólgota cuando otros le traspasaron en la cruz.
Un puñetazo al escritorio
Es probable que haya roto el record de permanencia, con aproximadamente cinco meses de estadía en el pasillo de la emergencia. Cuando se efectuaba la revista médica, los galenos empezaron a ignorarme y ya no formaba parte de la rutina. Llenaban la historia médica de forma ficticia presentando actos médicos que no habían realizado. Mi hija tenía que salir de su trabajo y en la noche casi de forma clandestina me realizaba las curas, después de conseguir furtivamente en el mercado negro del hospital los materiales y medicamentos.
En una oportunidad, luego de recibir una cura, me sentí muy mal y llamé a un médico quien era muy popular por su jocosidad y buen ánimo, estas características le servían para esconder su irresponsabilidad e insensibilidad para con los pacientes, acercándose escuchó mi petición, me brindó una sonrisa y se alejó dejándome temblando y adolorido. Varias veces dejó mis heridas sin tapar después de haber hecho las curas. En ese hospital donde los médicos se llaman extrañamente por su nombre de pila escuché algunas discusiones porque ningún residente estaba con la disposición de atenderme.
En varias ocasiones, Milagros, fue llamada por la administración de hospital, por el servicio social y por la dirección.
En su última entrevista con el director, éste le dijo:
_Queremos que se lleve a su papá de aquí porque el centro no puede hacer más nada por él. Su papá se está muriendo, lléveselo para que muera en su casa, aquí se están gastando muchos recursos.
_Él es responsabilidad de ustedes y tienen que prestarle la debida atención_ contestó Milagros.
Después de discutir otro rato, me contaba ella, el director se levantó de su silla y asustada creyendo que le iba a pegar, vio como arremetió con el puño contra su escritorio y dando con toda su furia rompió unas cosas que estaban encima. Entonces gritó:
_ ¡Usted se lleva a su papá de aquí u ordeno que lo monten en una camilla y lo coloquen afuera del hospital y busque que hacer con él!
Sin amilanarse Milagros lo retó; manifestándole:
_ ¡Atrévase! y verá aquí a toda la prensa por que lo voy a denunciar. Mi padre no se va de aquí porque no tengo donde llevarle.
Este hecho inverosímil pareciera un traza por lo incongruente, pero ocurrió. Aseguro que jamás será admitida por su protagonista porque pondría en peligro su carrera y reputación.
Cada dos o tres días recibía la visita de un hombre de baja estatura que se me acercaba, me observaba por unos segundos y después de responder a mi alegre saludo se alejaba. No sabía de quien se trataba, ¡era el director del hospital que no se atrevió a cumplir su amenaza!
Ángeles al rescate
Un ángel es un mensajero y considero que todo aquel que cumple una labor digna se convierte en uno de ellos.
Ese fue el caso de dos jóvenes cristianos estudiantes de medicina, Faisal y José Ángel Brito, quienes estando en una etapa avanzada de la carrera realizaban guardias extenuantes en el Hospital Universitario “Luis Razetti” de Barcelona, sin embargo pasaron noches de vigilia a la cabecera de mi cama y hubo muchos más que dieron un pedacito de su vida para salvar la mía.
Luisa Rodríguez, una segunda madre para mí, siendo anciana, se exponía a cruzar la peligrosa avenida ínter comunal para atenderme... Llevaba mi contaminadísima ropa de cama para hervirla y lavarla a mano. Sustituyendo a Chavita y a Luis Esaá hizo lo que ellos harían. Incapaz de tragar alimento sólido, sus consomés me salvaron de morir de inanición y buscó a otros para que me acompañasen. Sabiendo que vomitaba casi todo lo que comía y no queriendo ingerir los alimentos, me decía:
_Come que algo queda.
Descubrí que me ayudó seguir su consejo, vomitaba pero empecé a sentir mejor el estomago y no expulsaba todo lo que comía.
En una ocasión, era la tarde ya, creo más bien que era de noche, miraba al fondo del pasillo para distraer la vista. Me sentía mal, necesitaba que me cambiaran el pañal lleno de excrementos y me practicasen urgentemente una cura que tenía un retraso de dos días. De pronto vi aparecer a una joven, la pude mirar en todo su trayecto mientras se acercaba caminando con energía y una amplia sonrisa en sus labios.
Llegó a mi cama y me habló, no recuerdo qué, pero al enterarse de mi necesidad se dispuso a atenderme y con gran cariño me aseó y me curó. Se despidió con la misma alegría con la cual vino. La observé alejarse y por mucho tiempo pensé que era un ángel.
Meses después pude conocerla mejor, no era médico, tampoco enfermera, era una hija del Señor llamada Elizabeth Jiménez que llegó en el momento justo para atenderme.
Omaira de Matute, tía política, me visitó en varias ocasiones y mostró mucho interés por mí. Me confortó con largas conversaciones y siendo miembro de la iglesia Cuadrangular buscó compañía y me ungió con aceite lo que constituyó una hermosa y agradabilísima experiencia espiritual en ese inhóspito pasillo.
Buscó a un médico traumatólogo amigo suyo a quien le pidió que me atendiese. Cuando le conocí, por primera vez experimenté una sensación de esperanza que no había sentido antes. Fue solícito conmigo y desde el principio lo miré como a un salvador. No me había equivocado, a los pocos días me intervino quirúrgicamente y me seccionó la cabeza de fémur izquierda, la cual estaba muerta. Experimentó colocándome unos clavos de Stein para fijarme los huesos, este último método no dio resultado, pero el camino de mi recuperación estaba trazado. Fue duramente criticado por su método nada ortodoxo para conmigo. Se escandalizaron y lo calificaron de pirata cuando decidió curarme las heridas utilizando solo azúcar blanco eliminando todos los otros medicamentos. Sí, el económico y común azúcar blanco hizo su trabajo, limpiando y removiendo los restos de tejido muerto, matando las bacterias y produciendo granulación de tejido nuevo.
_Las bacterias aman la glucosa y cuando la encuentran la consumen hasta explotar. Un trabajo realizado en la Universidad “Lisandro Alvarado” de Barquisimeto lo comprueba_ explicaba.
Había decidido desmembrarme ambas piernas, el desmembramiento es una amputación de raíz de un miembro; tengo la certeza que si lo hubiese llevado a cabo se habrían terminado mis días, por eso Dios no lo permitió.
Allí conocí a Norelis Brito una dama alta elegante y siempre alegre, me encontró boca abajo expulsando flema de mis pulmones en vista a que tenía una complicación catarral. Una bandeja llena de nauseabundas secreciones adornaba el piso a la cabecera de la cama y mis caderas estaban expuestas mostrando un cuadro espantoso de músculos y huesos. Había venido acompañando a mi esposa quien le hablaba de mi muerte inminente.
Ella, ahora, comenta que conoció primero mis “intestinos” antes que a mí. Pero regresando a esa ocasión, se sintió mal ante un espectáculo que no es para el común de la gente. Reponiéndose y en medio de la conversación que tuvimos un rato después que me pusieran boca arriba dijo, lo que parecía un exabrupto:
_Italo, te veo en una silla de ruedas, no vas a volver a caminar, pero te veo ante mucha gente dando tu testimonio y predicando y veo también a mucha gente con las manos en alto y llorando al escucharte.
En una segunda ocasión me visitó, y todos estábamos preocupadísimos porque no había recursos para comprar el alimento terapéutico muy especial y costoso, llamado Impact, que me había indicado el médico nutricionista e intensivista que había comenzado a tratarme y había dicho que tenía una inmuno-supresión y que sin él no saldría del cuadro en que me encontraba. Norelis dijo:
_ ¡Dios va a poner el Impact!
Efectivamente así fue, y desde ese momento comencé a comer mejor y muy lentamente ganaba peso. El Impact que recibí no fue el medicamento que me habían indicado, sino los alimentos que me suministraban y ya no devolvía.
Aún así, nadie más, daba un centavo por mi vida y un día, después de cinco meses de agonía le expresé a mi hija:
_Estoy hastiado de este lugar y si he de morir no quisiera que fuese en un hospital. ¡Búscame un lugar donde ir!
En todas estas mantuve mi fe en Cristo mi Señor, mi esperanza. Desde el día de mi accidente me había fortalecido la certeza de la promesa bíblica de la resurrección y en esos días fue más patente que nunca.
“Aunque mi corazón desfallece dentro de mí,… yo sé que mi Redentor vive, al fin se levantará sobre el polvo, y después de desecha ésta mi piel, en mi carne he de ver a Dios, al cual veré por mi mismo, y mis ojos lo verán en su hermosura”
(Job 19: 27up, 25 – 27 pp.)
Capítulo 16
AMOR Y TRAICIÓN
En la edad media
Unos días después de haber expresado que no deseaba permanecer en el hospital estaba instalado en una buena pero lúgubre habitación en Puerto La Cruz, la cual me habían cedido, porque según supe más tarde, esperaban a que dejase de existir en pocos días. Al inicio me atendieron muy bien pero alargándose el tiempo comenzaron a pasar cosas extrañas.
Los fines de semana se iban y me dejaban sin alimentos, comenzaron a quemar incienso y temiendo ser contaminados por mí mantenían cerrada la puerta y las ventanas de la habitación. Presionaron a mi hija para que me llevase a otro lugar.
Pude palpar como las ideas que uno considera extintas están siempre presente y como el ser humano siempre actúa igual cuando está en la ignorancia. Recordé mis lecciones de historia en las cuales sonreíamos y nos lamentábamos porque en las grandes pestes de la edad media cuando una persona caía enferma era encerrada por sus vecinos sellando con tablas las puertas y ventanas hasta que muriera y después le prendían fuego. Y a mí, habitante del siglo XXI me estaba pasando lo mismo.
Josefina y Milagros reñían y queriendo estar bien con las dos partes me hice acreedor de los reclamos de ambas señalándome cada quien como que favorecía a la otra. Yo también molestaba, desnutrido quería comer de manera antojadiza y siempre estaba pidiendo, ya que el cuerpo lo ansiaba, que quería comer esto o aquello y después, no encontraba el sabor que quería. Ahora entiendo que era un asunto imposible de resolver porque tenía el gusto distorsionado debido a las quemaduras causadas por la fiebre constante.
Una mañana muy temprano, día de fiesta era aquel día, 24 de Julio del año 2001, Milagros se levantó muy temprano y contrario a su costumbre, comenzó a acicalarme, me afeitó, curó mis heridas y me vistió, luego, buscó mi silla de ruedas, la cual no había usado por muchos meses, y con la ayuda de dos hombres, amigos suyos, que estaban a la espera me sentó en ella. Extrañado ante lo que ocurría me atreví a preguntar:
_ ¿A dónde vamos? ¿Adónde me llevas?
_Todavía no sé, Violo_ me respondió.
_ ¿Cómo es posible que no sepas?_ volví a inquirir.
_No te preocupes, estate tranquilo_ respondió nuevamente.
Sin más, observé como subieron mis cosas en un par de taxis que estaban esperando. Suponiendo que había encontrado otro lugar donde llevarme dentro de la misma área metropolitana, me despedí de mis anfitriones y les di las gracias.
Me instalaron bien en la parte delantera de un vehículo y me acompañó la enfermera que me había estado atendiendo durante esos días.
Incómodo por la incertidumbre comencé a observar como los vehículos tomaban impulso y se alejaban cada vez más del centro urbano, no fue sino cuando cruzamos el puente La Volca de Barcelona que intuí que tomaríamos la carretera para un viaje de una hora hasta la ciudad de Anaco donde residía mi esposa.
Nos estacionamos a mitad de camino para desayunar, entonces mi hija, que viajaba en el otro vehículo, se acercó y me dijo con voz queda:
_ Papá, quiero decirte que pase lo que pase, te quiero.
Su diminuto rostro estaba desencajado y sus chispeantes ojos, ahora tristes, hablaron más que sus palabras. Seguí comiendo mi cachapa (torta de maíz tierno) con queso, mientras daba pequeños sorbos al refresco. No se me ocurrió nada para contestarle. Percibía que algo importante estaba por ocurrir y guardé silencio para con ella. No así para su acompañante el chofer del otro taxi que había tenido una actitud burlona para conmigo y le dije:
_En momentos de desgracia no hay porque reír, no te burles de mí.
Retomamos el camino y llegamos sin contratiempos a la ciudad de Anaco.
Al encontrarme allí presumí que mi hija se había puesto de acuerdo con mi esposa para que me quedase con ella, pero estaba equivocado…
Llegamos a una clínica donde Josefina laboraba, me bajaron del vehículo y colocándome nuevamente en la silla de ruedas me introdujeron al estar de la emergencia junto con mis pocas pertenencias, colocándome de espaldas a la salida, mi hija habló con la recepcionista para que llamaran a Josefina por un paciente de emergencia que la estaba esperando entonces se acercó y me susurró:
_Voy a hacer una llamada telefónica, espérame, ya regreso.
Esperé, esperé y esperé, al pasar el tiempo, no sé cuanto, y al ver que no llegaba así como tampoco Josefina, pregunté:
_ ¿Dónde está mi hija?
_Se fue hace mucho_ me contestó el chofer del auto que aún permanecía conmigo.
Entendí, entonces, con mayor claridad lo que estaba sucediendo. No puedo describir aquí los sentimientos de tristeza e impotencia que me invadieron, me sentí vilmente traicionado. No importaban los atenuantes. Había hecho lo que no debía.
_Simplemente, ¿por qué no me dijo con anterioridad lo que iba a hacer? ¿No le había dicho que con toda confianza me expusiese sus decisiones y cualquiera que tomase estaría bien? ¿Por qué me dejaba bajo engaño en ese lugar y luego huía cobardemente? ¿Por qué tratarme como a una cosa?_ me preguntaba y le envié un mensaje con el chofer lamentando su acto.
Pero también entiendo que su situación era muy difícil, temiendo mi reacción tomó una decisión apresurada. Quedé allí, sin poder hacer absolutamente nada, impotente y esperando mi nueva aventura.
Capítulo 17
PERROS Y GATOS INVISIBLES
No lo puedes tener aquí
Pasaron las horas y después de muchas llamadas. Josefina cruzó la puerta y viéndome de espaldas se me acercó extrañada y me preguntó:
_ ¿Eres tú el paciente que me estaba esperando?
_Así parece ser_ le contesté.
Entonces preguntó:
_ ¿Dónde está Milagritos? ¿Por qué no está contigo? ¿Qué pasó?
_Me dejó y se fue_ le respondí.
Visiblemente perturbada habló con la recepcionista y llamó a su madre. Dijo que este había sido un complot en su contra, que obviamente habíamos tramado entre los dos; hasta el día de hoy sigue afirmando lo mismo. De inmediato, comenzó los preparativos para buscar un sitio donde llevarme porque había alquilado un apartamento tan pequeño que yo no cabía en él.
A los pocos minutos llegó mi suegra, una reconocida educadora en la ciudad, y después de un corto saludo le expresó a su hija cuando todavía no terminaba de acomodarse en la silla:
_ ¡Tú no lo puedes tener aquí!
Mientras ellas dirimían su conflicto acerca de donde llevarme, mis lágrimas corrían por mis mejillas y en silencio oía y observaba cuanto decían. La discusión era en torno al “paquete” que había llegado y donde lo dejarían.
_ ¿La suegra no es una segunda madre?_ me pregunté_ ¿No soy acaso el padre de su nieta?
Sin preocuparse mucho por mí salieron a buscar un lugar o una casa para alquilar adonde llevarme. Mientras esperaba la recepcionista me proporcionó de su comida, después, haciéndome daño la brisa fría me dio una crisis pulmonar por lo que me pasaron a una camilla para que pudiese expectorar. La buena nota fue que estaba allí la pequeña Dana y me acompañó por un rato y pudo ver mi situación. En repetidas ocasiones me había dicho que quería tenerme en casa y rememoraba los buenos momentos que habíamos vivido juntos.
Eso quiero, que mueras
Al llegar la noche llegó mi esposa con una ambulancia y me trasladó al hospital “Angulo Rivas” de Anaco donde su mejor amiga la enfermera Hermelinda* había conseguido una camilla en la apretujada emergencia.
Me colocaron en una camilla en un lugar donde apenas había espacio para caminar. Después de quedar acomodado en el sitio Josefina dio instrucciones a la enfermera de guardia y llamándola comencé a decirle:
_Quisiera que… no terminé de hablar cuando me interrumpió para contestarme:
_Confórmate con lo que ves aquí, no pidas, no hables, no exijas.
_Entonces, mejor es que me muera, porque si no puedo expresar mis necesidades, sino puedo hablar, ni pedir, ni exigir es como estar muerto_ le refuté, entonces me dijo:
_Exactamente, eso es lo que quiero, que te mueras _ dichas estas palabras se fue.
Está demás decir como me sentía ante esta situación.
Lo que hay en el interior del hombre
Pasaron varios días y me trasladaron a una habitación de confinamiento. Los médicos y enfermeras me proporcionaron muy poca atención porque estaba a la orden de mi esposa. La alimentación sumamente pobre parecía raciones de tiempos de guerra, consistía invariablemente en un panecillo con margarina y café por la mañana, unos 20cc de sopa con una cucharada de carne desmechada y una cucharada de arroz a mediodía y la misma receta para la noche, algo así como el sobrante que deja alguien en el plato después de quedar satisfecho. Mi esposa no “tenía” tiempo para llevarme algo más de comer. Mi cuñada batió el record de la visita más corta a un paciente cuando entró corriendo con una bandeja de comida la colocó en la mesita y salió corriendo mientras en voz alta decía:
_Me esperan en el carro._ No la volví a ver.
Norelis, comenzó a llevarme los almuerzos y compartiendo esa hora diaria pudo conocer el verdadero carácter de mi situación, un día me dijo:
_ ¿Sabes, Italo? Dios te ha puesto como piedra de tropiezo.
No entendía.
_Una piedra de tropiezo es aquella persona que con sus malos actos hace caer a otro_ refuté.
_Eso no es lo que dice la Biblia_ me contestó_ una persona se convierte en piedra de tropiezo cuando otras viendo su necesidad vuelven el rostro para no ayudarle. El Señor Jesús se convirtió en piedra de tropiezo para los judíos porque le rechazaron.
Sentí como si me hubiese ocurrido una gran idea. Repentinamente, como por insight entendí con toda claridad lo que me quería decir.
_Sí, Italo, Dios te ha puesto como piedra de tropiezo para probar muchos corazones y contigo muchos van a caer, porque obligatoriamente tienen que revelar lo que tienen dentro de ellos.
Mi nueva amiga tenía razón. Los minusválidos despertamos pasiones y cuanto mayor es la seriedad de nuestra incapacidad mayores son los sentimientos de rechazo o de compasión, porque hacemos con nuestras necesidades que sea revelado lo que hay en el interior de las personas.
Perros y gatos invisibles
Mi esposa, hizo lo mejor que se le pudo ocurrir, acudió a la iglesia evangélica “Luz del Mundo” y pidió socorro pero también dijo las peores cosas acerca de mí y en una actitud contradictoria logró más de lo que pudo imaginar.
A los pocos días llegaron buscando al hombre que tenía legiones de demonios y de un modo que me pareció cándido, creyeron también que tenía un perro y un gato atrapados en mi interior. Como tenía problemas para expectorar, pasaba mucho tiempo tratando de subir la flema de mis pulmones, lo que producía un sonido perruno, la traqueotomía pitaba de vez en cuando, entonces, dieron esto como cierto. Buscando salvarme, casi todos sin excepción me pedían que hiciese una oración de confesión de fe aceptando al Señor Jesús.
Al principio pensé que lo que ellos creían era producto de sus creencias religiosas, pero después descubrí que mi esposa había aprovechado la característica supersticiosa de algunas de estas personas que carecían de educación formal para decirle estas cosas.
Más adelante le reclamé y preguntándole, le dije:
_ ¿Por qué inventaste eso, de que yo tengo demonios en forma de perros y gatos dentro de mí?
Siendo una persona que no se calla ante una falsa acusación, guardó silencio y mirándome a los ojos como una niña que hubiese hecho una travesura me brindó una sonrisa. También había hablado a la familia donde había estado en Puerto La Cruz diciendo que con mi infección podía enfermarlos a todos, atemorizándolos y produciendo la extraña conducta de encerrarme.
Los héroes y la villana
Estos prójimos comenzaron a prestarme un buen servicio e hicieron el trabajo que correspondía al personal del hospital. A los pocos días se presentó un problema porque el personal médico y de enfermería no me atendía pero tampoco querían permitir que estas personas me curasen. Sin embargo, estos, no se amedrentaron y continuaron haciendo una labor que jamás habían hecho. Se asombraron al ver mis heridas y como podían introducir las manos íntegras en ellas, como insertaban trozos enormes de gasa por una nalga y la sacaban por la otra. Algunos se retiraron porque no soportaban realizar este trabajo. Me vieron destrozado por fuera y por dentro y se compadecieron de mí.
Hermelinda la enfermera amiga de mi esposa también me atendía por las tardes pero daba grandes insultos a estas personas diciéndoles que la obra que hacían era para el enemigo de las almas. (En respeto a ustedes, mis lectores, no puedo escribir lo que esta señora decía).
Era ella una mujer de edad avanzada y con una mirada dura que mantenía una relación de conveniencia con la “dortora”, como ella la llamaba, era conocida por atender con medicamentos a sus vecinos pero también por practicar abortos clandestinos. Pronto me di cuenta que estaba tan acostumbrada a mentir que no podía contar una misma historia dos veces porque la distorsionaba colocándole elementos fantásticos que jamás habían ocurrido.
Mientras me curaba junto con las otras personas hablaba muchas cosas y así pude conocer lo que había en su corazón, descubrí la negrura de su interior, practicaba la hechicería y luchaba contra todo lo que tuviese que ver con Dios.
Me aconsejaba, así como lo hacía con mi esposa:
_Usted tiene que divorciarse de la dortora porque usted se va a morir pronto y entonces la familia suya de usted, le va a quitar todo a la dortora y la van a dejar en la ruina.
Más adelante hizo otra sorprendente declaración:
_En mi país a los cuadrapléjicos le ponemos una inyersión por la noche y en la mañana siguiente amanecen tiesos y nadien sabe porqué jué.
Repitió esas palabras más de una vez. Estaba preparando el camino para su macabro plan.
Ella me traía una crema de sardinas “especial” por las tardes, entonces empecé a perder el cabello. Notándolo lo comenté con Josefina y me respondió que se debía a la severa desnutrición. Pero había estado en peores condiciones de desnutrición y eso no había ocurrido, hoy día sospecho que había estado siendo envenenado por esa mujer; lo peor vendría después.
Luz en el cuarto oscuro
Se ejerció una gran presión para que me sacasen del hospital, luego de un par de meses me trasladaron a una casa donde permanecí otro par de meses, quizá atormenté a la dueña ya que por el frío y otras incomodidades llamaba con frecuencia en la noche. Una pequeña ventana dejaba entrar a la pequeña habitación una débil luz que la hacía muy oscura, con un techo muy bajo de láminas de zinc hacía que de día el calor fuese insoportable produciéndome fiebre, me cubrían, entonces, todo el cuerpo con toallas para bajar la temperatura. En la noche, a causa del frío me daba hipotermia y dolores, lo cual era insoportable. En la tarde deseaba con obsesión a que llegase la noche y en la madrugada deseaba la llegada del día.
Cuatro personas venían todos los días a curarme y preocupados por mí decidieron ayunar por espacio de cuatro semanas. Así que durante un mes siempre veía a tres de ellos porque durante una semana completa se encerraban por turno en ayuno y oración. ¡Cada uno ayunó siete días continuos por mi sanidad!
Dijeron que Dios les había mostrado que mis heridas iban a sanar completamente aplicando trozos de sábila. Hacía un tiempo que había dejado de usarse el azúcar, ahora se presentaba otro remedio casero, totalmente natural y más económico aún, porque la sábila se encuentra en casi todas las casas.
Las heridas incurables para la ciencia iban a curar según me decían estas personas indoctas. Pero tenían razón, el poder del Creador puesto en la naturaleza e instrumentos útiles, hombres y mujeres consagrados al servicio de Dios comenzaron el milagro. Personas que apenas habían ido a la escuela estaban haciendo lo que ni mi familia fue capaz de hacer, ni los orgullosos especialistas interesados más en el ejercicio de su profesión que en el destino de las personas.
No quisiera narrar muchas de las cosas acerca de las que escribo, pero ocurrieron y siguen ocurriendo. Muchos pacientes de todo tipo son abandonadas en los hospitales de mi país y muchos profesionales convalidan esta acción desinteresándose por el sufriente. Pero me gozo ante acciones como éstas donde los hijos de Dios actúan tornando lo imposible en milagro.
Un día me visitaron Josefina* y su amiga, quien era una completa desconocida para Maritza, propietaria de la casa, al irse la visita, Maritza, muy preocupada, refiriéndose a Hermelinda*, me comentó:
_Vi la muerte reflejada en la cara de esa mujer, la muerte acompaña a esa mujer.
Le comenté lo que esa persona hacía para que supiera que tenía razón y que el Señor le había dado discernimiento para reconocer el mal.
Con los días desarrollé una infección urinaria y Josefina aprovechó la oportunidad para trasladarme al hospital de la Ciudad de Cantaura. Allí el enemigo de las almas arremetería con todas sus fuerzas, pero obtendríamos grandes victorias.
Una mañana llegó con su amiga Hermelinda y de forma abrupta me montaron en mi vehículo y salimos a la carrera… Antonio Malavé me acompañaba.
Capítulo 18
LA HABITACIÓN DEL OLVIDO
Antonio Malavé
Cuando llegamos al Hospital “Luis Guevara Rojas” de Cantaura tenía fiebre y estaba muy agitado. Mientras tramitaban mi ingreso al centro hospitalario, mantenía una conversación con Antonio Malavé.
Había conocido a Antonio cuando por pedido del pastor Juan de Dios Pineda, de la iglesia evangélica “Luz del Mundo”, había sido enviado para cumplir una misión conmigo. Él mismo había sido nombrado pastor visitador y tenía que visitar unas veinte congregaciones en una ronda de un mes. Me sentí privilegiado porque una persona que tenía tantos miembros de su iglesia que atender, estuviese dispuesto a ocupar tanto tiempo y energía conmigo. De baja estatura y bien parecido, mantenía siempre su vestidura impecable y siempre muy bien rasurado presentaba un buen talante. Descubrí en él un verdadero varón de Dios, el estudio de las escrituras le había dado sólidos principios y una sinceridad y devoción por el Señor poco vistas hoy en día. Con su Biblia siempre en la mano no perdía oportunidad para exponerla ante los demás. En el futuro inmediato nos prendamos de tal manera que puedo decir que llegamos a amarnos entrañablemente en el Señor, más que a hermanos.
Este es el cuarto del olvido
Después de haber llenado la historia clínica, el médico de guardia ordenó mi ingreso y sin pensarlo dos veces las dos mujeres apuradas porque no tenían suficiente tiempo para dispensarme, empujando la camilla a toda velocidad me llevaron a través de un pasillo completamente solo y pasando todas las habitaciones que se encontraban vacías para colocarme en la que quedaba al final. Conociendo su intención expresé con fuerza:
_ ¡Me llevan al cuarto del olvido!
_Es que las otras habitaciones se mojan_ mintió Hermelinda.
Durante el viaje había estado hablando de las bondades del hospital y que había conseguido una habitación para que me quedase allí para siempre y se ufanaba de haber resuelto el problema a la “dortora”. Apenas me acomodaron se marcharon dejando una estela de afán tras de sí. Recuerdo a Antonio más callado que de costumbre observando sus acciones, le recuerdo, también, expresar una de las oraciones más hermosas que jamás he escuchado, cuando después de haber pasado hambre todo el día por estar a mi lado, levantó al cielo una galleta que iba a ser desechada y expresó refiriéndose a Dios:
_ ¡Gracias Papá!
A pesar de todo dormí bien esa noche. A la mañana siguiente amanecí cubierto de miles de hormigas que habían pasado toda la noche comiéndome, carente de sensibilidad en mi cuerpo no las noté hasta que las vi al despertarme. Me rompieron los genitales y los pies. Motivado a ello me cambiaron a la habitación contigua.
Más tarde le dije a Antonio que quería mudarme a la primera habitación del pasillo porque me habían puesto al final del pasillo con muy malas intenciones.
_Hermano Italo, quédese en esta habitación porque aquí vamos a ver la gloria de Dios _ me dijo.
Pedro Maita
Todavía recuerdo cuando le vi por primera vez, pegado a la ventana del cuarto oscuro y con las manos en alto. También había venido en mi socorro por instrucciones del pastor Juan de Dios Pineda. Ese día viajó a Puerto La Cruz para buscar la cama clínica que había quedado allá. También de baja estatura y con rasgos indígenas se le notaba que era hombre de humilde condición. Su brazo derecho tenía una severa deformación la cual cubría usando camisa manga larga. Encontré en él a un hombre bondadoso siempre dispuesto a pedir y siempre dispuesto a dar. Su lugar según aprendí después, estaba con los necesitados para brindarles su mano amiga. Siempre en su bicicleta recorre la ciudad visitando a los hermanos de su iglesia. Él junto con Antonio, harían una dupla benéfica que me salvaría la vida. Fiel a su promesa se ha mantenido a mi lado hasta el día de hoy, siendo artífice de mi recuperación y apoyo firme en mis logros. ¡Te amo hermano!
El cuarto del olvido, casa de Dios
Al principio el personal me trató muy bien, en esta ocasión, el ser miembro del gremio médico como familiar, me brindó ciertos privilegios en el trato, pero cuando pasaron unos pocos días y mi esposa no aparecía, tomaron eco los rumores de que me habían llevado allí para que permaneciese en el lugar de forma indefinida. Conscientes de ello me dieron de alta retirándome toda atención. Así fue como estos dos varones de Dios estuvieron viajando todos los días desde la ciudad Anaco a la ciudad de Cantaura, para atenderme y curar mis heridas porque los médicos se negaban a hacerlo. Por lo menos permitieron que ellos lo hicieran y se llegó a un acuerdo para que se les entregase el material de cura. Un médico expresó:
_Ustedes lo hacen mejor que nosotros, sigan haciéndolo.
Y efectivamente estos dos hombres lo estaban haciendo mejor que los médicos.
En otra ocasión, se le pidió al médico encargado que me atendiese y se expresó de manera desafortunada:
_No tenemos nada que ver con ese paciente así que no lo voy a atender.
Recuerdo un día cuando se paró una dama practicante de un curso de paramédico y observaba a Antonio limpiándome y haciéndome la labor de cura. Antonio le explicaba lo que me había pasado, mientras, ella no dejaba de sentir lástima por mí.
_ ¡Pobrecito! _decía una y otra vez.
A la mañana siguiente, llegó mi desayuno y no tenía quien me lo diera a comer. Esta dama se acercó a mi puerta para saludarme, entonces le pedí que me diera el desayuno.
_ Ya vengo _me dijo.
Se fue para no regresar y mi desayuno se perdió a causa de las moscas y las hormigas. Así como ella actúan muchos que sienten lástima por los demás, pero al dar la vuelta se olvidan, tal cual como si hubiesen visto una película. Ha sido una constante que quienes expresan lástima por mí son los que están menos dispuestos a remediar mis problemas. La verdadera compasión mueve a la acción para ayudar a cambiar la situación de desventaja o premura de un semejante y esta dama carecía de ella.
La habitación gozaba de una posición favorecida, con un amplio ventanal me permitía mirar el verdor del pasto, el horizonte y el azul del cielo, un privilegio que no había tenido desde hacía muchos meses, el encierro me había causado claustrofobia y allí pude sanarme.
La iglesia “Luz del Mundo” misión 1 de Cantaura, con su pastor Daniel Ruiz nos proveyó ayuda y alimentos. Unos jóvenes cristianos, Jonathan, Mela y Yoalice que trabajaban en el cafetín se comprometieron para darme a comer la cena, labor que hicieron muy bien, sorprendiéndome a menudo con dulces y chocolates.
Antonio, en varias ocasiones, con ese espíritu alegre que lo caracteriza, expresaba en alta voz, levantando sus manos:
_ ¡Veo la gloria de Dios! ¡Aquí está la presencia del Señor!
No se equivocaba, porque pasábamos horas en oración y estudio de Las Escrituras. Los familiares de los pacientes cuando se acercaban a la habitación, no perdíamos oportunidad para predicarles. Varias personas aceptaron a Jesús como el Señor de sus vidas, pude ver corazones constreñidos y a hombres y a mujeres derramar lágrimas de arrepentimiento. Los pacientes enviaban varias veces al día, por los pastores para que orasen por ellos. Cuando quedaba a solas y alguien les solicitaba, les guardaba el mensaje para que cuando llegasen los visitasen. También quedando a solas comenzaba a cantar y las personas curiosas se acercaban a la puerta de mi habitación, entonces, les hablaba del amor de Dios.
El cuarto del olvido se convirtió en un hermoso templo. ¡Vimos allí la gloria de Dios!
Dios concluyó allí la obra que había comenzado en mí. No solo mis heridas evolucionaban muy bien sino también mi alma fue definitivamente sanada
Capítulo 19
EL DIVORCIO O LA VIDA
Corazón lejos
Mi estado de ánimo se mantenía fluctuante por las circunstancias siempre cambiantes y estar hospitalizado significa recibir muchos desplantes. Pronto recibiría el mayor desplante de todos y no por un extraño sino por la persona a quien le había dado mi todo y en quien había concentrado todo mi amor.
Mientras conversaba con Antonio le dije:
_Mi esposa a pesar de que está apenas a diez minutos de distancia demora muchos días en venir a visitarme.
_Lo que pasa es que el corazón de ella está lejos de usted_ me contestó.
Escuché con desilusión sus sabias palabras, entendía que tenía que aceptar lo que me negaba admitir. En condiciones normales es difícil aceptar una desilusión amorosa, pero en mis condiciones representaba la vida, la persona con quien había compartido tantas cosas hermosas, la cotidianidad, un hogar, dos hijas. Quien antes le había prometido que sin importar lo que le pasara, siempre estaría a su lado, no estaba dispuesta a llegar al final conmigo, no le importaba lo suficiente. Algunos me dirán tonto, pero cuando se ama también se está dispuesto a aceptar y soportar más de lo que parece lógico.
Una tarde, cuando caía el sol, llegó mi esposa, estaba acompañada de su amiga, que para entonces parecían haberse convertido en inseparables. Esta última observaba a través de sus grandes anteojos, con una mueca por sonrisa, apoyada en su bastón, en la parte externa de la habitación. Para ese entonces, ya no le quería saludar porque la consideraba abiertamente mi enemiga.
Josefina se acercó y me habló suavemente;
_ Estoy muy preocupada porque puedes morir en cualquier momento y temo que tu familia me puede quitar las cosas que tengo, sabes que compré una casa y me voy a asociar con un par de colegas para abrir una clínica en Anaco. Quiero que me hagas un gran favor, dame el divorcio para poder estar tranquila.
Me asombraba que su verdadera preocupación eran las cosas materiales pero yo sabía que había algo más allá. Difícilmente alguien se atreve a cuidar de un paralítico a menos que sea un familiar cercano y querido. Pero en nuestra sociedad moderna las parejas se casan para formar una familia, sin embargo, como se escucha por doquier, los cónyuges no son familia entre sí. Y yo no era su familia. Era esa su verdadera motivación. Sabía que su abandono se había concretado y que ella estaba en una difícil situación porque quería dejarme, pero su condición como profesional de la medicina le obligaba a mantener su prestigio. Hablé con firmeza y le dije:
_Sé realmente porque te quieres divorciar y la razón que expones, no es razón. Es una excusa. Sabes que mi familia nunca te ha molestado y ahora está lejos de mí. Además sabes claramente que si muero tú eres la principal beneficiaria, que hermanos y sobrinos no me pueden heredar. Lo que estás diciendo es una locura. Pero si esa razón para ti es suficiente, así lo será. Quiero que tomes en cuenta_ continué_ que lo que estás dispuesta a hacer está mal ante Dios, ante las leyes y ante la sociedad.
Con una sonrisa y mientras trataba de acariciarme me dijo:
_Vida, es un favor que te estoy pidiendo, no te voy a dejar y cuando tenga lista la casita te voy a llevar.
Se levantó, dio la vuelta a la cama y me besó en los labios. No le pude corresponder.
Al día siguiente, en la tarde, con gran presteza, apareció, me presentó el documento de divorcio y tomando mis inmóviles manos estampó mis huellas sobre el papel.
Dos días más tarde, el 16 de Octubre del año 2001, la vi cruzar la puerta cuando apenas amanecía, acompañada como siempre de su enfermera Hermelinda, buscó a otra persona y sentándome en una silla de ruedas del hospital y sin permiso de la institución, antes de que llegasen las autoridades de la misma, me sacó de allí rumbo a los tribunales de la ciudad de El Tigre.
Esperé por horas en el estacionamiento y al fin después de que casi desmayaba por el inclemente sol, apareció una secretaria del tribunal a quien habían sobornado con cincuenta mil bolívares, cargando los libros con el acta de demanda de divorcio. La joven me preguntó si estaba de acuerdo e inmediatamente colocó mis huellas en la misma.
Tuve, también, la oportunidad de dirigirle unas palabras a Josefina:
_Esa amiga que te acompaña, es tu peor enemigo y te va a llevar a la destrucción.
_Tu sabes que no cuento con más nadie, ella es mi único punto de apoyo _ me respondió.
_Me asombras con lo que me dices, el enemigo te ha enceguecido y ese punto de apoyo está afianzado sobre la arena_ contesté, siendo esa la ultima conversación que tuvimos a solas.
Retornamos enseguida, estaba muy apurada para seguir con su agitada vida. Mientras veníamos de regreso, la sentí llorar. Quise creer que sufría, pero mi ser me decía que lloraba porque había obtenido su libertad. Siempre contradictoria, me acarició.
De regreso me tiraron en la cama sin importarles como quedaba. Antes de salir espetó una palabra obscena porque se había mojado su vestido amarillo con mi orina. Ella se retiró aprisa del lugar dejándome para que se cumpliera mi destino.
Jonathan mi amigo de la cafetería, siempre pendiente de mí, subió a mi habitación me dio un pasticho jamón que había comprado para él. No había comido casi nada desde la mañana. Pero qué diferencia, mientras quien por trece años había sido mi esposa me despreciaba, él con el cariño que Dios había implantado en su corazón, me estaba sirviendo. Lo comí con gusto. Mayor gusto sentí porque sabía que se dolía conmigo y cual ángel de Dios se hizo presente cuando más lo necesitaba.
Al rato apareció Antonio y me dijo:
_ Cuando llegué esta mañana, me preocupé porque no estaba, hermano Italo, supuse que algo importante estaba pasando y fui a casa del pastor Daniel Ruiz para esperar.
_ Ya el divorcio es un hecho_ le contesté.
Me consoló, cambió mi cama que habían dejado mojada con mi orina, vio mis heridas y se lamentó porque se habían desgarrado y se habían perdido semanas de trabajo.
_Te maltrataron_ me dijo.
No solo mis heridas habían sido maltratadas sino que mi corazón también estaba desgarrado. Pero unido a ello, también sentí una sensación de libertad que no había experimentado antes, tenía todavía un futuro incierto, pero ahora podía tomar mis propias decisiones, sin esperar a que otra persona las tomase por mí, por razones legales. Cuando me encontraba en situaciones importantes las personas no tomaban en cuenta mi decisión y tenía que esperar a lo que ella dijera. (Así es también la decisión para la eutanasia, en la mayoría de los casos, son los familiares quienes deciden). Había experimentado eso antes, cuando fui llevado a otro lugar y no habían valido mi desacuerdo, ni mis gritos, ni mis rabietas.
No dejaba de asombrarme como un hombre que había luchado toda su vida para llevar una existencia digna, que sin llegar nunca a ser adinerado procuraba el sustento diario, que tenía lo que consideraba era mi familia y mis amigos, había quedado como indigente en la habitación de un hospital en una ciudad totalmente desconocida donde jamás había estado antes. Sin poder apelar a nadie que compartiese mis genes, me tocó confiar en Dios.
Dos mujeres, una mujer
Quizá, por el agotamiento, pude conciliar el sueño y siendo de madrugada soñé. Podía ver a una mujer que se acercó a mi cama y colocándose a mi cabecera, conversaba conmigo y me decía muchas cosas como para alentarme. Después se movió de lugar donde podía verla más claramente y empezó a orar por mí. Me sentía bien por lo que estaba haciendo. Cuando terminó de orar me dijo:
_Soy cristiana espiritista.1
Pasó un instante, razoné, de pronto recapacité.
_ ¡No existen cristianos espiritistas!_ dije con fuerza_ ¡Te reprendo, Satanás, no tienes lugar en esta habitación! ¡Te reprendo en el nombre de Jesús! ¡Fuera, fuera de aquí!
Despertando agitado, no tuve tiempo de preguntarme que significaba aquello. Sentí que Dios automáticamente me dio la respuesta. Esa mujer son las dos mujeres, una que dice ser cristiana y la otra que practica la hechicería pero que andan juntas como si fuesen una.
Conversando con un invidente
Ese mismo día por la tarde, me visitó un nutrido grupo de hermanos de la iglesia “Luz del Mundo” de Cantaura. No hablamos nada importante, solo jugaban. Ahora entiendo que de esa manera me dieron mucho ánimo y de esa forma me dijeron que estaban conmigo. Sin embargo, me llamó la atención un invidente que se sentó a mi costado, se mantenía callado, aunque parecía muy amable y sonreía a causa de los muchos chistes. Con la puesta de sol se despidieron:
_Nos vamos porque es necesario que lleguemos temprano a la reunión.
Mientras nos despedíamos le dije al invidente:
_Hermano, usted… usted, no se puede ir porque creo que tiene algo importante que decirme_, decidió quedarse y quedándonos a solas, le pregunté nuevamente su nombre.
_Soy Luis Garrido y ella es Graciela, mi esposa, me contestó.
_Usted sabe mi problema y creo que tiene una palabra para mí_ le dije, con seguridad, inquiriendo.
Entonces me contó de su vida, que había nacido ciego, que le había tocado luchar muy fuerte pero que en la actualidad era profesor de música y locutor.
_Yo soy un hombre normal_ expresó_, me considero normal y por eso he logrado tantas cosas. No te veas como que estás enfermo y no dejes que los demás lo hagan. Mírate tú también como una persona normal y encuentra que puedes hacer para ser útil. En cuanto a quien fue tu esposa, admite que te equivocaste y escogiste a la persona equivocada. Te voy a dar un consejo; trata de olvidarla y cuanto menos sepas de ella, ni qué hace, es mejor. En tu condición saber de ella te hará mucho daño.
Me dijo muchas cosas más, junto con su esposa oró por mí. Sentí gran liberación mediante sus palabras y por su oración. Luego de despedirse se fueron.
Sus palabras fueron sabias y he seguido sus consejos. Dos años atrás, había tenido una conversación con un hombre que había sido cuadripléjico por espacio de diez años, esa conversación también me había orientado. Existe una ley universal que dice que los iguales se juntan. Por eso, años después, también yo me encuentro con la responsabilidad de contar mi experiencia para que mis iguales puedan ser orientados y puedan llevar una vida normal, fructífera, útil y victoriosa.
Después de esta experiencia conocería de mi último gran peligro y lograría mi última gran liberación.
1 En realidad, el espiritismo es una religión sincrética que se acomoda de acuerdo a las circunstancias y en los países cristianos se arropa de cristianismo.
Capítulo 20
CONSPIRACIÓN MORTAL
En peligro de muerte
A los pocos días, aunque no había hecho eco de lo que me estaba pasando, el personal médico se enteró de mi situación y solicitaron la presencia de Josefina, pero se hizo un poco menos que imposible ubicarla, vendió, incluso, su teléfono celular para no ser ubicada, quisieron denunciarla públicamente y pidieron a Pedro y a Antonio que firmasen un documento en su contra, los del hospital querían hacerlo pero nadie osaba responsabilizarse. Pedro y Antonio, con una motivación diferente también se rehusaron señalando que ellos estaban para hacer el bien y no para dañar a nadie. Las enfermeras, de igual forma, quisieron hacer denuncia pública por la radio local pero los varones de Dios aplacaron los ánimos.
Después de aparecer Josefina y su amiga Hermelinda, citaron a los dos varones a la dirección del hospital. Les dijeron a que esperasen unos días porque me iban a llevar a Colombia. Presintiendo un gran peligro hablé con Antonio y le expresé mi temor:
_Hermano Antonio, estas mujeres dicen que me van a llevar a Colombia, quiero que usted me prometa que no va a permitir que me saquen de aquí, ni que me lleven a la casa de esa pérfida enfermera. Si me llevan esa mujer me va a matar. Si usted quiere que continúe con vida no permita que me lleven.
Antonio, muy atento, me dio su palabra. Esto ocurrió cuando ignorábamos lo que se estaba fraguando.
Castillo fuerte
Debido a que en la mañana temprano no tenía quien me atendiese, ya que las enfermeras no lo consideraban su responsabilidad, mi desayuno se perdía a causa de las moscas y de las hormigas rojas carroñeras, mantenía los ojos cerrados a causa del ardor que como agudos alfileres punzantes, me causaban el sudor y la grasa.
Una mañana se acercó a la puerta de mi habitación, una joven desconocida, me sacó de mis pensamientos cuando con voz queda me llamó:
_Señor… ¿le puedo dar el desayuno?
_Sí, ¿Cómo No?... Dios te envió. Pasa adelante, pero antes necesito limpiarme el rostro y los ojos, porque me pican mucho y no los puedo abrir. Busca una toallita y humedécela para que me la pases por la cara.
Hablaba mientras temerosamente trataba de acicalarme. Por fin pude verla. De baja estatura y pasada de peso lucía un bello rostro, casi angelical, coronado por un corto y brillante pelo negro.
Conversamos y me dijo que su padre a quien había visto pasar enfrente estaba hospitalizado y había venido a atenderle. Me dijo su nombre _ Mary Bertorelli_ Sabiendo mi necesidad se comprometió conmigo para venir todas las mañanas a atenderme. Nos prendamos el uno del otro y estuvo atendiéndome hasta el último día que permanecí en el centro, aún cuando su padre había sido dado de alta, mucho tiempo antes. Pasamos muchas horas conversando y departiendo, Me regaló un poema y lloró cuando me iba. La hice mirar al cielo, que estaba lleno de hermosas nubes veraniegas y le dije:
_Si pudiese, haría una composición con las nubes y con letras gigantes te diría “GRACIAS”
Pude notar que en esos días hospitalizaron a un hombre cristiano y luego a otro, así que el lugar antes vacío se llenó de ruido y alegría porque durante todo el día había cristianos en el lugar. En la noche grandes grupos se quedaban hasta tarde. Ellos no lo sabían pero como soldados del Castillo Fuerte me estaban resguardando.
Conspiración mortal
En una ocasión, en unas de las escasas visitas de Josefina y Hermelinda, observé a esta última conversar con una mujer de mal aspecto que cuidaba a un paciente de la habitación contigua. Muy locuaces, noté que se conocían bien.
Al día siguiente, esta mujer, se me acercó y comenzó a hablar conmigo y me dijo:
_Yo conozco a las personas y yo te conozco a tí. Tú eres un hombre muy malo, eres manipulador, estás aprovechándote de los demás y le estás quitando el tiempo a las demás personas_ entonces queriendo darse un aire de misterio, siguió diciendo_ tu eres un gitano. Deberías dejar tu egoísmo y deberías hacer la diligencia para morirte y dejar tranquila a la gente_ Reconocí de inmediato al enemigo de las almas detrás de esta hechicera y cuando llegaron Pedro y Antonio, les conté lo ocurrido e hicimos oración.
En los días siguientes, aunque no le pedía nada, me despertaba pasando coleto al piso. Sabía su motivación, de acuerdo con sus prácticas paganas, pero no me preocupé mucho porque sabía que Dios estaba conmigo.
Después supe de esta conversación:
_Dortora, yo le resuelvo el problema, déme el récipe para la inyersión, vamos de noche le ponemos la inyersión y en la mañana amanece tieso.
_No, Hermelinda, yo no puedo hacer eso_ No tengo corazón para hacerlo. Una cosa es que se muera y otra que lo mate yo.
_Pero dortora, ese es un favor que le voy a hacer. Yo misma lo hago. No tenga miedo que eso no lo descubren. A los cuadrapléjicos no le hacen autorsia._ insistía con su voz acampanada.
_No Hermelinda, yo no puedo hacer eso_. Refutaba Josefina.
_Dortora, en Colombia hay unos buenos sitios donde lo podemos llevar para que lo cuiden. Lo llevamos bien lejos, el está tranquilo por allá y usted se quita ese dolor de cabeza. Nadien va a saber donde está y así se olvida de ese “paquete”, como usted dice.
_Yo no tengo dinero para llevarlo tan lejos, Hermelinda._ Volvió a decir Josefina.
Hermelinda, empeñada en su propósito y tratando de hacerle un gran favor a su “dortora” preferida le dijo:
_Dortora hágame el favor que necesito hacer una diligencia.
Josefina, siempre con su tiempo corto, no obstante, nunca se negaba a llevarla adonde le pedía. Al llegar al sitio, Hermelinda la invitó:
_Dortora, bájese que le quiero presentar a alguien.
Josefina entró al lugar y conoció a unos de los hechiceros favoritos de esta mujer, no sé que se hizo o que se habló allí, pero tenía que ver con mi muerte. Solo sé que Josefina dijo:
_Prefiero divorciarme antes que quitarle la vida.
A pesar de estas palabras, Josefina, había recorrido un largo camino, que la llevó al punto de no retorno, había deseado mi muerte con todas sus fuerzas. Había expresado en alta voz:
_ ¡Quiero que se muera! ¡Lo que quiero es que se muera!
En otras ocasiones cerrando los puños con fuerza y apretando los dientes miraba al cielo y gritaba con fuerza:
_ ¿Cuándo se va a morir?
No se atrevía a levantar su mano en mi contra para asesinarme. No, en varias ocasiones me había salvado la vida, pero me había matado en su corazón. Con una actitud siempre contradictoria, incapaz de permanecer indiferente, amaba u odiaba, solo tenía amigos o enemigos, no veía tonos grises. Así mismo, pude experimentar como hizo lo mejor y lo peor por mí. Con suspicacia, miraba el mal donde no lo había y desarrolló delirio de persecución. A quienes les querían hacer bien, a los pocos días los veía como enemigos. La mujer de mi vida, se había convertido, tiempo ya, en mi peor enemigo.
Tiempo después me enteré de esa conversación por una fuente que no puedo revelar para proteger su integridad física y moral. Cuando supe esto cobró relevancia mi decisión de aceptar la propuesta de divorcio y entendí porqué el Señor puso un cerco humano a mi alrededor.
¿Hasta cuando Señor?
Ante tales circunstancias en la cual abundaban los peligros, también abundó la liberación, pero ¿hasta cuando duraría esta situación?
Un día, a pesar de no estar preparado físicamente para ello, proclamé un día de ayuno y oración, no comí ni tomé agua por veinticuatro horas. Expresé con el salmista:
“Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuando? Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; en el seol, ¿Quién te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir, todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos están gastados de sufrir, se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.” (Salmo 6: 1 – 7).
Capítulo 21
LOGRANDO LO IMPOSIBLE
“Ten misericordia de mí, Jehová; mira mi aflicción a causa de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte, para que cuente yo todas tus alabanzas…y me goce en tu salvación” (Salmo 9: 13, 14).
Si me has acompañado hasta aquí, habrás notado que he vivido mi experiencia con la dicotomía causada por la aflicción de la desgracia y por el gozo a causa de la liberación. Pero Dios oyó mi clamor y de ahora en adelante hablaré acerca de los triunfos que de forma maravillosa he alcanzado.
Mi amiga María
A mi amiga María Bautista, la había conocido algunos años atrás cuando asistíamos a la misma iglesia en la ciudad de Maturín. Habíamos tenido un trato esporádico, pues, solicitaba mis servicios de reparación de artefactos eléctricos.
María es una hermosa dama de tez oscura que por su altura derrocha elegancia, pero lleva su mayor belleza en su interior, de sólidos principios cristianos, está siempre presta para colaborar con las actividades de su iglesia. Por lo general siempre tranquila, tiene un trato amable con la gente y durante toda su vida ha estado dispuesta a brindar su casa a quien lo necesite. Con frecuencia recibe huéspedes con quienes comparte su alimento, excelente cocinera, sus platos son siempre coloridos, despidiendo exquisitos aromas son capaces de satisfacer el paladar.
Cuando salí de terapia intensiva, me había servido gustosamente, preparando almuerzos especiales para mí los cuales ella misma me los daba a comer.
Se había mudado para Anaco y siempre me ha dado la impresión que Dios en su presciencia la condujo de regreso a esta ciudad para salvarme la vida. Siento en ella la representación de todos mis amigos y hermanos de Maturín. ¡María eres especial!
María me había dicho que tenía una habitación en la parte trasera de su casa y que me la ofrecía para que viviese allá. Había rechazado su oferta diciéndole que todavía no era el momento y si era la voluntad de Dios, él facilitaría las cosas para que me mudase. En el pasado, otros amigos también me habían ofrecido un lugar en sus casas pero las circunstancias no habían permitido que se concretaran estos ofrecimientos.
Una tarde de sábado me visitó, después de enviarle un mensaje y le conté todo lo que me había pasado. Nuevamente me ofreció un lugar en su casa, esta vez acepté diciéndole que ahora si era el momento.
Enseguida se puso a acomodar el lugar que había sido destinado para servir de depósito y lavandero. Lo limpió, frisó las paredes y el techo, lo pintó, le arregló la electricidad y le puso una puerta nueva. Un lugar escabroso lo convirtió en un “palacio”
Dios contesta mi oración
Pasaban los días y no me podía mudar por dos razones; la primera porque aunque el hospital deseaba deshacerse de mí, no permitían mi salida hasta que Josefina, quien era mi representante legal en dicho centro, firmase la autorización. A pesar de haber emprendido la demanda de divorcio se negaba a darme la libertad que me correspondía; presionada por las autoridades de la institución firmó mi salida.
La otra razón era porque me hacía falta una cama clínica para poder satisfacer mis necesidades, solicitamos una cama en préstamo al hospital, pero la administración se negó a entregarme una. Mis amigos estaban preocupados porque no sabían que hacer, sin embargo, cansado de salir en carrera de un sitio a otro, no tenía apuro y estaba decidido a no salir del hospital hasta tanto no tuviese una cama adecuada. Todavía estaba temeroso del ofrecimiento de María y traté de alargar el período de salida a fin de darle tiempo para que se arrepintiese o confirmase su decisión.
Un sábado por la tarde se apareció con un grupo de personas y entre todos me asearon, limpiaron mis excrementos, curaron mis heridas y la misma María me afeitó. Entonces, al darme cuenta de que no se inmutó por las incomodidades que ocasionaba, pensé:
_ Sí, es la voluntad de Dios que vaya a su casa.
Pasaban los días y no encontrábamos la cama, entonces, oré de forma osada:
_Señor, tú sabes que necesito una cama. Tú conoces mi necesidad y sabes también que por mi mismo no la puedo conseguir, tú eres el único que puedes obrar y en ti espero. Señor yo quiero una cama eléctrica para que las personas que me van a atender puedan realizar su trabajo con facilidad.
En esos días, María, viajó para Maturín y mientras conversaba con Alexander López le dijo:
_Me llevo a Italo para la casa pero me hace falta una cama clínica.
Alexander que para ese tiempo había sido nombrado director de la Clínica Adventista de Maturín, de inmediato respondió:
_ ¡Yo tengo la cama!
Se había ofrecido el mismo a llevarla pero pasaron los días y no llegaba. Entonces pregunté la razón de la demora. María me contestó:
_No ha podido traerla porque es muy pesada.
_Una cama no pesa tanto_ dije extrañado.
_Sí, pero esa es una cama eléctrica y el carro de Alexander es pequeño y no pudo cargarla_ respondió María.
_No puede ser, una cama eléctrica, como es bueno el Señor. Yo cometí un abuso y le pedí una cama eléctrica y el Señor me consintió.
“Jehová ha oído mi ruego; el Señor ha recibido mi oración. Se avergonzarán y se turbaran mucho todos mis enemigos” “Sepan, que con su amigo maravillas ejecutó el Señor.” (Salmo 6: 9,10. Salmo 4: 3)
Una cama eléctrica es muy costosa, vale millones y este pobre indigente había sido favorecido. Para algunos esto puede no representar mucho. Igual, un vaso de agua lo derramamos en el suelo pero puede representar la vida para un sediento y yo se que es tener sed. Alabo al Señor porque cuanto más profunda es la oscuridad, mejor brilla su luz. Cuanto mayor nuestra necesidad mejor nos suple.
La cama demoró unos días, y mientras esperaba, Delia de la iglesia evangélica “Maranata”, a quien conocí en esos días, me consintió celebrando mi cumpleaños y diligenció el traslado de mi suntuosa cama de Maturín a Anaco.
Lugar espacioso
Pedro, de inmediato cuando llegó la cama pasó un par de días buscando una ambulancia. En vísperas de navidad, cuando caía la tarde fui trasladado por el cuerpo de bomberos.
Me encontré en mi nuevo hogar, más tranquilo, más reposado. Me dije a mi mismo:
_Ha llegado bendición a este hogar.
Al estar instalado en el lugar, debido a mis experiencias anteriores, le pedí a María un gran favor:
_María,_ le dije_ quiero pedirte un gran favor, cuando consideres que no puedas tenerme más aquí, dímelo, porque no quiero salir corriendo de tu casa como me ha sucedido en estos tres años_, le había dicho antes que parecía una papa caliente porque todos me tomaban y de inmediato querían deshacerse de mí.
_Esta habitación la arreglé para ti y es tuya mientras la necesites_ me respondió con expresión sincera brindándome seguridad y confianza.
Pasé la navidad solo porque la dueña de la casa tenía compromisos familiares en otro lugar. Pero no me sentí desguarnecido porque tenía la compañía de Jesús y la paz me inundó.
Mi nueva habitación de unos doce metros cuadrados era suficiente para mis necesidades, arreglada con amor cristiano, la declaré en santidad y como mi centro para el servicio a los demás de acuerdo a mis posibilidades.
Los primeros días, vinieron muchas personas a verme, curiosos, querían conocer al extraño hombre a quien María había hospedado en su casa.
María se encargó de mi alimento y de pedir ayuda para mis necesidades. Fui recibido por Ada, una joven dedicada y siempre presta a atenderme, la chinita, como muchos la llaman, en una labor silenciosa, digna de ser loada, me fue muy útil. Júnior, de cinco años para entonces, me recibió con total normalidad y hoy día somos grandes amigos.
Pedro, desde entonces se ha ocupado de mi cuidado físico. Después de un año mis heridas, las heridas incurables, sanaron completamente. Sí, un hombre inculto usado por Dios logró lo imposible. Con sencillas curas, con la vulgar sábila y amoroso servicio cristiano se logró el milagro.
En su último y desesperado acto, a fin de salvar sus nombres, las dos mujeres tramaron una historia calumniosa, que me recordó a los del sanedrín cuando inventaron la historia de que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Arremetieron en contra de la integridad moral de mi persona y de todos aquellos que de forma directa me habían ayudado. Fieles a los principios del enemigo de las almas, retro proyectándose, acusaron a cada quien de las obras que ellas mismas habían hecho. Entre otras cosas dijeron que yo había abandonado a mi esposa. Me asombra saber que hay personas que creen su absurda historia, me gozo porque hemos vencido el mal con el bien. Intentaron destruirme pero…
“Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas, me libró de mi poderoso enemigo, y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo.
Me asaltaron en el día de mi quebranto, mas Jehová fue mi apoyo.
ME SACÓ A LUGAR ESPACIOSO; ME LIBRÓ, PORQUE SE AGRADÓ DE MÍ
Viva Jehová, y bendita sea mi roca, y enaltecido sea el Dios de mi salvación” (Salmo 18 16 – 19,46)
Este capítulo parece un epilogo pero las maravillas de Dios en mí no terminan y en los siguientes contaré como he llegado a ser útil y victorioso.
Capítulo 22
PORTENTO EN LA CAMARA MUNICIPAL
Mi oración
El año 2002 se convirtió en un año tranquilo para mí. Había pasado la tormenta y aunque pasé todo el año sin salir de mi habitación, logré hacer nuevos amigos que me visitaban a menudo. Ese fue el año de la total sanidad de mis heridas. El llanto quedó atrás. Todavía siento melancolía de vez en cuando, pero trato de no darle cabida a pensamientos que perturben mi alegría.
Nuevamente, pude utilizar mi mesa y me mantuve leyendo durante todo el año. Hice muchas cartas con letras de niño y no perdí tiempo en dar lo mejor de mí a cuantos se me acercaban.
Queriendo hacer más, traté de entusiasmar a varios desempleados para organizar una empresa de servicio en la cual ellos efectuarían el trabajo físico. Organicé, hice un proyecto, les animé y al fin entendí porque se mantenían desempleados.
Aborté mi proyecto. Aprendí que, a causa de mi falta de recursos económicos, para seguir adelante, avanzar y poder tener éxito tendría que hacer algo donde casi toda la labor dependiese de mí.
Por otro lado, estaba claro en que todo emprendimiento que llevase a cabo debía tener la sanción de Dios y sería para su servicio. La razón principal de mi proyecto de empresa era que había prometido escribir este libro para contar mi experiencia y necesitaba los recursos para poder llevar a la realidad ese deseo.
Recuerdo el día estando en el Hospital “Luis Guevara Rojas” de Cantaura y mientras conversaba con una de las damas voluntarias le dije:
_Voy a escribir un libro acerca de mi experiencia y voy a crear una fundación.
Hablamos de otras cosas, pero no me comentó nada acerca de este asunto. Lo más probable, es que haya pensado que estaba desvariando. No me podía creer. ¿Cómo creerme si era un indigente quien le hablaba?
Señor dame una computadora
Escribir algunas cartas es una cosa, pero escribir un libro a papel y lápiz con la boca y sin un ayudante era una tarea un poco menos que imposible, sin embargo estaba dispuesto a emprenderla. No obstante, en el mes de marzo del año 2003 dirigí esta oración:
_Señor, tu sabes cuales son mis planes y que quiero hacer algo útil para tí. Si tú quieres que escriba ese libro dame una computadora. ¡Regálame una computadora!
Esa fue mi oración, no dije más. Sin embargo, a cuantos venían a visitarme les decía que le había pedido una computadora al Señor.
Alguien con aire de incredulidad me dijo:
_ ¿Cómo vas a conseguir una computadora y cómo la vas a usar?
_ Dios me la puede dar si a él le place y no sé usar una computadora pero con empeño puedo aprender a usarla con un palito así como he aprendido a pasar las páginas de los libros y a escribir _le contesté.
Dios contesta mi oración
Unas semanas después llegó la Semana Santa y habiendo quedado solo en mi habitación mi amiga Iris Guilarte me invitó a su casa donde disfruté con su esposo y otros amigos de buenos ratos de camaradería. El lunes cuando me despedía le pedí a Pedro para que me llevase a visitar a la amiga Maritza, para darle una sorpresa. Entusiasmado con la ocasión, Pedro cambió el rumbo y dirigió mi silla de ruedas hasta la casa de ella para proporcionarle una increíble sorpresa, pues, hacía más de un año que estaba en mi nueva habitación y no había salido de allí porque no tenía una silla de ruedas y en esos días estaba estrenándola.
Cuando llegamos a la casa nos recibió su esposo a quien no conocía. Se presentó:
_Hamilton Maneiro_ nos dijo que se llamaba y siendo muy afable nos llevó a través de toda su casa hasta un patio lleno de plantas. Conversamos por espacio de unas dos horas, me dijo que era un luchador social y que se dedicaba a resolver problemas de la comunidad. Mientras hablábamos noté que miraba con curiosidad mi silla de ruedas hasta que me preguntó:
_ ¿Donde conseguiste esa silla de ruedas? Porque conozco una niña que tiene aproximadamente doce años y necesita una silla de ruedas especial, porque no puede usar una normal y a ella todavía la sientan en un coche de bebé.
_Esta era una silla normal_ le contesté_ pero como no la podía usar y no tengo recursos para adquirir la silla especial para cuadripléjicos, tomé el lápiz y la rediseñé, entonces pedí a un joven que hiciera el trabajo.
_Estoy haciendo la diligencia con la gobernación del estado para una silla para la niña, pero tu idea es muy buena y se podría aplicar para adaptar las sillas para quienes lo necesiten _ me comentó.
Aprovechando la oportunidad le dije que me ponía a la disposición para rediseñar la silla de la niña cuando llegase y cualquier otra que hiciese falta. Después de contarle brevemente mi testimonio le dije que quería usar mi experiencia para ayudar a otros y que quería escribir un libro pero me hacía falta una computadora. Casi de forma automática me dio una respuesta sorprendente:
_Eso no es ningún problema, eso está facilito. El martes de la próxima semana voy a pedir un derecho de palabra en la Cámara Municipal, preséntate a las cinco de la tarde porque te voy a representar y vamos a conseguir esa computadora. Lleva los siguientes documentos…
Creía que Dios contestaría mi oración, ¿pero tan rápido? Los días siguientes los utilizamos Pedro y yo, en elaborar la carta correspondiente, haciendo la petición a la alcaldía del municipio Anaco y en poner en orden todos los documentos que el señor Maneiro había dicho que debíamos presentar.
Portento en la Cámara Municipal
Ese martes no nos tomó por sorpresa porque de una manera diligente procuramos todos los documentos y Pedro desde temprano me acicaló lo mejor que pudo y en la vieja y destartalada pick up de Juan Malavé nos trasladamos a la prensa para ofrecer algunas declaraciones y después nos dirigimos a la cámara municipal. Entramos a un bello salón donde estaban reunidos los concejales de la ciudad y un nutrido grupo de representantes de diferentes sectores.
Mi condición física impide que pase desapercibido, por lo que todas las autoridades cuando tomaban la palabra se dirigían a mí de forma muy especial.
El secretario debía recibir todos los documentos que eran entregados allí, sin embargo los míos fueron entregados por el señor Maneiro de forma directa al presidente de la cámara quien se los dio a los concejales. Mientras se desarrollaban los acontecimientos pude observar como uno a uno revisaba el sobre y leía mi carta y mi testimonio.
Mientras prestaba atención a lo que ocurría, recordé el esfuerzo que habíamos hecho y vino a mi memoria el principio-promesa bíblico; “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Ante los príncipes estará”.
Se dijeron muchas cosas allí pertinentes a la ciudad, se otorgaron y se negaron peticiones.
Al final le fue concedida la palabra al señor Hamilton Maneiro; comenzó su intervención hablando, con su portentosa voz propia de un líder, acerca de un proyecto de aguas para la ciudad…
_El segundo punto que quiero tocar es el del señor Italo Violo quien sufrió un accidente de transito…quiero que elevemos una oración al cielo porque tenemos en este lugar dos varones de Dios…otros en su condición se han suicidado…el señor Italo necesita una computadora para escribir un libro y así poder ayudar a otros…
Yo estaba estupefacto mientras escuchaba sus palabras. Impávido no sabía como reaccionar. ¡No, no, por sus palabras! sino, porque mientras hablaba las lágrimas brotaron de sus ojos y rodando por sus mejillas mojaban su camisa. Ver llorar a un hombre no es fácil, menos a un político frente a una audiencia y allí estaba ese hombre quebrantado por el Espíritu de Dios. Valga decir que se pudo sentir la presencia de Dios en ese lugar. Otro daba testimonio por mí y Dios se glorificó. Cuando terminó sus palabras, que fueron televisadas por un canal local, la asamblea en pleno aplaudió fuertemente. Los concejales no dudaron en aprobar la petición y el presidente de la cámara dio el ejecútese para que me entregasen una computadora usada.
Después de esto se me acercaron muchas personas que gratamente impresionadas trataban de animarme. También recuerdo al señor Maneiro que constreñido fue contrario a su locuacidad y apenas despidiéndose se escabulló.
Habiendo siempre sido de acción retardada para asimilar las emociones me encontré a media noche sin poder dormir y hablando en alta voz con Dios, agradecido por la forma maravillosa como se había manifestado. Mi gozo se vio incrementado porque estaba maravillado que mi desvelo se convirtió en vigilia, había pasado noches eternas, soportando desesperado, la incomodidad y el dolor. Ahora la vigilia era porque me sentía alegre y lleno de energía. No clamaba por el amanecer, pues, mi alma estaba llena de luz.
Mi entrevista con el alcalde
Pasaban lo días y la computadora no me era entregada porque decían que las que habían en depósito, estaban en tan malas condiciones que no era posible que me diesen una. Dije yo:
_Es la voluntad de Dios que yo tenga esa computadora y así como a Josué le fue dada la tierra prometida y tuvo que luchar para conquistarla yo también voy a luchar por lo que Dios me ha dado.
Había aprendido que cuando Dios está dispuesto a darnos algo tenemos que unir nuestra debilidad a su fuerza y sin temor hacer la parte que nos corresponde.
En esos días estaba aprendiendo a dibujar y había recreado muchas veces la figura de una guacamaya hasta que María me dijo:
_ ¿Hasta cuando vas a pintar esa guacamaya?
_ ¡Hasta que la perfeccione!_ le contesté en varias ocasiones.
Muy bien, siguiendo el principio que recién había descubierto en la Biblia de que cuando visitamos a un príncipe o dignatario debemos llevarle un presente, me alisté para visitar al alcalde de la ciudad. Dibujé una guacamaya y escribí un hermoso pensamiento al lado. Solicité una cita y me la concedieron para su momento más ocupado.
De forma muy solícita, mis Amigos Wilfredo Gallardo e Iris me llevaron rodando por las calles hasta la oficina del Alcalde. Me afligí un poco cuando observé más de mil personas en las afueras esperando por él. Sin embargo, todo estaba arreglado porque su secretaria, con quien había hablado en días anteriores, me había clasificado como un caso especial.
A los pocos minutos, ordenan mi entrada y me preocupaba saber como me recibiría el alcalde en una oficina tan convulsionada. Apenas me vio, el alcalde Jacinto Romero Luna hizo señas para que me acercasen a él. Aún cuando no me ignoró pensaba que iba a solicitar consulta médica gratuita.
El médico que estaba parado a su lado comenzó a entrevistarme y le contesté:
_No vengo a hablar con usted, yo quiero hablar con el alcalde.
Siguió muy amable conmigo, me dijo que era neurocirujano, director médico de la alcaldía, director del hospital y conocía de mi problema físico y después de hablar conmigo unos minutos se convirtió en mi abogado defensor.
Después de lograr la atención del alcalde le obsequié mi humilde guacamaya hecha a lápiz sobre un simple trozo de papel bond. El alcalde apenas la miró y cuando le dije que necesitaba la computadora que la cámara había aprobado, me preguntó:
_Y… ¿Cómo vas a usar esa computadora?
De inmediato, el médico, en mi defensa, le respondió:
_ ¡Si puede pintar con la boca también puede usar la computadora!
El alcalde, no se había percatado como había realizado el dibujo y admirado lo tomó en sus manos y llamó a la administradora diciéndole:
_Mira lo que tenemos aquí, ven acércate para que conozcas al señor y lo que está dispuesto a hacer_, preguntó al médico acerca de mis condiciones mentales, y fascinado por mi lucidez intelectual y mi deseo de ser productivo ordenó a la administradora:
_Manda a enmarcar el dibujo y cómprale la computadora al señor. Hay muchos por allí que pudiendo hacer no hacen y este hombre en esas condiciones quiere, entonces, hay que ayudarlo.
El ocho de agosto tuve el honor de recibir en mi habitación al señor alcalde Jacinto Romero Luna, al señor José Ángel Biaggi, presidente de la cámara municipal, la señora Lelia Rodríguez administradora de la alcaldía y al actor de televisión Nelson Lamar y me hicieron entrega de una flamante computadora, nueva, “de paquete”, donada por la alcaldía, regalo de Dios y conquistada por mi empeño y la ayuda de mis amigos.
La Escritura dice que todo lo que pidamos creyendo lo recibiremos. Sin embargo, la espera de la respuesta es activa porque Dios solo hace por nosotros lo que nosotros no podemos. En el pasado fui un hombre físicamente fuerte, pero, aunque tenía grandes deseos de superación, a menudo me dejaba llevar por las circunstancias. Hoy día mi cuerpo está hecho un guiñapo pero la adversidad ha fortalecido mi espíritu y me ha dispuesto a luchar para obtener las bendiciones que Dios tiene para mí.
Por cierto ese día estaba tan contento que olvidé agradecer por el donativo, meses después en un corto discurso en el cual estaban presentes las autoridades locales tuve la oportunidad de reparar mi olvido y públicamente agradecí al alcalde por el bien recibido.
Al señor Hamilton Maneiro no lo volví a ver por mucho tiempo, y meses después, cuando le encontré en una plaza pública, aproveché la oportunidad de agradecerle y decirle que el Espíritu de Dios le había utilizado. También tuve el gozo de conocer a la niña de doce años a quien sentaban en un cochecito de bebé y utilicé la computadora para rediseñar su silla de ruedas, la cual tenía por algún tiempo sin poder utilizarla y junto con Pedro solicité la ayuda necesaria para que fuese una realidad su bienestar.
Capítulo 23
SUPERMAN Y YO
La derrota de Superman
_ ¡No es un pájaro!
_ ¡No es un avión!
_ Es Superman.
¿Quién no ha escuchado o leído estas palabras? Cuando niño mi pasión por la lectura se desarrolló con las tiras cómicas y uno de mis favoritos junto con el pato Donald era precisamente el hombre de acero.
Superman, el hombre de acero, el paladín de la justicia, el salvador del planeta tierra, es una representación de Norteamérica en su lucha por la libertad y una muestra del poder del coloso del norte, un ícono del “American Proud”, casi invencible sufriría su mayor derrota en su contraparte, el actor que lo representaba, Christopher Reeve.
Christopher, un actor talentoso, fornido y de perfectas formas era ideal para hacer de Superman y fascinó al mundo haciendo girar a la tierra al revés, para retroceder el tiempo y devolverle la vida a su amada novia, Luisa Lane. No obstante, la vida real le deparó una desgracia que le impediría volar nuevamente y salvarse a sí mismo.
Mientras disfrutaba de las comodidades de su holgada vida, en una práctica de equitación, Christopher, cayó de su caballo, se fracturó el cuello y rompiéndose la médula espinal quedó paralizado de por vida. El hombre fuerte se había transformado en la antítesis de quien representaba y como cuando cayeron las Torres Gemelas el país entero se lamentó con su orgullo herido.
El triunfo de Superman
No obstante, Christopher, no se amilanó y en una lucha de años en la vida real ha podido transformar la derrota en victoria y ha demostrado ser más fuerte en su lecho y en su silla de ruedas, que el personaje de fantasía a quien representaba. Los estadounidenses pueden ahora encontrar en él al verdadero héroe americano y la verdadera razón por la cual esa nación se ha engrandecido tanto.
Superman y yo
En esta etapa me he sentido más que nunca identificado con Superman. Porque Superman representa la lucha entre el bien y el mal y al final, el bien siempre vence. Pero para vencer hay que luchar y sufrir porque no hay gloria sin sacrificio. El mundo está lleno de muchos superhombres y superchicas que día a día se esfuerzan en trabajos mal remunerados y sin reconocimiento alguno para llevar el sustento a su hogar, que luchan contra la enfermedad y adversidades de todo tipo.
Nuestra condición de minusválidos nos puede llevar a pensar que somos inservibles y que no merecemos seguir viviendo. Pero quiero decirte que tienes derecho a la vida no importa tu condición. Todos somos útiles, como le decía hace poco a la madre de una niña con parálisis cerebral:
_Dios la tiene a usted en un lugar especial, conoce sus trabajos y su niña es muy útil porque ella está puesta para implantar amor en usted y sus familiares_ ¿Acaso no dijo Jesús que a los pobres los tendríamos siempre con nosotros?
Esa madre es una heroína así como todos aquellos que se dan así mismos para ayudar desinteresadamente a otros.
También son héroes aquellos que tienen que luchar contra sus mismas limitaciones y aun cuando no vean algún logro continúan esforzándose, los tales son triunfadores.
En mi caso, considero que soy más bien un superviviente que ha visto las maravillas de Dios.
Christopher Reeve reconoce que es un luchador y su objetivo es volver a caminar y no escatima recursos ni oportunidades en su lucha para que la ciencia logre el avance necesario para que esto sea una realidad, también reconoce que goza de privilegios que otros cuadripléjicos no tienen. En los países del primer mundo, el discapacitado lucha sobre todo por superarse a sí mismo, pero en el tercer mundo donde muy pocos tienen seguro social y donde no hay conciencia colectiva en ese orden, tienen que luchar primariamente contra la adversidad que les rodea. Por contraste mi mayor deseo no es volver a caminar sino que se conozca la realidad venezolana y quizá latinoamericana donde muchos se están muriendo sin esperanzas en lugares sombríos donde nadie los ve y por ende muy pocos brindan una mano de ayuda. Mi mayor deseo es que mi testimonio pueda ayudar a otros, no a levantarse de su silla, porque es imposible para mí, sino a levantar sus ánimos y puedan llevar su situación con aplomo y descubran que a pesar de todo “la vida es bella”
La historia está llena de hombres y mujeres que han podido ser útiles a la humanidad a pesar de sus limitaciones. Un discapacitado no solo debe estar dispuesto a recibir sino que debe mostrar su agradecimiento dando lo mejor de sí en la medida de sus capacidades para hacer de su vida una influencia admirable para cuantos lo conocen.
¡Aunque tú no lo creas!
Personas como Christopher Reeves, Hellen Keller, Sthephen Hawkins, el monstruo de Villalobar, Rona Ottolina, llevan o han llevado vidas plenas y fructíferas, dando grandes aportes a la humanidad.
¡Aunque usted no lo crea!
Un discapacitado puede llegar a ser un súpercapacitado.
La mayor discapacidad
La más grande de las minusvalías no es la parálisis cerebral, la vida vegetativa o la cuadriplejía que le sigue en orden. En fin, cualquiera de ellos pueden no ser capaces de hacer algo por si mismos, pero sirven para despertar en otros el espíritu de servicio y hacer crecer la planta del amor en los demás. Pero una persona que se desprecia a sí misma, que carece de entusiasmo y no es capaz, por su ignorancia voluntaria, de desarrollar un talento, aunque sea tan solo para procurar su propio alimento. Con su influencia malsana daña a otros y representa una carga innecesaria. Esa es la mayor discapacidad.
El ejemplo de mi madre
Mientras permanecía en mi lecho, en uno de esos días hice un descubrimiento que me dejó pasmado; mi madre era discapacitada y yo no lo sabía. Asombrado, me preguntaba como era posible que me hubiese dado cuenta solo meses después de mi accidente y tiempo después de su fallecimiento.
Mi madre perdió su brazo derecho siendo muy joven. La recuerdo cuando a escondidas se ponía su brazo de trapo que ella misma había confeccionado y metía la parte correspondiente a la mano en el bolsillo del vestido, siempre usaba manga larga. Era capaz de hacer cualquier oficio con un solo brazo, tuvo catorce hijos, jamás le escuché comentar nada respecto a su brazo, ni tomó ventaja de su deficiencia y nosotros, sus hijos la vimos siempre como una persona normal. Para mí, mi madre siempre tuvo dos brazos y me dejó su mejor ejemplo después de haber ido al descanso.
Mi hermano Brando, también tuvo desventajas debido a su estrabismo y limitación en su brazo izquierdo. Esas desventajas lo llevaron a una lucha más fuerte que la mía para su sobrevivencia, sin embargo desarrolló su familia normalmente.
Tu actitud decide. Decide tu actitud
Las personas con limitaciones, ceguera, sordera, amputaciones, daños en la médula espinal, retraso mental pueden lograr cualquier cosa que se propongan según sus habilidades.
Lo que va a determinar eso es la actitud que asuma. Sobre todo cuando la desgracia nos toca en la vida tardíamente cuando hemos saboreado una vida a la cual llamamos normal, representa en casi la totalidad de los casos el acabose y entramos en una etapa traumática muy difícil de superar. Esa puede llegar a ser una época de transición que la lleve a la destrucción personal o que la catapulte a una nueva fase, de una vida incluso mejor y más satisfactoria. Todo depende de la actitud que asuma, y la actitud no depende de cuan severamente hayamos sido golpeados, ni cuan mal nos sintamos, ni de las personas que nos rodean, ni de las circunstancias. No podemos cambiar lo que nos pasó, no podemos cambiar muchas de nuestras molestias, no tenemos el derecho de cambiar a otros, no somos culpables de las circunstancias adversas que no dependen de nosotros.
Definitivamente, somos responsables de nosotros mismos y de la actitud que asumimos. En la etapa de transición, el minusválido tiene primero que reponerse del golpe recibido, empieza a conocerse así mismo y puede encontrar a otra persona que no es él. Puede encontrar, quizá a su verdadero yo. Es una época de contrastes donde chocan los extremos porque donde está una persona necesitada, difícilmente permanece alguien indiferente. El minusválido levanta pasiones porque es abiertamente rechazado por muchos y solícitamente atendido por una minoría.
Es la hora de tomar una decisión, porque la actitud es una decisión y esa decisión determinará su futuro ahora y en la vida venidera. La vida del discapacitado es radical en todo sentido, otra persona puede ser indiferente, huraña o cualquier epíteto que se le quiera adjudicar y puede bien o mal seguir su vida. Pero una persona de condiciones especiales que albergue una actitud negativa termina muriendo con una vida desperdiciada. No obstante, si decide tener una actitud positiva, que llega a concientizar que hay una forma diferente de echar un vistazo a su propia existencia aceptando su nueva condición, si decide no mirar más hacia adentro recreándose tontamente en una actitud morbosa de auto compasión y decide mirar hacia afuera proyectándose hacia los demás; le esperan, entonces, grandes triunfos y una vida llena de satisfacción.
Alguien que supo vencer desventajas en su propia experiencia lo dijo mejor antes que yo y por eso quiero reproducir sus palabras, las cuales son válidas para todos los humanos:
“Muchos a quienes Dios ha capacitado para hacer un excelente trabajo, hacen muy poco porque intentan muy poco. Miles pasan por la vida como si no tuviesen un propósito definido por el cual vivir ni una norma que alcanzar. Estos recibirán una recompensa de acuerdo a sus obras.
Recuerda que nunca alcanzarás una norma más elevada que la que tú te propongas. Fíjate, pues, un blanco alto, y asciende paso a paso por la escalera del progreso, aunque represente un penoso esfuerzo, abnegación y sacrificio. Que nada te lo impida. El destino no ha tejido sus redes alrededor de ningún ser humano tan firmemente que este tenga que permanecer impotente y en la duda. Las circunstancias adversas deberán crear una firme determinación de vencerlas. Derribar una barrera dará mayor habilidad y valor para seguir adelante. Avanza con determinación en la debida dirección, y las circunstancias serán tus ayudadoras, no tus obstáculos”.
“Recuerda esto: si has cometido errores, no hay duda de que ganarás una victoria si los reconoces y los consideras como señales de advertencia. De ese modo transformarás la derrota en victoria”…
“No esperes una oportunidad; hazla. Aprovecha cualquier pequeña ocasión que se te presente…Decídete a ser tan útil y eficiente como Dios te pide que lo seas. Se fiel e integro en todo lo que emprendas. Aprovecha todas las ventajas que estén a tu alcance para fortalecer el intelecto”. (Palabras de Vida Pág. 144,145)
“A una persona se le puede quitar todo
menos una cosa,
la última libertad humana:
la posibilidad de elegir la actitud
que tendrá en cualquier circunstancia,
la posibilidad de elegir su propio camino”.
Víctor Frankl
Este capítulo fue escrito cuando Chritopher Reeve aún vivía y lo he dejado sin alterarlo en honor a él y a todos los que luchan decididamente por sus ideales.
Capítulo 24
NUEVAS HABILIDADES
Tomando las riendas del progreso
Durante veintinueve años he asistido a la iglesia a la cual pertenezco y la única silla de ruedas que he visto es la mía y por las calles venezolanas escasamente se ve alguna persona que se atreva a rodar la suya por ellas. Es tan escasa la probabilidad, a menos que vayamos a ciertos lugares donde acostumbran a mendigar, de encontrarnos con una persona con limitaciones motrices que nos olvidamos que existen. No es porque haya pocos minusválidos, sino porque los más, tal Cuasimodo en el campanario de Notre Dame, están escondidos en sus casas muriendo sin esperanzas. Yo mismo he pasado períodos cercano al año sin ver el cielo, los árboles y sin recibir la luz del sol. Esto se convierte en un circulo vicioso, (no te veo, entonces no existes, luego, no hago nada por ti – no hago nada por ti, porque no existes, pues, no te veo) y conlleva a que seamos relegados y dejemos de ser una prioridad.
Pronto comprendí que eso no estaba bien, pero también que había estado en la ignorancia durante toda mi vida respecto a ese problema, observar a los demás me lleva a la conclusión de que también permanecen en la ignorancia, por lo tanto tomé la decisión de que si quería hacer algo útil, tenía que tomar las riendas de mi propia superación.
Debo agradecer a muchos por su ayuda e interés por mí. Pero el interés que las personas tienen es hacia una persona enferma a quien hay que curar y darle los cuidados necesarios para su recuperación física o atenderle hasta su deceso.
En todo este tiempo no he encontrado una persona que tome la iniciativa de una forma activa para mejorar mi calidad de vida. No he encontrado a nadie que esté dispuesto a generar ideas o que esté decididamente dispuesta a llevarlas a cabo cuando se lo pido. La ayuda ha sido puntual. Con frecuencia tengo que pedir a muchas personas lo que quiero y armado de paciencia, debo esperar días, semanas o meses para lograr lo que quiero. Si dependiese de los demás, solo me darían los cuidados necesarios y palabras de aliento. Si por otros fuese no haría otra cosa que esperar la muerte o mi recuperación física, en ese aspecto me he encontrado terriblemente solo. Quisiera atribuirlo a que me he encontrado en medios muy limitantes pero lo cierto es que las personas con poca educación que me rodean parecen no estar en capacidad para forjar ideas que me sean útiles o no comparten ni entienden mis metas y los más educados no tienen tiempo para dedicarme.
Las personas aplauden mis logros pero jamás comprenderán el esfuerzo que estos conllevan. No solo esfuerzo físico, sino una carrera de aguante, de paciencia, de lucha mental para mantener el objetivo y no decaer, en especial porque es muy penoso para mí, haber sido antes autosuficiente y ahora, estar pidiendo constantemente favores.
Mis pasos al éxito
Mi recuperación comienza con la conciencia de que Dios mantiene el control y que debía ejercer confianza en él.
Cuando estaba en terapia intensiva, Alejandra hizo para mí una tablilla con el alfabeto para que con señas asintiese cuando colocaban el dedo sobre la letra correcta. Luego, pedí mi Biblia y leí los evangelios mientras solicitaba a las enfermeras que pasasen las páginas por mí. Allí mismo comencé a hacer chasquidos con mi boca para solicitar a las enfermeras y me apodaron “Flipper”. En Caracas, modifiqué mis chasquidos por silbidos y esta vez gané el apodo de “El Turpial de Monagas” (Debido a su bello canto y su hermoso plumaje el turpial es el ave nacional de Venezuela).
Después, mi lucha fue por recuperar la voz de tal manera que fuese lo suficientemente audible. Más adelante, le pedí a Dios que me diese la facultad para cantar.
Cuando leía y tenía que pasar la hoja de un libro debía esperar incluso horas a que alguien pasara y pedirle el favor. Pedí una varilla y aprender a pasar las páginas de los libros, fue para mí un reto. Pasaba a veces hasta media hora para pasar una, pero no pedía ayuda. El esfuerzo dio resultado y logré un poco de autonomía.
El logro más significativo fue cuando diseñé la mesa multiuso y mi amigo Luis Esaá la concretó y entonces pude no solo leer sino también empeñarme en aprender a escribir. Esta mesa se convirtió en la base de muchos de mis logros. Solicité un Lápiz y unas hojas de papel, tomé el lápiz en mi boca y traté de escribir, no fue fácil, pues éste saltaba cuando intentaba hacer algo y terminaba haciendo grandes rayas o se deslizaba saltando como una piedra lanzada sobre la superficie de un lago. Poco después hice mis primeras letras toscas y grandes como las de un niño que recién va a la escuela.
Estando aún en el centro geriátrico, con la ayuda de la mesa tuve la oportunidad de revisar y corregir la tesis de Alejandra, se graduó con honores como ingeniero de sistemas en la Universidad Bicentenaria de Aragua y luego me honró dedicándome su tesis.
La enfermedad detuvo mi progreso por más de año y medio, pero cuando me instalé en casa de María recuperé mi querida mesa y allí reinicié mis labores dedicándome a leer hasta por diez horas continuas. Esto fortaleció mis antes débiles músculos del cuello y de la boca. Nuevamente empecé a escribir y a enviar cartas. Mi letra mejoró muchísimo y empecé a escribir de corrido con letras pequeñas. Inventé un sistema para pasar las páginas que escribía y de esa manera, pude escribir varias sin necesidad de estar llamando a cada rato.
Me entusiasmé y sabiendo que tenía todo mi tiempo disponible para hacer lo que quisiera, bajo esa idea, aprendí a elaborar crucigramas pero como nadie se interesó en ellos abandoné la tarea. Me ofrecí para enseñar inglés, matemáticas o ayudar a los jóvenes a realizar los trabajos de investigación, pero los muchachos solo querían que les hiciera los trabajos por entero sin interesarse en las explicaciones que les podía dar y dije que ese no era el camino. Busqué a otros para formalizar una microempresa pero no logré contagiar mi entusiasmo.
Entre tanto, comencé a diseñar a lápiz algunas herramientas que me hacían falta y eso abrió el camino para hacer mis primeros dibujos artísticos. Al poco tiempo supe de la Asociación de Pintores con la boca y el pie, ubicada en el Principado de Liechtenstein, miré reproducciones de sus obras, entonces me dije:
_Si ellos lo hacen, yo también puedo hacerlo.
A la verdad, me parecía un imposible que pudiese lograrlo, pero siendo un reto no me amedrenté y seguí adelante.
Decididamente continué dibujando y con más firmeza en el trazo, dije que quería pintar, pero la limitación de recursos me impedía obtener los materiales, por lo que le pedí a María que me comprase un pequeño tarro de chimó (tabaco en pasta para mascar) y un pincel, así pude hacer mis primeras pinturas sobre papel en color sepia. Al principio, cuando me disponía frente al lienzo, me ponía nervioso, no creyendo que pudiese hacer algo valioso, pero venciendo mi temor finalizaba incrédulo y entusiasmado ante lo que había hecho. En vista de mi interés mi vecino Alexis me obsequió unos colores en acuarela y finalmente me topé con el rey de los colores, el óleo.
Cuando los de la asociación recibieron mis primeras obras, quedaron gratamente impresionados por mi rápida evolución en la pintura. Lo que ellos no sabían es que tenía mucho tiempo ganado con el trabajo previo del cual ya he contado. Muchas horas pasando páginas y escribiendo había sido el secreto.
El otro paso fue aprender a usar la computadora, lo cual me resultó fácil por mi destreza en el uso de la varilla con la boca.
He tenido la oportunidad de diseñar varias herramientas para mi uso personal, tengo “in mente”, otros equipos más sofisticados que me darán más autonomía, como lo son; la automatización de los equipos eléctricos de mi habitación para poder encenderlos y apagarlos con la voz, un intercomunicador que pueda abrir la puerta de la casa a control remoto activado por voz, un sofisticado equipo robotizado que colocado en el techo pueda agarrar objetos por mí, etc. Podría parecer muy ambicioso, pero, para el desarrollo tecnológico actual, esto es juego de niños. Espero llevarlos a cabo en el futuro, a medida que los recursos se hagan presentes.
También inventé un equipo electromecánico, completamente estanco para mantenerlo libre de bacterias, cuya función es expulsar la orina directamente a la cañería. Lo nombré expulsor automático de orina, URIEX. Deseo pronto hacer un prototipo y patentarlo.
Pequeños pasos, grandes resultados. Peldaño a peldaño se sube la escalera del éxito. Hice lo que podía en su momento sin preocuparme por lo que no podía hacer, con esfuerzo y perseverancia. El éxito no es solo llegar a una meta, pues cuando llegamos a ella, se nos imponen otros logros. Por eso, el éxito es más bien una actitud que nos impulsa a realizar nuestras tareas diarias con optimismo y excelencia.
He tenido la oportunidad de contar mi testimonio en diferentes lugares de forma presencial y a distancia por grabación videográfica, por la prensa, la radio y la televisión todo con un objetivo; alentar a unos y concientizar a otros.
Recuerdo la primera vez que me presenté para dar mi testimonio ante cientos de personas y sentado en una silla de ruedas les expliqué que ese día se había cumplido una palabra profética en mí, de cuando una dama, en el momento que me daban por muerto, me dijo que me veía en una silla de ruedas predicando.
Al salir de la reunión, Pedro me comentó acerca de los presentes:
_ ¡Muchos estaban llorando!
La otra cara de la realidad
Una mañana se apareció en mi habitación mi amigo invidente, Luis Garrido, para invitarme a su programa radial “La otra Cara de la Realidad”, por Radio Centro 610 AM, ubicada en la vecina población de Cantaura. Allí, en horario estelar hicimos un programa especial después de ser anunciado por espacio de quince días. Tuve la oportunidad de dar mi testimonio a miles de personas por la emisora más potente de la zona y me sentí contento de saber que Dios me había salvado la vida para una buena labor. Obsequié una pintura a mi amigo realizada con la boca y los ojos cerrados en señal de que si unimos nuestras debilidades llegamos a ser fuertes. Si existe un pintor cuadripléjico, ¿Porqué no, un pintor ciego? ¿Acaso, la humanidad no parió sordo a uno de sus más grandes músicos? En la parte posterior escribí a lápiz lo siguiente:
“La otra cara de la realidad,
Es la otra cara de la vida,
Es la cara que todos conocen,
Pero que muchos prefieren ignorar,
Es la cara del dolor y el sufrimiento,
Es la esperanza continuada
Por la liberación que a veces nunca llega.
La otra cara de la realidad,
Es la otra cara de la vida.”
Una silla de ruedas no basta
La promoción publicitaria de “Fundaprocura”, una organización cuyo fin primordial es donar sillas de ruedas, dice: “Un accidente en la médula espinal paraliza el cuerpo, no la vida.” Son palabras ciertísimas, pero en la mayoría de los casos la ayuda que se les presta a las personas con limitaciones motrices, desde el punto de vista institucional y gubernamental, se restringe a la donación de una silla de ruedas.
Pasé mucho tiempo sin una silla de ruedas y esto me confinó a no poder salir ni siquiera a la puerta de mi habitación. Mi vida cambió radicalmente con la obtención de ese elemento de movilidad y me impulsó a mayores logros. Pero, “Una silla de ruedas no basta”, es necesario que se nos den las herramientas necesarias: atención fisioterapéutica, instrucción, orientación y estímulo, equipos y recursos económicos; para que seamos verdaderamente rehabilitados y nos convirtamos en seres gozosos de una vida digna y plena. Dios destruiría un planeta, una estrella o una galaxia para salvar a un ser humano. Nos demostró cuan valiosos somos para él, cuando envió a su hijo Jesucristo a derramar su sangre por nosotros para que ello fuese realidad. Así que siempre serán pocos los recursos que se destinen para tan digna labor de reestablecer a un semejante, por ello no debería escatimarse en gastos a la hora de hacerlo.
AVEPANE es una organización venezolana que se especializa en atender a discapacitados con síndrome de Down y retardo mental y logra maravillas con estos seres humanos cambiándolos por medio de la educación especial en personas útiles, ganadores de medallas deportivas y reconocimientos, capaces de obtener títulos universitarios son orgullo para sus familiares. He podido observar a madres felices porque sus hijos son capaces de hacer tantas cosas a pesar de sus limitaciones.
Artistas Extraordinarios
El pintor con la boca es un artista extraordinario porque tiene que desarrollar sus propias técnicas rompiendo todos los esquemas ya que las condiciones en las cuales trabaja no se parecen a las de ningún artista convencional.
La distancia a la que fija la vista sobre el lienzo para plasmar sus colores es extremadamente corta. Tiene que valerse de técnicas ingeniosas para poder mantener la perspectiva, la correcta ubicación del objetivo sobre el plano y la proporción de las formas. Incluso tiene que colocar el lienzo con la parte de arriba hacia abajo o de lado para poder completar su obra pictórica. Sus pinceladas son generalmente cortas y perpendiculares. No le es posible la rotación ni la inclinación del pincel, el cual toma por su último extremo transformándolo en un largo dedo que sale de su boca la cual a su vez funge de mano y el cuello hace las veces de un muy corto brazo. Las más de las veces realiza toda su obra con solo un pincel pidiéndole a éste que haga lo que no quiere hacer, mágicamente logra crear con los malabarismos de su boca y cuello nuevos mundos donde muchos desearían hacer realidad hermosas fantasías.
Las posiciones en las cuales tiene que llevar a cabo su obra son en muchos casos antinaturales y forzosas con inclinaciones de hasta 135 grados hacia atrás y hacia la izquierda o derecha, Italo Violo añade a esto que tiene que pintar a contraluz dificultando así la obtención de tonos y matices.
Con todo esto un pintor con la boca logra hacer una obra extraordinaria, refrescante, capaz de agradar a la vista, pero lo más importante es que nos muestra un mensaje de tenacidad y valentía, entusiasmo y deseos de vivir, trabajo y perseverancia.
Buscando la perfección de las formas no persigue competir con otros artistas sino transmitir un mensaje estimulante donde presenta el valor de la vida humana, no obstante, sus deficiencias físicas o de cualquier otra índole. Sabiendo que el potencial del ser humano está siempre presente, considera que puede, entonces, desarrollar cualquier habilidad o facultad que le enriquezca a sí mismo y a cuantos le rodean.
Italo Violo no quiere ser valorado tan solo por la calidad de su obra pictórica sino más bien por lo que ella representa.
Capítulo 25
¿QUE SIGNIFICA SER MINUSVÁLIDO?
Humillación y victoria
No me atrevo a responder esta pregunta con un concepto, lo haré mas bien enumerando mis incomodidades y mis satisfacciones. Quisiera señalar que no vivo quejándome; pero he considerado pertinente hablar de este asunto porque deseo concientizar a quienes nunca han pasado por estas circunstancias.
Haber quedado cuadripléjico ha significado no poder apartar el más insignificante insecto de mi cuerpo, significa no poder comer lo que quiero ni cuando quiero, ni como quiero. Ha significado muchas noches de vigilia, sed que nadie sacia, muchas semanas de ayuno forzoso, muchas horas con escozor en el rostro sin poder rascarme. Meses de dolor continuo. Ha significado mantenerme sentado sobre mis excrementos por espacio de seis días y emprender una huelga de hambre para poder ser atendido, ha sido vivir sintiéndome despreciado y estar a las puertas de la muerte deseando que ella me arrope. Ha significado eutanasia frustrada, pensamientos suicidas, divorcio y abandono familiar, la pérdida de la libertad y la dignidad.
Pero también ha significado luchar contra la corriente y vencer, auxilio y liberación, la adquisición de grandes amigos y reconocer a los verdaderos.
Las experiencias citadas me han permitido andar más seguro porque rápidamente y sin reparos, las malas puertas se cierran y las espléndidas se abren, mis limitaciones me coartan, pero también me han dado ventajas como el no pasar desapercibido y así poder dar testimonio de mi fe y de mis logros y aspiraciones. He podido obtener reconocimiento por el desarrollo de nuevos talentos, así como relacionarme de forma mas estrecha con mis congéneres, conocerme mejor a mi mismo y saber con claridad lo que quiero. Ha significado ser humillado, tener que tragarme el orgullo y reconocer que es Dios quien da la victoria.
El discapacitado no es un enfermo
En una ocasión mientras jugueteaba con un par de niños, se acercó su representante y uno de ellos le preguntó:
_ ¿Qué le pasa al señor? ¿Por qué está así?
_Porque está enfermo_ le contestó sin inmutarse.
Nuestra sociedad, por desconocimiento, tiende a catalogar de enfermos a las personas discapacitadas y eso les puede llevar a mostrarles simpatía y ofrecerles cuidados pero haciendo un flaco favor les puede llevar a la autocompasión, a la inacción y a la pérdida del deseo de vivir. De esta manera somos marginados e impedidos no tan solo por nuestras propias limitaciones sino también por las restricciones que con su actitud nos imponen.
“El discapacitado no es un enfermo, sino un individuo con serias limitaciones y grandes necesidades, que precisa el apoyo de su familia, la iglesia, la sociedad y los entes gubernamentales para superar su minusvalía, desarrollar sus potencialidades y ser reinsertado de forma útil en su entorno.”
Son muchos los que bajo este principio han logrado superarse. Tal fue el caso de Corentin Baar, quien en el 2002 cuando tenía 20 años, formó parte de un equipo de cuatro hombres discapacitados; que conquistaron la cima de una montaña de 5500 metros de altitud en el Himalaya; “Mis padres me hicieron creer que nada es imposible”, señala. “Eso de que la discapacidad significa la muerte de los sueños es pura mentira”, afirma Pol-Marie Boldo, director de la fundación Emmanuel SOS Adoption.
Una silla de ruedas no significa retraso mental
Mientras estaba en el gimnasio sentado en mi silla de ruedas, el joven camillero del Centro Nacional de Rehabilitación se acercó y me dijo:
_Vamos a subir temprano porque la nutricionista te está esperando.
Fiel a su pedido me dejé llevar y cuando nos acercamos a la oficina donde supuestamente me estaban esperando, pasamos de largo rumbo a mi habitación. Luego de discutir y obligarle, regresó y me dejó hablar con la nutricionista.
_No he solicitado hablar con usted, señor Violo_ me dijo.
Al día siguiente, protesté la conducta de este camillero que confundía estar en una silla de ruedas con estupidez.
Esa es otra barrera que nos toca derribar, muchos creen que las personas minusválidas son necesariamente retrasadas mentales y por eso no prestan atención a nuestros deseos. Por lo general, cuando voy a una oficina a entrevistarme con alguien, las personas intentan hablar, primero, con la persona que me acompaña, obviándome, por la misma razón.
Los discapacitados también están expuestos a peligros
En una ocasión, salimos mi amiga Iris y yo y cuando tomamos una de las avenidas, decidió cruzarla para tomarla a contravía, pues de esa forma podíamos ver los vehículos que circulaban. A mitad de la cuadra nos detuvimos y también lo hizo la camioneta que transitaba y cuando decidimos avanzar, igualmente lo hizo el chofer del otro vehículo. En ese momento la silla se desvió y no pudiendo controlarla con seguridad iris llevó la punta de la silla hasta la parte trasera de la camioneta enganchándose de una pletina y salimos despedidos hacia atrás. Iris, una mujer pequeña pero fuerte asió muy duro la silla y de retroceso fuimos a parar en otro vehículo estacionado que impidió nuestra caída. Iris se aporreó y la silla se torció pero yo salí ileso.
Cuando quedé en mi actual condición, llegué a pensar que ella me valdría para estar a salvo de muchos peligros y que todas las personas serían más amables conmigo que en mi anterior condición de normalidad, pero no pude estar más lejos de la razón. Lo cierto es que las personas con limitaciones corren los mismos peligros, mayores desprecios y lo malo es que muchas veces se encuentran en un estado de indefensión tal que muchas veces llevan la peor parte.
El discapacitado toma sus propias decisiones
Me encontraba en una casa donde me habían dado alojamiento y una mañana no quise alimento sólido. Recuerdo que hablaba con el propietario de la casa, quien tenía allí mismo una panadería, y pedí un favor:
_ Miguel, quisiera tomar un vaso de leche pero quiero que parezca una malteada. ¿Tienes esencia de vainilla para darle sabor a la leche?
_ Sí, como no, tengo bastante porque utilizo mucha para hacer lo pasteles_ me respondió.
_Cuando llegue Melania, le diré que me prepare la leche y le ponga vainilla_ terminé diciéndole.
_No hay problema, tengo la vainilla en la panadería_ diciendo esto, terminó su conversación y se despidió.
A los pocos minutos se apareció Melania y le dije:
_ Melania, por favor, no quiero alimento sólido. Así que te agradezco que me prepares un vaso de leche con unas gotas de esencia de vainilla que le pedí a Manuel y una cucharada de azúcar.
Melania se alejó y se apareció más tarde con una taza con cereales.
_Melania, te dije que no quería comer porque después voy a tener problemas con mi estomago y el almuerzo. Tráeme el vaso de leche con vainilla_ insistí.
Nuevamente se alejó y a los minutos se apareció con el vaso de leche. Al probarlo me di cuenta que no le había agregado lo que le pedí, entonces reclamé,
_ ¿Por qué no le pusiste vainilla?
Muy molesta espetó:
_ Estás exigiendo mucho, tú lo que tienes que hacer es quedarte quietecito y aceptar todo lo que se te de. Tú lo que tienes es que estar agradecido por lo que se te hace. Así que no tienes porque estar pidiendo, ni opinando.
Se me parecieron tanto esas palabras a las que Josefina me había dicho meses atrás que me enfurecí y le dije:
_ Tú lo que me estás pidiendo es que me muera, porque si no puedo expresarme y decir lo que siento es como estar muerto y la vida no tendría sentido para mí, por lo que no la voy a complacer en eso.
Nuevamente me sentí humillado y no estuve dispuesto a tolerar. Tengo muchas dificultades para enojarme, incluso, cuando alguien trata de agredirme termino molestándome después de varios días, sin embargo, me he vuelto muy sensible ante la pretensión de otros de acabar con mi personalidad de ese modo.
Es muy frecuente que a los minusválidos, a los enfermos, a los ancianos y a los niños se les deje de lado y sus opiniones no sean tenidas en cuenta. Esta actitud es muy dañina porque menoscaba la dignidad y la autoestima, crea pensamientos negativos en el afectado y reduce las posibilidades de recuperación en el paciente, retarda el desarrollo de los minusválidos y niños y acelera el deterioro de los ancianos.
Las personas impedidas físicamente deben ser respetadas en su integridad moral, deben respetarse sus ideas, sus decisiones y merecen ser alentados a participar activamente en todo lo que les concierne.
Un discapacitado no tiene porque ser un indigente
En otra ocasión iba por la calle mientras Pedro empujaba mi silla y llamé a un transeúnte para preguntarle la hora y sin expresar palabras metió su mano al bolsillo sacó un billete de quinientos bolívares y me lo entregó. En otras muchas ocasiones las personas al verme se voltean y se hacen los desentendidos, sobre todo cuando estoy en la calle, tratan de ignorarme cuando me dirijo a ellos y en los establecimientos comerciales son reticentes a atenderme hasta asegurarse que no voy a pedir una limosna. Así reflejan el pensar colectivo que asocia silla de ruedas y minusvalía con indigencia. No juzgaré esta actitud pero hace más difícil el camino. La minusvalía ha sido desde siempre asociada a la indigencia, pero esta tiene raíces más profundas como son el egoísmo humano, la desigualdad social, la guerra, el abandono propio y de aquellos quienes tienen la responsabilidad de cuidar al que cae en desgracia, la falta de planes sociales bien estructurados por parte de la sociedad y de los gobernantes…
Un discapacitado no tiene porque ser un indigente, pero para que eso no ocurra requiere de la ayuda comprometida de sus seres queridos y del ejercicio de su propia voluntad.
El minusválido actúa según los dictados de su corazón
En una conversación alguien hablaba de las desavenencias que había tenido con un hombre a quien le faltaba un brazo y mientras hacían chistes al respecto otro hizo un comentario:
_No te fíes de un manco, un ñeco o un tuerto.
_Es verdad_ respondió otro_ los ñecos son mala gente, de inmediato, otro más, mientras reía y mostraba desconcierto, decía:
_No sé porqué, pero al final de cuentas te salen con una patada.
El lector puede estar de acuerdo conmigo en que probablemente ha escuchado expresiones como esa en más de una ocasión. Nosotros, los seres humanos tendemos a hacernos imágenes prefiguradas de las personas asociando ciertos rasgos característicos evidentes, como el color de piel, la nacionalidad, la edad, etc. con su personalidad. De esa manera por generalización, estigmatizamos a otros y lo traducimos en desconfianza y discriminación.
La vieja idea de que los hombres son castigados por Dios, en esta vida, pervive hoy más que nunca. Es cierto que la ley de las consecuencias, no perdona. Pero el problema es más complejo que esto. Todos estamos de acuerdo en que la generalización no es buena, pero en la práctica actuamos diferente. Las razones del sufrimiento son muchas y todos estamos de acuerdo que muchos inocentes sufren.
El discapacitado es un ser humano que ha sido tocado por la desgracia, pero en los demás aspectos comparte las mismas necesidades y deseos de sus congéneres. Es tan bueno o tan malo como los demás, siempre actuará de acuerdo a los dictados de su conciencia y de su corazón.
Las personas cuando sienten algún dolor, cuando están incómodas, cuando son discriminados o son abrumados por cualquier otra razón actúan de acuerdo a ciertos patrones y la persona con deficiencias físicas tiene razones más que suficientes para actuar de acuerdo con sus dolencias. Por eso el deber de sus prójimos está en comprenderle y no en discriminarlo.
En todo caso, he podido observar como muchas personas evitan ponerse en contacto conmigo. Si me visitan y me ven alegre, dicen, no hace falta que lo visitemos porque está bien. Si me encuentran triste, también se apartan por que no soportan la tristeza y si estoy malhumorado es porque no me soportan a mí. Otros más, porque no les soy agradable a la vista a causa de mis deformidades.
Los discapacitados son una exigencia
En mi experiencia me he encontrado con muchas personas que me tildan de exigente. Es verdad, pero la constante ha sido que quienes lo dicen muestran una indisposición desde el principio, por lo general son personas que solo quieren realizar su trabajo y que este sea lo más fácil posible. En una ocasión, le respondía a alguien que no solo soy exigente sino que soy una exigencia. Se necesita mucho amor, diligencia y don de servicio para atender a un prójimo de mi categoría.
¿Malagradecidos?
Otra idea preconcebida es que somos malagradecidos. Responderé a esto narrando la historia del rey David y Mefiboset en un capítulo siguiente.
Capítulo 26
MINUSVALÍA, ABANDONO E INDIGENCIA
La mala excusa de la maldad
No quiero insistir sobre lo que me ocurrió pero quisiera señalar la causa primaria por la cual muchos son dejados en el abandono y la indigencia, el porque muchos son dejados a su suerte sin ningún miramiento y quedan sin voz, sin hogar, sin familia, sin dignidad y no pocos mueren en la más absurda miseria.
Fui dejado en las puertas de una clínica y luego en la cama de un hospital. ¿Pero quién me dejó en el abandono? Ellas fueron el último eslabón de la cadena, fueron las autoras materiales, quienes apretaron el gatillo. Otros ya lo habían hecho con su indiferencia o alejándose después de creer que habían cumplido con su parte. No es solo uno quien abandona, sino todos aquellos que conscientemente saben lo que está ocurriendo y no hacen nada por impedirlo. Es la falta de compromiso hacia su prójimo y hacia su propia sangre.
En una ocasión, sintonizaron de forma especial para mí, el programa “Justicia Para Todos”, transmitido por Radio Caracas Televisión, RCTV, dirigido por el conocido abogado y congresista venezolano Julio Borges, quien en el mismo fungía como juez de paz, tuve la oportunidad de observar a un joven cuadripléjico que demandaba a su esposa y a su madre por haberle dejado abandonado. Contaba él que tenía que pedir a través de su ventana alimentos y otros favores a quien pasara por enfrente.
La razón explicada por esta madre extrañamente complotada con su nuera, en una asociación que no es muy común ver, era que su hijo había sido muy malo en su vida anterior.
Esa ha sido la misma razón esgrimida por quien me dejó al último, con una excusa superficial, que muchos están dispuestos a aceptar, me vilipendió tratando de dañar mi nombre y después de ver mi liberación, actuando con saña increíble no regresó ni siquiera mis objetos más personales, mis diplomas y títulos, ni mis documentos de identidad, ni la silla de ruedas. Luego, tratando a toda costa de justificarse, sabiendo de la existencia de testigos que la pudiesen poner al descubierto, arremetió contra la integridad moral de quienes estaban dispuestos a ayudarme.
Habiendo soportado esa experiencia me di a la tarea de investigar el asunto y entrevisté a cuantos pude y encontré un elemento común. Las personas que abandonan a sus parientes, cuando son adultos, faltos de creatividad por la premura, invariablemente acuden a la misma razón, señalando que el nuevo indigente fue terriblemente malo en su vida anterior. En el supuesto de que sea cierto, estaría bien en el espíritu de venganza de las películas de Hollywood o del Conde de Montecristo pero, ¿está moralmente bien?
El Señor Jesús fue enfático cuando señaló que debíamos tratar bien a nuestros enemigos.
“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a quienes os maldicen, haced bien a quienes os aborrecen” (Mateo 5: 44)
Pablo hablando a los romanos dijo:
“Así que, si tu enemigo tuviere hambre dale de comer; si tuviere sed, dale de beber… No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”
(Romanos 12: 20,21)
Y a los niños ¿por qué?
Pero los niños también son abandonados. Ron Heagy nos narra en su libro la siguiente experiencia:
“En una ocasión tenía programado hablar en un desayuno…Al llegar al estacionamiento donde se estaba llevando a cabo el desayuno vimos a un hombre que estaba sacando una pequeña silla de ruedas de la parte posterior de su camión. Luego sacó a un muchachito de la cabina y lo sentó en la silla.
Me acerqué al chico y lo saludé,
_Buenos días ¿Cómo estás?
El muchachito parpadeó pero no emitió sonido alguno.
Kevin está paralizado desde la nariz para abajo_ me explicó el hombre.
_Cuando le dije que usted iba a hablar para los cumplidores del Promesas quiso venir a escucharlo.
Recordando lo herido que me había sentido tiempo atrás cuando un desconocido le habló a mí padre en lugar de hablar conmigo cuando hicimos la primera visita al hospital en sillas de ruedas, mantuve la mirada fija en la cara del chico y le hablé directamente a él.
_Me alegra que hayas venido, Kevin, me da gusto conocerte. ¿Tal ves podamos tener una conversación después, OK?
Después del desayuno, viendo a Kevin sentado a la mesa donde estaban expuestas algunas de mis obras de arte, me acerqué a él.
_ Kevin, me gustaría darte una pintura. ¿Cuál te gusta?
Se le iluminaron los ojos y emitió sonidos ininteligibles.
Kevin está tratando de decir que le gusta el faro y quiere tenerlo sobre sus piernas_ me tradujo su acompañante.
_ ¡Muy bien, jovencito! ¡Es tuya! _Christy me puso un lápiz en la boca y se la firmé. Posamos juntos para las fotos y le dije:
_Kevin, en vez de irte a tu casa en el camión ¿no quisieran venir con nosotros en la camioneta?
Él no podía hablar ni sonreír, pero el muchachito parpadeó dos veces velozmente. Por encima de su cabeza su acompañante, asintió.
El hombre manejó la camioneta…Me contó que Kevin había nacido paralítico y que su papá lo había abandonado al nacer. Este hombre se había convertido como en un padre sustituto para el chico.
Me gusta trabajar para Kevin y mis hijos lo quieren. Siempre está contento y nunca se queja, pase lo que pase. Kevin no puede comer o probar la comida común. Recibe todo su alimento por medio de un tubo, pero cuando escuchó que a los niños les gusta su leche achocolatada, me pidió que la suya se la hiciera marrón. Quiere creer que él también está tomando chocolate.
¡Qué chico más inspirado eres! _ le dije a Kevin al despedirnos_ Me alegra mucho habernos conocido. Kevin nunca me olvidaré de ti.
Sus ojos parpadearon felices. Todavía los veo en mi mente” Actitud ante la Vida Págs. 253, 254
Sí, los niños también son abandonados cuando no satisfacen las expectativas de un bebé ideal o por cualquier otra razón. Aun muchos infantes normales física y mentalmente que son dejados a su suerte, proliferan como niños de la calle. En estos casos, los padres, no pudiendo apelar a la excusa de la maldad del abandonado, son más imaginativos y acuden a otros recursos cuales, el de no tener espacio físico donde tenerlo, la falta de alguien que ayude, la falta de trabajo y la pobreza. Pero lo cierto es que muchos les avergüenza tener a un ser querido desagradable a la vista por sus deformidades, los consideran un impedimento para sus propios logros y una amenaza de su libertad, así como una triste y pesada carga que no están dispuestos a llevar.
El Hospital San Juan de Dios, ubicado en Caracas, atendido por consagrados sacerdotes y abnegadas monjas, realiza una desinteresada labor a favor de los niños con deformidades físicas, pero su labor se hace titánica porque muchos padres y madres les dejan a los chicos y no regresan por ellos.
Si alguno que lee este libro, considera que tiene amor y desea adoptar un niño, tendría una buena opción llevando uno de estos chiquillos a su casa para darle un hogar, así como hicieron con Kevin.
El Dr. Pol-Marie Boldo creador junto con su esposa Christiane de la fundación “Emmanuel” SOS Adoption señala que los hogares que reciben a niños minusválidos son colmados de dicha. El dolor físico es menor que el trauma causado por el abandono. Sin embargo los padres adoptivos tienen una ventaja: no cargan con la culpa silenciosa de haber traído al mundo a un niño imperfecto. Su amor fluye con libertad, y los niños dolorosamente sensibles a las cuestiones del corazón, lo perciben: se sienten verdaderamente queridos, completos y libres para explorar sus límites naturales.” Selecciones de Reader’s Digest, Art. Los hijos de nadie. Pág. 44 Marzo 2004
La verdadera causa del abandono
La verdadera culpa del abandono no recae sobre quien es dejado a su suerte, sino en el egoísmo y falta de compromiso de quien ejecuta el hecho. En la pérdida de valores que no conoce clase social, ni profesión religiosa. El pobre da de su pobreza y el mendigo de su limosna. La pobreza no es una excusa para abandonar a un ser humano. Quien ama está dispuesto a dar su vida por la de su semejante. Dar su vida implica sacrificio, entrega y estar dispuesto a morir por otro. No hay razón moralmente válida para abandonar a un ser humano.
El egoísmo es lo contrario al amor, no el odio como algunos sustentan. El odio, como el rencor, la indiferencia y la falta de compromiso y todas las maldades que en este mundo existen son fruto del egoísmo. Solo el bien como fruto del amor lo puede vencer.
Sin embargo, hay muchos que están dispuestos a sacrificarse por sus seres queridos, pero jamás lo harían por otros. Por eso muchos se maravillan, yo mismo lo hago, cuando veo que hay personas que están dispuestas a dar el todo por un extraño.
Saludo a todos aquellos que conscientes de su compromiso, día a día, tal como Carolina, de quien hablé en el prólogo de este libro, se sacrifican por sus seres queridos. Pero una doble bendición recae sobre aquel que está dispuesto a sacrificarse por quien “no es nada de él.” Pero Jesucristo va más allá y ordena a sus seguidores a cuidar, alimentar y hospedar a los enemigos. No solo a algún malo que haya hecho daño por otro lado, sino a quien nos haya hecho daño. En fin, solo podemos perdonar a quien nos ha maltratado.
Consecuencias del abandono en la familia
En las controversias acerca de la eutanasia se discute que en muchos casos debe permitirse quitar la vida del enfermo por el bien de los familiares. ¿Pero quien sufre más?, ¿Quién lleva la peor parte? ¿No es quien está en cama?
¿Cómo puede crecer un niño que sepa que sus seres queridos le pueden matar si se enferma gravemente? ¿Qué valor le puede dar a la vida? ¿Cómo puede desarrollar principios de amor por sus semejantes, si ve que uno de los suyos es rechazado y dejado como un traste inservible en un hospital, manicomio, en un centro geriátrico o en la calle, por sus defectos físicos? ¿Cómo puede desarrollar un carácter firme? Digo que actos como este son producto de la involución, a la degradación del ser humano, como una espiral conducen a mayor degradación. Son más los daños que recaen sobre el núcleo familiar y la sociedad que los beneficios. Los padecimientos del ser querido trastornan a la familia, pero, un cuidado amoroso redunda en satisfacción a posteriori, en el fortalecimiento de los principios morales y en la cohesión familiar. El abandono, la eutanasia y cualquier otro mal como el aborto, conllevan invariablemente a remordimientos de conciencia y a la desintegración de la familia.
La verdad del amor
A mi amiga María le han dicho muchas cosas para desanimarla en la obra que hace por mí, ha pagado un alto precio. Personas que se consideran cristianas, expresan palabras como estas:
_ ¿Por qué metiste a ese hombre en tu casa?
_ ¡Debes estar loca!
El mundo y los falsos cristianos, llaman tontos a quienes se atreven a hacer bien. Pero el secreto de esto es el amor, un amor que la mayoría de la gente no conoce, es un amor que no tiene nada que ver con los sentimientos, porque los sentimientos son volátiles, sino que está fundamentado en sólidos principios, inquebrantables, macizos como el diamante, implantados por Dios en el corazón.
María no está sola, tengo una constelación de benefactores que se han atrevido a gastar su tiempo, a trasnocharse, a pasar hambre, a ser vejados, que han colocado sus recursos para salvarme la vida. Son personas dispuestas a cumplir con la áurea ley real:
_”Amarás a tu prójimo como ti mismo”. “Todo lo que queréis que hagan con vosotros los hombres, hacedlo también con ellos…”. (Santiago 2:8, Mateo 7:12)
Los cristianos deben ver la imagen de Dios en el hombre, tal como lo hacía la Madre Teresa de Calcuta que decía ver el semblante de Jesucristo en el rostro necesitado y hacía lo que Cristo haría por ella, estando en las mismas condiciones.
Los verdaderos cristianos como porciones de la iglesia universal de Cristo reconocen a los miembros como un cuerpo y una sola familia y de inmediato se disponen a socorrer al miembro que padece.
“Ustedes, pues, son miembros del cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro en particular.
…para que no haya desavenencias en el cuerpo, sino que los miembros se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.” (1 Corintios 12: 27, 25,26)
Los verdaderos cristianos, se reconocen unos a otros y reconocen la necesidad cuando la ven. He tenido el privilegio de ver unidos como un solo hombre a cristianos de diferentes confesiones para beneficiarme, así como el gozo de participar en verdaderos cultos ínter confesionales de cristianos más preocupados por su prójimo que por las doctrinas.
“El Señor dice: ‘Vended lo que poseéis, y dad limosna’. Sed ‘dadivosos, generosos’ ‘Cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos’. ‘Desata las ligaduras de impiedad’. ‘Suelta las cargas de opresión’. …deja ‘ir libres a los quebrantados’,…rompe todo yugo’,…parte ‘tu pan con el hambriento’,…alberga ‘a los pobres errantes…en casa’;…’cuando veas al desnudo’ cúbrelo…Sacia ‘al alma afligida’… Estas son las órdenes del Señor. ¿Están haciendo esa obra el gran conjunto de los que afirman que son cristianos? ” (Palabras de Vida Pág. 16)
No han sido los favores esporádicos los que me han salvado, sino la ayuda comprometida de quienes siguen los mandatos de Cristo. He aquí, la verdadera razón de su ayuda.
La verdadera definición del amor
Sino “tengo amor, nada soy…
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la justicia, más se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser…” (1 Corintios 13: 2,4 – 8)
Capítulo 27
DE LA TIERRA DEL OLVIDO A LA MESA DEL REY
Tiempos de cambio
Eran tiempos de cambio y el país estaba convulsionado. La causa era un gobernante que se había convertido en un fraude, se aferraba al poder mientras el que había sido nombrado legítimamente para sucederle andaba huyendo como un insurgente. Pero como todo tiene su hora, el viejo gobernante en guerra con sus enemigos fue muerto en batalla y todos los que de su familia podían sucederle en el trono fueron pasados a espada, excepto uno de nombre Mefiboset, hijo de Jonatán, amigo de David el rey fugitivo. “Tenía cinco años cuando llegó de Jesreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza”, temiendo por la vida del chico, “le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo.”
Huyendo al olvido
La nodriza, temerosa y con gran instinto maternal, escondió al niño lisiado, lo llevó a un lugar donde nadie lo podría hallar, a Lodebar, a la tierra sin nombre. Allí el niño creció ajeno a las comodidades y a los reconocimientos que merecía como miembro de la familia real. Su estirpe debía ser mantenida en secreto para salvaguardar su vida. De esta forma él no era él. No podía jugar ni correr como los otros niños, seguramente fue ridiculizado por sus compañeros y perdió su autoestima. Como era común en la época, le decían que un castigo de Dios lo tenía en esa condición. Sin familia se tornó inseguro, pero su nodriza haría un excelente trabajo en él.
A la mesa del rey
Mientras tanto, David, el nuevo rey de quien temía la nodriza, tendría que luchar para poner orden en el país y en una tarea que le llevó años, organizó y fortaleció el nuevo reino. “Y reinó David sobre todo Israel y David administraba justicia y equidad a todo su pueblo” David, más reposado, tuvo, entonces, tiempo de ocuparse de asuntos más personales y un día preguntó: “¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien pueda yo favorecer por amor” de mi amigo “ Jonatán?
Y había un sirviente de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le preguntó: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Para servirte. El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Faquir hijo de Amiel”, en la tierra sin nombre.
“Entonces envió el rey David,…y le trajo” de la tierra sin nombre.
“Y vino Mefiboset, hijo de Jonatán,” nieto “de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefiboset. Y el respondió. He aquí tu siervo.
Dijo David. No tengas temor, porque a la verdad te voy a favorecer por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl, tu abuelo, y tú comerás siempre a mi mesa”.
Incrédulo y asombrado como un campesino que llega a una gran ciudad, mostró de inmediato su baja autoestima y le contestó: “¿Quién es tu siervo, para que te fijes en un perro muerto como yo?”
A David no le importaron estas palabras y ordenó insistiendo: “Mefiboset comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey.”
Mefiboset se mudó a la capital y empezó a vivir de acuerdo a su linaje real y “comía siempre a la mesa del rey como uno de los hijos del rey”.
Tiempo después, en una de esa luchas intestinas, David, estuvo a punto de ser destronado y Siba aprovechando la coyuntura, mintiendo se acercó al rey y cuando éste le preguntó por Mefiboset, le respondió: “Él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: Hoy me devolverá Israel el reino de mi padre”. David indignado le entregó todos los bienes de Mefiboset a Siba.
Cuando David regresó victorioso de la batalla para tomar su lugar, se encontró con Mefiboset, no tratando de tomar el trono, sino sucio y sin afeitar, porque Mefiboset en un gesto de solidaridad, había hecho voto de aflicción y no se bañó, ni afeitó mientras el reino de su benefactor estaba en vilo.
Cuando se zanjaron las cosas, David en una decisión apresurada y demostrando que dudaba de ambas versiones repartió los bienes entre los dos, pero Mefiboset, mostrando gran nobleza le dijo a David: “Deja que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.”
¡Y Mefiboset continuó comiendo siempre a la mesa del rey!
Este capítulo está basado en 2 Samuel Cáp. 4, 9 y 16. Versión libre del autor Cotejada con las versiones españolas de Reina – Valera y Evaristo Martín Nieto.
Capítulo 28
ÚTIL Y VICTORIOSO
Nombre: Italo Violo Edad: 38 años.
Diagnóstico: Fractura en columna cervical, a nivel de C4 – C5 con compromiso medular de C2 – C5. Cuadriplejía irreversible con desmielinización progresiva. Invalidez: 100%.
No es fácil aceptar un diagnóstico tal sin estar preparado y lo incuestionable es que difícilmente alguien podrá estarlo. Sobre todo cuando estamos dispuestos a creer que invalidez significa que ya no valemos nada, pero lo cierto es que esta palabra, en este caso significa más bien que no nos podemos valer por nosotros mismos, y que desarrollamos una vida de dependencia. El mundo establece normas para hacer más fácil la vida y sin ellas el desarrollo no sería posible. Pero las normas pueden también encasillarnos dentro de ciertos parámetros y limitarnos.
Pero la conducta del ser humano no se parece a las matemáticas y podemos quebrantar los porcentajes de invalidez para superarla y hacerlos tan pequeños como sea posible y ese es mi reto. He podido apreciar como día a día con avances a veces imperceptibles estoy logrando ser cada vez más independiente, más estable emocionalmente, más productivo y apreciado por cuantos me conocen. Aunque apenas logro alcanzar algunas metas, estoy dispuesto a alcanzar las otras que me he propuesto, y sin apuro dando un paso a la vez como la tortuga ante la liebre o como el caracolito ante el águila, con perseverancia sosegada y entusiasmo que no quiere ser quebrantado. Hoy puedo decir que soy válido 100%. No porque pueda valerme por mi mismo en todas las cosas, sino porque entiendo que soy tan valioso como cualquier ser humano. Estoy claro en saber quien soy, que quiero y hacia donde voy. En casi nada me puedo valer por mi mismo pero entiendo que he desarrollado habilidades especiales que incluso personas con todas sus facultades físicas son incapaces de hacer y esto me anima a seguir adelante sabiendo que me puedo ser útil a mi mismo, a los demás y en la más grande instancia, a Dios.
Digo estas cosas sin ánimo de engrandecerme, porque sé que en términos cuantitativos he logrado muy poco. Podría escribir otro libro escribiendo acerca de grandes logros alcanzados por otros en condiciones físicas y mentales desventajosas, en cuyos logros quedo totalmente opacado. Hellen Keller, mi favorita; siendo sorda, ciega y muda, aprendió a comunicarse con el mundo exterior y obtuvo títulos universitarios con honores, fue una escritora insigne y uno de sus libros llevado a la gran pantalla y obtuvo un Oscar, aprendiendo a hablar se convirtió en conferencista internacional. Rona Ottolina, verla contar su experiencia me animó, hija de Renny Ottolina, un famoso animador de televisión y candidato a la presidencia de la República de Venezuela, no fue esto lo que la hizo famosa, sino su empeño para vencer su discapacidad, habiendo quedado cuadripléjica cuando joven, siguió los pasos de su padre y llegó a ser diputada al congreso Nacional de Venezuela. Todavía la recuerdo cuando, luchando por sus ideales, se encadenó por varios días a las puertas del Consejo Nacional Electoral. Stephen Hawkins con todo su cuerpo paralizado y comunicándose por una computadora se transformó en el científico más renombrado del planeta en la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Pero todos estos valientes tienen elementos en común como el entusiasmo por la vida, el deseo de servir a los demás, un propósito, disciplina, perseverancia, tutores y confianza en el Ser Supremo.
Estos héroes me han servido de acicate para impulsarme y saber que yo también puedo. Y desde ésta, mi trinchera quiero darte el ánimo que necesitas y si todavía no has emprendido el camino de tu recuperación, puedes tomarlo y dentro de poco podrás decir igual que yo: “SOY ÚTIL Y VICTORIOSO”
EPÍLOGO
En un par de ocasiones, mientras trabajaba en este libro, alguien me preguntó que si estaba escribiendo mis memorias. Le respondí que no me gustaba esa palabra porque me sonaba a pasado, desesperanza y muerte. Aunque he escrito sobre mi pasado, no he dejado de proyectarme hacia el futuro sin dejar de tomar en cuenta que la vida es un eterno presente y mientras mis ojos permanezcan abiertos seguiré viviendo mi presente, no olvidaré nunca mi pasado porque el me ha hecho quien soy y es mi reservorio, mi biblioteca, donde hurgo de vez en cuando, no para lamentarme, sino para sacar experiencias útiles de lecciones aprendidas que aplicándolas en el presente, me sirvan para que cuando el mañana se haga hoy pueda vivirlo correctamente. El pasado es remembranzas y olvido, el futuro es utopía y fantasía, también esperanza, pero lo mejor que estemos dispuestos a hacer debemos realizarlo hoy.
Mi vida no ha terminado, así también este libro seguirá añadiendo capítulos, narrará hechos alegres y otros no tanto, pero seguro estoy que hoy me encuentro mejor preparado para enfrentar la posteridad. Libre de miedos, no veo el futuro con incertidumbre. Además no tengo que preocuparme por él porque, como todos, por más que me afane siempre estaré encerrado en el eterno presente.
En la actualidad vivo mi vida lo mejor que pueda sacando provecho de cada oportunidad. Mientras escribo este libro estoy promocionando un ministerio a favor de los minusválidos e indigentes a través del Centro para la Integración Social de Personas con Necesidades Especiales. Cuando se presenta una oportunidad doy mi testimonio por cualquier medio a la mano; radio, prensa, televisión, iglesias etc. Hace poco recibí una condecoración honor al mérito por la obra que trato de levar a cabo. En este momento me encuentro enseñando a un amigo a usar la computadora, lo cual me brinda gran satisfacción y me estoy preparando para una exposición de pintura a lo cual dedico muchas horas en mi cama para que eso sea una realidad.
Podría decir que mi historia tiene un final feliz y he encontrado el cariño de otras personas que me han dado el valor que merezco como ser humano, pero sobre todo quisiera decir que estoy dispuesto a corresponder, y correspondo con las pequeñas cosas que están a mi alcance, porque al fin y al cabo, la felicidad está no en recibir sino en dar. La felicidad fluye de adentro hacia fuera y de ello dan fe aquellos que han estado dispuestos a darse a sí mismos por mí, de quienes reproduzco algunos de sus pensamientos:
“Doy gracias por haber venido a Anaco y conocer a Italo, quien a pesar de estar lisiado en una cama, sin poder mover ni siquiera un dedo para rascarse la cabeza, aún en ese estado de cuadriplejía es de gran provecho tenerlo cerca. En mis momentos de soledad y tristeza, en muchas ocasiones, cuando no tenía con quien hablar y compartir alguna pena, él siempre ha estado dispuesto a escucharme y a consolarme con palabras de fe, ánimo y confianza en Dios. Le agradezco porque cuando mi hijo Mauricio necesitó su ayuda como profesor de matemática, inglés, geografía y otras materias, le explicó de forma sencilla y clara de tal manera que mi hijo pudo aprobar el año escolar. Gracias a Italo por su disponibilidad para ser útil, aunque sea en esa cama y con tantas incapacidades físicas. Ha sido para mí un honor poder servirle y poder hacerle más llevadera su existencia. Agradezco también, de una manera muy especial, por María Bautista, por gran disposición de ofrecerle su casa y pudiese tener la mejor atención.”
Iris Guilarte1
“La Sagrada Escritura registra una historia en el libro de Lucas, acerca de un hombre que fue golpeado por ladrones, le robaron todo su dinero. Aquel hombre tirado en el suelo, sin fuerzas tal vez. Por su lado pasaron varios individuos, que viéndole, no se detuvieron a ayudarle. Lo dejaron allí, hundido en su desgracia, no hubo ni una sonrisa, ni una frase de cariño, mucho menos, una ayuda. Pero alguien se detuvo y dice la historia que fue movido a misericordia y como el buen pastor, lo tomó entre sus brazos, le curó las heridas, le dio de comer, lo llevó a un lugar seguro, no obstante, sacó dinero y pagó su estadía en el hospedaje.
La Biblia lo llama el buen samaritano y termina la historia con un mandato: “Ve y haz tu lo mismo.” Pues, esa historia es una realidad en mi vida. Esa frase “fue movido a misericordia”. Estoy segura que el Espíritu Santo me movió a misericordia cuando vi a un hijo de Dios en una situación desesperada, abandonado a su suerte. Hubo un impulso dentro de mí que me llevó a tomar tan seria responsabilidad, y en ese momento no pensé en las consecuencias, no pensé en dificultades, que luego si las hubo. Pero Dios, en su misericordia, hace grandes promesas. Una de ellas es: “No te dejaré, ni te desampararé”. Esa promesa se ha hecho realidad en todo este tiempo…
Hemos visto la mano de Dios siempre, Dios ha contestado oraciones. Una de las cosas que pedí fue por su salud, y a pesar de todo Italo se ha mantenido saludable. Otra petición fue encontrar ayuda humana, y agradezco a Dios por Pedro Maita que ha estado siempre con nosotros. Hay muchos detalles pequeños pero de gran importancia tanto para Italo como para mí en la cual Dios se ha manifestado.
Para mí ha sido una gran bendición saber que he sido útil en el servicio que Dios nos ha mandado a realizar. En muchas ocasiones las puertas de mi casa han sido abiertas para algunas personas y me ha tocado ayudar a otros, pero esta labor es la más grande que he realizado en mi vida. ¿La bendición? La bendición consiste en la satisfacción que siento al saber que no he defraudado a Dios.
Hay una respuesta que todos podemos dar: “Heme aquí, envíame a mí”.
María Bautista René2
“Estando este humilde servidor en una escuela dominical, llegó una dama solicitando ayuda y oí hablar de Italo Violo, en esos instantes fui conmovido y Dios trató conmigo de una manera muy especial, me tomó el Espíritu Santo en lloro y mientras mis lágrimas corrían por mis mejillas como un río, vino a mi mente la siguiente palabra: ‘Maestro, ¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas’
(Mateo 22: 36-40).
Terminando la reunión me trasladé al hospital “Angulo Rivas” de la población de Anaco. Allí, conocí a Italo y entablamos una sincera amistad que creció como la de David y Jonatán.
Desde entonces, presté mis servicios a Italo, lo cual fue de mucho agrado para mí porque de esa manera pude honrar a Dios ayudando a mi prójimo. Dios me dio de su conocimiento y sabiduría para ejercer esa buena labor delante de él y los hombres.
Una vez llegaron unos médicos y quisieron impedirme la obra que estaba realizando para agradar a mi Señor, entonces les dije:
¿Será mejor hacer el mal y el bien no? Y les repliqué: ¿Cómo ustedes pueden impedirme que preste mis servicios a quien se lo merece cuando aun a ustedes mismos les estoy prestando mi ayuda? porque ni la ciencia médica ni las enfermeras quieren prestarle su servicio y yo no estoy aquí por mi propia cuenta, sino que Dios se plació de este humilde servidor.
Desde entonces accedieron para que estuviera a la disposición de atenderle. Esto me ha sido útil para adquirir buenas experiencias, Italo fue un taller de aprendizaje para mí hasta el día de hoy y que la gloria y la honra sea para mi Señor. Lo que fue imposible para la ciencia médica, para Dios fue posible porque nada hay imposible para Dios porque él es el médico por excelencia. Italo presentó unas escaras profundas que para los médicos eran incurables, pero nosotros vimos la mano de Dios operando el milagro porque estábamos orando al Dios vivo y por eso pudimos visualizar la mano del Dios altísimo.
La Biblia dice: ‘¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: el que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo ve y haz tú lo mismo’ (Lucas 10:36).
La Palabra de Dios también dice que ‘aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá’ (Salmo 27:10).
Estoy agradecido de Dios y de Italo, a quien le debo respeto y consideración, por habernos ayudado mutuamente”.
“Señor, te doy gracias por este testimonio que sea de gran bendición para todo el que lo lea, gracias por haberme elegido como instrumento tuyo para esta hermosa y bella labor, Amén y amén.”
Antonio Malavé3
1 Iris Guilarte se desempeña como distribuidora de libros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
2 María Bautista es miembro activo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y es propietaria de una tienda naturista
3 Antonio Malavé, “por la misericordia de Dios”, según sus propias palabras, está ejerciendo como pastor visitador en la Obra evangélica “Luz del Mundo” Misión 1 Anaco, a cargo del pastor Juan de Dios Pineda. En la actualidad atiende 27 congregaciones.
He querido añadir un extracto de los postulados del ministerio que estoy desarrollando y de la fundación con el objetivo de que si alguno se siente impulsado a ayudar a otro, alcance a tener una idea de lo que se puede hacer o si quiere ayudarnos directamente también recibimos su colaboración.
CONSEJOS PRÁCTICOS PARA CUÁDRIPLÉJICOS, PARAPLÉJICOS Y DISCAPACITADOS CON LESIONES MEDULARES.
Esta sección fue revisada, corregida y ampliada por la Doctora Silvia Carranza Hernández especializada en Medicina Familiar y está domiciliada en Monterrey, Méjico.
Mi propia ignorancia y la falta de personas capacitadas dispuestas a orientarme y orientar a quienes me rodean ha sido el origen de muchos de los males que he padecido y he querido recopilar en esta última sección algunos aspectos de lo que me ha tocado aprender de los aciertos y desaciertos y de mi investigación particular.
En primer lugar puedo señalar que nadie conoce mejor el cuerpo que su propio dueño, así que debes tomar la responsabilidad de tu salud.
En segundo lugar, he podido comprobar que existe mucho desconocimiento en el gremio médico y de enfermería con respecto al tratamiento preventivo y curativo de personas con lesiones medulares y por lo general, los especialistas en la materia, es decir los médicos fisiatras, se limitan a diagnosticar y a dar algunas recomendaciones que terminan siempre siendo incompletas y los fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales se limitan a unos cuantos ejercicios y tratamientos terapéuticos.
La información se encuentra muy fragmentada debido a la excesiva especialización de los profesionales. Por lo que el discapacitado y sus allegados deben darse a la tarea de investigar cuanto puedan acerca de su problema para poder tener un conocimiento amplio de todos los pormenores de su situación y así poder prevenir y/o resolver las complicaciones que se vayan presentando. Libros, revistas, Internet, compartir la experiencia de otros, etc.
Síntomas comunes
La secuela de una lesión medular viene acompañada de una serie de síntomas que varían de una persona a otra y en esta sección se describirán algunos de ellos.
En algunas ocasiones hay movimientos involuntarios, como temblores, llamados espasmos los cuales son ocasionados por la irritación del sistema nervioso.
La disreflexia autónoma es una complicación importante en los pacientes con lesión traumática alta de la médula espinal que se inicia en 1 a 3 meses posteriores a la lesión. Se caracteriza por episodios transitorios de hipertensión arterial que son desencadenados por la dilatación vesical o rectal y por otros estímulos de naturaleza diversa.
Debido al fallo del sistema nervioso autónomo podemos encontrar otros síntomas y signos como:
· Dolor de cabeza.
· Visión borrosa
· Sudoración profusa
· Rubor facial
· Taquicardia
· Episodios alternativos de hipotensión/hipertensión
· Dificultad para mantener la temperatura corporal con episodios de hipertermia/ hipotermia
Suele estar provocado por una retención urinaria, fecal o por infecciones de cualquier tipo o por ulceraciones en la piel. Los síntomas habituales son cefalea opresiva, enrojecimiento, sudoración, aumento de la tensión sanguínea e incluso disminución del pulso cardiaco. Suele desaparecer al tratar la causa que lo provoca. Sólo si no se encuentra la causa, habrá que tratar la hipertensión con fármacos.
Disfunción intestinal
En el caso de disfunción intestinal, la reeducación intestinal va dirigida en procurar un ritmo defecatorio al menos en días alternos mediante:
· Mantener un ritmo intestinal adecuado utilizando fármacos tipo Lactulosa (Duphalac®), Lactitol (Emportal®) o fármacos aceleradores del tránsito intestinal.
· Una adecuada hidratación de las heces aportando dieta rica en fibra.
· Facilitar la defecación utilizando lubricantes locales (supositorios).
· Crear un hábito defecatorio horario aprovechando los reflejos fisiológicos (20 minutos después de la comida principal).
Disfunción Vesical
Es importante buscar una rápida solución a su problema y a las posibles complicaciones. La mayoría de las personas que han perdido el control de la vejiga puede ser entrenada para utilizar técnicas o dispositivos (cateterización intermitente) o bien dejando una sonda de permanencia, es importante revisar el color y olor de la orina ya que es una puerta de entrada de bacterias que pueden deteriorar el estado de salud. La ingesta de líquidos evita la proliferación de bacterias porque las desplaza.
Úlceras por presión
Podemos definir las úlceras por presión (UPP) o escaras como toda pérdida de tejido, producida por isquemia, (pobre o nula circulación sanguínea) y derivada de una presión ejercida y mantenida sobre una prominencia ósea. Siendo esta una presión que va mas allá del límite tolerable de la misma piel.
Debido a que carecen de los mecanismos fisiológicos de defensa, ya que presentan una hipoestesia-anestesia (disminución de la sensibilidad o falta de ésta), acompañada o no de transtornos tróficos en la piel, como piel delgada y una pérdida de grasa subcutánea; además puede existir una falta de tono muscular o espasticidad, o presentar un éxtasis venoso-linfático (mala circulación.) Todas estas alteraciones contribuirán en mayor o menor medida a incrementar el efecto nocivo de la presión.
Cuando aparece una UPP (úlcera por presión) en estos enfermos puede ser índice de que existe un agravamiento de su enfermedad primitiva y sobretodo se acompañará de una mala evolución y una curación más difícil, de ahí la importancia extrema que representa la prevención de la formación de las úlceras por presión en todos estos grupos de riesgos.
En el caso de los pacientes con lesiones medulares, el riesgo de aparición de las UPP se mantiene todo el tiempo, ya que existe una desaparición de los reflejos vasomotores. La anestesia de una zona corporal hace que el individuo no tenga la posibilidad de conocer la progresiva actuación de la presión con la correspondiente alarma sensitiva, haciéndolo más vulnerable a la aparición de lesiones.
Las áreas más afectadas son las nalgas, las caderas, los tobillos y talones. La limpieza esmerada, las medidas de asepsia para evitar infecciones, el masaje suave para corregir la acumulación venosa y linfática son medidas de enfermería primordiales para evitar las úlceras en la piel
Es fácil reconocer la formación de nuevas escaras; el aspecto clínico que presentan las úlceras por presión va variando a lo largo de su evolución. Así pues podemos diferenciar una fase aguda, al comienzo de su formación, en la que la UPP se presenta como una mancha parda o violácea, rojiza persistente, sobre una prominencia ósea. Este enrojecimiento persistente puede pasar por estadios de inflamación y comenzar a presentar el inicio de una necrosis tisular, (muerte del tejido) que habitualmente es interpretada, de forma equivocada, como un absceso agudo, que en general suele ser incidido para drenar un pus inexistente, dejando expuesto una grasa necrótica de color amarillo-grisáceo, susceptible de una infección posterior. Cuando se presenta este “pseudoabsceso” debe ser interpretado como la fase inicial de una UPP y, por lo tanto, es importante adoptar una actitud conservadora, eliminando la presión y evitando el drenaje del mismo.
Insisto, primero se nota enrojecimiento en la piel, luego se torna violáceo y por ultimo se ennegrece por la muerte del tejido. No debe permitirse nunca que pase del tono rojo al siguiente, para ello el cuidador debe inspeccionar acuciosamente todo el cuerpo del paciente cada vez que se le practique el aseo personal y tomar las medidas necesarias.
Si la presión no se alivia, la mancha violácea comenzará a oscurecerse hasta llegar a formar una placa negra, dura y adherida, que, a medida que vaya evolucionando, comenzará a presentar un halo de enrojecimiento periférico que indica el inicio de un proceso inflamatorio que permitirá eliminar este tejido necrótico, hasta conseguir que esta placa negra quede suelta y, por último, se desprenda.
La pérdida de sustancia resultante suele tener en su fondo una prominencia ósea o un tejido muscular visible. Si no es atendida a tiempo se ira formando una “cueva” con perdida de tejido, conocido como saco ulceroso.
Los productos de la invasión bacteriana y de la destrucción de tejidos conforman una descarga purulenta y maloliente, destructiva para el nuevo epitelio. Esto le ocasiona al paciente, elevación de la temperatura y malestar general
En algunas ocasiones, el proceso supurativo puede recorrer gran distancia entre planos de tejidos con la destrucción de cavidades articulares lo que se traduce como sepsis. Este cuadro puede llegar a poner en peligro la vida del paciente.
Sanar las úlceras por presión es muy difícil y costoso, y pueden tardar meses y años en curar. Las mías tardaron dos años en sanar, no sin antes, consumir muchos millones de bolívares, mucho esfuerzo y grandes incomodidades que casi me cuestan la vida y hoy día estoy más limitado de lo que debiera. Se me aplicó casi todos los medicamentos conocidos para curarlas, sin embargo, la medicina más económica fue la que dio resultado. A continuación describo la cura que me fue efectiva.
Como curar las UPP
Deben tomarse siempre las normas de asepsia y antisepsia. La ulcera debe ser limpiada a conciencia, eliminando cualquier tejido muerto, Esto se logra con el debridamiento.
El tratamiento de la úlcera abarca el debridamiento mecánico con un jabón antiséptico blando y agua tibia, el desbridamiento químico con sustancias fibrinolíticas junto con el desbridamiento de los bordes muertos de la herida.
Los bordes deben ser reactivados frotando duro con la gasa y Betadine hasta que sangren. Si están muy infectadas y el paciente presenta fiebre, las heridas pueden ser lavadas con vinagre, enjuague bucal u otro desinfectante propicio y después éste debe ser removido con agua destilada o agua filtrada previamente hervida.
Los primeros días, mientras cede la infección se le coloca azúcar blanco, papelón rayado o mejor aún; miel, directamente en la herida.
Después se elimina el azúcar y luego de limpiar la herida según el procedimiento anterior, se descorteza y se corta la sábila (Aloe Vera) en trozos tan grandes como se puedan, de acuerdo al tamaño de la úlcera y se colocan sobre la herida cubriéndola con una gasa suficientemente gruesa y grande para que los excrementos y la orina no penetren en la herida, esto en caso de ser úlceras sacras, trocantéricas o espinales que son las más comunes. La orina es muy peligrosa porque macera las heridas.
Las curas deben ser diarias, pero al mejorar, si no son muy grandes, se pueden hacer ínter diarias. No gaste recursos en cremas costosísimas que no dan resultado. Los parches son muy efectivos para úlceras superficiales y son rápidos pero son muy costosos. Recuerde, se necesita mucha perseverancia y paciencia porque la curación es lenta. Con una alimentación pobre e inadecuada las úlceras no sanan. No deje de lado a su médico y dígale que se atreva a monitorear este tratamiento no convencional y natural. El zinc y la vitamina C favorecen la cicatrización.
Como prevenir la aparición de las UPP
Las “escaras” (aparición de placa oscura de aspecto seco con reblandecimiento de los bordes) son el peor enemigo, desde el punto de vista de la salud, para quien pasa todo su tiempo en cama o en silla de ruedas, no pocos mueren por esta causa. Por lo que prevenirlas debe ser la prioridad número uno del paciente y de quien está a cargo de su cuidado inmediato.
EL CUIDADOR ES EL MÁXIMO RESPONSABLE A LA HORA DE LA FORMACIÓN DE LAS ÚLCERAS POR PRESIÓN.
No debe escatimarse esfuerzo alguno a la hora de adquirir un colchón anti escaras pues de ello depende la vida del paciente.
Para reducir la presión sobre las zonas sensibles pueden utilizarse colchones inflables de presión alternante, los colchones de gomaespuma en forma de huevera y los colchones de gel de silicona o agua. Si hay que aliviar la presión al máximo se pueden utilizar colchones de flotación con aire. Debe emplearse una almohadilla protectora sobre las prominencias óseas.
El paciente debe movilizarse cada 2 a 3 horas, si esto no es posible debe mantenérselo boca arriba, nunca de lado. Debe evitarse que las protuberancias óseas choquen entre sí o con cualquier objeto duro por tiempo prolongado.
Para permanecer más tiempo en la silla de ruedas ideé colocar la colchoneta anti escaras, doblada en dos, longitudinalmente, (se puede hacer una funda y meterla allí luego se asegura para que no se ruede) y al llegar a un sitio pido que la conecten al suministro de electricidad.
A continuación se desglosan los aspectos a tomar en cuenta para la prevención de las UPP
Limpieza de la piel y aseo diario con jabones neutros, y aplicar cremas hidratantes en aquellas zonas de mayor sequedad cutánea
El colchón debe ser cómodo y las sábanas limpias, con el fin de que la piel no esté en contacto con secreciones como sudor, orina, etc.
Utilizar cojines especiales que repartan homogéneamente las presiones y que no sean demasiado duros. Existen en el mercado varios modelos de cojines “antiescaras”, que reparten uniformemente las presiones a condición de que se lleven relativamente desinflados. Un cojín duro incrementará la presión en la zona de apoyo pudiendo ser el origen de la aparición de enrojecimientos y ulceraciones. Por si solos no llegan a eliminar la condición principal en la profilaxis, que es el cuidado constante y esmerado del enfermo para evitar su apoyo continuado.
Cuando sea posible, se adoptará la posición “boca a bajo”mientras permanezca en la cama, protegiendo las rodillas y el dedo gordo del pie. Esta posición es la que permite liberar de presiones la cintura pélvica, área anatómica con mayor incidencia de ulceraciones.
En las personas que deban permanecer en silla de ruedas, es importante enseñarles a “sentarse bien”, con una posición correcta que evite el apoyo de la región sacrococcígea y evitar arrastrarse hasta el asiento.
La realización de cambios posturales cada 2-3 horas debe ser estricta
Protección con almohadas de las zonas peligrosas: talones y sacro cuando se este “boca arriba” caderas cuando estén acostados de lado; e isquión (región glutea) cuando estén sentados.
Realizar pulsiones periódicas, elevándose con ayuda de los brazos, o cuando los brazos no estén útiles, tendrán que separar el cuerpo del cojín inclinándolo hacia un lado y otro.
Vigilar el estado de la piel después de estar un tiempo en la misma posición, constituye una de las medidas más importantes dentro de la profilaxis. Para ello se realizará una inspección regular de las zonas de apoyo con un espejo, vigilando que no aparezca un enrojecimiento persistente que nos indicaría que hemos llegado al límite de tolerancia de la piel a la presión.
Una dieta correcta incluyendo un buen aporte proteico, así como de vitaminas y minerales será un apoyo importante para favorecer la cicatrización de los tejidos dañados.
“LA PREVENCIÓN SÓLO ES POSIBLE EN LA FASE DE ERITEMA. SI SE RETIRA LA PRESIÓN EN ESTA FASE, CONSEGUIREMOS EVITAR LA APARICIÓN DE UNA ÚLCERA”.
Frecuencia del aseo
Se deben cambiar con frecuencia las ropas de vestir y de cama. Las sábanas tienen que ser suaves, limpias y no tener arrugas. Limpiar la piel con una esponja en agua caliente y secarla con cuidado. Es importante una dieta equilibrada rica en proteínas. Los discapacitados que permanezcan siempre en cama se les pueden asear cada dos días, siempre y cuando no esté sucio de heces, para aliviar la carga de los cuidadores. El cuidador no debe temer movilizar al minusválido a cualquier posición, incluso boca abajo. El cuerpo está inmóvil pero todos sus miembros, por lo general están tan fuertes como los de una persona normal.
Si tiene problemas para expectorar ponga al paciente boca abajo y déle palmadas repercutorias en la espalda y así expulsará toda la flema. Incluso se podrá evitar usar el succionador en pacientes con traqueotomo.
La alimentación
Cuando el cuerpo no está bien alimentado tiene que hacer uso de sus propias reservas para mantenerse y esto favorece la creación de úlceras. La alimentación, debe ser rica en proteínas, lípidos de origen vegetal y muchas frutas y legumbres. Debe evitarse el consumo excesivo de carbohidratos los cuales favorecen la producción de detritos en la orina ocasionando obstrucciones frecuentes de las sondas urinarias. El arroz, el pan, la arepa, las pastas, el café y todo producto que tenga que ser tostado provoca estreñimiento por lo que si es posible no deberían ser consumidos. Es preferible un plato solo de frijoles a uno acompañado con arroz. No coma nunca plátano verde. Las frutas como la guayaba, la pomalaca, la manzana y toda astringente están absolutamente prohibidas por la misma razón. La lechosa es especial cuando se está obstruido y se puede comer por varios días combinándola con yogurt y ciruelas pasas. Se debe consumir alimentos con mucha fibra y cantidades moderadas de aceite. Mantenerse levemente laxado es lo mejor. Es importante mantener un peso promedio.
Si se está en cama lo mejor es acercar las porciones de alimento a media ración tres veces al día. Comer es uno de los pocos placeres físicos que una persona con daño medular puede disfrutar, por lo que debe evitarse presentarle mucha comida en el plato porque puede terminar comiendo más de lo debido, sin embargo no debe privársele del disfrute de la buena mesa.
Las señales del cuerpo
Siendo que, por lo general, una persona con lesión medular no siente los órganos internos, tiene que estar atento a las señales de su cuerpo, pues, este emite señales antes desconocidas. En mi caso he aprendido que cuando mi cabeza comienza a sudar y tengo dolores y presión en la misma, si tengo taquicardia y la tensión sanguínea sube y baja, entonces tengo un globo vesical por obstrucción en la sonda de foley o en la bolsa recolectora de orina.
Si siento sensación de llenura es porque no he evacuado lo suficiente.
Si estoy triste o rabioso sin ningún motivo es una alarma para una enfermedad sin detectar.
Para evitar infección urinaria basta con tomar muchísima agua, si presenta infección, lo cual se reconoce por la fetidez, toma tanta agua como pueda y así se evitará el uso de antibióticos.
Si se sufre de baja tensión, cuando esto ocurra tomar un vaso de agua con azúcar y una pizca de sal, luego colocarse en posición horizontal hasta te restablecerse.
Desarrollo de habilidades
Debes mantenerte con la disposición para desarrollar nuevas habilidades y obtener el mayor grado de independencia posible, no permitas que otro haga lo que tú puedes hacer por ti mismo. No te compadezcas de ti mismo, tampoco admitas que otros lo hagan.
Es fundamental tener una cama clínica para poder sentarte, así como también es necesaria una mesa de trabajo que sea adecuada a tus necesidades. No te complazcas en la autocompasión, más bien utiliza tu tiempo buscando cosas útiles para llevar a cabo y encontrando la manera de hacerlo, comunica a los demás tus deseos para que te ayuden. El progreso puede ser muy lento, pero no desmayes.
Para leer y trabajar en la computadora utiliza una varilla delgada y firme de unos 30 a 40 cm. de largo y ¼ de pulgada de diámetro con dos trozos de manguera plástica en los extremos.
Para escribir; un lápiz unido a otro para extenderlo, se le quitan los borradores y se le pone un trozo de manguera plástica en el extremo que se introduce en la boca. Usar lápiz 6B ó 7B, inclinar el lápiz o el bolígrafo ligeramente para hacer posible la escritura.
Salud Psico-social
El mejor remedio para la depresión es mantenerse ocupado. La lectura edificante, ver programas no violentos de televisión y oír buena música representan buenas alternativas para mantener la mente activa. Puedes emprender cualquier carrera de estudios, hacer negocios, deporte y todo lo que se te ocurra de acuerdo a tus capacidades, aún estando en cama. Es importante salir a pasear a un parque, plaza o cualquier otro lugar donde aparte del esparcimiento puedas hacer nuevos amigos. La pena o vergüenza por que otros vean al discapacitado debe desaparecer de éste y de sus familiares. Cuanto más se relacionen, se concientizará mejor a otros y cosecharán más colaboración. Un discapacitado puede ser una influencia positiva para los demás y puede animar a otros con su buen ejemplo.
Crear o afiliarse a un grupo o fundación de discapacitados debería ser una prioridad para compartir ideas, fortalecerse los unos a los otros y para conseguir las ayudas necesarias para sus miembros. En la unión está la fuerza.
La familia por entero debería integrarse porque es su responsabilidad el hacer que su ser querido tenga el ambiente y el apoyo necesario que le haga posible aceptarse a sí mismo y devolverle el deseo de vivir.
Trata de aprender de la experiencia ajena, buscar a otros que ya han superado su discapacidad puede ser muy provechoso, orienta a otros con lo que ya sabes. Recuerda que la minusvalía es una circunstancia y como tal debe ser tratada, solo quienes no se amilanan ante las circunstancias son triunfadores. Recuerda la discapacidad no significa el final de la vida ni de los sueños, sino que es el comienzo de otra, más difícil, llena de retos pero podría ser más fructífera aún. Te lo digo yo que soy cuadripléjico ¡ÚTIL Y VICTORIOSO!
Vuelve a empezar
Aunque sientas el cansancio,
Aunque el triunfo te abandone,
Aunque un error te lastime,
Aunque una traición te hiera,
Aunque una ilusión se apague,
Aunque el dolor queme tus ojos,
Aunque ignoren tus esfuerzos,
Aunque la ingratitud sea la paga,
Aunque la incomprensión corte tu risa,
Aunque todo parezca nada…
Vuelve a empezar
ASOCIACIÓN CIVIL “ÚTIL Y VICTORIOSO”.
Centro Para La Integración Social De Personas Con Necesidades Especiales
“ÚTIL Y VICTORIOSO” es una organización social sin fines de lucro, inspirada en ideales cristianos como lo son el servicio desinteresado por los demás, la utilidad del ser humano y que reconoce el valor de la vida y que sin importar la condición del individuo todos tienen derecho a ella. Nadie se puede abrogar la facultad a quitarla, la cual solo pertenece a Dios, por lo tanto consideramos que es inalienable.
La eutanasia, el aborto, la pena de muerte, el abandono familiar son inaceptables desde todo punto de vista. Legalizar estos anti valores en Venezuela representaría aumentar la criminalidad, los abortos, la injusticia. Es más, se estaría institucionalizando la injusticia y la maldad.
El potencial del ser humano siempre está presente y las personas siempre pueden ser útiles no obstante su condición física o social.
“ÚTIL Y VICTORIOSO quiere contribuir y tiene como objetivo desarrollar las pontencialidades de las personas que por múltiples causas tienen necesidades especiales como son la minusvalía por daño en la médula espinal, cuadriplejía, paraplejía, hemiplejia, sordera, pérdida de la visión, polio, amputaciones, etc. para que puedan ser útiles y de ser posible logren auto sostenerse económicamente. También tiene como meta elevar la autoestima del minusválido por medio de ayuda espiritual, psicológica y vocacional.
En el mismo orden de ideas desea concienciar a la familia y a la sociedad demostrando que un minusválido puede ser útil. Pero es necesario que se les den las herramientas y el apoyo necesario para superar su condición, por eso nuestro lema es:
“CREAR OPCIONES PARA LA VIDA PORQUE UNA SILLA DE RUEDAS NO BASTA”
No está demás decir que la medida de una sociedad está determinada en lo que es capaz de hacer por los desafortunados, por los que menos tienen, por los que están en desventaja.
¿POR QUÉ ES NECESARIO NUESTRO CENTRO?
El incremento de los accidentes viales y laborales, la tasa de malformaciones congénitas y sobre todo la desigualdad social, nos hace pensar en un grupo considerable de personas que requieren atención social pero que están desasistidas. Por otro lado, la necesidad de conciencia colectiva, la necesidad de resaltar los valores cristianos y de la humanidad, la necesidad de elevar al individuo y sacarlo de la ignominia, colocándole adonde debe estar, justifican cualquier esfuerzo que se haga en consecución de los mismos.
¿A QUIENES VA DIRIGIDO?
A todas las personas que padezcan una discapacidad con el objetivo de reestablecer sus deseos de volver a la vida y se integren de forma útil y productiva a la sociedad. A todo aquel que sienta compasión por el sufriente. A los familiares que no saben qué hacer con sus parientes discapacitados
PROPÓSITOS
Formar conciencia social
Integrar al minusválido a la sociedad
Ayudar en la gestión de recursos económico para los discapacitados
Ayudar en la gestión de sillas de ruedas, muletas, prótesis, etc. para personas de bajos recursos económicos.
Brindar orientación espiritual y psicológica al discapacitado y su familia
¿CÓMO PUEDE UD. AYUDAR?
Integrándose a nuestro equipo.
Aportando sus ideas y experiencia
Dando su colaboración económica.
Donando equipos y herramientas de trabajo, computadoras, impresoras, máquinas de coser, llaves, etc.
Donando ropa y alimentos.
Llevando a pasear a un discapacitado, visitarle o bien brindarle una sonrisa en señal de solidaridad.
Donando la silla de ruedas, muleta, prótesis, etc. que tenga sin uso en su casa.
¡Si usted tiene un equipo de estos en su casa por razones sentimentales o para su uso futuro, recuerde que usted puede cambiar una vida hoy!.. ¡Y recibirá una gran satisfacción!
BIBLIOGRAFÍA
HEAGY, Ron. “Actitud ante la Vida”, Editorial UNILIT, Miami, Florida, 1998.
NÚÑEZ, Miguel Ángel. “Un Nombre Nuevo” Asociación Publicadora Interamericana, Miami, Florida, 2003
WHITE, E. G. “Palabras de Vida”, Asociación Publicadora Interamericana, Miami, Florida, 1983
WHITE, E. G. “Patriarcas y Profetas”, Publicaciones Interamericanas, Boise, Idaho, 1955
La Santa Biblia. Versión Reina Valera, Sociedades Bíblicas Unidas, Bogotá, Colombia, 1989, versión 1960.
La Santa Biblia. Versión Evaristo Martín Nieto, Ediciones Paulinas, Madrid, España, 1988
Diario Meridiano. Art. “Superman lucha por volver a caminar”, Pág. 25. Caracas, Lunes 4 de noviembre de 2002.
Selecciones de Reader´s Digest. Art. “Los hijos de nadie”, México, marzo de 2004.
Si deseas comunicarte conmigo
italvio@hotmail.com italoviolo@yahoo.com.ar
¡Útil y Victorioso!
Homenaje especial a
Christopher Reeve y a su esposa Dana
TRANSFORMANDO LA DISCAPACIDAD EN UNA OPORTUNIDAD PARA VIVIR
Por: Italo Violo Villalobos
TÍTULO: Como llegar a ser ¡Útil y Victorioso!
AUTOR: Italo Violo Villalobos
NACIONALIDAD: Venezolano
La portada, dibujos y fotos han sido elaborados y provistos por el autor.
Fotografías: Katy Villalobos
FECHA: El manuscrito original fue culminado el 2 de junio de 2004
LUGAR: Anaco, estado Anzoátegui, Venezuela S A
TAMAÑO: 29.7 x 21.5
PÁGINAS: 128
REVISADO POR: Ing. Evelio Rubio
Para las referencias bíblicas se han utilizado indistintamente las versiones españolas de Reina – Valera 1960 y de Evaristo Martín Nieto, así como citas de forma libre por el autor.
Derechos reservados: Se prohíbe la reproducción total o parcial de la obra, por cualquier medio impreso, electrónico, radiofónico, videofónico, etc. sin el permiso del autor. El autor asume la total responsabilidad por los conceptos emitidos en esta obra.
ÍNDICE
ADVERTENCIA
DEDICATORIA
EN HOMENAJE A CHRISTOPHER REEVE Y A SU ESPOSA DANA
AGRADECIMIENTOS
PREFACIO
PRÓLOGO
1 - Nazis y Gitanos
2 - Viaje Inesperado
3 - Alabanzas en medio de la Tragedia
4 - Entre la vida y la muerte
5 - Las manos de Dios
6 - Enfrentando mi nueva realidad
7 - Luchando sin avanzar
8 - Vengo a Cuidarte
9 - Entre Ancianos y Locos
10 - La Bala Perdida
11 - Otro ejemplo de amor
12 - Queriendo Morir
13 - Ángeles a mi alrededor
14 - ¡Ustedes están muy Equivocados!
15 - Ángeles al rescate
16 - Bondad y Traición
17 - Perros y Gatos Invisibles
18 - El cuarto del Olvido
19 - El divorcio o la vida
20 - Conspiración mortal
21 - Logrando lo imposible
22 - Portento en la Cámara Municipal
23 - Superman y yo
24 - Nuevas habilidades
25 - Qué significa ser minusválido
26 - Minusvalía, abandono e indigencia
27 – De la tierra del olvido a la mesa del rey
28 - Útil y victorioso
Epílogo
Consejos prácticos para discapacitados
Bibliografía
¡ADVERTENCIA!
Este texto fue realizado con mucho esfuerzo y perseverancia, entre lágrimas y risas, desconcierto y satisfacción.
Cuando decidí escribir este libro, mi amigo Samuel Ardila, enterándose de lo que quería hacer, me envió la obra de Ron Heagy titulada “Actitud ante la Vida”, la cual, mientras leía, hizo revivir mi experiencia y eso fue desgarrador para mí.
Debido a ello, he realizado, además, un gran esfuerzo para suavizar los hechos narrados en vista a que el objetivo edificante de la presente obra desea resaltar principios y valores que le deben ser comunes a toda la humanidad.
Nada me ha confortado tanto como el trato con otros discapacitados, esta ha sido una de mis motivaciones para emprender esta ardua tarea, con el ánimo de que sepas que quien te habla es una persona que te comprende porque tiene tus mismos problemas y necesidades.
Si has sufrido o estás viviendo una experiencia similar, también para ti puede resultar muy difícil conocer la mía, pero no abandones la lectura y te aseguro que al final vas a salir fortalecido y recibirás el ingrediente que te hace falta para afrontar con aplomo tu nueva situación.
Esta obra ha sido realizada íntegramente con la boca sin el uso de manos, (redacción, escritura, diseño exterior, diseño interior, dibujos y pintura).
Un discapacitado siempre espera manos amigas y pies que caminen por él.
“Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez y ya quedas pagado.
Cuando des un banquete invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos, a los ciegos, entonces serás dichoso porque ellos no pueden pagarte”.
Joshua Ben Joseph.
DEDICATORIA
Dedico esta obra al Dios altísimo, verdadero protagonista detrás del telón.
A mis hijos; Zoiledny Alejandra, Milagros Graciela, Adly Verónica, Italo Jesús y Dana Victoria y a mi hermano Brando Walter.
A todos los indigentes, minusválidos y a aquellos que están dispuestos a sacrificarse para devolverles su dignidad.
A la Asociación de Pintores con la Boca y el Pie porque ellos, con su ejemplo, me impulsaron a realizar una labor digna.
En Homenaje a Christopher Reeve y a su esposa Dana
El día 11 de Octubre del año 2004, me desperté con una sonrisa en los labios y disfrutaba de ciertos acontecimientos que me hacían feliz. No sabía que en momentos esa risa se desdibujaría; encendí el televisor y no habían pasado un par de minutos cuando escuché la noticia; “Ayer murió el actor Christopher Reeve a la edad de 52 años.”
Hacía aproximadamente un mes me había comunicado con el actor Christopher Reeve y le prometí por intermedio del señor Carlos Caprioli su especialista de información que después que mi libro estuviese corregido en la versión inglesa le enviaría una copia del manuscrito. En el mismo había dedicado un capítulo a Christopher y al hombre de acero.
Esa mañana salieron lágrimas de mis ojos cuando me enteré que había fallecido y perdí así mi ilusión que leyera lo que él me había inspirado.
En mi primera carta le dije a Christopher que Dios había permitido lo que le pasó para que ayudase a los discapacitados del mundo.
Y puedo decir hoy con seguridad que su lucha no fue en vano. Christopher, hombre más fuerte en su silla ha podido hacer una labor más hermosa que Superman.
¡Hurra! por Christopher y Dana. ¡Hurra! por Superman. ¡Hurra! por todos aquellos del mundo que a pesar de sus limitaciones luchan para superarse y hacer un mundo mejor.
Por estas líneas rindo tributo a quien al igual que yo, venció sus deseos de morir y fue catapultado más allá de las estrellas y del estrellato para servir a la humanidad en una labor sin precedentes.
Mi deseo es que se publiquen mis pensamientos para que todos sepan que Christopher no ha muerto y sigue viviendo con su cautivadora sonrisa en mi corazón y en el corazón de todos aquellos que siguen el mandato bíblico “amarás a tu prójimo como a ti mismo” y desean un mundo mejor.
Gracias Dana por mantenerte al lado de tu esposo, tú también has dado un gran ejemplo al mundo.
El Autor
AGRADECIMIENTOS
A Dios primeramente porque sin sus maravillas no habría podido sortear todos los inconvenientes narrados en esta obra.
Son incontables las personas a quien tengo que agradecer y las aquí nombradas no son más que una representación de todas aquellas a las cuales pido disculpa que por efecto del tiempo he olvidado sus nombres, pero mi agradecimiento no es menos grande hacia ellas.
Quiero rendir tributo a todos los médicos, enfermeros, enfermeras y personal técnico que ejercen una invaluable labor a favor de la humanidad sufriente en centros de salud que muchas veces son inhóspitos, no solo para los pacientes sino para ellos también.
Quisiera escribir con letras de oro y engastes de piedras preciosas sobre una columna de mármol los nombres de aquellos que impulsados por el amor de Dios estuvieron dispuestos a darse a sí mismos para salvar mi vida.
En Maturín: Alexander López, director de la Clínica Adventista de Maturín; gracias por tu diligencia, Magali de Guillén; gracias por tu preocupación, Fernando Guillén, Enoch Piedra, Frigidaire Rojas, Pr. Omar Piña y su esposa y amiga mía, Aydalí de Piña. Samuel Ardila, Dra. Terry de Otahola, Atanasio Osuna y Santa de Osuna, Hely Cancela, Prof. Villegas, Carlos Gómez y María de Gómez; gracias en nombre de mi hija Verónica. Miriam de Zoque, familia Arismendi y familia Frías. En Caracas: Isabel Camargo; “Chava”. Carmen y Tomasa. En Maracay: Luis Esaá, Hno. León, Pr. Jaime Foronda, Pr. Nathanael García, Jaime y su familia de El Progreso. Pr. José Castillo y su esposa Ester. A mis amigos Alfredo Ortiz, Pedro Torres y Margarita. En Barcelona y Puerto La Cruz: Luisa Rodríguez; gracias porque como una segunda madre me brindaste tu cariño y en tu ancianidad te sacrificaste por mí. Faisal, José Ángel Brito, Arsenia, Arselio e Icsamar. En Anaco y Cantaura: Yelitza Maita y su madre. Dra. Yuly Castillo, Jonathan, Joalice y Mena; quienes hicieron mi vida más fácil en Cantaura. Antonio Malavé, Pedro Maita y María Bautista, que con su buena labor me salvaron la vida y devolvieron mi dignidad. Gracias María, porque en tu casa encontré sosiego. Familia Bautista René, Juan Malavé, Wilfredo Gallardo, Hamilton Maneiro, Iris Guilarte, Norelis Brito, Humberto Gómez y Elizabeth Jiménez, Jefferson Rojas, Carlos y Francisco Herrera. Ada Cabello, ejemplo de responsabilidad y respeto, me hizo muchos pequeños, pero grandes, favores sin quejarse ni protestar. David Huber; que este libro sea inspiración para ti, y al pequeño Júnior David que con su inocencia alegra nuestras vidas.
Quiero agradecer, además a las siguientes instituciones: Unidad de cuidados intensivos del Hospital Universitario “Manuel Núñez Tovar” de Maturín, Damas de PDVSA Maturín. Centro de Rehabilitación Nacional, Unión Venezolana Antillana de los Adventistas del Séptimo Día, en la gestión del Pr. Iván Omaña, mi profesor, pastor y amigo. Misión Venezolana Oriental de los Adventistas del Séptimo Día. Iglesias Adventistas del estado Monagas. Iglesias evangélicas de Maturín, Iglesia evangélica “Dios Admirable” de Maturín y al Pr. Hugo Rojas quien cumple una encomiable labor espiritual allí. Iglesias Adventistas de El Paraiso, La Vega, El Valle y Propatria de Caracas. El Limón, El Progreso, Central, Caña de Azúcar de Maracay, Barcelona, Puerto La Cruz, Anaco y Cantaura. Iglesia Evangélica “Luz del Mundo” Misión No. 1 de Anaco y su pastor; Hno. Juan de Dios Pineda, Iglesia Evangélica “Luz del Mundo” Misión No. 1 de Cantaura y su pastor Hno. Daniel Ruiz. Damas Voluntarias Católicas de Hospitales; que con su hermosa labor atienden y animan a miles de pacientes en los centros hospitalarios de Venezuela. Un saludo especial para las damas valientes de Caracas Anaco y Cantaura. Alcaldía de Municipio Autónomo Anaco en la gestión del señor Alcalde Jacinto Romero Luna. Cámara Municipal del Municipio Autónomo Anaco en la presidencia del señor José Ángel Biaggi.
Debo agradecer al ing. Evelio Rubio por disponer de su valioso tiempo para revisar el manuscrito y por haberme dado sus valiosísimas sugerencias, las cuales proporcionaron belleza y comprensibilidad al texto y a María Bautista por proporcionar recursos económicos y tiempo para la realización de esta obra.
Por último, este agradecimiento no estaría completo sino mencionase al Pastor y escritor Miguel Ángel Núñez a quien conocí providencialmente a través de uno de sus libros y que por medio de su “abrazo a la distancia” me animó y tomó su tiempo para revisar, corregir, calificar mi libro y alentarme a continuar.
Un saludo para mis hermanos paternos: Hildebrando, Livio, Ketty y César Violo, y maternos: César, Jorge, William, David, Hernán, Violeta, Yolanda, María, Alicia y Nelly, a todos los que comparten sangre conmigo; si llegan a leer este libro deseo que les impresione suficientemente para que encuentren el camino, la verdad y la vida.
PREFACIO
POR NORELIS BRITO*
“Está muy fresco todavía el recuerdo del día en que conocí a Italo. Siempre digo que lo conocí por dentro primero que por fuera, ya que estaba de espaldas, había en sus glúteos grandes orificios por donde se miraban, lo que parecían, sus entrañas, y uno de sus fémures, el cual ya había perdido todo el cabezal del hueso, su carne era negra alrededor. Estaba su esposa que es médico traumatólogo haciéndole las curas y conversaba con el médico tratante. Éste le decía que Ítalo tenía la hemoglobina en 4 y sus posibilidades de vida eran muy pocas, de manera que debía desalojar la cama que ocupaba en la emergencia del hospital “Domingo Guzmán Lander” de Las Garzas, hacía ya algún tiempo.
¡Fue impactante! Era la primera vez que presenciaba algo como aquello. Ellos hablaban delante de él, todas estas cosas. Yo pensaba en como él se sentía oyendo todo eso. Era como si él no fuese un ser humano, como si fuera algo, no alguien.
Su rostro era apacible, yo creía que el estaba angustiado, busqué algo en su rostro que confirmara esa angustia en él, pero no la encontré, permanecía apacible. Lo quedé mirando y de repente… lo vi. Él estaba en una silla de ruedas. Estaba predicando delante de mucha gente. Era una iglesia grande, la gente tenía los brazos levantados y lloraban.
Recuerdo la cara de incredulidad de Ítalo cuando le dije lo que veía, no obstante, él me respondió; “amén”
Desde ese día él sigue estando presente en mi vida a diario. De eso, hace tres años.
¿Qué siento por Ítalo? ¡Lo amo!, ¡De verdad lo amo! y además, lo admiro y lo respeto. Y esto no se lo ganó de gratis.
Si en algún momento de mi vida cruzó por mi mente alguna duda del poder de Dios, Ítalo la echó por tierra. Dios actúa en su vida con poder. Mi fe ha escalado montañas altas al ver todo lo que Dios es capaz de hacer por alguien y con alguien que ha sido desechado por el mundo y abandonado por sus seres más queridos.
He perdido el miedo a la soledad, a la lejanía, a la pobreza, al abandono de los míos.
Hace año y medio entré en las misiones y ahora trabajo para el Señor en un pequeño pueblo de este país, Venezuela. Estudio teología y tengo tantos proyectos en la obra del Señor.
Creo que él fue el instrumento de Dios para llevar a mi vida el impulso que yo necesitaba.
* NORELIS BRITO es misionera de la iglesia Bautista. Actualmente realiza labor pionera en la población de Santa Rosa a unos 20 kilómetros de la ciudad de Anaco.
PRÓLOGO
“¡Dios creó al mundo y luego…se fue de vacaciones… se olvidó de todo lo que hizo!”…
. . .Había lágrimas en sus ojos, y mientras hablaba…su mirada se perdía en el cielo azul de la ciudad de Caracas, más allá del imponente cerro Ávila.
Luego…un momento de silencio.
Traté de explicarle pero mis palabras no fueron suficientes ni acertadas. Yo mismo estaba en una situación muy difícil tratando de comprender lo que me había pasado. Estaba inmóvil en mi lecho mirando a Carolina*, una enfermera vestida de negro,
¿De negro?
Sí, de negro.
Tan gorda que la ropa casi no la podía contener, a tal punto que se le rompía encima.
Estando hospitalizado en el Centro Nacional de Rehabilitación, Caracas, Venezuela, conocí a Carolina una mujer robusta que mientras realizaba su trabajo se quejaba de la vida y aunque a veces un poco tosca con sus palabras, no faltaban en ellas compasión y tristeza. Entre tanto que ella me alimentaba llevando entre fuertes suspiros la cucharilla a mi boca y con el deseo expresado en su rostro por mi comida, conversábamos y entablamos amistad. Entonces me contó su historia…
Cuando joven hizo un curso de secretariado comercial, después comenzó a trabajar en una entidad bancaria y su deseo era seguir carrera en la misma, pero bien pronto la tragedia llegó a su vida. Un hermano suyo sufrió un accidente y quedó cuadripléjico, y ella, junto con sus familiares, se encargaron de su cuidado, luego estos le pidieron que lo llevara a vivir con ella y casi tan pronto que lo llevó a su casa su segundo hermano, por esas cosas extrañas que pensamos que nunca suceden, también quedó paralizado.
De igual forma fue llevado a su casa para que lo atendiera.
Finalmente, todos sus parientes se apartaron y la dejaron a ella sola con la responsabilidad económica y también con los cuidados de enfermería y aseo personal.
Decidió, entonces, retirarse de su trabajo en el banco donde había soñado hacer carrera y estudió enfermería para atender a sus hermanos que con el transcurso de los años perdieron la vista.
Sí, por más de veinte años Carolina se sacrificó por ellos. No se casó ni tuvo hijos. Solo arduo trabajo, dolor y desesperanza le acompañaban.
¿Vestía de negro?
Sí, de negro
Porque en el transcurso de esos días, sus hermanos, como poniéndose de acuerdo, habían fallecido.
¿Se fue Dios de vacaciones? ¿No se interesa en nosotros? ¿Por qué sufrimos?
El autor no pretende responder a las preguntas antes emitidas, porque considera que no le corresponde. No obstante, sabe que es común buscar la razón por la cual sufrimos y cuando la desgracia nos golpea queremos encontrar a quien echarle la culpa. Si miramos a los lados sin encontrar un qué o un quién, entonces, miramos hacia arriba y en tono desafiante culpamos al Creador.
Mediante un lenguaje que procura ser sencillo, el autor de este libro desea presentar su testimonio y los impactantes milagros que Dios hizo en él y como fue rescatado de la muerte, el abandono, la indigencia y la inutilidad y fue levantado a las alturas; de manera que ahora se considera ¡ÚTIL Y VICTORIOSO!
Se pretende por medio de este libro, evidenciar de manera clara lo que ocurre en Venezuela con muchas personas que pasan por el calvario de quedar minusválidas. Como la pérdida de valores se manifiesta en el desprecio de la vida humana y somos relegados como seres de segunda clase, a quienes hay que atender porque no queda más remedio.
Pero también quiere resaltar la labor de aquellas personas hermosas dispuestas a darse a si mismas y de forma desinteresada para ayudar al que tiene menos que ellas.
En el mismo orden de ideas, aspira concientizar a la sociedad, a los profesionales de la medicina para que manifiesten un mayor interés por aquellos que consideran que no vale la pena salvar y no apliquen con ligereza la eutanasia.
Finalmente quiere ayudar a la familia señalándole el camino a seguir cuando se encuentran en una situación tan difícil como lo es convivir y atender a sus seres queridos en estado de minusvalía.
Dejando de lado las formalidades quiero decirte a tí que sufres una discapacidad, que tienes un valor inmenso y sin importar cuan limitado estés, tú también puedes ser: ¡ÚTIL Y VICTORIOSO!
Te invito a seguir leyendo este libro, el cual estoy seguro que cambiará la percepción que tienes de la vida.
* Los nombres marcados con asterisco en su primera mención han sido cambiados para proteger la identidad de las personas.
Capítulo 1
NAZIS Y GITANOS
Escape providencial
Transcurría el año de 1912 y mientras millones de hombres se alistaban a morir en las putrefactas trincheras de toda Europa, nacía en Dellbrecht, Alemania un niño, hijo de italianos, a quién nombraron Edwald Livio.
Edwald creció entre las estrecheces propias de las consecuencias de la guerra y teniendo que forjarse su propio futuro aprendió varios idiomas europeos.
Siendo adulto, dicen, que se unió a Hitler y trabajó como informante durante la ocupación alemana en Polonia, denunciando a los enemigos del régimen, sacerdotes y judíos.
Estando en Italia mientras los aliados bombardeaban la ciudad donde se encontraba corrió como todos a un refugio anti bombas, pero se sintió incómodo en ese lugar y a pesar de lo cruento del bombardeo decidió salir y tan pronto como estuvo lo suficientemente lejos del lugar una de éstas cayó en el sitio matando a todos sus ocupantes.
Una pequeña decisión puede cambiar al mundo. Y ese hombre que escapó providencialmente de la bomba emigró a Venezuela después de acabada la guerra y se convirtió un exitoso hombre de negocios y además en mi padre.
La joven que huyó
Carlos, un hacendado del sur del lago de Maracaibo y María, una menuda marabina, se enamoraron y fruto de ese amor nació Lilia, una niña fuerte y robusta. Pero esta niña no gozaría por mucho tiempo de ese amor, pues, Carlos quién llegaría a ser mi abuelo, era casado y su esposa nunca le dio el divorcio. Entonces, mi abuela por las convicciones religiosas y las circunstancias de la época se casó con otro hombre.
Cuando Lilia creció fue molestada por su padrastro. Tuvo un accidente del cual ella jamás quiso contar y en el mismo perdió su brazo derecho, quedando marcada para toda la vida.
Como la vida se le había tornado insoportable decidió huir de su casa, pero… ¿Adónde ir?
Allá, como en 1935, un día muy caluroso y con el sol brindando su brillo en todo su esplendor, aunque casi todos los días son calurosos y brillantes en Maracaibo, se paseaba con su sombrilla de flecos y colores por los campos petroleros donde vivían los norteamericanos.
¡Entonces!…mientras andaba sin rumbo su mirada se posó sobre un grupo de jugadores de béisbol que a la sazón estaban en pleno partido y decidió acercarse al estadio.
Caminando por la cerca del jardín central sintió un fuerte… ¡Tras! ¡Buuum!
El bateador de turno había sacudido un sólido jonrón y yendo la pelota más allá de la cerca le pegó en su sombrilla e inmediatamente en la cabeza, de tal manera que cayó en el polvoriento suelo.
El día se le tornó negro y estaba aturdida con la cabeza como si le diera vueltas, pero de a poco se recuperó ante el bullicio de la gente quienes entre susto y premura, entre pociones de agua y resoplidos no sabían que hacer.
Esta vez dejó de preocuparse de sí misma cuando alzó su mirada y vio la bandera del circo que había llegado a la ciudad y de inmediato como si la pelota, cual un gran campanazo, hubiese sacudido todas sus neuronas tuvo lo que ella supuso era una gran idea…
Incorporándose y sin importarle cuanto le dolía la cabeza se alejó del lugar y se dirigió a la carpa del “Circo Gómez” y habló con el propietario quien la aceptó de inmediato para que trabajara con ellos.
¡Había encontrado la forma de huir de su casa!
Cuando el circo se fue, Lilia también desapareció.
Luego, mi futura madre se casó con el hijo del propietario del circo y llegó a ser la cantante estelar. Así pasó muchos años de su vida entre cantos, sollozos y embarazos. Tuvo catorce hijos, quienes a su vez se convirtieron en payasos, bailarinas, equilibristas y contorsionistas.
Como era de esperarse cada uno nació en un pueblo diferente, sin arraigo en ninguna parte, al igual que yo, tienen dificultad para responder a la pregunta: ¿De dónde eres?
Porque la patria del gitano es el mundo y las fronteras modernas no son más que molestias para ir a donde quieren. ¡A TODAS PARTES, A CUALQUIER PARTE, A NINGUNA PARTE! Su origen fue por siglos un misterio que ya ha sido develado. Con su propio idioma, el “Romanés”, su propia cultura, surgida del norte de la India se enriqueció a su paso por Persia, Mesopotamia, Palestina, la península ibérica y toda Europa. Los míos provienen de Hungría, después de pasar por España y Colombia. Sus relaciones sociales se realizan mayoritariamente en “La Compaña,” con sus propias leyes, sus problemas los resuelven por medio de la reunión de ancianos o jefes de clan a la que llaman “Kriss”. No se preocupan por el futuro y la “Diáspora Romaí” es la última la cigarra alegre de la tierra.
A pesar de recorrer por décadas toda Venezuela y Colombia, mi madre nunca más regresó a Maracaibo y todavía hoy setenta años después es recordada por la familia Villalobos Morales, quizás, la más numerosa del estado Zulia, como la prima que huyó y no regresó jamás.
Noé y el gran diluvio
Era la época de Pedro Infante y Jorge Negrete y las películas mejicanas causaban furor en toda Latinoamérica. La gente en Venezuela deseaba verlas pero solo había cines en las grandes ciudades, entonces el Sr. Gómez, con sentido de oportunidad, transformó el circo en cine ambulante y continuó recorriendo las polvorientas carreteras de la época buscando la mejor plaza para divertir a la gente.
En ese mismo tiempo la relación matrimonial de mi madre, se había deteriorado a tal punto que decidió separarse.
Poco después conoció a mi padre, quien era propietario de varias gasolineras en Caracas y Barlovento y padre de cinco hijos. Como producto de esa relación, mi madre quedó embarazada de mí.
Luego de pasado un tiempo, ella fue a visitar a sus doce hijos y estando con ellos le vinieron los dolores, y allí donde estaba, en una casa llena de gente y cuando las parteras a domicilio eran la norma se efectuó el trabajo de parto.
Las horas pasaron, se hizo de noche, llovía a torrentes y a la luz de velas y mechones vine al mundo.
A los pocos minutos de haber nacido escampó y el cielo se despejó, por eso, Violeta, mi hermana mayor, siempre me tomaba en sus brazos y alzándome con deseos de tocar la bóveda celeste decía:
_ ¡La noche que naciste brillaron las estrellas!
Las estrellas brillaron, pero San Francisco de Cara estaba entre dos ríos y ambos se desbordaron esa noche y antes de que amaneciera huyeron del pueblo conmigo en brazos a no se donde. Y del pueblo donde nací hasta ahora solo conozco su ubicación en el mapa. He escuchado que la población fue definitivamente evacuada y lo transformaron en una represa.
Pasado un tiempo, no se cuanto, mis hermanos maternos, encariñados conmigo me presentaron ante las autoridades; no se ni cuando ni donde, y me dieron el nombre de Enoé Gómez, convirtiéndome así en hijo de mi padrastro y de mi hermana mayor.
Mi madre que había vuelto a Caracas, a pedido de mi verdadero padre tuvo que buscarme para llevarme a su lado y luego fui presentado nuevamente en Chacao con el nombre de Italo Livio.
Mi padre murió cuando yo tenía diez años y solo muchos años después, pude entender cuanto este hecho afectó mi vida.
Volviendo con mis hermanos maternos, mi hermano menor Brando Walter y yo, tuvimos desavenencias con ellos; quienes en su celo por no ser hijos del mismo padre decían que éramos muy malos. Hoy en día puedo comprender un poco su actitud, pues, nosotros representábamos la razón por la cual nuestra madre los había dejado, además éramos hijos de un alemán y los nazis se ensañaron de una manera muy cruel contra judíos y gitanos matando a más de seis millones de unos y una cantidad enorme de otros. Por eso para los gitanos ser alemán significa ser malo y nosotros, para ellos, lo éramos. Sin embargo, cuando maduramos todos, la relación se hizo menos tensa.
Mi juventud
No supe que las letras existían hasta el día que fui a la escuela por primera vez a los siete años, pero me pareció que ya las conocía todas. Desde ese momento los libros fueron mis compañeros y mi madre me apodó: “Libro”.
El 29 de marzo de 1975, a la edad de catorce años fui bautizado por inmersión. Tomando a esa edad una de las decisiones más importantes de mi vida.
Al poco tiempo realicé mi primer trabajo vendiendo libros y reuní los recursos para matricularme en el Instituto Vocacional de Venezuela, ubicado en Nirgua, estado Yaracuy. Hice allí mi bachillerato y me formé como técnico en artes gráficas trabajando en la imprenta para pagar mis estudios. (Este colegio es reconocido como uno de los mejores del país).
En el orden académico, siempre fui un estudiante excelente y continuamente me mantuve en el cuadro de honor. Carente de recursos económicos, estaba consciente que mi estadía en el colegio dependía de mis esfuerzos y traté de aprovechar al máximo todo lo que se me podía brindar. Mientras los otros estudiantes hacían deporte yo trabajaba y mientras ellos jugaban me ocupaba en mis deberes escolares.
En varias ocasiones fui nombrado director de la Escuela Sabática, director de la Sociedad de Jóvenes, director misionero, diácono y mis compañeros me distinguieron nombrándome presidente de la clase de graduandos. Hice allí grandes amigos para toda la vida.
Después me gradué como técnico en refrigeración, aire acondicionado y electricidad, actividad que ejercí por cerca de dieciocho años y paralelo a esto, realicé estudios de teología, gerencia y desarrollo empresarial y estaba estudiando arquitectura cuando llegó el infortunado día.
Laboralmente desarrollé mi propia empresa de servicios y efectué contratos de servicio en garantía de fábrica con casi todas las marcas de electrodomésticos existentes en Venezuela.
Después de años de servicio me había transformado en un experto y empecé a sentirme satisfecho cuando me di cuenta que prácticamente ya no cometía errores y conociendo todos los pormenores del negocio, mis clientes habían comenzado a sentirse siempre satisfechos. Queriendo siempre, como muchos, hacer algo diferente en la vida, sentía que había encontrado mi destino y decidí convertirme en el mejor en esa área, ya no por saberlas todas sino porque sería honesto a carta cabal con todos.
Pero este libro no es una autobiografía, sino que he querido hacer un esbozo de mi vida para que nos identifiquemos mejor.
En los próximos capítulos relataré acerca del episodio que dio un vuelco a mi vida y es el que da forma a esta obra.
Capítulo 2
VIAJE INESPERADO
La Sultana del Guarapiche
Mi residencia estaba en Maturín, una bella ciudad al oriente del país, bulliciosa y tranquila a la vez, capital del estado Monagas, tiene un clima agradable, casi todos los días sale el sol y casi todos los días llueve por lo que es una tragedia para los talleres de latonería y pintura. El imponente río Guarapiche lame sus fronteras, con montañas al norte que la protegen, se encuentra rodeada de sabanas siempre verdes, que se adornan con maizales, torres petroleras y gran cantidad de ganado gordo que asemeja grandes rocas tachonando los pastizales.
Se dice que Maturín es la ciudad de las mujeres porque cuando uno sale a la calle ve muchas de ellas, pero lo cierto es que cuando los hombres están en las haciendas, en los pozos petroleros o descansando de su ardoroso trabajo, ellas están de compras o realizando labores propias de su feminidad.
Cuando llegué como forastero, me enamoré de Maturín a primera vista, la adopté como mi ciudad y ella me adoptó como hijo, desde entonces, La Sultana del Guarapiche se convirtió en mi añoranza.
Viaje inesperado
Era el 28 de abril de 1999 y el sol brillaba como nunca, esplendoroso llenaba de alegría todos los rincones y como dice el salmo 19, nada había que se escondiese de su calor.
Me levanté ese día, hice mi rutina, llevé a Dana Victoria, mi hija de nueve años, a la escuela y me dirigí a realizar mi trabajo al otro lado de la ciudad.
Era un día bonito aquel, y me sentía contento porque a pesar de los problemas familiares había una sonrisa en el ambiente y no había tenido contratiempos con el trabajo. De pronto, a las once de la mañana recibí una llamada… Tomé mi celular y me dispuse a contestar,
_ ¡Aló, buenos días, Friotecnia a la orden!
_ Vida, soy yo, _ así me llamaba Josefina*, mi esposa _ “Madre” viene y quiere que la lleve a Alborada para conocer el colegio y hablar con el profesor Bonilla para internar a mi sobrino Ricardo* porque tiene problemas con él.
_Cuando llegue, llámame para acompañarte _le contesté.
_No, no _ me replicó _ viene mucha gente.
_ ¿Te acuerdas dónde queda? _ le pregunté, como insistiendo.
_No muy bien, pero lograré llegar _ me dijo.
_ Entonces, cuando llegue tu mamá avísame para llevarlos_ así di por terminada la conversación.
Alborada queda exactamente en el límite del estado Monagas con el estado Sucre. En una ocasión, de visita en el lugar, abrí mis piernas y levantando los brazos de forma jocosa dije:
Tropezón, ese es el nombre del caserío, es un lugar bonito y muy fresco ubicado a la orilla de la carretera que atraviesa las montañas, siempre llueve y siempre está verde. Por esa razón escogieron ese lugar para establecer una escuela vocacional con orientación cristiana, apartada de la influencia malsana de las ciudades.
Yo sabía que el viaje era peligroso porque casi toda la carretera está llena de curvas y precipicios y mi esposa tenía problemas con la vista, pues, se había sometido a una operación para corregirse la miopía, y como consecuencia de la misma los reflejos de la luz la encandilaban y para protegerla, en cuanto era posible, no la dejaba conducir de noche. Además conocía la carretera mejor que todos.
Por otro lado, era un excelente conductor, nunca había tenido un accidente en carretera. (En Venezuela un excelente conductor es aquel que puede maniobrar muy bien el volante y esquivar a los otros vehículos).
Llegada la tarde, mi esposa me llamó nuevamente para decirme que ya había venido su madre.
_Espérame que voy enseguida _ le contesté.
Me dirigí de inmediato al apartamento donde vivíamos, allí estaban mi esposa, mi suegra y mis cuñados esperándome para salir. Así que después de saludarles me acicalé con la premura del caso.
Cuando salí ya estaban en el vehículo esperándome. Me adentré en el auto, cerré la portezuela y poniendo mis manos en el volante elevé una oración pidiendo protección.
Había mucha premura en salir, pues, eran las cinco de la tarde y nos esperaban trescientos kilómetros de carretera de ida y vuelta. Mi suegra, una mujer muy activa y siempre ocupada que al parecer nunca toma tiempo para el descanso o la recreación, deseaba regresar de inmediato para hacer el viaje de regreso a su ciudad ubicada a ciento setenta kilómetros de distancia tan pronto como llegásemos de este otro viaje.
Antes de salir de la ciudad, hice una sugerencia,
_ ¿Porqué no visitamos a Samuel Bonilla? Él nos podría indicar donde se encuentra su hermano porque el profesor viaja con frecuencia para Maturín.
_No podemos perder tiempo – me respondieron, mostrando su desacuerdo.
Así que me enfilé hacia las montañas y luego de hora y media, después sortear muchas curvas, llegamos sin contratiempos cuando se ponía el sol.
Para sorpresa nuestra, la persona solicitada se encontraba en Maturín, sin embargo, su esposa nos dio la información requerida.
Realmente, yo había planificado un viaje para los próximos días para el lugar porque mi hijo Ítalo Jesús había ingresado a la institución y estaba interesado en ajustar cuentas con la administración, pero por nuestro apuro utilicé parte del tiempo para saludarle y conversar con él.
Siendo la hora de la reunión nos quedamos unos minutos para disfrutar de ella. Nos despedimos y nos pusimos en marcha.
Capítulo 3
ALABANZAS EN MEDIO DE LA TRAGEDIA
Era de noche cuando salimos de regreso. Yo solía disfrutar del paisaje mientras manejaba, pero manejar de noche es otra cosa. Manejar en la noche se convierte en un mero cumplimiento del deber y esa era una noche particularmente oscura.
Al llegar a la ciudad de San Antonio de Maturín nos detuvimos y entramos a una panadería y compramos algo ligero para comer.
¡Esa fue la última vez que hice una caminata y que pude llevar algo por mi mismo a la boca!
Nos montamos en el vehículo y seguimos nuestro camino, pero… ¡olvidé ponerme el cinturón de seguridad!
Y mientras avanzábamos a través de las curvas sosteníamos una animada conversación en la que de forma inusual mantenía el control porque les explicaba el conocimiento que había adquirido en Las Escrituras acerca de la muerte y el estado de los muertos. ¡No sabía que en minutos me encontraría con la muerte!
Pasamos la ciudad de Aragua de Maturín y los silencios en la conversación se fueron haciendo cada vez más largos.
Mi esposa me advirtió un par de veces que bajase la velocidad, luego me pidió el vehículo y contrario a su costumbre se abrochó el cinturón de seguridad, luego me reclamó con aires de celos,
_ ¿Por qué te quedas tan pensativo? ¿En quién estás pensando?
Preguntas a la que no contesté.
¡Ya estaba listo!, una camioneta Jeep Cherokee último modelo con su aire acondicionado brindando falsa seguridad, una carretera estrecha llena de curvas, la penumbra de la noche, el deseo de llegar pronto, un cuerpo y una mente cansados del arduo trabajo de todo un día y horas sentado frente a un volante fabricaron el nefasto cóctel para un accidente automovilístico.
De pronto escuché gritar a mi suegra,
_ ¡La Santísima Trinidad!
E inmediatamente escuché el grito de mi esposa,
_ ¡Dios mío!
Sorprendido solo vi luces y me aferré al volante tan duro como pude y esperando lo inevitable comencé a orar pero en esas fracciones de segundo solo pude decir mentalmente,
_ ¡Señor salva a mi esposa!...
Los demás fueron pensamientos inexpresados, no los dije pero estuvieron allí.
Mientras, me extinguía lentamente como lo hace un bombillo cuando es apagado por un reóstato. No sentí dolor, aunque nunca pensé morir, creí que estaba muriendo y me dije, _ ¡Morir no es tan malo, no duele!
Así sentí introducirme en un hoyo profundo y oscuro cual antes nunca había visto.
No se cuanto tiempo pasó, pero abrí los ojos, vi la luz del vehículo que se mantenía encendida y sentí un fuerte olor a gasolina, temiendo lo peor miré el asiento del pasajero y estaba vacío. Sentí dolor en el cuello y supe enseguida que me había fracturado la columna cervical, pues, intenté moverme y no pude hacerlo.
Escuché varias veces mi nombre,
_ ¡Italo!... ¡Italo!
Era Josefina quien junto con los otros después de reconocerse con los demás me estaba buscando.
_ ¡Aquí estoy! _ Les respondí _ ¡Creo que me rompí el cuello!
Entonces mi cuñado, temiendo que la camioneta ardiera en fuego, se metió en el vehículo que estaba volcado con los neumáticos hacia arriba a la orilla de la carretera y me haló por los hombros.
Entre tanto detuvieron una vieja camioneta blanca conducida por un hombre mayor y me sentaron al lado del conductor. Todo mi cuerpo había quedado fláccido y podía ver de vez en cuando mis brazos inertes.
Mi primera pregunta fue:
_ ¿Cómo están los demás?
_Todos están a salvo _ me contestó mi esposa con la franqueza que la caracteriza.
Solo estaban aporreados y mi sobrino y nuestra niña de nueve años que estaban durmiendo salieron despedidos rodando como trompos cuando la portezuela trasera se abrió. El niño se raspó el rostro con el asfalto quedando parado peligrosamente en mitad de la carretera y mi niña se había fracturado levemente una clavícula.
Entonces, sabiendo que mi futuro era incierto, mis labios se abrieron y prorrumpiendo en alabanzas dije:
_ ¡Señor, tu eres bueno! ¡Te agradezco porque toda mi familia está a salvo! ¡Te agradezco porque soy el único que sufrí una lesión seria! _ Y de verdad no me importaba haber muerto si los demás estaban a salvo.
Días atrás había analizado cuan efímera es la vida del hombre y el proceso por el cual pasamos.
“¿Qué hombre vivirá y no verá muerte? ¿Librará su vida del poder del seol?” (Salmo 89: 48).
Había tomado conciencia de que a todos nos toca la fatalidad, tarde o temprano, pero a todos nos llega. Y… a mi me había llegado. Como lo dice Qohélet:
“Porque el tiempo y la mala suerte alcanzan a todos.
El hombre no conoce su hora:
Como los peces son apresados en la red fatal
Y como los pájaros que se enredan en el lazo,
Así los hombres se dejan enredar por el infortunio
Cuando de Improviso cae sobre ellos”. (Eclesiastés 9: 11 – 12)
¡Te alabo Padre!, ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Gloria! ¡Te bendigo Señor!
Estaba frente a la eternidad y no podía hacer otra cosa.
“Me rodearon ligaduras de muerte,…
… Ligaduras del seol me rodearon, me tendieron lazos de muerte.
En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios.
El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos…
Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca.
En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán.
Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos a una su nombre.
Busqué a Jehová, y el me oyó, y me libró de todos mis temores.
Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.
Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias.
El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.
Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él”.
(Escogido Salmos 18 y 34)
Capítulo 4
ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE
Estaba agitado y no cesaba de hablar; pedí perdón porque mi descuido había provocado el accidente, sabiendo que haría falta dinero le di a mi esposa la lista de las cuentas por cobrar y le dije:
_Si muero vuelve a casarte.
_Tu me has dado todo lo que un hombre puede dar a una mujer_ me respondió.
Al llegar a la medicatura de Aragua de Maturín, me bajaron de la camioneta pick up y la médico residente me limpió los vidrios de mi ojo izquierdo, también me suturó la oreja derecha entre mis recomendaciones de que eso no era necesario.
De inmediato llegó la ambulancia para trasladarme a la clínica. El ejecutivo regional había establecido una red de ambulancias con un servicio excelente y tan pronto como pudieron me tuvieron en la sala de rayos x de la clínica “Divino Niño” de Maturín.
Consciente en todo tiempo pude observar mis vértebras rotas, sí, rotas, tal como se parte un palo de escoba, se podía ver el compromiso medular, es decir, la médula espinal aplastada.
Mi esposa, quien laboraba en ese centro como médico traumatólogo ortopedista sabiendo lo grave del caso habló con su colega y me enviaron a otro centro para efectuar una tomografía…
No perdí el conocimiento pero todos mis recuerdos de lo que ocurrió a continuación quedaron en el olvido…
Ingreso al hospital
Todo era confusión y caos, mientras me trasladaban al Hospital Central “Manuel Núñez Tovar”, sin reponerse aun del accidente todos trataban de hacer algo para ayudar.
Entre tanto, buscaron a mi hija Adly Verónica quien me acompañó toda la noche, viendo con angustia la condición de su padre, con llanto contenido en su garganta escuchaba las incoherencias que le decía.
A la mañana siguiente, me introdujeron a la sala de terapia intensiva, mientras me preparaban para intervenirme quirúrgicamente. Me colocaron en una cama de Striker e introduciéndome tornillos en la cabeza me pusieron bajo tracción.
Comenzaron a surgir inconvenientes, pues no podía respirar y la tensión sanguínea comenzaba a caer.
El médico a cargo había ya decidido no operarme y le dijo a mi hermano Brando que había llegado de Punto Fijo al otro lado del país:
_Tu hermano no se puede intervenir porque no va a resistir la operación, no creemos que resista un día más. Así que la mejor recomendación es que se preparen para lo peor y hagan los preparativos para el entierro.
Me cuentan que mi hermano afligido, sumamente angustiado e impotente ante la situación golpeaba su cabeza contra la pared.
Pero me casé con una mujer que no se amedrenta tan fácilmente.
Se requería una “Placa de Orión” con cuatro tonillos para fijarme las vértebras y ella hizo la diligencia para traerla de Caracas junto con un grupo de especialistas.
La junta médica reiteró que era inútil intervenirme. Luego de discutir un rato, los colegas le dijeron:
_Vamos a esperar unos días para ver como evoluciona.
A lo que respondió sin preámbulos con esa seguridad que la caracteriza,
_Si es de Dios que muera, morirá pero sino, vivirá. Así que intervengámoslo de inmediato.
Facultada para ella misma operarme, sus colegas le permitieron entrar al quirófano, mas no actuar debido a la ética profesional.
… ¡Había ocurrido lo inesperado!
La operación había sido un éxito y allí estaba de nuevo en la sala de terapia intensiva, conectado al respirador, pero continuaba con vida. Nadie quería que muriese pero se prolongaba la agonía.
Pasaron los días, sanaron las heridas pero yo no respondía. Dependía del respirador y mi tensión normal era de 3/6 y continuamente tenían que expandirme inyectándome una botella de suero tras otra. Una y otra vez me encontraba abriendo los ojos rodeado de todo el personal de la unidad y al médico jefe exclamando:
_ ¡Pónganle la solución a chorros que se nos va! ¡A chorros! ¡A chorros!
No me faltaron visitas y los médicos el personal de enfermería estaba gratamente impresionado observando como tanta gente solicitaba verme, dispuestos a prestar toda su ayuda, pero las visitas en ese lugar son muy restringidas.
Muchos no pudieron entrar a verme, sin embargo la iglesia se organizó para que siempre hubiese alguien en la sala de espera para cualquier imprevisto.
Debo mencionar de una forma muy especial a Magali de Guillén quien me tomó especial aprecio a pesar que no la había conocido antes, se esforzó como si fuese yo su hijo.
Me habría gustado ver a mi madre y pregunté por ella, pero estaba muy delicada del corazón y mis hermanos, temiendo por su vida, no se atrevieron a contarle de mi situación hasta el día de su muerte varios meses después.
Mi esposa se las arregló para entrar a cualquier hora y pasábamos horas tratando de comunicarnos. Dana mi hija menor a menudo la acompañaba y siento no haberle prestado la atención que se merecía porque estábamos ocupados, como siempre lo están los adultos, hablando de cosas “más importantes”.
Mi hija Alejandra hizo una tablilla con letras y un SI y un NO y cuando me señalaban las letras hacía señas, lo que nos resultó muy útil. Realmente no recuerdo de quien fue la idea, si de ella o mía.
Al pasar los días me practicaron una traqueotomía para que la entubación no me dañara las cuerdas vocales.
Pronto, en vista de que no respondía, los intensivistas solicitaron permiso para desconectarme, pero mi esposa profirió un rotundo no.
Después de pasado el mes, solicitaron nuevamente autorización para ser desconectado. Pero ella les amenazó con formar un escándalo por la prensa y demandarlos legalmente si lo hacían. Le pidieron, entonces, que comprase un respirador para que me llevase de vuelta a casa. El cual no se podía comprar por ser muy costoso.
Llegó el día cincuenta y seis y llamándola nuevamente le dijeron:
_Sabemos que su esposo no volverá a respirar, así que a pesar de que su tensión se ha estabilizado un poco, hoy lo vamos a desconectar definitivamente. Hemos hecho lo que nos correspondía hacer y no lo podemos mantener aquí para siempre.
No se cuan desconsoladoras fueron esas palabras para ella, ni para mis hijos, ni para mis amigos que siempre habían estado allí dispuestos a colaborar en todo lo que pudieran.
Perteneciente a una comunidad cristiana sabía que todos estaban angustiados y estaban ofreciendo sus oraciones por mí.
Sin saber lo que los médicos habían decidido pude observar como, con mucho tacto y cariño, la doctora se me acercó para cumplir la orden.
Me dijo unas palabras, quizás porque lo hacía contra su voluntad. Había ganado amigos en ese lugar y me habían apodado “Flipper” por mi forma particular de llamar.
Como en un último intento, retiró suavemente la manguera que me conectaba a la vida y me dijo:
_ ¡Trata de respirar!
Asustado intenté insuflar mis pulmones y con mucha dificultad empezó a entrar aire de forma muy penosa.
¡Otra vez había ocurrido lo inesperado! Allí estaba yo, indefenso, frente a la eternidad y sobreponiéndome a la ciencia experimenté el poder de Dios. ¡Podía respirar por mi mismo!
¡Se había evitado lo que vendría después! ¡La eutanasia!
Respiraba con mucha dificultad y las horas se me hicieron largas. Al día siguiente estaba alojado en una habitación del 5to. Piso y conectado a una “T” de aire que me suministraba oxigeno puro.
Capítulo 5
LAS MANOS DE DIOS
La casa de la muerte, la casa de la vida.
Sacudía la cabeza con frenesí, me faltaba aire y quería respirar.
La enfermera se levantó de su asiento y corriendo se acercó a tranquilizarme, aumentó el ritmo del respirador entonces regresó la calma.
Me dicen que estuve consciente todo el tiempo, pero ese es el primer acto consciente que recuerdo. Ya no estaba en la cama de Striker. Realmente no me habría enterado sino me lo cuentan.
Mi hija Milagros vino a visitarme pero mi subconsciente me recordaba la difícil relación que habíamos llevado y sintiendo un cariño especial por ella, su presencia me producía taquicardia y los médicos le prohibieron visitarme.
Cuando recobré la conciencia empecé a mirar alrededor el ambiente pulcro y lleno del sonido de los monitores de la sala de terapia. Tenía mangueras conectadas por doquier y como diez bolsas de suero que pendían de un par de parales adornaban mi cama.
Pude observar como entraban las personas con vida y salían cadáveres. ¡Estaba en la casa de la muerte!
Especialmente notorio fue el caso de una niña indígena que había sido picada por una raya. Recuerdo todavía a su madre pasar con mucha tristeza a su cama y observarla sin decir palabra alguna, todo el tiempo que le permitieran.
Como la niña no respondía al tratamiento, los médicos aprovecharon la oportunidad cuando la señora viajó a su aldea, la sacaron de la unidad de terapia y la confinaron en una habitación con el letrero “SE PROHIBEN LAS VISITAS” hasta que la niña falleció. Escuché a los médicos lamentarse porque necesitaban la cama para otro paciente con mejor pronóstico.
Esta parece ser una actitud cruel, pero en Venezuela como en toda Latinoamérica escasean los recursos y el hospital central de Maturín cuenta solo con cuatro camas en la sala de cuidados intensivos para atender a una población de casi un millón de habitantes pertenecientes al estado Monagas y a varios estados circunvecinos, por lo que los médicos tienen que desempeñar la penosa labor de decidir quien vive y quien no, de acuerdo con el pronóstico favorable o desfavorable del paciente, según la disponibilidad de camas.
Entendí lo grave de mi situación, no quería estar allí, pero supe que ese era el lugar más seguro del mundo para mí, en esos momentos y que estar allí significaba que no podría vivir en otro lugar. ¡Estaba en la casa de la vida!
Perdía peso cada día pues solo recibía alimentación intravenosa y líquida por una sonda nasofaríngea.
Me atacó una severa neumonía muy difícil de curar por lo que utilizaban costosos antibióticos de última generación para contrarrestarla.
Entre tanto, cuando mis pulmones se llenaban de líquido me los succionaban con una sonda, algo que me causaba mucho malestar. Veía además la solución sanguinolenta que fluía de mi interior.
Las manos de Dios
Después que volví en mí, no pude volver a dormir, sabiendo que mi vida pendía de un hilo comencé a implorar.
Día y noche queriendo estar bien con Dios, oraba y oraba, repasé toda mi vida, punto por punto y cuando me encontraba con algún hecho incorrecto pedía perdón y así continué como por cinco días. Jamás había orado tanto en toda mi vida.
Nunca pensé, con anterioridad, que una persona pudiese pasar tanto tiempo haciéndolo. También pude recapacitar sobre mis malas decisiones y como habían afectado mi vida.
Cuando llegué al día de hoy, es decir de ese momento, me sentí libre con una paz que jamás había experimentado.
Por extraño que parezca, ni antes ni después he sentido miedo. He buscado una respuesta a este fenómeno y he llegado a la conclusión de que se debe a mi comprensión de Las Escrituras por las que entiendo que Dios siempre tiene el control de nuestras vidas.
Hice un pacto con Dios diciéndole que siempre diría la verdad no importando cuanto me perjudicara. Hoy años después he podido notar que este pacto me ha traído muchos beneficios, y en las ocasiones en las cuales he salido perjudicado por decir la verdad, Dios ha redundado en sus bendiciones para conmigo. Desde esa ocasión cuando se presenta una situación comprometedora guardo silencio o digo francamente que no quiero opinar sobre el tema, pero jamás miento.
Otro punto que todavía me causa asombro es que jamás le pedí a Dios que salvara mi vida, no, mi oración fue “SEÑOR HAZME ÚTIL”.
Después que me tomaran la radiografía en la Clínica Divino Niño, solo recordaba vagamente cuando me introducían en el tomógrafo y a una persona a quien supuse mi esposa que me rapaba la cabeza. Pero hubo otra cosa que si recordaba con toda claridad y me ha dado seguridad hasta el día de hoy: Veía yo unas manos hermosas, manos límpidas, que pertenecían a alguien que vestía túnica blanca, estaban rodeadas de una luz maravillosa y se extendía hacia mí. No sentía que me dijeran ven, sino, aquí estoy yo.
No vi más, pero esa visión me hizo estar seguro y tomé una determinación: Me pondría en las manos de Dios y me dejaría llevar por él como una pluma por el viento. Yo no vi de quien eran esas manos, pero lo cierto es que me han confortado hasta el día de hoy. Por eso digo que eran las Manos de Dios.
Recordé la promesa bíblica:
“¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí en las palmas te tengo esculpido…” (Isaías 49:15,16).
Ángel de misericordia
A pesar de profesar el cristianismo por muchos años, dudaba del poder de Dios, quizás porque en la iglesia a donde pertenecía se cuestionaba a todo aquel que dijese haber experimentado un sueño, una visión o un milagro.
Ahora sentía que este hombre creyente e incrédulo a la vez había entrado en la presencia del Señor. Pude experimentar que Dios se manifiesta en circunstancias muy especiales para confortar y guiar a sus hijos. Lo hace para decirnos que él siempre está presente, y cuando el mundo se pone oscuro él nos muestra su luz.
Ron Heagy, quién también quedó cuadripléjico tras un accidente en una tabla de surf en Huntington Beach en el sur California, nos cuenta en su libro “Actitud ante la Vida” lo siguiente:
“En un instante, se cerró la puerta y la ambulancia salió haciendo sonar la sirena. Mike, asustado y perplejo, quedó solo en el risco, a miles de kilómetros de casa, sin dinero y sin poder llamar a nadie para pedir ayuda.
Hasta el día de hoy, diecisiete años después, a Mike le cuesta describir lo que pasó después. Es más no le gusta pensar en ello porque el recuerdo es demasiado doloroso.
Devastado con la idea de perder a su hermano y sintiéndose abandonado, le llevó un buen rato poder moverse. Se acuerda que volvió a la playa donde menos de una hora antes estaba tendido en la arena. _ Seguramente que la llave del VW está en el bolsillo de su pantalón vaquero pensó. ¿Pero de qué me sirve? No puedo manejar sin licencia y ni sé como llegar a la casa de Annette.
Dio un vistazo a la playa. Estaba casi desierta. Solamente había gaviotas y zancudos para hacerle compañía. Impulsivamente, Mike se tendió en la toalla, metió la cabeza entre sus brazos y empezó a llorar
No lloré tan fuerte como para que me pudiesen oír_ recuerda_ pero era profundo. Me sentía muy perdido, muy solo y no sabía qué hacer. Más que nada, quería estar con Ronnie, pero ni siquiera sabía dónde lo habían llevado. No tenía la menor idea de qué hacer, así que me tendí allí y lloré.
El tiempo pasó lentamente, pero al rato, Mike escuchó la voz de una mujer y él levantó la cabeza. Era una señora mayor con un enorme sombrero de paja y un vestido de colores brillantes.
Esta bien, Mike _ le dijo sonriendo _ todo va a estar bien. Ronnie está herido pero no se va a morir.
A Mike no se le ocurrió preguntarle como sabía su nombre.
Debes estar agotado. ¿Por qué no vienes a mi casa? _ le preguntó, señalando una casa en el risco_. Te daré unas galletitas y una limonada. Te sentirás mejor.
Como todos los padres, los nuestros nos habían enseñado a no hablar con extraños, no ir a la casa de alguien a quien no conociéramos y, sobre todo, no subir al auto de ningún desconocido. Pero Mike dijo:
_Nunca me dio la sensación que fuera una extraña. Conocía nuestros nombres.
Mike no se acuerda como era la casa de la señora; lo que si recuerda es que se sentó a la mesa con ella y le sirvió las galletitas y la limonada que le había ofrecido sin dejar de hablarle en tono consolador.
Ronnie se rompió el cuello_ le informó_. Va a quedar paralítico pero no se va a morir. Va a vivir y tú lo verás, Mike. Dios se va a glorificar en la vida de Ronnie.
Mike no sabe cuanto tiempo estuvo sentado a la mesa de la señora. Lo único que sabe es que un tiempo después volvió a bajar los escalones a la playa sintiéndose reconfortado. Un sentimiento de paz se había sobrepuesto a su ansiedad…
Nunca supimos quien protegió a Mike aquel día. Algunos nos insisten en que fue un sueño. Pero a Mike no le preocupan las teorías acerca de la identidad de la señora. El la llama simplemente ‘el ángel’ ”. (Actitud ante la vida Pág. 44)
Capítulo 6
ENFRENTANDO MI NUEVA REALIDAD
Solidaridad humana
Estuve hospitalizado cerca de treinta días en el 5to. Piso del Hospital “Manuel Núñez Tovar”. Empecé a comer con mucho temor porque los médicos me habían advertido que como había perdido la capacidad para toser si me atoraba iba a tener muchos problemas.
Debido a que la comida del hospital consistía básicamente en un trozo de pollo horneado a mediodía y por las tardes. Mis amigos se comprometieron a traerme los alimentos. María Bautista preparó una dieta muy especial para reestablecerme y a pesar de sus muchas actividades tomaba tiempo para traérmela y ella misma dármela en la boca. Con ella y otros amigos compartí mi infortunio y muchas veces lloramos juntos. Cuando vienen a mi mente esos acontecimientos, me embarga un sentimiento de gratitud que no me es posible describir.
Apenas comenzaba a conocer mi cuerpo en mi nueva situación, me pasaban cosas extrañas que no entendía. Cuando dormitaba sentía de repente que me halaban el brazo derecho y cuando abría los ojos no había nadie. Con el tiempo aprendí que se trataba de espasmos los cuales eran cada vez más frecuentes y fuertes.
Debido a que pasé mucho tiempo sin comer perdí cerca de veinte kilos y mi gusto por los alimentos cambió de tal manera que los sabores me parecían más fuertes.
Me di cuenta que era incapaz de realizar cualquier tarea, por sencilla que fuese. Tenían que asearme, cambiarme la ropa de cama, darme el alimento en la boca y si algún insecto se acercaba o me picaba tenía que esperar o dar muchas explicaciones para una actividad tan sencilla que por lo general la hacemos de forma inconsciente y automática.
Como solo podía mover mi cuello, repetía muchas veces que me había convertido en un busto como esos que adornan las plazas donde solo se ve los hombros y la cabezas de los próceres patrios. De una vida independiente había pasado a otra de dependencia total.
Empecé a sentir sensaciones que me eran desconocidas y todo esto me mantenía ocupado casi de manera permanente.
Desarrollé un gran deseo de estar acompañado y continuamente miraba la puerta de la habitación esperando siempre ver entrar a alguien. Sin embargo llovieron las visitas y siempre estuve muy bien acompañado. El licenciado Enoch Piedra, un misionero mejicano, estuvo muy pendiente de mi situación, cantante profesional, me brindó un concierto, me alentó y me ayudó en muchos aspectos. Quienes me visitaban y estaban pendientes no eran mis familiares, sino mis amigos y los miembros de la iglesia; había pasado la novedad del caso y mis hermanos me visitaron muy de vez en cuando, mi esposa siempre estaba ocupada y por eso continuamente la excusaba, a mi suegra no la volví a ver sino años después, ni a mis cuñados a quienes había llamado “mi familia”, a algunos de ellos no los he vuelto a ver hasta el día de hoy.
Josefina* caminó una senda que pienso no debió andar porque me culpaba por lo que había pasado y empezó a sentir que era el responsable de su desgracia y esta circunstancia se interponía entre ella y sus deseos de escalar posiciones en su carrera y en la vida. Se mantuvo permanentemente buscando a alguien para que se responsabilizara de mí, utilizó muchas frases que me zaherían y que considero prudente no escribirlas en estas páginas.
Solo mi hija Verónica se mantuvo a mi lado, estaba terminando el bachillerato y estuvo a punto de dejar sus estudios, pero sus profesores y compañeros le alentaron y la ayudaron para que se pudiese graduar. El instituto canceló la deuda de su colegiatura y con lágrimas y angustia recibió en esos días su título como bachiller en ciencias.
Debido a las circunstancias especiales la institución universitaria donde yo había estudiado años antes le otorgó un cupo como estudiante trabajadora, el cual no pudo aprovechar porque era imperativo que me acompañase al nuevo lugar a donde me tocaría ir.
Lamento cuando mi esposa en uno de esos momentos de rabia le dijo a mi hija:
_Te vas por tu cuenta, allá en Caracas verás como te las arreglas.
Pero también recuerdo a Frigidaire, una joven estudiante de pedagogía que pasó muchas noches de una forma altruista, durmiendo en el piso de mi habitación para cuidarme y se despidió de mí con lágrimas en su rostro. Personas como ella, me han confortado desde entonces y me hacen saber que todavía hay amor en el mundo.
En el Centro Nacional de Rehabilitación
Un vecino nuestro tiene un amigo médico que trabajaba en el Centro Nacional de Rehabilitación ubicado en Caracas, la capital de la república. Sabiendo de mi situación, mi esposa habló con él y encontró un cupo de cortesía para mí en dicho centro ya que el mismo es utilizado de manera exclusiva por los que tienen seguro social y yo carecía de ese servicio. (En Venezuela pocas personas tienen seguro social).
Una de mis clientes que trabajaba en la empresa petrolera (PDVSA) consiguió con sus compañeros de trabajo un succionador, del cual dependía mi vida y tres boletos de avión para la capital.
De mañana muy temprano salimos y llegamos sin más novedad que la incomodidad de cargar un cuerpo inerte de la ambulancia al avión y del avión a otra ambulancia. Josefina fue muy diligente para hacer todos los preparativos necesarios para el viaje y mi ingreso al centro.
A pesar de la contaminación, se sentía agradable el clima fresco y suave de Caracas, una ciudad donde siempre es primavera. Aunque sabía que mi caso es por lo general definitivo, guardábamos una leve esperanza porque mi médula no estaba rota, sino que había sufrido un aplastamiento y la médica especialista cuando me examinó también dijo que había alguna posibilidad de volver a caminar.
De inmediato, después del reconocimiento médico fui llevado al salón de terapia, no pude contener el llanto al ver a aquel grupo de personas en sillas de ruedas, rodando sobre una colchoneta gigante o tratando de caminar, guindados de unas cuerdas. Sentí que luchaban contra lo imposible.
Mientras trataba de contener el llanto, una dama que obviamente era una de las terapeutas pidió que me acercaran a ella, fue muy amable conmigo y de inmediato supe que era una persona muy especial.
_Me llamo Cecilia _ me dijo_ pero todos me dicen Paloma.
A la tarde ya estaba instalado en mi habitación, en el 5to. Piso. Mi hija me acompañaba y esa también sería su habitación, sin cama, sin closet, sin alimentos y sin baño para ella. Tendría que acomodarse como pudiese.
No teníamos recursos, pues ya se habían consumido todos. Haciendo honor a la verdad, creo que en este percance he consumido más recursos que los que pude ganar en toda mi vida.
Esto me ha enseñado que la vida no tiene precio y que por eso, el mismo Señor Jesús, puso su vida por la mía.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha enviado a su hijo unigénito, para que todo aquel que crea en él no se pierda, sino tenga vida eterna”. (Juan 3: 16)
Capítulo 7
LUCHANDO SIN AVANZAR
Arreglándoselas como se pueda
Estaba más preocupado por mi hija Adly Verónica que por mí. Desde la primera noche durmió sobre una cama playera muy incomoda. Yo no dormía y la llamaba con mucha frecuencia, además, las enfermeras entraban cada tres horas a la habitación para cumplir con el tratamiento. A los pocos días, aun cuando ella no se quejaba y estaba presta para todo, se le notaba el agotamiento, empezó a arrastrar los pies y a cualquier hora quería dormir.
Para descansar un poco y para su aseo personal, nuestros amigos de Maturín, le encontraron un lugar donde ir.
Me sentí muy apenado porque mi hija, una hermosa señorita de diecisiete años, tuvo que atenderme viendo mi desnudez.
Los primeros días compraba su comida en los restaurantes cercanos al hospital, luego cuando se agotaron los recursos compartíamos la comida que me ofrecía el centro, la cual estaba bien para mi solo, pero para los dos se hizo muy escasa.
Ella era quien me trasladaba al gimnasio y a donde fuese necesario. Se convirtió en mis manos y mis pies. Su trabajo para conmigo fue superior al de los enfermeros.
En ese tiempo pude conocer mejor a mi hija, aumentó mi aprecio por ella y pude observar como las circunstancias difíciles le dieron un temple maduro que antes no tenía. Además, presintiendo que se quedaría en Caracas, traté de entregarle toda la sabiduría que había acumulado por el transitar de mi vida para que le fuese útil en una ciudad llena de trampas y peligros.
No acostumbrada a pedir, un día se me acercó y me dijo:
_Papi, quiero trabajar.
Quedé un rato pensativo…
...La primera condición para permanecer en el centro era tener un acompañante. Si ella comenzaba a trabajar mi estadía allí estaba en peligro. Pero considerando que sus necesidades eran muchas, entonces, mi sentido paternal se antepuso. …Después de un largo silencio le dije:
_Mañana, muy temprano compra el periódico y busquemos en los clasificados, de seguro, allí vas a encontrar el trabajo que necesitas.
Contenta por mi respuesta reía, mientras se frotaba las manos dando pequeños saltos. Al cabo de una semana, luego de mucho buscar se me presentó con el periódico y un aviso que le interesaba. Discutimos el asunto y buscando apoyo me llevó hasta la planta baja para llamar por teléfono. Realizó la llamada, mientras yo escuchaba y al terminar me preguntó:
_Papá, me dijeron que me presentara mañana temprano. ¿Eso, qué significa?
_Que te van a dar el trabajo _ contesté.
Su rostro se iluminó y aunque celebraba, se mantenía incrédula y nerviosa. Al día siguiente, levantándose muy temprano y tratando de recordar todas mis recomendaciones salió como una heroína en busca de aventuras.
A la noche regresó contenta con su nuevo trabajo en una bella panadería que estaba abriendo sus puertas en la urbanización El Paraiso. Me contó nerviosa que había tirado una bandeja de pasteles por el piso. A lo que contesté:
_Es tu primer día y estabas nerviosa, los dueños lo saben y comprenden la situación, así que no te preocupes y da lo mejor de tí.
Días después, contenta, mostraba su admiración porque no me había equivocado en ninguna de mis palabras. Trabajó por más de dos años y medio en esa panadería y sus jefes desarrollaron gran confianza en ella, logrando el mayor ascenso que podía tener en ese lugar.
Mi estadía en el centro no se vio perjudicada y el personal de enfermería cumplió con sus labores.
¡Por medio de estas líneas te rindo tributo, hija mía!
Luchando sin avanzar
Un mes después de mi llegada, me trasladaron a otra habitación y mi cama estaba cerca de una muy amplia ventana, pudiendo ver la ciudad desde allí, era muy refrescante ver el cerro Ávila y de tanto observarlo me enamoré de él. También contaba todo lo que pudiera ser contado, vehículos, antenas, las rayas de la pared, las arañas, las palomas y los zamuros que planeaban el cielo caraqueño
El traqueotomo me había sido indicado de por vida y la traqueotomía me molestaba mucho, se llenaba de secreción, mis pulmones continuamente estaban llenos de flema por lo que por durante más de un año tuve un trabajo inmenso, tratando de respirar las 24 horas del día y tenían que succionarme, pues, incapaz de toser no podía expulsar los fluidos. Pocas enfermeras sabían realizar esta labor y me causaba estupor cuando las tres enfermeras del turno de la tarde, para una tarea que solo requería de una persona y un par de guantes, se aparecían totalmente vestidas de pies a cabeza con ropaje desechable de quirófano. Cuando entraban a la habitación les gritaba:
_ ¡Llegaron las astronautas!
Todos los días me bajaban al gimnasio y con ansias esperaba mi turno para la sesión de terapia. Primero me calentaban los hombros con luz infrarroja porque me dolían permanentemente. La tensión arterial siempre se mantenía baja y me desmayaba varias veces al día; mi vista se nublaba y manteniendo los ojos abiertos no podía ver. Este problema lo solucionaban inclinando la silla hacia atrás y dándome a oler alcohol. Manteniéndome siempre acucioso ponía atención a todo lo que se decía y hacía, pronto me di cuenta que estaba en peor condición que todos los otros pacientes. Muchas veces, Paloma, mi terapeuta me llevaba asustada corriendo a mi habitación.
En una ocasión, mientras mi hija me alistaba en la silla de ruedas, quedé con los ojos y la boca abierta, dado que mi hija me hablaba y yo no respondía, creyó que había muerto y fue corriendo, llorando y gritando a buscar a las enfermeras, cuando regresó ya estaba consciente como si el tiempo no hubiese transcurrido y bromeando pregunté porqué estaban tan alborotadas, así creyeron que lo hice por chanza.
Aún cuando callaba y no indagué al respecto, me di cuenta de que el personal de terapia no guardaba esperanzas conmigo. Seguían dándome mucho ánimo, pero eso era debido a una estrategia a la que ellos llamaban “cariño terapia.”
Paloma, terapeuta ocupacional, era muy solícita con todos y a mí me trató de una manera muy especial. Hizo más de lo que le correspondía hacer. Por eso casi todos los pacientes que pasan por sus manos la recuerdan con mucho afecto. Ella es ejemplo de quienes se preocupan más por la gente a quien sirven que por la mera responsabilidad de un trabajo.
Todos los informes médicos eran negativos. Pero ya me iba acostumbrando, desde el primer día de mi accidente y hasta el día de hoy, prácticamente sin excepción, los médicos y terapeutas nunca han creído que pudiese tener algún tipo de recuperación. Sin importar el motivo de mi consulta, continuamente me medican sin creer que su tratamiento dé resultado. Incluso algunos admiten abiertamente que no quieren o no pueden tratarme. Algunos médicos amigos, sincerizándose para conmigo, me han dicho que el personal médico considera una pérdida de tiempo y recursos atender a los cuadripléjicos porque ya no son útiles para nada. Claro está, debe entenderse que este es el pensar de un nutrido grupo, mas no de todos. Con el paso del tiempo he podido comprobar que muchas personas consideran que los cuadripléjicos no tienen derecho a la vida porque son una carga social. _Me suicido, si quedo así_ dicen.
En una ocasión, cuando fui a visitar a la Cruz Roja, un médico que me había tratado con anterioridad, al ver que continuaba con vida, comentó resignado:
_Está bien, total, otros andan por ahí sin hacer nada. Refiriéndose a los delincuentes.
De esa manera expresó el sentir de muchos, que consideran a los minusválidos, lacras sociales, parias que afean la ciudad y aumentan la carga social.
Comparándonos con delincuentes, muchos cual Hitler quisieran exterminarnos.
Capítulo 8
VENGO A CUIDARTE
No permitas que cualquiera ore por ti
Nunca he acostumbrado a prejuzgar a las personas y difícilmente algún individuo me cae mal de buenas a primeras. Sin embargo, la siguiente experiencia constituye una de esas excepciones:
Era la tarde y me encontraba pasando las horas cuando se me acercó una anciana y comenzó a hablarme. No le puse atención a sus palabras y mientras la miraba me decía a mi mismo:
_ ¡Que fea es!
Me dijo que iba a orar por mí, cerré mis ojos y luego, contrario a mi costumbre, los abrí y pude verla con los brazos en alto, los ojos abiertos mirando al techo y su gran boca haciendo alarde digno de una película de terror con su gran colección de caries y muelas faltantes. ¡Me pareció más fea aún!
Al despedirse me entregó un librito titulado “Cristo en el Hogar”. Pero al ver la portada observé el rostro de quien supuse era Jesús y me dije a mi mismo:
_ ¡Ese Jesús si es feo!
Quedé inquieto toda la tarde y cuando llegó Verónica lo primero que hice fue pedirle que buscase el libro y averiguase quien lo editaba. Quedé asombrado cuando me enteré que pertenecía a una orden espiritista y el rostro dibujado en la portada no era el de Jesús sino el de un conde fundador de dicha orden. De inmediato le pedí a Verónica que rompiese el libro y lo tirase a la basura. Me sentí muy mal porque sentía que el enemigo de las almas había venido a visitarme.
Entendí más claramente que las fuerzas del mal están, también, muy ocupadas y nos buscan para hacernos daño. Pero cuando mantenemos una sana comunión con Dios, él nos da discernimiento para detectarlas, sin importar cuan sutil sea ese acercamiento. Desde ese entonces decidí no aceptar la oración de cualquier desconocido sin saber primero de donde viene.
Vengo a cuidarte
Pasaban los días y una tarde se me acercó otra viejecita. La noté cruzar la puerta con mucha energía. Los hombres no solemos ser detallistas, sin embargo, la recuerdo con claridad.
Mujer de tez clara y de baja estatura, tenía un porte digno, a pesar de llevar ropas raídas de tantas lavadas y unos zapatos de tela negro, tan baratos como, quizás, pudo conseguir y un penetrante olor a ajo la acompañaba, después me diría que se debía a su trabajo donde usaba mucho para elaborar mayonesa casera. Con su rostro afable me dijo:
_Soy Isabel Camargo pero todos me llaman “Chava” y vengo a cuidarte.
Conversamos acerca de las cosas típicas que hablan las personas que se quieren conocer y trató de alentarme mientras buscaba que hacer. Cuando llegó la cena me la dio con gusto y mientras les hablaba del amor de Dios, se mantuvo atenta para atender las necesidades de mis tres compañeros de habitación.
Llegó la noche y cuando vino mi hija le dijo que fuese al apartamento donde le daban posada para que descansase porque ella había venido a cuidarme.
Cuando tocó la hora de apagar las luces, “Chava” en vez de acostarse, quedó impávida en la silla en son de alerta durante toda la noche. Como yo tampoco dormía, noté que ni siquiera posaba su dorso sobre el espaldar, la insté varias veces a que se recostara un rato. Pero se negó a hacerlo y me dijo:
_Estoy en una misión y cuando estoy en una misión, no duermo.
¡Quedé asombrado, una persona a quien jamás había conocido antes estaba dispuesta a velar por mí, sin descansar un minuto y ofrecer sus cuidados, su aliento y sus oraciones!
Las noches de cuidado y vigilia se hicieron frecuentes y constantemente buscaba a otros para que pasaran la noche conmigo y mi hija pudiese descansar. Me adoptó como su hijo y se ocupaba de mantener todas mis cosas en orden. A pesar de su pobreza siempre se las arregló para suplir lo que me hacía falta.
Llegó el veinte de noviembre, el día de mi cumpleaños, y se presentó un sábado con un grupo de miembros de su iglesia para celebrar conmigo. Recuerdo aún, dos enormes pastichos, jugo y una hermosa torta casera que compartimos con todos los pacientes y el personal de nuestra sección.
El desastre más grande de Venezuela
Mi condición física era nada alentadora y la junta médica decidió darme de alta, además el 15 de diciembre, el centro concedía vacaciones; enviando a todos los pacientes a sus casas. “Chavita” se las arregló para conseguirme los pasajes de avión para regresarme a Maturín. Sin embargo, esos planes no se pudieron llevar a cabo.
Hacía un mes que no cesaba de llover en toda Venezuela, pero esos últimos días empezó a llover a cántaros sobre todo el valle de Caracas y el litoral central, las quebradas y ríos se desbordaron y las montañas literalmente explotaron ante la carga de agua. Rocas gigantes y lodo sepultaron ciudades enteras matando a decenas de miles de personas y dejando otras decenas de miles sin hogar y sin familia. Muchas personas salieron de su trabajo para no regresar jamás, las ausencias se notaban por todas partes y por doquiera se veían rostros angustiados y llenos de lágrimas.
El país entero se encontraba bajo el agua, el país entero lloraba, las gotas de lluvia aumentaban la tristeza porque la naturaleza parecía llorar con nosotros, inclemente arreciaba y todos ansiábamos días de sol. Los puentes se rompieron, los aeropuertos colapsaron y nos encontramos aislados. Nos encontrábamos ante el desastre natural más grande que ha sufrido Venezuela en toda su historia.
Todos los pacientes del Centro de Rehabilitación fueron enviados a sus casas y quedé solo en un edificio enorme y la institución fiel a su ética se mantuvo abierta para atender a un único paciente. Las enfermeras no dejaban de mostrar su incomodidad.
Milagro de amor
En vísperas de navidad, me encontraba en el 3er. piso donde comía después de que las palomas picotearan mi alimento, impotente trataba de espantarlas pero su gorgoteo era más fuerte que mi voz. La tristeza lo envolvía todo, en esos días el único tema de conversación era la tragedia y encender la radio o la televisión implicaba oír los lamentos y ver los rostros desesperados de personas buscando a sus seres queridos. Me hice especialmente sensible y esto me deprimió mucho.
Esa noche, mi hija estaba laborando muy duro en la panadería donde había encontrado trabajo, entonces “Chavita” me sorprendió trayendo la cena navideña para las enfermeras y para mí. Eso fue muy significativo para mí porque ella se esforzó y sacrificó su tiempo trasladándose del otro lado de la convulsionada ciudad para ese detalle. De esta manera iluminó mi habitación con alegría mezclada con amor y bondad.
Me demostró de manera fehaciente que se interesaba por mi persona. Sí, todavía quedan seres como ella, dispuestas a dar no solo sus recursos sino también a darse a sí mismas por otros.
“Chavita” representó para mi un milagro de amor. A través de ella y muchos otros, Dios me dijo: “Te amo y en mis manos te tengo esculpido”.
Capítulo 9
ENTRE ANCIANOS Y LOCOS
De Caracas a Maracay
En la tarde del 28 de diciembre, fui sorprendido al ver cruzar la puerta de mi habitación a Josefina, quien apurada y cansada apenas me saludó, y de inmediato recogiendo todas mis cosas, en menos de media hora me tenía en una habitación que estaban usando como depósito de camas viejas en el Hospital “Manuel Pérez Carreño” que está ubicado justo al lado del Centro de Rehabilitación. Mientras rodaban mi camilla rumbo al otro hospital pude ver como ponían cadenas a la puerta principal, evidenciando el deseo del personal de tenerme fuera de allí.
En aquel lugar me recibieron colocándome una inyección que correspondía a otro paciente. Allí recibí el año 2.000, mientras, mi esposa buscaba infructuosamente una ambulancia, avión o helicóptero para trasladarme a Maturín, labor que se hizo imposible debido a que estaban ocupadas en el gran rescate. Tratando de calmarla le expresé:
_Iré a donde el Señor me lleve y cuando él quiera, así que no te afanes demasiado_, le dije eso porque en su visita anterior, tras discutir conmigo me había dicho:
_Estás en mis manos y lo que yo quiera eso haré contigo.
Percibiendo una gran fuerza dentro de mí y con un coraje que no suelo tener, le contesté:
_Estás equivocada, no estoy en tus manos_ y recordando para mis adentros, la visión, continué_ estoy en las manos de Dios y adonde él me lleve iré. Si a la muerte, allí iré o a cualquier sitio porque no estoy en tus manos, sino en las manos de Dios.
El Señor me había dado seguridad y esto me mantenía libre de temor porque me mantenía ejerciendo confianza en Dios.
El día 7 de enero me trasladaron a mi antigua habitación del 5to. Piso y preocupado porque nadie me daba noticias de mi madre comencé a orar por ella en voz alta. Al terminar mi esposa me dijo:
_Italo, no ores más por tu madre porque hace tres meses que murió.
Esa noticia se convirtió en mi regalo de año nuevo. Me sentí devastado. Sentí mucha tristeza y rabia a la vez porque a ella le habían ocultado mi condición hasta el último día y ahora me habían ocultado su muerte. Los días cuando ella murió, mi hermano Brando me visitó y a pesar de que le había dicho que no me ocultase nada, sin embargo calló.
Muchos creen que ocultando la verdad lo protegen a uno, pero lo cierto es que cuando esa verdad se sabe a destiempo aumenta el dolor.
Llegó el 9 de enero y encontraron un sitio en Maracay, al atardecer ya estaba instalado en mi nuevo lugar de reclusión.
Las vías ya estaban abiertas para trasladarme a Maturín, pero yo ignoraba que mi esposa había decidido no recibirme ya más en casa. Así empezaba a cumplirse la premonición que me acompañaba desde que desperté en la sala de terapia intensiva. ¡NO REGRESARÍA JAMÁS A CASA!
La casa donde solo se espera la muerte
Introdujeron el vehículo en el estacionamiento de tierra y dos jóvenes me sacaron del asiento trasero del viejo Malibú y colocándome en la silla de ruedas me metieron en la sala de la casa. Me desagradó desde el primer momento y “Chavita” tratando de animarme me dijo:
_El lugar es bonito, tiene una bella montaña al frente para que la veas y respires aire puro.
Era una casa nueva pero muy mal construida llena de desniveles por todas partes y con una distribución muy desagradable, en cuatro habitaciones estaban hacinadas unas veinte personas y un solo y estrecho baño, mal ubicado frente a la cocina era útil para todos.
En los próximos días traté de ambientarme y la propietaria con sus tres hijos hacía lo posible para que me sintiese bien, pronto descubrí que ese no era el sitio para estar, mis acompañantes eran todos ancianos decrépitos que por vetustos habían perdido la razón, lo cual junto con sus muy malas condiciones físicas, no querían ser atendidos por sus familiares y tampoco eran recibidos en institución alguna. Se habían especializado en recibir a los pacientes a quien nadie quería. Así mismo, había varios hombres con esquizofrenia; ante este tipo de personas me sentí aislado.
Uno de ellos, apodado “el tío”, era un día piloto de avión y al siguiente día era un magnate, policía o corredor de bolsa. Los ancianos me atormentaban porque pasaban horas hablando incoherencias o gritando. Una de las ancianas me era especialmente molesta porque la colocaban en la ventana de mi habitación y por horas piaba como un pollito, rezaba en voz alta y no cesaba de pedir “cafecito” por eso la apodaban “guarapito”. Entre tanto uno rondaba el patio con el envase de orinar dentro de su pantalón, gritaba pidiendo comida porque tenía hambre, sin importar cuanto o cuando hubiese comido. Alberto, perdió la razón cuando se disponía a realizar su tesis para graduarse de ingeniero geólogo y respondía cualquier pregunta que se le hiciese, pero en cualquier momento se tornaba molesto porque comenzaba a repetir ideas fijas y tercas, además era incapaz de tomar cualquier decisión por simple que fuese y empezaba a comerse las uñas, además se divertía todo el día mirando a los demás porque estaban locos. Otro saltaba como un pavo que por ser tan alto se golpeaba la cabeza contra el techo, además, dejaba soltar una risa gutural que me parecía particularmente espantosa. Este último, junto con el “tío”, era utilizado por la propietaria para que hiciese muchas labores rudas porque estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por un cigarrillo y así, el primero se mantenía peleando todo el día por su recompensa. En esas condiciones me era imposible descansar o dormir y en la noche en mis plenas vigilias veía a Víctor, un adulto de unos 50 años con síndrome de Down que buscaba los envases de orina y excremento para tomárselos y bañarse con ellos.
En una ocasión pude experimentar, porque quise utilizar parte de mi tiempo para analizar y comprender conductas tan extrañas, lo que significa la frase “Cada loco con su tema”:
Una mañana, una de las ancianas, se sentó en el diván que quedaba frente a mi habitación y comenzó a tejer su hamaca imaginaria, enseguida llegó Víctor, quien no dormía de noche y se acostó peleando para que lo dejasen descansar, entretanto otra anciana peleaba para que no le molestaran su gato invisible y otro, entretanto los observaba alegre, se reía a carcajadas saltando como un pavo.
Pude experimentar, siendo joven con solo 39 años de edad, lo que significa ser un anciano, me di cuenta cuan efímera es la vida, me encontraba en ese lugar completamente solo.
Hablo de la soledad de la tristeza y la desesperanza.
Hablo de la soledad del no futuro y no poder compartir mis desdichas.
Hablo de la soledad de la añoranza de tiempos mejores.
Hablo de la soledad de sentirse inútil.
Hablo de la soledad de solo esperar la muerte.
Supe entonces lo que significa ser un anciano.
Haciendo de tripas, corazón
Hace algún tiempo que había decidido vivir un día a la vez, en ese lugar no había necesidad de hacer planes, por lo que ocupaba la mayor parte de mi tiempo viendo la televisión, incluso las 24 horas del día, para abstraerme de ese sitio tan inhóspito.
Con el tiempo le hice unos reclamos a mi hija Alejandra por mi inconformidad de algunas cosas de ese lugar y me contestó que no reclamase porque no había otro lugar donde me pudiesen llevar.
Y tenía razones para reclamar porque la comida por ser tan abundante me causaba problemas, la cual consistía básicamente en una inmensa arepa (pan de maíz), con café negro en la mañana y un plato de arroz o pastas con carne en la tarde. Las frutas y legumbres brillaban por su ausencia. Solo consumía una comida al día como a las cinco de la tarde porque siempre me sentía con el estómago lleno.
Aún cuando tenían a una joven que limpiaba el ancianato, eran muy desaseados con ellos mismos. Javier*, el hijo de la propietaria cuando se disponía a darme el alimento comenzaba a estornudar y con la misma mano que se hurgaba la nariz, se la pasaba por los ojos para quitarse las lagañas, después de estrujarse la cara llena de grasa se acomodaba el cabello y terminaba limpiándoselas en su sucia franela que le cubría la inmensa barriga, después de ese ritual tomaba el alimento para llevármelo a la boca. Reclamé porque, incluso, cuando me daba el pan lo empujaba para que mis mordidas fuesen más grandes y así terminar pronto. Cuando servían verduras, estaban llenas de tierra porque no las lavaban bien y no pocas veces, me encontré con chiripas nadando en mi sopa.
Un día pedí que me limpiaran el rostro y cuando uno de los jóvenes me pasó la mano por la cara me la dejó putrefacta con el olor del perro lleno de pulgas que había estado acariciando.
En otra ocasión, pedí un cambur (banana) y desnudándolo por completo se le cayó al piso, recogiéndolo se pasó las manos por los dedos de sus pies descalzos, entonces alargando el brazo pretendía que lo comiese, por supuesto protesté y esos reclamos hicieron más difícil mi estadía en el lugar.
A las enfermeras les atemorizaba atenderme y por lo general lo hacía la propietaria del ancianato después de haberse desocupado con todos.
Acuérdate de tu creador
Mis días allí se hicieron lúgubres, pasaba días enteros en los cuales no abría los ojos sino para comer, pedir agua y cuando me limpiaban. Entonces me abstraía de mi entorno, aunque sin perder contacto con él. Soñaba despierto, fabricaba mundos, escribía artículos para la prensa, elaboraba discursos, componía el país, inventaba cosas, revisaba mentalmente creencias y doctrinas, filosofaba, recorría mi vida anterior y la colocaba en diferentes escenarios… así, de esta manera mi mundo se enriquecía y no quería abrir los ojos porque mi mundo interior era inmensamente mayor que la diminuta habitación en la que solo veía fealdad y estrechez.
Con frecuencia efectuaban reuniones y nos colocaban haciendo una rueda en el patio y podía observar allí, los rostros con la vista perdida de algunos ancianos, su mirada sin brillo y lerda reflejaba su incapacidad de reconocerse así mismos, seguían vivos pero me daba la impresión de que ya habían sido abandonados por sus espíritus, rodaba su saliva por sus mentones y lanzaban largos alaridos quejándose, decían incoherencias mientras sus rostros se contorsionaban para fabricar desagradables muecas, los locos deambulaban de un lugar a otro, cada uno ensimismado en su universo, todos estaban solos, ninguno le hacia compañía al otro y todo esto me hacía parecer que estaba inmerso en una película de terror que mezclaba a “Matrix” con “Thriller” y “Frankistein”. Perdidos en su propios mundos, era yo incapaz de indagar los entuertos de sus mentes. Sentía compasión por esos seres, el problema era que yo estaba allí como uno de ellos, me encontraba impotente sin poder hacer nada para cambiar esa situación. Tomando en cuenta que tal espectáculo me perturbaba sobremanera, opté por pedir que me pusieran de espaldas a donde pudiese ver el cielo y la montaña que quedaba a escasos 50 metros de distancia o permanecía en mi habitación y salía después que acostasen a casi todos.
En ocasiones, de madrugada, comenzaba a llorar sin motivo aparente, mis sollozos despertaban a Patricia* quien asustada llamaba a sus hijos. Cuando me preguntaban qué me pasaba les respondía:
_No sé, solo quiero llorar_ entonces lloraba por horas.
Comencé a recordar las palabras que mi madre escribiera, veinticinco años atrás, en mi pequeña primera Biblia, recordaba, incluso su caligrafía. Tomando un nuevo significado las podía ver con claridad.
“Acuérdate de tu creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento”.
Pedí mi Biblia, el único libro que me había quedado y volví a leer:
“Acuérdate de tu creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos y que lleguen los años de los que dirás:
‘No encuentro placer en ellos, antes que se oscurezca el sol y la luz, la luna y las estrellas, y vuelvan las nubes después de la lluvia; cuando tiemblen los guardianes de la casa, y se encorven los hombres fuertes, y cesen de moler las mujeres porque son demasiado pocas, y pierdan la vista las que miran por las ventanas, y se cierren las puertas de la calle, y se debilite el rumor del molino, y se apague la voz del ave, y desaparezcan las canciones, cuando en las alturas haya temores y en los caminos angustias; y florezca el almendro, y se haga pesada la langosta y no sirva para nada la alcaparra, porque el hombre se va a su morada eterna, y las plañideras recorren la calle; antes que se rompa el cordón de plata, y se quiebre la lámpara de oro, y se haga pedazos el cántaro en la fuente, y se rompa la polea en el pozo, y que el polvo torne a la tierra como era antes, y que el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio’.“ (Eclesiastés 12: 1 – 7)
Capítulo 10
LA BALA PERDIDA
En uno de esos días que parecían interminables, llegó por fin la noche y todos los pacientes estaban en sus camas a excepción de Alberto que siempre merodeaba hasta tarde y Víctor que estaba a la expectativa a que todos se durmieran para empezar su ritual nocturno de bañarse con orina y excrementos.
Patricia, la propietaria del centro geriátrico, se aprestaba a dormir en la pequeña silla playera de mimbre que mi hermano Brando le había regalado.
Mientras tanto, entraba y salía, no sin antes tomar unas bocanadas de su cigarro favorito.
Antes le había dicho,
_El cigarrillo te va a llevar a la tumba.
De repente, Patricia, comenzó a preocuparse y mientras salía y entraba a la casa, decía:
_ ¡Algo va a pasar!, ¡algo va a pasar!
Apagó las luces y se acostó, pero a los pocos minutos se levantó, salió, se fumó otro cigarrillo para calmar los nervios, pero fue inútil. Empezó a pasarse las manos por la cabeza y se halaba los cabellos diciendo nuevamente:
_ ¡Estoy muy nerviosa, algo malo va a pasar!
Lo repetía una y otra vez, pero siendo yo una persona poco dada a los presentimientos lo tomé, simplemente como un acto propio de su personalidad nerviosa.
Varias veces le dije que se tranquilizara, preguntándole:
_ ¿Qué puede ocurrir? Además, de pasar algo, no lo podríamos evitar.
Varias veces se acostó y luego volvió a pararse. La última vez se acercó y comenzó a conversar conmigo al lado de mi lecho y mientras lo hacía me acomodó en la cama ya que los espasmos me tiraban paulatinamente hacia el lado izquierdo, también haló la cama y la cambió ligeramente de lugar porque las personas que se me acercaban la empujaban al recostarse.
Después de hacer esto se despidió y se acostó de tal manera que se quedó profundamente dormida tan pronto como cayó en su lecho.
Dispuesto para mi noche de vigilia, cerré los ojos para sumergirme en mis pensamientos, pero al pasar unos diez minutos escuché una fuerte explosión muy cerca de mí. Creyendo que se trataba de un corto circuito o que el colchón anti escaras había explotado empecé a llamar gritando, pero, Patricia no me escuchaba, estaba profundamente dormida.
Alberto, quien si estaba despierto y había escuchado la explosión se acercó y preguntó que había pasado.
_No sé _le contesté _ hubo una explosión y quiero saber que pasó.
Yo también escuché la explosión_ me dijo, mientras encendía la luz.
_Señora Patricia, señora Patricia, levántese que hubo una explosión_ llamó, mientras la tocaba para que despertase.
Comenzamos a buscar a ver que había pasado y todo parecía estar en orden. Cansados de buscar, se alistaron nuevamente para irse a dormir. De pronto miré el cielo raso y noté un pequeño agujero que no había visto antes, entonces le pedí a Alberto que la quitase la lámina y al quitarla se hizo evidente la causa; una bala había atravesado el techo y rozando mi cama había arrancado fragmentos al piso, buscando en el suelo apareció la bala calibre 45.
Había pasado exactamente por el sitio donde había estado antes de que la señora Patricia moviera la cama, sino lo hubiese hecho la bala me habría impactado en el tórax con consecuencias desconocidas. Nos pareció que había alguien interesado en quitarme la vida.
Capítulo 11
OTRO EJEMPLO DE AMOR
En los primeros meses, mi hija Verónica, mi hermano Brando y mi esposa se pusieron de acuerdo para cancelar la mensualidad del centro geriátrico.
Pero un día recibí una llamada…
_ Hablé con la señora Patricia para que busque un sitio en el geriátrico público para que te trasladen hasta allá. No tengo como pagar tu estadía allí. Tengo que escoger entre mis hijas y tú...
_Pero tú sabes que llevarme allá significaría la muerte para mí_, le contesté.
_Lo sé, _ me dijo _ pero te mueres tú o perecemos todos.
Dijo muchas cosas. No las recuerdo. Ella necesitaba argumentar y le permití que hablara. No tenía palabras para contestarle, así que me limité a hacerle saber que estaba al otro lado de la bocina escuchando. Sé que ella estaba viviendo su propia angustia, su propia encrucijada, y estaba dispuesta a tomar el camino más fácil.
Es imposible explicar el borbollón de sentimientos que se agolparon en mi pecho. Mi boca se cerró como la de un perro enfermo y no quería emitir palabra alguna. Era un hombre maduro pero me sentí indefenso, aún más que un niño, porque un bebé abandonado despierta instintos maternales y hasta se pelean por adoptarlo. Me enceguecí y olvidé que Dios estaba conmigo. A duras penas sufrí estas cosas y las que vendrían porque me hice incapaz de tomar decisiones. No era solo mi condición física lo que me preocupaba, sino, el desprendimiento, el creer que no era lo suficientemente importante para alguien.
Patricia, conocía las condiciones infrahumanas del sitio adonde me querían llevar, peores que las del sitio donde me encontraba y asombrada por lo que mi esposa le había dicho, asomó la bondad escondida en ella, entonces, rabiosa y llorosa expresó:
_No te preocupes que donde te quieren llevar no te aceptan. Quédate tranquilo que de aquí no te vas a ir, así no tengas como pagar un centavo.
A pesar de todos los inconvenientes, Patricia me quería en el centro porque era yo la única persona con quien podía tener una conversación coherente cuando quedaba a solas. Nos convertimos en confidentes el uno del otro y mutuamente nos aconsejábamos. Patricia, se había convertido en esclava de su propia situación, mujer madura, realizaba trabajo equivalente a varias personas, las 24 horas del día, los siete días de la semana y me irritaba ver como sus hijos, en especial el mayor, quien fungía de administrador, no le prestaban la debida ayuda a su madre.
Luego de este episodio, Patricia, llamó a Luis Esaá y al amigo León, a quienes ya había conocido, miembros de una iglesia cristiana de El Limón, Edo. Aragua y conversó con ellos.
Puedo reconocer en estos dos hombres a dos varones de Dios, no solo por lo que hicieron por mí, sino por su carácter.
Luis, despojado de si mismo, estaba dispuesto a servir a quien lo necesitase y tenía una lista de personas a quien visitar y ayudar. Cuando no tenía los recursos los buscaba. Tenía una hermosa familia a la que también le era muy solícito. Se podía notar la bondad en su rostro.
El hermano León, de carácter más recio, casi siempre le acompañaba en estas labores de ayudar a la gente. Noté en él una honradez poco vista, sentía que sus palabras se hacían ley porque siempre las cumplía.
Entre los dos liderizaron a un grupo de personas para suplir mis necesidades básicas. Todos los sábados en la tarde me visitaban y Patricia se alegraba porque se convirtieron en visitas para todo el centro y fue beneficiado el conjunto de pacientes con cariño, cantos espirituales, dulces y mucho más.
Recuerdo de forma especial, las visitas del Pastor Jaime Foronda, anciano ya, pionero del evangelio en Venezuela, porque llevaba una guitarra y un acordeón llenando el ambiente de júbilo. Otro amigo, también de nombre Jaime, venía con su esposa y sus cuatro hijas, hermosas señoritas y nos brindaban agradables conciertos.
Otro hecho que me brindó satisfacción fue que me llevaron a la iglesia en varias ocasiones y me dieron el honor de la predicación en un par de oportunidades en el culto principal.
Mi hermano y mi hija tomaron la responsabilidad económica pero me visitaron solo en contadas ocasiones. Algunos de mis hermanos a pesar de vivir a escasos veinte minutos de distancia no me visitaron jamás con la excusa de que se iban a sentir muy mal al verme. ¿No implicaba eso a darme por muerto?
Mesa último modelo
Siendo mi pasión la lectura, aún cuando estuve en terapia intensiva me las arreglé para leer. Una doctora me había dicho que había roto con 57 días el record de permanencia en esa unidad. Quisiera saber si rompí el record como el único paciente que leía.
Mi mente se cansaba de tanto divagar y siempre estuve atento para ver que podía hacer. Así que pedía un libro, que por lo general era muy difícil de conseguir porque la mayoría de las personas casi nunca lee y teniendo muy pocos libros son muy celosos con ellos y los guardan siendo útiles a nadie.
Cuando lograba uno, pedía que me sentasen en la cama clínica y poniendo una almohada sobre mis piernas colocaban el libro y comenzaba a leer. Después que terminaba las páginas que me quedaban al frente esperaba a que alguien estuviese disponible para voltear la hoja. Esto me ayudó a pasar mejor el tiempo pero tenía que esperar incluso horas hasta que alguien pasase cerca y pedirle el favor. Siendo un lector muy rápido esto me hacía penosa la lectura.
¡Se me ocurrió una idea! ¡Con un palito podría pasar las páginas!
Estando un guayabo en el patio dije a alguien:
_Vamos a hacer un experimento, córtame una ramita que me sirva para pasar las páginas de los libros.
El joven que me ayudó fue cortando varias ramas hasta encontrar una que me pareció adecuada. Torpemente tome el palito en mi boca e intenté usarlo. A los pocos minutos me pareció que pesaba una inmensidad, se me caía de la boca y no podía hacer nada útil con él. Las astillas de la rama mal cortada me lastimaban. Pero sabía que todo aprendizaje lleva esfuerzo e insistí... Mi mente comenzó a esforzarse para saber como mejorar. Pedí la Biblia porque tiene las hojas muy suaves y mejoré un poco. A veces, demoraba hasta media hora, hablo de forma literal, hasta media hora para escoger y voltear de forma correcta una página. Luchaba y no engarzaba la hoja, pasaba varias páginas a la vez. La encía me dolía y se me cansaban los músculos de la cara y el cuello hasta que quedaba extenuado. Fueron meses de esfuerzo pero el deseo de logro y la perseverancia dieron resultado. Perfeccioné la técnica dos años después.
Pensé que una mesa sería útil para mí. Así que me di a la tarea de diseñar una que tuviese múltiples usos. La imaginé como una mesa para comer, mesa de Mayo, de lectura y escritura y que se pudiese mover e inclinar en cualquier dirección. Cuando estuvo lista en mi mente hablé con varias personas.
Cuando llegó el fin de semana, conté mis planes a Luis Esaá y tratando de presentarle de una vez alguna alternativa le pedí que conversara con los muchachos del club de Conquistadores, (exploradores) pero el me contestó:
_No se preocupe, hermanito, yo le voy a hacer la mesa.
Acto seguido, nos pusimos a planificar el trabajo, después de darle todas mis ideas y aportar él las suyas tuvo en claro lo que iba a hacer.
Poco después de una semana, se apareció con el equipo ya terminado, con una tabla enchapada y pulida, recién pintada de blanco y tan fuerte como la pudo hacer.
Mi rostro se iluminó y no pudiendo esconder mi alegría dije:
_ ¡Está hecha con todos los hierros! ¡Me siento más contento que cuando compré carro nuevo!
No podía dejar de verla, me parecía hermosa. Pude observar de inmediato que Luis había puesto todo su cariño en ese trabajo y eso me dio gran satisfacción. Le di las gracias muchas veces. Hoy, varios años después, aprecio mucho más este regalo porque llegó a ser la base para realizar todo mi trabajo. Nunca imaginé cuan útil me sería, posiblemente éste es el regalo más útil que me han hecho.
Me fui contento a descansar pero aseguro que Luis encontró mayor satisfacción porque como lo expresó Saulo de Tarso citando a su Maestro:
“En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.” (Hechos 20: 35)
Capítulo 12
QUERIENDO MORIR
Morir… ¿por qué?, morir… ¿para qué?
Es un hecho conocido que muchos minusválidos se suicidan o intentan hacerlo. En este capítulo quiero abordar el tema del suicidio y como pude sobreponerme.
Pocas personas sobreviven a un accidente que lesione la médula espinal a nivel de las vértebras cervicales, Según el Manual de Merck, el porcentaje asciende apenas a 2 ó 3 %. De ese exiguo porcentaje, un respetable porcentaje muere en los siguientes meses. ¿Por qué mueren?
¡Porque se autodestruyen! Generan ansiedad que les produce úlceras y otras complicaciones o simplemente el creerse inútiles y sin esperanzas los lleva al suicidio. No soy una autoridad en la materia pero me atrevo a decir, que no hay un discapacitado que no haya pensado en quitarse la vida.
Tengo una colección de historias de minusválidos que se han suicidado. Hace poco supe de la siguiente experiencia contada por el escritor argentino Miguel Ángel Núñez:
“Un soldado que estaba regresando de la guerra de Vietnam llamó a sus padres por teléfono para anunciarles que había vuelto a casa. Les dijo:
_Voy de regreso a casa, pero quisiera pedirles un favor; traigo a un amigo que me gustaría que se quedara con nosotros, al menos por un tiempo.
_ ¡Claro! _ dijeron enseguida_. Nos agradaría conocerlo.
_Pero hay algo que deben saber_ les dijo el muchacho_ Él fue herido en la guerra. Pisó una mina de tierra, y perdió un brazo y una pierna. En este momento no tiene adonde ir; por eso quiero que vaya a casa con nosotros.
El padre carraspeó un poco y luego lentamente le dijo:
_Siento mucho el escuchar eso, hijo. A lo mejor podemos encontrar un lugar en donde él se pueda quedar.
_No papá _ quiero que él viva con nosotros.
_Hijo_ le dijo el padre _, no sabes lo que estás pidiendo. Alguien que está tan limitado puede ser un gran peso para nosotros. Nosotros tenemos nuestras propias vidas, y no podemos dejar que algo como esto interfiera con ello. Yo pienso que tú deberías regresar a casa y olvidarte de esa persona. Él encontrará una manera en la que pueda vivir solo.
En ese momento el hijo colgó el teléfono.
Los padres angustiados, no volvieron a escuchar de él, al menos por unos días. Una tarde recibieron una llamada telefónica de la policía de San Francisco. Le anunciaban que su hijo había muerto. Había caído de un edificio. Se suponía que tal vez había sido un suicidio.
Los padres, acongojados, volaron a esa ciudad y fueron llevados a la morgue para identificar a su hijo. Les mostraron su rostro, pero con horror descubrieron que al hijo,
¡Le faltaba un brazo y una pierna!”
“¡Cuan fácil resulta amar a personas que se ven bien físicamente! ¡Siempre el atractivo y bello parece merecedor de más amor! ¡Cuánto nos cuesta relacionarnos con personas que no son tan ‘hermosas’ o ‘completas’ como el resto! ¡Qué difícil es enfrentarnos al hecho de que hay personas que son inválidas o minusválidas!”
(Un Nombre Nuevo Pág. 18)
¡No! no es la minusvalía la que lleva al suicidio, es la desesperanza, el sentirse inútiles, es la falta de ese alguien que de manera incondicional quiera mantenerse a su lado. Este joven no tuvo una segunda oportunidad, pero tú que lees este libro, sí la tienes.
Estando hospitalizado en el Centro Nacional de Rehabilitación, entré en un cuadro depresivo profundo y el dolor físico y moral me eran insoportables. No dormía ni de noche ni de día, a excepción de pequeñas siestas en la tarde o el sábado por la mañana cuando “Chavita” después de una noche de vigilia me leía el folleto con la lección bíblica.
En las noches me picaba muchísimo la cara y el cuero cabelludo. Impotente, cuando quedaba solo y sin poder llevarme la mano a la cara para rascarme, me desesperaba porque no había a quien llamar, supe lo que significa tener sed, sed terrible por la fiebre y no tener quien me brindase un vaso de agua. Entonces, en ocasiones, me parecía ver la muerte como una espesa nube negra que se posaba a mi lado y lo peor… ¡quería que me arropase!
Empecé a planificar como suicidarme. Entonces pude observar que cuando le pedía a alguien que me diese una pastilla o dos me la daba sin preguntar. Y así armé mi plan:
_Cuando llegue una persona le pido un par de pastillas de las más peligrosas y cuando pase otra hago lo mismo, y así sucesivamente, hasta tomar todas las que pueda, ¡Pero hubo algo que me detuvo!
Estando ya en el ancianato volví a deprimirme, pero esta fue una depresión más profunda. Perdí el deseo de vivir y decidí no comer más hasta morir de inanición, al igual que antes ¡hubo algo que me detuvo!
Después que recibí mi flamante mesa de trabajo, opté por leer toda la Biblia, de tapa a tapa, sin saltar de un lugar a otro, y no avanzar a otro texto sin haber leído bien el anterior. Mi objetivo era encontrar una excusa o una aprobación para quitarme la vida. Descubrí lo que ya sabía, Dios no se complace con los suicidas y los llama cobardes. Otro descubrimiento que hice fue que solo aquellos que estaban lejos de Dios se habían quitado la vida. Escuché la voz de Dios que me decía: “Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en la debilidad”. (2 Corintios 12: 9)
Eso me detuvo, el saber que la vida pertenece a Dios y que nosotros no podemos disponer de ella no importa cuan desesperados estemos. Recordé las promesas en Las Escrituras, tuve la seguridad de que como hijo de Dios debía confiar y esperar. Eso marcó la diferencia.
Cuando el sufrimiento nos toca, el tiempo nos parece eterno, pero después de una negra noche, siempre amanece. He perdido la cuenta de noches eternas donde llamando no he recibido a nadie para aliviar mi necesidad, a tal punto que si fuese cierto que los cabellos emblanquecen tras una noche tal, los tendría como nieve. Muchas veces esperé el primer rayo de luz matutino y siempre llegó.
Mientras escribo este libro, todavía tengo grandes necesidades, pero he decidido vivir un día a la vez y vivir ese día de la forma más intensa posible. La vida me quitó todo lo que tenía, pero Dios me ha recompensado en abundancia y ahora agradezco porque pude vencer la depresión y porque he podido seguir con vida para testificar de un Dios amoroso que se duele con nosotros y está dispuesto a suplir nuestras necesidades.
Esto significa que debes tener paciencia porque en su tiempo va a cambiar lo malo en bueno y fortalecido agradecerás.
Mirando hacia adentro, mirando hacia fuera
En ocasiones, en el pasado, me desalentaba, pero siendo un entusiasta empedernido, cuando tenía un problema en forma jocosa exclamaba:
_ ¡Pobrecito yo!
Pero la situación que estaba pasando ahora, era diferente y comencé a pensar en mi desgracia y me deprimía cada vez más. Aún cuando trataba de mantener el buen ánimo, esto parecía una labor imposible.
En una ocasión, siendo de noche, las enfermeras me voltearon en la cama y mi vista se topó con los cristales del ventanal los cuales reflejaban mi figura. Fijé mis ojos y observaba a un ser desconocido, mi cuerpo y mi rostro se habían transformado por el deterioro y dije en voz alta:
_ ¡Ese no soy yo!
Una crisis de nervios se apoderó de mí y lloré incansablemente sin tener quien me consolase.
Pocos días después, entró a mi habitación un joven empujando una silla de ruedas que ocupaba un hombre, bastante delgado y ya entrado en años. Al igual que yo, lucía un traqueotomo como corbata, estaba cuadripléjico. El joven se presentó y me dijo:
_Él es mi papá, estamos en el 2do. piso y lo saqué para que conociera a los otros pacientes. Mi papá tuvo un accidente de tránsito y tiene un tiempo aquí pero pronto le darán de alta…
Mientras le oía y trataba de ser amable con él, me topé con la mirada de su padre. Traté de hablarle pero me respondió con monosílabos. Sin embargo me miraba sin quitarme la vista. Entonces volví a mirar a quien me miraba y sentí que nuestros espíritus se cruzaron en una dimensión etérea y palpé a través de sus ojos que tenía una tristeza infinita que me atravesó el corazón. Esa experiencia marcó mi vida y cuando recuerdo esos ojos tristes y sin vida no puedo evitar perturbarme. Invariablemente siento como si una daga fría me atravesara el pecho. Es como si me hubiese administrado una dosis de ese sombrío sentimiento que le acompañaba.
Luego de despedirse, quedé meditabundo y vinieron las palabras del apóstol Juan a mi mente: “Mirad cual amor nos ha dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1), escuché a Pablo decirme: “Estad siempre gozosos” (1 tesalonicenses 5: 16) y recordé la enseñanza de Jesús: “La lámpara del cuerpo es el ojo, así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que hay en ti son tinieblas ¿Cuántas no serán las mismas tinieblas?” (Mateo 6: 22,23)
Tenía tiempo para pensar y lo hice hasta que llegué a una conclusión; soy un hijo de Dios y debo confiar en él, por lo que la tristeza no me pertenece. Decidí que desde ese momento en adelante tendría siempre un rostro alegre, una sonrisa y una mirada limpia.
Quizás, como aquel hombre, estaba mirando hacia adentro, lleno de auto compasión decidí que ahora miraría hacia afuera, me proyectaría hacia los demás para darle lo mejor de mí, un consejo, una palabra de aliento, daría mucho de lo poco, según consideraba, que tenía para dar. Ahora no me auto compadezco y tampoco permito que sientan lástima por mí. Cambié mi perspectiva, y por ende, cambió mi vida.
Cuatro años después
Cuatro años después, llegó una mañana, un joven a mi habitación que me visitaba por segunda vez, traía una bolsa de mangos para obsequiarme, porque en su primera visita se había enterado que me fascinaban. Traspasó la puerta y acercándose extendió el brazo cuan largo le era posible para que yo tomase la bolsa.
_No puedo tomar la bolsa porque no muevo los brazos_ le dije _ponlo en la mesita.
Entonces pude ver mejor sus expresiones, me miraba y gruesas lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas, en aquel momento, mientras lloraba se ofreció a darme a comer un mango, salió, lo lavó y mientras lo acercaba a mi boca, María y Ada se acercaron para observar al desconocido que lloraba.
_ ¿Quién es? ¿Qué le pasa? _ preguntó María, mientras Ada observaba.
_No se preocupen, todo está bien, yo le conozco. Por favor, déjenme a solas con él que tenemos que conversar _les contesté.
Apenas salieron le dije al joven:
_Estás atribulado, pero quiero decirte que puedes confiar en mí. Dime, ¿Por qué lloras?
Entonces, haciendo fuerzas para hablar me dijo:
_ He hecho cosas muy malas, varón, muy malas, varón. Le he desobedecido a mi madre y le robé unas cosas, varón…he intentado contra mi vida, varón…estoy desesperado, varón…
Le escuché atentamente y permití que se desahogara, dijo todo lo que me podía decir, entonces llegó mi turno:
_Dios te ama _le dije _el es tu Padre amoroso y está dispuesto a perdonarte, él puede sanar tu alma y puede restaurarte, busca en mi Biblia el Salmo 51…
Tomó la Biblia y torpemente comenzó a leer:
_ “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones…Al corazón contrito y humillado no despreciaras tú, oh Dios.”
Sus lágrimas no cesaron mientras leía todo el salmo. Tuve, entonces la oportunidad de explicarle lo que eso significaba para su vida y luego de orar con él se despidió confortado.
Después que el joven se fue me invadió una gran alegría, y dije;
_Valió la pena haber soportado la prueba, y Señor, si el sufrimiento pasado fue solo para esto, no me importa, gracias. Gracias por permitirme alentar a alguien al borde del suicidio _ agradecí porque Dios en su presciencia no había permitido que me llevasen a una reunión a la que quería asistir esa mañana.
A Propósito de el Suicidio y la Eutanasia
La prensa nos entrega a diario noticias de suicidios, siendo ésta una realidad siempre presente, pero la eutanasia, la cual no está legalizada en muchos países y de la cual poco se habla, a menos que esté en el tapete por algunos días debido a un caso particular o por discusión de leyes, se aplica por lo general de forma pasiva cuando retiran los cuidados al paciente hasta que fallezca. Agotar este tema es difícil pero quiero hacer algunas consideraciones:
Primero: Ninguna persona que se sienta feliz y en plenitud de vida pensará en quitarse la existencia, por lo que obviamente el suicidio y la eutanasia están íntimamente ligados a la depresión y la desesperanza.
Segundo: En estos casos la persona, debido a la carga emotiva, no está en capacidad de pensar con claridad y por ende no puede tomar una decisión objetiva.
Tercero: En los países donde se aplica la pena de muerte, los jueces toman incluso años para condenar a un reo a la pena capital, sin embargo, con mucha frecuencia los familiares son conminados a tomar una decisión para aplicar la eutanasia a su ser querido en el pasillo de un hospital en medio de la tensión nerviosa provocada por la premura, el desespero y el dolor.
Cuarto: Muchas personas que han sobrevivido al suicidio están agradecidas por no haberlo podido llevar a cabo.
Quinto: La naturaleza a menudo nos sorprende devolviendo a la vida a aquellos por los que la ciencia médica consideraba sin ninguna esperanza de recuperación.
Sexto: Considero que cuando se aplica la eutanasia a pedido de la propia persona no es más que suicidio asistido y cuando otros son los que toman la decisión se transforma en homicidio legalizado.
Séptimo: Ordenar la muerte de un ser querido conllevará a remordimientos de conciencia y sentimientos de culpa.
Octavo: La vida pertenece al Creador por lo que nadie debe apropiarse la autoridad de disponer de ella.
Capítulo 13
ÁNGELES A MI ALREDEDOR
Operación inminente
Desde que mi situación cambió a raíz del accidente, me he sentido maravillado como Dios me tomó de una forma tan especial. He experimentado un cuidado esmerado de su parte. A veces me he sentido mimado porque oraciones tan sencillas como; “Señor, quiero un pan o un dulce, así o así” han sido contestadas de inmediato. Siempre he dicho que Dios ha puesto ángeles a mi alrededor y a menudo llamo ángeles a las personas desconocidas que aparecen en el momento justo para suplir alguna necesidad.
He dicho que el alimento que me brindaban en el centro geriátrico era inadecuado y esto dañó mi sistema digestivo. Todavía no conocía bien mi cuerpo en mi nueva situación y eso me mantenía alerta, pero cometí muchos errores y quienes me atendían cometieron más.
Cuando me limpiaban, preguntaba siempre, si había defecado y por lo general la respuesta era positiva, luego pude darme cuenta que con regularidad me mentían. Comía gran cantidad de carbohidratos y esto me producía estreñimiento y no había aprendido a controlar la situación.
En una ocasión, me enfermé, tenía fiebre y mi abdomen se abultó tanto que parecía tener varios meses de embarazo y sintiéndome mal pedí que me atendieran, pero Patricia y su hijo decían que estaba gordo porque ellos me daban mucha comida. A Javier, su madre lo consideraba versado en medicina, porque aunque no había terminado el bachillerato, leía unos manuales farmacológicos que tenía en su poder.
Todavía recuerdo a modo gracioso como Javier con aires de médico y con el torso desnudo mostrando su espléndida barriga, se me acercó con el estetoscopio y colocándolo sobre mi abdomen dijo como quien sabe mucho,
_Está todo perfecto porque tiene ruido intestinal.
Contrariado pedí que me solicitaran el servicio de emergencia con que contaba el centro, cuando llegó la doctora, apenas me vio, dio una orden tajante:
_Necesita ser hospitalizado de inmediato, móntenlo en la ambulancia.
A los pocos minutos llegaba con Patricia a la emergencia del Hospital Central de Maracay, me recibió el director médico emergenciólogo diciendo:
_Éste va directo para quirófano, colóquenlo en una camilla para prepararlo.
Me mantuve sereno, pero habiéndome relacionado por diez años con asuntos médicos, supe lo que eso implicaba; me harían una laparotomía que consiste en abrir el abdomen para explorar todos los órganos internos y hacer los correctivos necesarios.
_Señor, si tu quieres que continúe con vida, no permitas que me operen._Oré.
No dije más, ni esa noche, ni al día siguiente.
Entre tanto se hacían los preparativos, ordenaron colocarme una sonda naso gástrica para drenar todo lo que tenía en el abdomen. Un líquido verdoso salía por mi nariz a través de la sonda. Pasó la noche y en ocasiones una doctora residente me evaluaba. A la mañana siguiente después de hacer los exámenes pertinentes, la experimentada junta médica, reunida frente a mí mostraba su desconcierto porque mi cuerpo no les daba suficientes elementos de juicio para tomar una decisión. Había que abrir para explorar. Las 12 m. era la hora pautada.
Minutos antes de ingresarme al pabellón, la doctora tomó la palabra y dijo:
_Desde anoche he visto cierta mejoría en él, por lo que sugiero que esperemos porque creo que lo que tiene es una impactación fecal.
Acto seguido pidió a uno de los médicos residentes que me extrajera las heces acumuladas en el recto y después en casa me hicieran un lavado intestinal. Dio resultado y la intervención quirúrgica se evitó.
Dieta providencial
Me sentía muy mal y sumamente débil, porque tenía varios días sin comer y sin tomar agua. Llegó el siguiente fin de semana y apenas había probado algún alimento. Mi esposa me visitó y me llevó al parque de “Las Ballenas” de Maracay para conversar con calma. A pesar de que no había comido nada solo quise un helado y le dije:
_Quiero tomar jugo de lechosa (papaya), Dios ha puesto en mi mente que solo debo comer lechosa en estos días.
Buscamos en varios puestos de comida de los que se colocan alrededor del parque y no conseguimos.
Era la tarde y extrañado ante un cuadro que me desagradaba al observarnos. Yo, en una silla de ruedas y mi esposa empujándola. Sentí pena por ella porque aún cuando yo seguía viviendo, ella había perdido a su esposo. Consideré que al continuar con vida era más penoso para ella. Impotentes no sabíamos como manejar la situación. Amaba a mi esposa y deseaba un mejor destino para ella.
Mientras hablábamos, cavilaba con esos pensamientos, entonces, un hombre maduro se acercó y se ofreció para empujar mi silla. Todos mis pensamientos se esfumaron y la conversación cambió.
_Soy Pedro Torres, vivo cerca y vengo todas las tardes a caminar_ nos dijo.
Mientras rondamos el parque, le hablamos de nuestra experiencia y el nos contó de su familia. Cuando ya casi nos despedíamos le dije que necesitaba comer lechosa por varios días para resolver mi problema intestinal. A lo que él me contestó.
-Tengo un par de lechosas en mi casa que de inmediato te las voy a dar. También soy propietario de una finca de lechosas en el estado Cojedes y mañana cuando regrese de allá te voy a traer suficiente.
¡No lo podía creer, Dios había traído hasta mí a la persona indicada! Él sabía que en el lugar donde estaba, donde jamás se veía una fruta, no me iban a cumplir una dieta tal. Ese señor sin saberlo se había convertido en el instrumento de Dios para suplir mi necesidad.
Al día siguiente se apareció con dos sendos tobos llenos de lechosas verdes y maduras. Demás está decir que durante una semana no hice otra cosa que comer lechosa y mi problema desapareció por completo. Luego me visitó un par de veces y una vez me llevó a su casa donde disfruté un concierto de piano interpretado por su hijo menor y luego fuimos a conocer la histórica plaza de toros, la “Maestranza de Maracay” con sus estatuas de César y Curro Girón y visitamos un museo de arte contemporáneo. Creo que jamás me olvidará porque ese día tenía diarrea y ensucié la tapicería de su Jeep Wagoneer.
Capítulo 14
¡USTEDES ESTÁN MUY EQUIVOCADOS!
_Hemos llegado a la conclusión que no podemos hacer nada por el paciente, las heridas están tan avanzadas que no se pueden curar, las úlceras lo van a llevar a la muerte en pocos días. No creemos que viva más de una semana, diez días a lo sumo…
Las palabras retumbaron en el ambiente. Pero ¿Por qué llegué a ese extremo?
Promesas incumplidas, espera continuada
Llegó el 20 de diciembre del año 2000 y se acercaba la navidad, el milenio estaba por terminar. Para esa fecha había soñado ser un hombre realizado y presumir que por el contrario, había llegado al final del camino antes de tiempo y sin haber hecho nada que fuese verdaderamente importante en el transitar de mi existencia, me causaba aturdimiento.
Para esa fecha llamó mi esposa para decirme que había llegado a la ciudad a visitarme y a pasar la navidad con su hija mayor Alejandra y nuestra pequeña Dana, me dijo que iba enseguida a verme. Pero pasó el día entero, llegó la noche y no apareció. Al día siguiente dijo e hizo lo mismo, llamó y no vino. Así fue al siguiente día y al otro hasta la víspera de navidad cuando se apareció nuestro yerno como a las seis de la tarde. Refunfuñando permití que me introdujeran en el vehículo para llevarme a la casa para la cena navideña. Pedí una explicación pero no obtuve una respuesta satisfactoria. Ella no lo sabe, pero esa actitud provocó una crisis nerviosa de grandes proporciones en mí.
Una persona en condiciones de invalidez no se le debe dejar a la expectativa porque la espera continuada lo destruye emocionalmente y esa fue una tortura para mí.
Pero, aprendí. Con anterioridad me había dado cuenta que mantenerme esperanzado por la promesa incumplida de alguien me hacía daño. Decidí, entonces, no esperar a nadie, sin importar quien fuese. He aprendido en mi condición particular que la mayoría de las personas me visitan una sola vez y muchos lo hacen para satisfacer su curiosidad. Luego no los vuelvo a ver. Así que aún cuando no se los digo, me despido para siempre de ellos y no hago caso de las promesas que me hacen porque la mayoría no las cumple.
Pequeñas arañas de mi habitación, a las cuales observaba por horas y días enteros, también me enseñaron, porque ellas se mantienen inmóviles como yo y cuando les llega su alimento se apresuran a tomarlo para después volver a su inercia. Eso me ayudó a tener paciencia y aprovechar al máximo la oportunidad cuando se presente.
¡Estaba muriendo y no lo sabía!
Había desarrollado una pequeña úlcera por presión cuando salí de la unidad de cuidados intensivos, la cual se convirtió en un imposible para los médicos del Centro de Rehabilitación. Para evitar la formación de nuevas úlceras me movilizaban cada tres horas y el método dio resultado.
Cuando llegué al centro geriátrico, una de las primeras cosas que dijo Patricia fue que ella era experta curando escaras (úlceras por presión) y a todos nos satisfizo su entusiasmo, la verdad sería otra, Patricia no tenía la mínima noción de cómo curar una úlcera de este tipo. Para que sanase me mantenía de lado por largos períodos y solo después que exigiese más de una vez me cambiaba de posición.
Un colchón en mal estado, largos períodos en una sola posición, una alimentación pobre e inadecuada y grandes dosis de ignorancia, constituyeron los elementos que casi me llevan a la muerte.
No solo mi ulcera sacra continuaba abierta, sino, que apareció otra en la espalda y se abrieron otras dos, a nivel de los trocánteres (caderas), ¡enormes!, ¡gigantes!, que destruyeron piel, músculos, nervios, tendones y hueso. (Quiero hacer notar que la mayoría de las personas que sufren una lesión medular pierden la sensibilidad y no sienten dolor en ciertas partes del cuerpo por lo que son incapaces de notar por ellos mismos la formación de úlceras).
El método de Patricia consistía en curar y no en prevenirlas. Cuando me aseaba tomaba la manguera y a chorros me las lavaba para luego poner pedazos de trapo viejo, papel toilet o gasa, cuando había, untados con blanco de zinc.
Pasaron los días, llegó el año nuevo y entré en un estupor y un desgano que nunca había sentido. Nada me importaba, casi no hablaba, no miraba la televisión, no leía, ni oraba. No era la depresión porque estaba aprendiendo a manejarla y me estaba recuperando emocionalmente.
¡Estaba muriendo y no lo sabía!
Tenía fiebre todos los días pero no tenía tratamiento alguno. Un día exploté, me habían dado un par de cápsulas para laxarme, mi cama se convirtió en un arrabal putrefacto. La cocinera decidió no cocinar por el hedor. Me sacaron al patio para bañarme y enormes moscas verdes se arremolinaron en torno a mí. Decidieron llamar a mi esposa quien por teléfono ordenó algunos exámenes. Cuando le leyeron los resultados, alarmada ordenó de inmediato que me trasladasen al Hospital Central de Maracay. Tenía septicemia (infección generalizada) y gangrena en mis nalgas.
Al llegar al hospital me internaron de inmediato. Siento que me atendieron muy bien porque miles de personas corrían de un lado a otro buscando alivio y los médicos se agotaban tratando de satisfacer a todos en medio del hacinamiento y la falta de equipos y medicamentos.
La fiebre no me dejaba y mi boca se quemó toda. No quería probar alimento alguno porque los antibióticos me afectaron el estómago. Mi sed era insoportable, mi boca se mantenía seca no importa cuanta agua tomase. Estaba pútrido, a tal punto que no soportaba mi propia fetidez. Los médicos comenzaban a curar y terminaban pidiendo el bisturí para cortarme el tejido muerto. Los fémures se salieron de su lugar porque no había músculos ni tendones que los sostuviesen. Muchas enfermeras y legos que me veían pedían una silla para sentarse porque se les bajaba la tensión.
Pasaron los días y perdí la noción del tiempo. Mi esposa y mis hijas viajando de lejos se hicieron presentes y Milagros pidió que me llevasen a Puerto La Cruz donde vivía y había obtenido hacía poco tiempo una tarjeta del seguro social donde me había incluido.
Mis amigos de la iglesia estuvieron a mi lado de una forma muy especial, acompañándome en todo tiempo. Recibí la visita del pastor José Castillo, anciano y jubilado ya, y su esposa Ester de Castillo. Había recibido de él el bautismo por inmersión 25 años atrás en la ciudad de Barcelona y junto con su esposa fue mi mentor cuando era apenas un niño. Sentí gran satisfacción, porque a pesar de que hacía más de veinte años que no les veía me trataron con el mismo gran aprecio de antes y el pastor, cantante profesional entonó para mí su himno estelar “Prefiero a mi Cristo”
El hermano León, incapaz de quebrantar un principio no hacía caso cuando le pedía algo contra indicación médica. Siendo mi transferencia inminente, Luis Esaá hizo la diligencia para trasladarme.
Todavía puedo ver la dulzura de sus ojos cuando nos despedíamos entre sollozos y mientras acariciaba mi cabeza decía:
_No llore hermanito. No llore.
¡Ustedes están muy equivocados!
Después de un viaje de ocho horas en una moderna ambulancia de la gobernación del Estado Aragua, llegamos de madrugada al Hospital de Guaraguao en Puerto La Cruz. Mi hija Verónica y la paramédica, una hermosa mujer de color, campeona nacional en artes marciales, me acompañaban. Nos sentimos muy incómodos cuando nos dijeron que no nos podían recibir. Habíamos viajado con la certeza de que había una cama esperándonos. Nos enviaron al otro hospital del seguro social ubicado en Las Garzas, Lecherías pero allí tampoco querían recibirme.
Entonces, furiosa, la joven paramédica dijo al residente de guardia:
_Este paciente ha viajado durante ocho horas y está muy grave, no lo voy a devolver para que muera en el camino, así que lo reciben o lo reciben.
De inmediato se acercó a la ambulancia y bajándome junto con el chofer me pusieron en el pasillo de la emergencia, entregó mi historia clínica y se despidió.
Un médico muy afable me recibió, llenó mi historia y me envió a un lugar llamado “quirofanito”.
El lugar a los pocos minutos estaba hediondo. Al día siguiente comenzaron a evaluarme y me hicieron varias curas que representaban verdaderos actos quirúrgicos. Como en esa área soy insensible al dolor no requerían anestesiarme por lo que consciente escuchaba todos los comentarios e incluso también opinaba cuando tenía la oportunidad.
Verónica me acompañaba y todavía siento con pesar como a medianoche luego de tanto agotamiento se acostaba sobre una sábana con la cual cubría el contaminado piso. A menudo le pedía que se recostara sobre mi pecho. En especial recuerdo el momento cuando agotados los dos quería expresarle unas palabras y mi mente no podía procesarlas.
_Palabras… en… tengo mi mente… pero no puedo decirlas…no salen…este…_ le dije.
Entonces ella, abrazándome, lloró, tal vez pensó que había llegado mi fin.
Cuando pasaron los días, noté que cuando un médico cumplía su labor me refería a otro servicio diciendo que esa no era su competencia hasta que llegó el momento que no hubo más donde referirme y me convertí en paciente de nadie. Sin embargo, por ese temor que tienen los médicos de ser demandados por mala praxis o negligencia me seguían suministrando los cuidados necesarios. Permanecí en ese lugar como por espacio de dos meses. No dormía y el suministro incesante de una batería de antibióticos me producía grandes náuseas vomitando todo lo que ingería. Perdí muchísimo peso. Mis amigos y Milagros me decían que me veía bien para no desalentarme. Pero un hombre que me vio se convirtió en mi espejo cuando exclamó:
_ ¡Parece un Cristo!
Y es que mi delgadez llegó a tal extremo que parecía un sobreviviente de los campos de concentración de la segunda guerra mundial.
Una mañana en la revista médica entraron al “quirofanito” alrededor de diez médicos entre especialistas y residentes. Esa mañana parece que el tiempo se detuvo. Miré como se apostaron uno al lado del otro, preparándose como una coral para vocalizar una pieza musical. Todas sus miradas escrutadoras se posaron sobre mí, hasta que uno de ellos espetó:
_Hemos llegado a la conclusión que no podemos hacer nada por el paciente, las heridas están tan avanzadas que no se pueden curar, y las úlceras lo van a llevar a la muerte en pocos días. No creemos que viva más de una semana, diez días a lo sumo…
Las palabras retumbaron en el ambiente. Pero surgió energía de mí. Mucha energía. Estaban dictando mi sentencia de muerte, sin embargo, se transformaron en palabras vanas para mí. Irguiéndome cuanto pude les dije:
_ ¡Ustedes están muy equivocados! ¡Tengo un Dios arriba en los cielos que no va a permitir que yo muera!
Mis ardientes palabras dieron un poco de calor al frío ambiente. Observé a un médico inclinar la cabeza, como avergonzado, y otro exclamó:
_ ¡Tiene buen ánimo!
No les importó mi persona, no tuvieron un atisbo de delicadeza, semejantes palabras parecían carecer de significado para ellos. Ninguno se acercó para decirme lo siento. No hubo palabras de consuelo. Nadie se despidió. Los hombres de blanco salieron uno a uno como una coral de cantantes mudos, luego de terminar su acto, indiferentes a los aplausos del público.
Ellos tenían razón, podían hacer muy poco por mí, y lo que dije fue una locura, un ilógico. Era yo quien no sabía lo que decía.
Pero con esas palabras metí a Dios en un problema porque él no puede ser indiferente al clamor de sus hijos. El Señor no se resiste a una invocación sincera. En ese momento no hice una simple mención del ser supremo, no fue un simple llamado, fue algo más, fue un imperativo de acuerdo a su carácter y a sus promesas.
“Invócame en el día de la angustia, yo te libraré y tu deberás darme gloria”. (Salmo 50:15)
Es por esa razón por la que me siento impelido a escribir este testimonio porque el Señor Jehová cumplió su parte, como es evidente al poder hacer este trabajo, y estoy obligado a honrarle.
“Mas ¿que dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón…serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: TODO AQUEL QUE EN ÉL CREYERE NO SERÁ AVERGONZADO.” (Romanos 10: 8 – 11)
Él es el Señor de lo imposible, de lo que parece incongruente, de lo que a los hombres parece locura. Cuando le invocamos no nos deja avergonzados.
“Porque la palabra de la cruz es locura para los que se pierden, pero a los que se salvan es poder de Dios. Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.
¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escritor? ¿Dónde está el filósofo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?
Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Sino, que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte”. (Escogido 1 Corintios 1: 18 – 20, 25,27)
“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades…en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12: 10)
En los siguientes días un médico, tratando de convencer a mi hija de que no valía la pena lo que estaban haciendo le dijo:
_Además de su mala condición física está desvariando, está mal de la cabeza.
Capítulo 15
ÁNGELES AL RESCATE
Del Getsemaní al Gólgota
Mi hija Milagros Graciela es una joven de chispeantes ojos negros, esforzada y excelente estudiante que asimiló sus primeras letras antes de aprender a caminar. Mi relación con ella se tornó difícil a raíz de mi divorcio con su madre. Una mezcla de admiración y resentimiento por su parte y el no haber cumplido con mi parte como padre, nos había distanciado. Pero las circunstancias nos habían unido nuevamente y como pasó con Verónica, pudimos en ese tiempo compartir nuestros temores y esperanzas. Pude hurgar un poco su ser interior y ella el mío. Miré, entonces, con añoranza el tiempo pasado para hacerlo mejor.
Verónica había regresado a Caracas y ella tomó toda la responsabilidad de mi cuidado; con un trabajo que cumplir y una tesis que presentar para graduarse como enfermera, unido a su inexperiencia no la hacían la persona ideal para defender y atender a un padre moribundo.
A pesar del reto que yo le había impuesto a Dios en la ocasión cuando los médicos dijeron que no tenía posibilidades de vida, mi condición seguía siendo desalentadora.
Al cabo de unos días, la infección y la gangrena cesaron por lo que me colocaron en el pasillo de la emergencia, pues, no quisieron hospitalizarme ya que no había ningún servicio dispuesto a recibirme.
Mi condición física parecía continuar deteriorándose. Continuaba perdiendo peso, la hemoglobina llegó a estar en 4 mg. y la proteína en sangre de un valor normal de 7 estaba en 0.4, escuché a un médico decir:
_La hemoglobina está en 4 y bajando, en realidad está en menos de 4
Otro expresó:
_ ¡No entiendo como este hombre sigue vivo!
Otro más me tomó fotografías diciendo:
_ ¡Esto es digno de un congreso médico!
Las transfusiones se habían convertido en casi un imposible, mi tipo de sangre, O RH Negativo, es muy difícil de conseguir y a pesar de colocar anuncios en la radio local no aparecían donantes. En una ocasión mi hermano Brando, al otro lado del país, tomó a un amigo suyo que compartía mi tipo de sangre y montándole en su vehículo lo llevó a un centro médico para extraerle una dosis, enviándola urgentemente por avión.
Mis venas se habían deteriorado a tal punto que tenían que buscar enfermeras altamente especializadas del servicio de neonatología para poder colocarme las agujas. En una ocasión, mientras me colocaban una transfusión la aguja se obstruyó perdiéndose la transfusión y lloré al ver como se perdía el valioso líquido.
Todavía puedo ver con toda claridad, cuando en otra ocasión me transfundían, como destilaban las gotas de sangre a través de la sonda. Mis pensamientos giraban en torno a que esa persona me estaba dando parte de su vida y agradecí la bondad de ese desconocido. Mi mente fue más allá y rememoré el sacrificio de Jesús para darnos vida a través del derramamiento de su sangre; primero, el momento cruel en el Getsemaní cuando la inmensa tensión nerviosa y la angustia provocada por la separación de su Padre a causa de nuestras transgresiones le hicieron brotar grandes gotas de sangre, cuando su llanto interior se exteriorizó, y después en el Gólgota cuando otros le traspasaron en la cruz.
Un puñetazo al escritorio
Es probable que haya roto el record de permanencia, con aproximadamente cinco meses de estadía en el pasillo de la emergencia. Cuando se efectuaba la revista médica, los galenos empezaron a ignorarme y ya no formaba parte de la rutina. Llenaban la historia médica de forma ficticia presentando actos médicos que no habían realizado. Mi hija tenía que salir de su trabajo y en la noche casi de forma clandestina me realizaba las curas, después de conseguir furtivamente en el mercado negro del hospital los materiales y medicamentos.
En una oportunidad, luego de recibir una cura, me sentí muy mal y llamé a un médico quien era muy popular por su jocosidad y buen ánimo, estas características le servían para esconder su irresponsabilidad e insensibilidad para con los pacientes, acercándose escuchó mi petición, me brindó una sonrisa y se alejó dejándome temblando y adolorido. Varias veces dejó mis heridas sin tapar después de haber hecho las curas. En ese hospital donde los médicos se llaman extrañamente por su nombre de pila escuché algunas discusiones porque ningún residente estaba con la disposición de atenderme.
En varias ocasiones, Milagros, fue llamada por la administración de hospital, por el servicio social y por la dirección.
En su última entrevista con el director, éste le dijo:
_Queremos que se lleve a su papá de aquí porque el centro no puede hacer más nada por él. Su papá se está muriendo, lléveselo para que muera en su casa, aquí se están gastando muchos recursos.
_Él es responsabilidad de ustedes y tienen que prestarle la debida atención_ contestó Milagros.
Después de discutir otro rato, me contaba ella, el director se levantó de su silla y asustada creyendo que le iba a pegar, vio como arremetió con el puño contra su escritorio y dando con toda su furia rompió unas cosas que estaban encima. Entonces gritó:
_ ¡Usted se lleva a su papá de aquí u ordeno que lo monten en una camilla y lo coloquen afuera del hospital y busque que hacer con él!
Sin amilanarse Milagros lo retó; manifestándole:
_ ¡Atrévase! y verá aquí a toda la prensa por que lo voy a denunciar. Mi padre no se va de aquí porque no tengo donde llevarle.
Este hecho inverosímil pareciera un traza por lo incongruente, pero ocurrió. Aseguro que jamás será admitida por su protagonista porque pondría en peligro su carrera y reputación.
Cada dos o tres días recibía la visita de un hombre de baja estatura que se me acercaba, me observaba por unos segundos y después de responder a mi alegre saludo se alejaba. No sabía de quien se trataba, ¡era el director del hospital que no se atrevió a cumplir su amenaza!
Ángeles al rescate
Un ángel es un mensajero y considero que todo aquel que cumple una labor digna se convierte en uno de ellos.
Ese fue el caso de dos jóvenes cristianos estudiantes de medicina, Faisal y José Ángel Brito, quienes estando en una etapa avanzada de la carrera realizaban guardias extenuantes en el Hospital Universitario “Luis Razetti” de Barcelona, sin embargo pasaron noches de vigilia a la cabecera de mi cama y hubo muchos más que dieron un pedacito de su vida para salvar la mía.
Luisa Rodríguez, una segunda madre para mí, siendo anciana, se exponía a cruzar la peligrosa avenida ínter comunal para atenderme... Llevaba mi contaminadísima ropa de cama para hervirla y lavarla a mano. Sustituyendo a Chavita y a Luis Esaá hizo lo que ellos harían. Incapaz de tragar alimento sólido, sus consomés me salvaron de morir de inanición y buscó a otros para que me acompañasen. Sabiendo que vomitaba casi todo lo que comía y no queriendo ingerir los alimentos, me decía:
_Come que algo queda.
Descubrí que me ayudó seguir su consejo, vomitaba pero empecé a sentir mejor el estomago y no expulsaba todo lo que comía.
En una ocasión, era la tarde ya, creo más bien que era de noche, miraba al fondo del pasillo para distraer la vista. Me sentía mal, necesitaba que me cambiaran el pañal lleno de excrementos y me practicasen urgentemente una cura que tenía un retraso de dos días. De pronto vi aparecer a una joven, la pude mirar en todo su trayecto mientras se acercaba caminando con energía y una amplia sonrisa en sus labios.
Llegó a mi cama y me habló, no recuerdo qué, pero al enterarse de mi necesidad se dispuso a atenderme y con gran cariño me aseó y me curó. Se despidió con la misma alegría con la cual vino. La observé alejarse y por mucho tiempo pensé que era un ángel.
Meses después pude conocerla mejor, no era médico, tampoco enfermera, era una hija del Señor llamada Elizabeth Jiménez que llegó en el momento justo para atenderme.
Omaira de Matute, tía política, me visitó en varias ocasiones y mostró mucho interés por mí. Me confortó con largas conversaciones y siendo miembro de la iglesia Cuadrangular buscó compañía y me ungió con aceite lo que constituyó una hermosa y agradabilísima experiencia espiritual en ese inhóspito pasillo.
Buscó a un médico traumatólogo amigo suyo a quien le pidió que me atendiese. Cuando le conocí, por primera vez experimenté una sensación de esperanza que no había sentido antes. Fue solícito conmigo y desde el principio lo miré como a un salvador. No me había equivocado, a los pocos días me intervino quirúrgicamente y me seccionó la cabeza de fémur izquierda, la cual estaba muerta. Experimentó colocándome unos clavos de Stein para fijarme los huesos, este último método no dio resultado, pero el camino de mi recuperación estaba trazado. Fue duramente criticado por su método nada ortodoxo para conmigo. Se escandalizaron y lo calificaron de pirata cuando decidió curarme las heridas utilizando solo azúcar blanco eliminando todos los otros medicamentos. Sí, el económico y común azúcar blanco hizo su trabajo, limpiando y removiendo los restos de tejido muerto, matando las bacterias y produciendo granulación de tejido nuevo.
_Las bacterias aman la glucosa y cuando la encuentran la consumen hasta explotar. Un trabajo realizado en la Universidad “Lisandro Alvarado” de Barquisimeto lo comprueba_ explicaba.
Había decidido desmembrarme ambas piernas, el desmembramiento es una amputación de raíz de un miembro; tengo la certeza que si lo hubiese llevado a cabo se habrían terminado mis días, por eso Dios no lo permitió.
Allí conocí a Norelis Brito una dama alta elegante y siempre alegre, me encontró boca abajo expulsando flema de mis pulmones en vista a que tenía una complicación catarral. Una bandeja llena de nauseabundas secreciones adornaba el piso a la cabecera de la cama y mis caderas estaban expuestas mostrando un cuadro espantoso de músculos y huesos. Había venido acompañando a mi esposa quien le hablaba de mi muerte inminente.
Ella, ahora, comenta que conoció primero mis “intestinos” antes que a mí. Pero regresando a esa ocasión, se sintió mal ante un espectáculo que no es para el común de la gente. Reponiéndose y en medio de la conversación que tuvimos un rato después que me pusieran boca arriba dijo, lo que parecía un exabrupto:
_Italo, te veo en una silla de ruedas, no vas a volver a caminar, pero te veo ante mucha gente dando tu testimonio y predicando y veo también a mucha gente con las manos en alto y llorando al escucharte.
En una segunda ocasión me visitó, y todos estábamos preocupadísimos porque no había recursos para comprar el alimento terapéutico muy especial y costoso, llamado Impact, que me había indicado el médico nutricionista e intensivista que había comenzado a tratarme y había dicho que tenía una inmuno-supresión y que sin él no saldría del cuadro en que me encontraba. Norelis dijo:
_ ¡Dios va a poner el Impact!
Efectivamente así fue, y desde ese momento comencé a comer mejor y muy lentamente ganaba peso. El Impact que recibí no fue el medicamento que me habían indicado, sino los alimentos que me suministraban y ya no devolvía.
Aún así, nadie más, daba un centavo por mi vida y un día, después de cinco meses de agonía le expresé a mi hija:
_Estoy hastiado de este lugar y si he de morir no quisiera que fuese en un hospital. ¡Búscame un lugar donde ir!
En todas estas mantuve mi fe en Cristo mi Señor, mi esperanza. Desde el día de mi accidente me había fortalecido la certeza de la promesa bíblica de la resurrección y en esos días fue más patente que nunca.
“Aunque mi corazón desfallece dentro de mí,… yo sé que mi Redentor vive, al fin se levantará sobre el polvo, y después de desecha ésta mi piel, en mi carne he de ver a Dios, al cual veré por mi mismo, y mis ojos lo verán en su hermosura”
(Job 19: 27up, 25 – 27 pp.)
Capítulo 16
AMOR Y TRAICIÓN
En la edad media
Unos días después de haber expresado que no deseaba permanecer en el hospital estaba instalado en una buena pero lúgubre habitación en Puerto La Cruz, la cual me habían cedido, porque según supe más tarde, esperaban a que dejase de existir en pocos días. Al inicio me atendieron muy bien pero alargándose el tiempo comenzaron a pasar cosas extrañas.
Los fines de semana se iban y me dejaban sin alimentos, comenzaron a quemar incienso y temiendo ser contaminados por mí mantenían cerrada la puerta y las ventanas de la habitación. Presionaron a mi hija para que me llevase a otro lugar.
Pude palpar como las ideas que uno considera extintas están siempre presente y como el ser humano siempre actúa igual cuando está en la ignorancia. Recordé mis lecciones de historia en las cuales sonreíamos y nos lamentábamos porque en las grandes pestes de la edad media cuando una persona caía enferma era encerrada por sus vecinos sellando con tablas las puertas y ventanas hasta que muriera y después le prendían fuego. Y a mí, habitante del siglo XXI me estaba pasando lo mismo.
Josefina y Milagros reñían y queriendo estar bien con las dos partes me hice acreedor de los reclamos de ambas señalándome cada quien como que favorecía a la otra. Yo también molestaba, desnutrido quería comer de manera antojadiza y siempre estaba pidiendo, ya que el cuerpo lo ansiaba, que quería comer esto o aquello y después, no encontraba el sabor que quería. Ahora entiendo que era un asunto imposible de resolver porque tenía el gusto distorsionado debido a las quemaduras causadas por la fiebre constante.
Una mañana muy temprano, día de fiesta era aquel día, 24 de Julio del año 2001, Milagros se levantó muy temprano y contrario a su costumbre, comenzó a acicalarme, me afeitó, curó mis heridas y me vistió, luego, buscó mi silla de ruedas, la cual no había usado por muchos meses, y con la ayuda de dos hombres, amigos suyos, que estaban a la espera me sentó en ella. Extrañado ante lo que ocurría me atreví a preguntar:
_ ¿A dónde vamos? ¿Adónde me llevas?
_Todavía no sé, Violo_ me respondió.
_ ¿Cómo es posible que no sepas?_ volví a inquirir.
_No te preocupes, estate tranquilo_ respondió nuevamente.
Sin más, observé como subieron mis cosas en un par de taxis que estaban esperando. Suponiendo que había encontrado otro lugar donde llevarme dentro de la misma área metropolitana, me despedí de mis anfitriones y les di las gracias.
Me instalaron bien en la parte delantera de un vehículo y me acompañó la enfermera que me había estado atendiendo durante esos días.
Incómodo por la incertidumbre comencé a observar como los vehículos tomaban impulso y se alejaban cada vez más del centro urbano, no fue sino cuando cruzamos el puente La Volca de Barcelona que intuí que tomaríamos la carretera para un viaje de una hora hasta la ciudad de Anaco donde residía mi esposa.
Nos estacionamos a mitad de camino para desayunar, entonces mi hija, que viajaba en el otro vehículo, se acercó y me dijo con voz queda:
_ Papá, quiero decirte que pase lo que pase, te quiero.
Su diminuto rostro estaba desencajado y sus chispeantes ojos, ahora tristes, hablaron más que sus palabras. Seguí comiendo mi cachapa (torta de maíz tierno) con queso, mientras daba pequeños sorbos al refresco. No se me ocurrió nada para contestarle. Percibía que algo importante estaba por ocurrir y guardé silencio para con ella. No así para su acompañante el chofer del otro taxi que había tenido una actitud burlona para conmigo y le dije:
_En momentos de desgracia no hay porque reír, no te burles de mí.
Retomamos el camino y llegamos sin contratiempos a la ciudad de Anaco.
Al encontrarme allí presumí que mi hija se había puesto de acuerdo con mi esposa para que me quedase con ella, pero estaba equivocado…
Llegamos a una clínica donde Josefina laboraba, me bajaron del vehículo y colocándome nuevamente en la silla de ruedas me introdujeron al estar de la emergencia junto con mis pocas pertenencias, colocándome de espaldas a la salida, mi hija habló con la recepcionista para que llamaran a Josefina por un paciente de emergencia que la estaba esperando entonces se acercó y me susurró:
_Voy a hacer una llamada telefónica, espérame, ya regreso.
Esperé, esperé y esperé, al pasar el tiempo, no sé cuanto, y al ver que no llegaba así como tampoco Josefina, pregunté:
_ ¿Dónde está mi hija?
_Se fue hace mucho_ me contestó el chofer del auto que aún permanecía conmigo.
Entendí, entonces, con mayor claridad lo que estaba sucediendo. No puedo describir aquí los sentimientos de tristeza e impotencia que me invadieron, me sentí vilmente traicionado. No importaban los atenuantes. Había hecho lo que no debía.
_Simplemente, ¿por qué no me dijo con anterioridad lo que iba a hacer? ¿No le había dicho que con toda confianza me expusiese sus decisiones y cualquiera que tomase estaría bien? ¿Por qué me dejaba bajo engaño en ese lugar y luego huía cobardemente? ¿Por qué tratarme como a una cosa?_ me preguntaba y le envié un mensaje con el chofer lamentando su acto.
Pero también entiendo que su situación era muy difícil, temiendo mi reacción tomó una decisión apresurada. Quedé allí, sin poder hacer absolutamente nada, impotente y esperando mi nueva aventura.
Capítulo 17
PERROS Y GATOS INVISIBLES
No lo puedes tener aquí
Pasaron las horas y después de muchas llamadas. Josefina cruzó la puerta y viéndome de espaldas se me acercó extrañada y me preguntó:
_ ¿Eres tú el paciente que me estaba esperando?
_Así parece ser_ le contesté.
Entonces preguntó:
_ ¿Dónde está Milagritos? ¿Por qué no está contigo? ¿Qué pasó?
_Me dejó y se fue_ le respondí.
Visiblemente perturbada habló con la recepcionista y llamó a su madre. Dijo que este había sido un complot en su contra, que obviamente habíamos tramado entre los dos; hasta el día de hoy sigue afirmando lo mismo. De inmediato, comenzó los preparativos para buscar un sitio donde llevarme porque había alquilado un apartamento tan pequeño que yo no cabía en él.
A los pocos minutos llegó mi suegra, una reconocida educadora en la ciudad, y después de un corto saludo le expresó a su hija cuando todavía no terminaba de acomodarse en la silla:
_ ¡Tú no lo puedes tener aquí!
Mientras ellas dirimían su conflicto acerca de donde llevarme, mis lágrimas corrían por mis mejillas y en silencio oía y observaba cuanto decían. La discusión era en torno al “paquete” que había llegado y donde lo dejarían.
_ ¿La suegra no es una segunda madre?_ me pregunté_ ¿No soy acaso el padre de su nieta?
Sin preocuparse mucho por mí salieron a buscar un lugar o una casa para alquilar adonde llevarme. Mientras esperaba la recepcionista me proporcionó de su comida, después, haciéndome daño la brisa fría me dio una crisis pulmonar por lo que me pasaron a una camilla para que pudiese expectorar. La buena nota fue que estaba allí la pequeña Dana y me acompañó por un rato y pudo ver mi situación. En repetidas ocasiones me había dicho que quería tenerme en casa y rememoraba los buenos momentos que habíamos vivido juntos.
Eso quiero, que mueras
Al llegar la noche llegó mi esposa con una ambulancia y me trasladó al hospital “Angulo Rivas” de Anaco donde su mejor amiga la enfermera Hermelinda* había conseguido una camilla en la apretujada emergencia.
Me colocaron en una camilla en un lugar donde apenas había espacio para caminar. Después de quedar acomodado en el sitio Josefina dio instrucciones a la enfermera de guardia y llamándola comencé a decirle:
_Quisiera que… no terminé de hablar cuando me interrumpió para contestarme:
_Confórmate con lo que ves aquí, no pidas, no hables, no exijas.
_Entonces, mejor es que me muera, porque si no puedo expresar mis necesidades, sino puedo hablar, ni pedir, ni exigir es como estar muerto_ le refuté, entonces me dijo:
_Exactamente, eso es lo que quiero, que te mueras _ dichas estas palabras se fue.
Está demás decir como me sentía ante esta situación.
Lo que hay en el interior del hombre
Pasaron varios días y me trasladaron a una habitación de confinamiento. Los médicos y enfermeras me proporcionaron muy poca atención porque estaba a la orden de mi esposa. La alimentación sumamente pobre parecía raciones de tiempos de guerra, consistía invariablemente en un panecillo con margarina y café por la mañana, unos 20cc de sopa con una cucharada de carne desmechada y una cucharada de arroz a mediodía y la misma receta para la noche, algo así como el sobrante que deja alguien en el plato después de quedar satisfecho. Mi esposa no “tenía” tiempo para llevarme algo más de comer. Mi cuñada batió el record de la visita más corta a un paciente cuando entró corriendo con una bandeja de comida la colocó en la mesita y salió corriendo mientras en voz alta decía:
_Me esperan en el carro._ No la volví a ver.
Norelis, comenzó a llevarme los almuerzos y compartiendo esa hora diaria pudo conocer el verdadero carácter de mi situación, un día me dijo:
_ ¿Sabes, Italo? Dios te ha puesto como piedra de tropiezo.
No entendía.
_Una piedra de tropiezo es aquella persona que con sus malos actos hace caer a otro_ refuté.
_Eso no es lo que dice la Biblia_ me contestó_ una persona se convierte en piedra de tropiezo cuando otras viendo su necesidad vuelven el rostro para no ayudarle. El Señor Jesús se convirtió en piedra de tropiezo para los judíos porque le rechazaron.
Sentí como si me hubiese ocurrido una gran idea. Repentinamente, como por insight entendí con toda claridad lo que me quería decir.
_Sí, Italo, Dios te ha puesto como piedra de tropiezo para probar muchos corazones y contigo muchos van a caer, porque obligatoriamente tienen que revelar lo que tienen dentro de ellos.
Mi nueva amiga tenía razón. Los minusválidos despertamos pasiones y cuanto mayor es la seriedad de nuestra incapacidad mayores son los sentimientos de rechazo o de compasión, porque hacemos con nuestras necesidades que sea revelado lo que hay en el interior de las personas.
Perros y gatos invisibles
Mi esposa, hizo lo mejor que se le pudo ocurrir, acudió a la iglesia evangélica “Luz del Mundo” y pidió socorro pero también dijo las peores cosas acerca de mí y en una actitud contradictoria logró más de lo que pudo imaginar.
A los pocos días llegaron buscando al hombre que tenía legiones de demonios y de un modo que me pareció cándido, creyeron también que tenía un perro y un gato atrapados en mi interior. Como tenía problemas para expectorar, pasaba mucho tiempo tratando de subir la flema de mis pulmones, lo que producía un sonido perruno, la traqueotomía pitaba de vez en cuando, entonces, dieron esto como cierto. Buscando salvarme, casi todos sin excepción me pedían que hiciese una oración de confesión de fe aceptando al Señor Jesús.
Al principio pensé que lo que ellos creían era producto de sus creencias religiosas, pero después descubrí que mi esposa había aprovechado la característica supersticiosa de algunas de estas personas que carecían de educación formal para decirle estas cosas.
Más adelante le reclamé y preguntándole, le dije:
_ ¿Por qué inventaste eso, de que yo tengo demonios en forma de perros y gatos dentro de mí?
Siendo una persona que no se calla ante una falsa acusación, guardó silencio y mirándome a los ojos como una niña que hubiese hecho una travesura me brindó una sonrisa. También había hablado a la familia donde había estado en Puerto La Cruz diciendo que con mi infección podía enfermarlos a todos, atemorizándolos y produciendo la extraña conducta de encerrarme.
Los héroes y la villana
Estos prójimos comenzaron a prestarme un buen servicio e hicieron el trabajo que correspondía al personal del hospital. A los pocos días se presentó un problema porque el personal médico y de enfermería no me atendía pero tampoco querían permitir que estas personas me curasen. Sin embargo, estos, no se amedrentaron y continuaron haciendo una labor que jamás habían hecho. Se asombraron al ver mis heridas y como podían introducir las manos íntegras en ellas, como insertaban trozos enormes de gasa por una nalga y la sacaban por la otra. Algunos se retiraron porque no soportaban realizar este trabajo. Me vieron destrozado por fuera y por dentro y se compadecieron de mí.
Hermelinda la enfermera amiga de mi esposa también me atendía por las tardes pero daba grandes insultos a estas personas diciéndoles que la obra que hacían era para el enemigo de las almas. (En respeto a ustedes, mis lectores, no puedo escribir lo que esta señora decía).
Era ella una mujer de edad avanzada y con una mirada dura que mantenía una relación de conveniencia con la “dortora”, como ella la llamaba, era conocida por atender con medicamentos a sus vecinos pero también por practicar abortos clandestinos. Pronto me di cuenta que estaba tan acostumbrada a mentir que no podía contar una misma historia dos veces porque la distorsionaba colocándole elementos fantásticos que jamás habían ocurrido.
Mientras me curaba junto con las otras personas hablaba muchas cosas y así pude conocer lo que había en su corazón, descubrí la negrura de su interior, practicaba la hechicería y luchaba contra todo lo que tuviese que ver con Dios.
Me aconsejaba, así como lo hacía con mi esposa:
_Usted tiene que divorciarse de la dortora porque usted se va a morir pronto y entonces la familia suya de usted, le va a quitar todo a la dortora y la van a dejar en la ruina.
Más adelante hizo otra sorprendente declaración:
_En mi país a los cuadrapléjicos le ponemos una inyersión por la noche y en la mañana siguiente amanecen tiesos y nadien sabe porqué jué.
Repitió esas palabras más de una vez. Estaba preparando el camino para su macabro plan.
Ella me traía una crema de sardinas “especial” por las tardes, entonces empecé a perder el cabello. Notándolo lo comenté con Josefina y me respondió que se debía a la severa desnutrición. Pero había estado en peores condiciones de desnutrición y eso no había ocurrido, hoy día sospecho que había estado siendo envenenado por esa mujer; lo peor vendría después.
Luz en el cuarto oscuro
Se ejerció una gran presión para que me sacasen del hospital, luego de un par de meses me trasladaron a una casa donde permanecí otro par de meses, quizá atormenté a la dueña ya que por el frío y otras incomodidades llamaba con frecuencia en la noche. Una pequeña ventana dejaba entrar a la pequeña habitación una débil luz que la hacía muy oscura, con un techo muy bajo de láminas de zinc hacía que de día el calor fuese insoportable produciéndome fiebre, me cubrían, entonces, todo el cuerpo con toallas para bajar la temperatura. En la noche, a causa del frío me daba hipotermia y dolores, lo cual era insoportable. En la tarde deseaba con obsesión a que llegase la noche y en la madrugada deseaba la llegada del día.
Cuatro personas venían todos los días a curarme y preocupados por mí decidieron ayunar por espacio de cuatro semanas. Así que durante un mes siempre veía a tres de ellos porque durante una semana completa se encerraban por turno en ayuno y oración. ¡Cada uno ayunó siete días continuos por mi sanidad!
Dijeron que Dios les había mostrado que mis heridas iban a sanar completamente aplicando trozos de sábila. Hacía un tiempo que había dejado de usarse el azúcar, ahora se presentaba otro remedio casero, totalmente natural y más económico aún, porque la sábila se encuentra en casi todas las casas.
Las heridas incurables para la ciencia iban a curar según me decían estas personas indoctas. Pero tenían razón, el poder del Creador puesto en la naturaleza e instrumentos útiles, hombres y mujeres consagrados al servicio de Dios comenzaron el milagro. Personas que apenas habían ido a la escuela estaban haciendo lo que ni mi familia fue capaz de hacer, ni los orgullosos especialistas interesados más en el ejercicio de su profesión que en el destino de las personas.
No quisiera narrar muchas de las cosas acerca de las que escribo, pero ocurrieron y siguen ocurriendo. Muchos pacientes de todo tipo son abandonadas en los hospitales de mi país y muchos profesionales convalidan esta acción desinteresándose por el sufriente. Pero me gozo ante acciones como éstas donde los hijos de Dios actúan tornando lo imposible en milagro.
Un día me visitaron Josefina* y su amiga, quien era una completa desconocida para Maritza, propietaria de la casa, al irse la visita, Maritza, muy preocupada, refiriéndose a Hermelinda*, me comentó:
_Vi la muerte reflejada en la cara de esa mujer, la muerte acompaña a esa mujer.
Le comenté lo que esa persona hacía para que supiera que tenía razón y que el Señor le había dado discernimiento para reconocer el mal.
Con los días desarrollé una infección urinaria y Josefina aprovechó la oportunidad para trasladarme al hospital de la Ciudad de Cantaura. Allí el enemigo de las almas arremetería con todas sus fuerzas, pero obtendríamos grandes victorias.
Una mañana llegó con su amiga Hermelinda y de forma abrupta me montaron en mi vehículo y salimos a la carrera… Antonio Malavé me acompañaba.
Capítulo 18
LA HABITACIÓN DEL OLVIDO
Antonio Malavé
Cuando llegamos al Hospital “Luis Guevara Rojas” de Cantaura tenía fiebre y estaba muy agitado. Mientras tramitaban mi ingreso al centro hospitalario, mantenía una conversación con Antonio Malavé.
Había conocido a Antonio cuando por pedido del pastor Juan de Dios Pineda, de la iglesia evangélica “Luz del Mundo”, había sido enviado para cumplir una misión conmigo. Él mismo había sido nombrado pastor visitador y tenía que visitar unas veinte congregaciones en una ronda de un mes. Me sentí privilegiado porque una persona que tenía tantos miembros de su iglesia que atender, estuviese dispuesto a ocupar tanto tiempo y energía conmigo. De baja estatura y bien parecido, mantenía siempre su vestidura impecable y siempre muy bien rasurado presentaba un buen talante. Descubrí en él un verdadero varón de Dios, el estudio de las escrituras le había dado sólidos principios y una sinceridad y devoción por el Señor poco vistas hoy en día. Con su Biblia siempre en la mano no perdía oportunidad para exponerla ante los demás. En el futuro inmediato nos prendamos de tal manera que puedo decir que llegamos a amarnos entrañablemente en el Señor, más que a hermanos.
Este es el cuarto del olvido
Después de haber llenado la historia clínica, el médico de guardia ordenó mi ingreso y sin pensarlo dos veces las dos mujeres apuradas porque no tenían suficiente tiempo para dispensarme, empujando la camilla a toda velocidad me llevaron a través de un pasillo completamente solo y pasando todas las habitaciones que se encontraban vacías para colocarme en la que quedaba al final. Conociendo su intención expresé con fuerza:
_ ¡Me llevan al cuarto del olvido!
_Es que las otras habitaciones se mojan_ mintió Hermelinda.
Durante el viaje había estado hablando de las bondades del hospital y que había conseguido una habitación para que me quedase allí para siempre y se ufanaba de haber resuelto el problema a la “dortora”. Apenas me acomodaron se marcharon dejando una estela de afán tras de sí. Recuerdo a Antonio más callado que de costumbre observando sus acciones, le recuerdo, también, expresar una de las oraciones más hermosas que jamás he escuchado, cuando después de haber pasado hambre todo el día por estar a mi lado, levantó al cielo una galleta que iba a ser desechada y expresó refiriéndose a Dios:
_ ¡Gracias Papá!
A pesar de todo dormí bien esa noche. A la mañana siguiente amanecí cubierto de miles de hormigas que habían pasado toda la noche comiéndome, carente de sensibilidad en mi cuerpo no las noté hasta que las vi al despertarme. Me rompieron los genitales y los pies. Motivado a ello me cambiaron a la habitación contigua.
Más tarde le dije a Antonio que quería mudarme a la primera habitación del pasillo porque me habían puesto al final del pasillo con muy malas intenciones.
_Hermano Italo, quédese en esta habitación porque aquí vamos a ver la gloria de Dios _ me dijo.
Pedro Maita
Todavía recuerdo cuando le vi por primera vez, pegado a la ventana del cuarto oscuro y con las manos en alto. También había venido en mi socorro por instrucciones del pastor Juan de Dios Pineda. Ese día viajó a Puerto La Cruz para buscar la cama clínica que había quedado allá. También de baja estatura y con rasgos indígenas se le notaba que era hombre de humilde condición. Su brazo derecho tenía una severa deformación la cual cubría usando camisa manga larga. Encontré en él a un hombre bondadoso siempre dispuesto a pedir y siempre dispuesto a dar. Su lugar según aprendí después, estaba con los necesitados para brindarles su mano amiga. Siempre en su bicicleta recorre la ciudad visitando a los hermanos de su iglesia. Él junto con Antonio, harían una dupla benéfica que me salvaría la vida. Fiel a su promesa se ha mantenido a mi lado hasta el día de hoy, siendo artífice de mi recuperación y apoyo firme en mis logros. ¡Te amo hermano!
El cuarto del olvido, casa de Dios
Al principio el personal me trató muy bien, en esta ocasión, el ser miembro del gremio médico como familiar, me brindó ciertos privilegios en el trato, pero cuando pasaron unos pocos días y mi esposa no aparecía, tomaron eco los rumores de que me habían llevado allí para que permaneciese en el lugar de forma indefinida. Conscientes de ello me dieron de alta retirándome toda atención. Así fue como estos dos varones de Dios estuvieron viajando todos los días desde la ciudad Anaco a la ciudad de Cantaura, para atenderme y curar mis heridas porque los médicos se negaban a hacerlo. Por lo menos permitieron que ellos lo hicieran y se llegó a un acuerdo para que se les entregase el material de cura. Un médico expresó:
_Ustedes lo hacen mejor que nosotros, sigan haciéndolo.
Y efectivamente estos dos hombres lo estaban haciendo mejor que los médicos.
En otra ocasión, se le pidió al médico encargado que me atendiese y se expresó de manera desafortunada:
_No tenemos nada que ver con ese paciente así que no lo voy a atender.
Recuerdo un día cuando se paró una dama practicante de un curso de paramédico y observaba a Antonio limpiándome y haciéndome la labor de cura. Antonio le explicaba lo que me había pasado, mientras, ella no dejaba de sentir lástima por mí.
_ ¡Pobrecito! _decía una y otra vez.
A la mañana siguiente, llegó mi desayuno y no tenía quien me lo diera a comer. Esta dama se acercó a mi puerta para saludarme, entonces le pedí que me diera el desayuno.
_ Ya vengo _me dijo.
Se fue para no regresar y mi desayuno se perdió a causa de las moscas y las hormigas. Así como ella actúan muchos que sienten lástima por los demás, pero al dar la vuelta se olvidan, tal cual como si hubiesen visto una película. Ha sido una constante que quienes expresan lástima por mí son los que están menos dispuestos a remediar mis problemas. La verdadera compasión mueve a la acción para ayudar a cambiar la situación de desventaja o premura de un semejante y esta dama carecía de ella.
La habitación gozaba de una posición favorecida, con un amplio ventanal me permitía mirar el verdor del pasto, el horizonte y el azul del cielo, un privilegio que no había tenido desde hacía muchos meses, el encierro me había causado claustrofobia y allí pude sanarme.
La iglesia “Luz del Mundo” misión 1 de Cantaura, con su pastor Daniel Ruiz nos proveyó ayuda y alimentos. Unos jóvenes cristianos, Jonathan, Mela y Yoalice que trabajaban en el cafetín se comprometieron para darme a comer la cena, labor que hicieron muy bien, sorprendiéndome a menudo con dulces y chocolates.
Antonio, en varias ocasiones, con ese espíritu alegre que lo caracteriza, expresaba en alta voz, levantando sus manos:
_ ¡Veo la gloria de Dios! ¡Aquí está la presencia del Señor!
No se equivocaba, porque pasábamos horas en oración y estudio de Las Escrituras. Los familiares de los pacientes cuando se acercaban a la habitación, no perdíamos oportunidad para predicarles. Varias personas aceptaron a Jesús como el Señor de sus vidas, pude ver corazones constreñidos y a hombres y a mujeres derramar lágrimas de arrepentimiento. Los pacientes enviaban varias veces al día, por los pastores para que orasen por ellos. Cuando quedaba a solas y alguien les solicitaba, les guardaba el mensaje para que cuando llegasen los visitasen. También quedando a solas comenzaba a cantar y las personas curiosas se acercaban a la puerta de mi habitación, entonces, les hablaba del amor de Dios.
El cuarto del olvido se convirtió en un hermoso templo. ¡Vimos allí la gloria de Dios!
Dios concluyó allí la obra que había comenzado en mí. No solo mis heridas evolucionaban muy bien sino también mi alma fue definitivamente sanada
Capítulo 19
EL DIVORCIO O LA VIDA
Corazón lejos
Mi estado de ánimo se mantenía fluctuante por las circunstancias siempre cambiantes y estar hospitalizado significa recibir muchos desplantes. Pronto recibiría el mayor desplante de todos y no por un extraño sino por la persona a quien le había dado mi todo y en quien había concentrado todo mi amor.
Mientras conversaba con Antonio le dije:
_Mi esposa a pesar de que está apenas a diez minutos de distancia demora muchos días en venir a visitarme.
_Lo que pasa es que el corazón de ella está lejos de usted_ me contestó.
Escuché con desilusión sus sabias palabras, entendía que tenía que aceptar lo que me negaba admitir. En condiciones normales es difícil aceptar una desilusión amorosa, pero en mis condiciones representaba la vida, la persona con quien había compartido tantas cosas hermosas, la cotidianidad, un hogar, dos hijas. Quien antes le había prometido que sin importar lo que le pasara, siempre estaría a su lado, no estaba dispuesta a llegar al final conmigo, no le importaba lo suficiente. Algunos me dirán tonto, pero cuando se ama también se está dispuesto a aceptar y soportar más de lo que parece lógico.
Una tarde, cuando caía el sol, llegó mi esposa, estaba acompañada de su amiga, que para entonces parecían haberse convertido en inseparables. Esta última observaba a través de sus grandes anteojos, con una mueca por sonrisa, apoyada en su bastón, en la parte externa de la habitación. Para ese entonces, ya no le quería saludar porque la consideraba abiertamente mi enemiga.
Josefina se acercó y me habló suavemente;
_ Estoy muy preocupada porque puedes morir en cualquier momento y temo que tu familia me puede quitar las cosas que tengo, sabes que compré una casa y me voy a asociar con un par de colegas para abrir una clínica en Anaco. Quiero que me hagas un gran favor, dame el divorcio para poder estar tranquila.
Me asombraba que su verdadera preocupación eran las cosas materiales pero yo sabía que había algo más allá. Difícilmente alguien se atreve a cuidar de un paralítico a menos que sea un familiar cercano y querido. Pero en nuestra sociedad moderna las parejas se casan para formar una familia, sin embargo, como se escucha por doquier, los cónyuges no son familia entre sí. Y yo no era su familia. Era esa su verdadera motivación. Sabía que su abandono se había concretado y que ella estaba en una difícil situación porque quería dejarme, pero su condición como profesional de la medicina le obligaba a mantener su prestigio. Hablé con firmeza y le dije:
_Sé realmente porque te quieres divorciar y la razón que expones, no es razón. Es una excusa. Sabes que mi familia nunca te ha molestado y ahora está lejos de mí. Además sabes claramente que si muero tú eres la principal beneficiaria, que hermanos y sobrinos no me pueden heredar. Lo que estás diciendo es una locura. Pero si esa razón para ti es suficiente, así lo será. Quiero que tomes en cuenta_ continué_ que lo que estás dispuesta a hacer está mal ante Dios, ante las leyes y ante la sociedad.
Con una sonrisa y mientras trataba de acariciarme me dijo:
_Vida, es un favor que te estoy pidiendo, no te voy a dejar y cuando tenga lista la casita te voy a llevar.
Se levantó, dio la vuelta a la cama y me besó en los labios. No le pude corresponder.
Al día siguiente, en la tarde, con gran presteza, apareció, me presentó el documento de divorcio y tomando mis inmóviles manos estampó mis huellas sobre el papel.
Dos días más tarde, el 16 de Octubre del año 2001, la vi cruzar la puerta cuando apenas amanecía, acompañada como siempre de su enfermera Hermelinda, buscó a otra persona y sentándome en una silla de ruedas del hospital y sin permiso de la institución, antes de que llegasen las autoridades de la misma, me sacó de allí rumbo a los tribunales de la ciudad de El Tigre.
Esperé por horas en el estacionamiento y al fin después de que casi desmayaba por el inclemente sol, apareció una secretaria del tribunal a quien habían sobornado con cincuenta mil bolívares, cargando los libros con el acta de demanda de divorcio. La joven me preguntó si estaba de acuerdo e inmediatamente colocó mis huellas en la misma.
Tuve, también, la oportunidad de dirigirle unas palabras a Josefina:
_Esa amiga que te acompaña, es tu peor enemigo y te va a llevar a la destrucción.
_Tu sabes que no cuento con más nadie, ella es mi único punto de apoyo _ me respondió.
_Me asombras con lo que me dices, el enemigo te ha enceguecido y ese punto de apoyo está afianzado sobre la arena_ contesté, siendo esa la ultima conversación que tuvimos a solas.
Retornamos enseguida, estaba muy apurada para seguir con su agitada vida. Mientras veníamos de regreso, la sentí llorar. Quise creer que sufría, pero mi ser me decía que lloraba porque había obtenido su libertad. Siempre contradictoria, me acarició.
De regreso me tiraron en la cama sin importarles como quedaba. Antes de salir espetó una palabra obscena porque se había mojado su vestido amarillo con mi orina. Ella se retiró aprisa del lugar dejándome para que se cumpliera mi destino.
Jonathan mi amigo de la cafetería, siempre pendiente de mí, subió a mi habitación me dio un pasticho jamón que había comprado para él. No había comido casi nada desde la mañana. Pero qué diferencia, mientras quien por trece años había sido mi esposa me despreciaba, él con el cariño que Dios había implantado en su corazón, me estaba sirviendo. Lo comí con gusto. Mayor gusto sentí porque sabía que se dolía conmigo y cual ángel de Dios se hizo presente cuando más lo necesitaba.
Al rato apareció Antonio y me dijo:
_ Cuando llegué esta mañana, me preocupé porque no estaba, hermano Italo, supuse que algo importante estaba pasando y fui a casa del pastor Daniel Ruiz para esperar.
_ Ya el divorcio es un hecho_ le contesté.
Me consoló, cambió mi cama que habían dejado mojada con mi orina, vio mis heridas y se lamentó porque se habían desgarrado y se habían perdido semanas de trabajo.
_Te maltrataron_ me dijo.
No solo mis heridas habían sido maltratadas sino que mi corazón también estaba desgarrado. Pero unido a ello, también sentí una sensación de libertad que no había experimentado antes, tenía todavía un futuro incierto, pero ahora podía tomar mis propias decisiones, sin esperar a que otra persona las tomase por mí, por razones legales. Cuando me encontraba en situaciones importantes las personas no tomaban en cuenta mi decisión y tenía que esperar a lo que ella dijera. (Así es también la decisión para la eutanasia, en la mayoría de los casos, son los familiares quienes deciden). Había experimentado eso antes, cuando fui llevado a otro lugar y no habían valido mi desacuerdo, ni mis gritos, ni mis rabietas.
No dejaba de asombrarme como un hombre que había luchado toda su vida para llevar una existencia digna, que sin llegar nunca a ser adinerado procuraba el sustento diario, que tenía lo que consideraba era mi familia y mis amigos, había quedado como indigente en la habitación de un hospital en una ciudad totalmente desconocida donde jamás había estado antes. Sin poder apelar a nadie que compartiese mis genes, me tocó confiar en Dios.
Dos mujeres, una mujer
Quizá, por el agotamiento, pude conciliar el sueño y siendo de madrugada soñé. Podía ver a una mujer que se acercó a mi cama y colocándose a mi cabecera, conversaba conmigo y me decía muchas cosas como para alentarme. Después se movió de lugar donde podía verla más claramente y empezó a orar por mí. Me sentía bien por lo que estaba haciendo. Cuando terminó de orar me dijo:
_Soy cristiana espiritista.1
Pasó un instante, razoné, de pronto recapacité.
_ ¡No existen cristianos espiritistas!_ dije con fuerza_ ¡Te reprendo, Satanás, no tienes lugar en esta habitación! ¡Te reprendo en el nombre de Jesús! ¡Fuera, fuera de aquí!
Despertando agitado, no tuve tiempo de preguntarme que significaba aquello. Sentí que Dios automáticamente me dio la respuesta. Esa mujer son las dos mujeres, una que dice ser cristiana y la otra que practica la hechicería pero que andan juntas como si fuesen una.
Conversando con un invidente
Ese mismo día por la tarde, me visitó un nutrido grupo de hermanos de la iglesia “Luz del Mundo” de Cantaura. No hablamos nada importante, solo jugaban. Ahora entiendo que de esa manera me dieron mucho ánimo y de esa forma me dijeron que estaban conmigo. Sin embargo, me llamó la atención un invidente que se sentó a mi costado, se mantenía callado, aunque parecía muy amable y sonreía a causa de los muchos chistes. Con la puesta de sol se despidieron:
_Nos vamos porque es necesario que lleguemos temprano a la reunión.
Mientras nos despedíamos le dije al invidente:
_Hermano, usted… usted, no se puede ir porque creo que tiene algo importante que decirme_, decidió quedarse y quedándonos a solas, le pregunté nuevamente su nombre.
_Soy Luis Garrido y ella es Graciela, mi esposa, me contestó.
_Usted sabe mi problema y creo que tiene una palabra para mí_ le dije, con seguridad, inquiriendo.
Entonces me contó de su vida, que había nacido ciego, que le había tocado luchar muy fuerte pero que en la actualidad era profesor de música y locutor.
_Yo soy un hombre normal_ expresó_, me considero normal y por eso he logrado tantas cosas. No te veas como que estás enfermo y no dejes que los demás lo hagan. Mírate tú también como una persona normal y encuentra que puedes hacer para ser útil. En cuanto a quien fue tu esposa, admite que te equivocaste y escogiste a la persona equivocada. Te voy a dar un consejo; trata de olvidarla y cuanto menos sepas de ella, ni qué hace, es mejor. En tu condición saber de ella te hará mucho daño.
Me dijo muchas cosas más, junto con su esposa oró por mí. Sentí gran liberación mediante sus palabras y por su oración. Luego de despedirse se fueron.
Sus palabras fueron sabias y he seguido sus consejos. Dos años atrás, había tenido una conversación con un hombre que había sido cuadripléjico por espacio de diez años, esa conversación también me había orientado. Existe una ley universal que dice que los iguales se juntan. Por eso, años después, también yo me encuentro con la responsabilidad de contar mi experiencia para que mis iguales puedan ser orientados y puedan llevar una vida normal, fructífera, útil y victoriosa.
Después de esta experiencia conocería de mi último gran peligro y lograría mi última gran liberación.
1 En realidad, el espiritismo es una religión sincrética que se acomoda de acuerdo a las circunstancias y en los países cristianos se arropa de cristianismo.
Capítulo 20
CONSPIRACIÓN MORTAL
En peligro de muerte
A los pocos días, aunque no había hecho eco de lo que me estaba pasando, el personal médico se enteró de mi situación y solicitaron la presencia de Josefina, pero se hizo un poco menos que imposible ubicarla, vendió, incluso, su teléfono celular para no ser ubicada, quisieron denunciarla públicamente y pidieron a Pedro y a Antonio que firmasen un documento en su contra, los del hospital querían hacerlo pero nadie osaba responsabilizarse. Pedro y Antonio, con una motivación diferente también se rehusaron señalando que ellos estaban para hacer el bien y no para dañar a nadie. Las enfermeras, de igual forma, quisieron hacer denuncia pública por la radio local pero los varones de Dios aplacaron los ánimos.
Después de aparecer Josefina y su amiga Hermelinda, citaron a los dos varones a la dirección del hospital. Les dijeron a que esperasen unos días porque me iban a llevar a Colombia. Presintiendo un gran peligro hablé con Antonio y le expresé mi temor:
_Hermano Antonio, estas mujeres dicen que me van a llevar a Colombia, quiero que usted me prometa que no va a permitir que me saquen de aquí, ni que me lleven a la casa de esa pérfida enfermera. Si me llevan esa mujer me va a matar. Si usted quiere que continúe con vida no permita que me lleven.
Antonio, muy atento, me dio su palabra. Esto ocurrió cuando ignorábamos lo que se estaba fraguando.
Castillo fuerte
Debido a que en la mañana temprano no tenía quien me atendiese, ya que las enfermeras no lo consideraban su responsabilidad, mi desayuno se perdía a causa de las moscas y de las hormigas rojas carroñeras, mantenía los ojos cerrados a causa del ardor que como agudos alfileres punzantes, me causaban el sudor y la grasa.
Una mañana se acercó a la puerta de mi habitación, una joven desconocida, me sacó de mis pensamientos cuando con voz queda me llamó:
_Señor… ¿le puedo dar el desayuno?
_Sí, ¿Cómo No?... Dios te envió. Pasa adelante, pero antes necesito limpiarme el rostro y los ojos, porque me pican mucho y no los puedo abrir. Busca una toallita y humedécela para que me la pases por la cara.
Hablaba mientras temerosamente trataba de acicalarme. Por fin pude verla. De baja estatura y pasada de peso lucía un bello rostro, casi angelical, coronado por un corto y brillante pelo negro.
Conversamos y me dijo que su padre a quien había visto pasar enfrente estaba hospitalizado y había venido a atenderle. Me dijo su nombre _ Mary Bertorelli_ Sabiendo mi necesidad se comprometió conmigo para venir todas las mañanas a atenderme. Nos prendamos el uno del otro y estuvo atendiéndome hasta el último día que permanecí en el centro, aún cuando su padre había sido dado de alta, mucho tiempo antes. Pasamos muchas horas conversando y departiendo, Me regaló un poema y lloró cuando me iba. La hice mirar al cielo, que estaba lleno de hermosas nubes veraniegas y le dije:
_Si pudiese, haría una composición con las nubes y con letras gigantes te diría “GRACIAS”
Pude notar que en esos días hospitalizaron a un hombre cristiano y luego a otro, así que el lugar antes vacío se llenó de ruido y alegría porque durante todo el día había cristianos en el lugar. En la noche grandes grupos se quedaban hasta tarde. Ellos no lo sabían pero como soldados del Castillo Fuerte me estaban resguardando.
Conspiración mortal
En una ocasión, en unas de las escasas visitas de Josefina y Hermelinda, observé a esta última conversar con una mujer de mal aspecto que cuidaba a un paciente de la habitación contigua. Muy locuaces, noté que se conocían bien.
Al día siguiente, esta mujer, se me acercó y comenzó a hablar conmigo y me dijo:
_Yo conozco a las personas y yo te conozco a tí. Tú eres un hombre muy malo, eres manipulador, estás aprovechándote de los demás y le estás quitando el tiempo a las demás personas_ entonces queriendo darse un aire de misterio, siguió diciendo_ tu eres un gitano. Deberías dejar tu egoísmo y deberías hacer la diligencia para morirte y dejar tranquila a la gente_ Reconocí de inmediato al enemigo de las almas detrás de esta hechicera y cuando llegaron Pedro y Antonio, les conté lo ocurrido e hicimos oración.
En los días siguientes, aunque no le pedía nada, me despertaba pasando coleto al piso. Sabía su motivación, de acuerdo con sus prácticas paganas, pero no me preocupé mucho porque sabía que Dios estaba conmigo.
Después supe de esta conversación:
_Dortora, yo le resuelvo el problema, déme el récipe para la inyersión, vamos de noche le ponemos la inyersión y en la mañana amanece tieso.
_No, Hermelinda, yo no puedo hacer eso_ No tengo corazón para hacerlo. Una cosa es que se muera y otra que lo mate yo.
_Pero dortora, ese es un favor que le voy a hacer. Yo misma lo hago. No tenga miedo que eso no lo descubren. A los cuadrapléjicos no le hacen autorsia._ insistía con su voz acampanada.
_No Hermelinda, yo no puedo hacer eso_. Refutaba Josefina.
_Dortora, en Colombia hay unos buenos sitios donde lo podemos llevar para que lo cuiden. Lo llevamos bien lejos, el está tranquilo por allá y usted se quita ese dolor de cabeza. Nadien va a saber donde está y así se olvida de ese “paquete”, como usted dice.
_Yo no tengo dinero para llevarlo tan lejos, Hermelinda._ Volvió a decir Josefina.
Hermelinda, empeñada en su propósito y tratando de hacerle un gran favor a su “dortora” preferida le dijo:
_Dortora hágame el favor que necesito hacer una diligencia.
Josefina, siempre con su tiempo corto, no obstante, nunca se negaba a llevarla adonde le pedía. Al llegar al sitio, Hermelinda la invitó:
_Dortora, bájese que le quiero presentar a alguien.
Josefina entró al lugar y conoció a unos de los hechiceros favoritos de esta mujer, no sé que se hizo o que se habló allí, pero tenía que ver con mi muerte. Solo sé que Josefina dijo:
_Prefiero divorciarme antes que quitarle la vida.
A pesar de estas palabras, Josefina, había recorrido un largo camino, que la llevó al punto de no retorno, había deseado mi muerte con todas sus fuerzas. Había expresado en alta voz:
_ ¡Quiero que se muera! ¡Lo que quiero es que se muera!
En otras ocasiones cerrando los puños con fuerza y apretando los dientes miraba al cielo y gritaba con fuerza:
_ ¿Cuándo se va a morir?
No se atrevía a levantar su mano en mi contra para asesinarme. No, en varias ocasiones me había salvado la vida, pero me había matado en su corazón. Con una actitud siempre contradictoria, incapaz de permanecer indiferente, amaba u odiaba, solo tenía amigos o enemigos, no veía tonos grises. Así mismo, pude experimentar como hizo lo mejor y lo peor por mí. Con suspicacia, miraba el mal donde no lo había y desarrolló delirio de persecución. A quienes les querían hacer bien, a los pocos días los veía como enemigos. La mujer de mi vida, se había convertido, tiempo ya, en mi peor enemigo.
Tiempo después me enteré de esa conversación por una fuente que no puedo revelar para proteger su integridad física y moral. Cuando supe esto cobró relevancia mi decisión de aceptar la propuesta de divorcio y entendí porqué el Señor puso un cerco humano a mi alrededor.
¿Hasta cuando Señor?
Ante tales circunstancias en la cual abundaban los peligros, también abundó la liberación, pero ¿hasta cuando duraría esta situación?
Un día, a pesar de no estar preparado físicamente para ello, proclamé un día de ayuno y oración, no comí ni tomé agua por veinticuatro horas. Expresé con el salmista:
“Jehová, no me reprendas en tu enojo, ni me castigues con tu ira. Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen. Mi alma también está muy turbada; y tú, Jehová, ¿hasta cuando? Vuélvete, oh Jehová, libra mi alma; sálvame por tu misericordia. Porque en la muerte no hay memoria de ti; en el seol, ¿Quién te alabará? Me he consumido a fuerza de gemir, todas las noches inundo de llanto mi lecho, riego mi cama con lágrimas.
Mis ojos están gastados de sufrir, se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.” (Salmo 6: 1 – 7).
Capítulo 21
LOGRANDO LO IMPOSIBLE
“Ten misericordia de mí, Jehová; mira mi aflicción a causa de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte, para que cuente yo todas tus alabanzas…y me goce en tu salvación” (Salmo 9: 13, 14).
Si me has acompañado hasta aquí, habrás notado que he vivido mi experiencia con la dicotomía causada por la aflicción de la desgracia y por el gozo a causa de la liberación. Pero Dios oyó mi clamor y de ahora en adelante hablaré acerca de los triunfos que de forma maravillosa he alcanzado.
Mi amiga María
A mi amiga María Bautista, la había conocido algunos años atrás cuando asistíamos a la misma iglesia en la ciudad de Maturín. Habíamos tenido un trato esporádico, pues, solicitaba mis servicios de reparación de artefactos eléctricos.
María es una hermosa dama de tez oscura que por su altura derrocha elegancia, pero lleva su mayor belleza en su interior, de sólidos principios cristianos, está siempre presta para colaborar con las actividades de su iglesia. Por lo general siempre tranquila, tiene un trato amable con la gente y durante toda su vida ha estado dispuesta a brindar su casa a quien lo necesite. Con frecuencia recibe huéspedes con quienes comparte su alimento, excelente cocinera, sus platos son siempre coloridos, despidiendo exquisitos aromas son capaces de satisfacer el paladar.
Cuando salí de terapia intensiva, me había servido gustosamente, preparando almuerzos especiales para mí los cuales ella misma me los daba a comer.
Se había mudado para Anaco y siempre me ha dado la impresión que Dios en su presciencia la condujo de regreso a esta ciudad para salvarme la vida. Siento en ella la representación de todos mis amigos y hermanos de Maturín. ¡María eres especial!
María me había dicho que tenía una habitación en la parte trasera de su casa y que me la ofrecía para que viviese allá. Había rechazado su oferta diciéndole que todavía no era el momento y si era la voluntad de Dios, él facilitaría las cosas para que me mudase. En el pasado, otros amigos también me habían ofrecido un lugar en sus casas pero las circunstancias no habían permitido que se concretaran estos ofrecimientos.
Una tarde de sábado me visitó, después de enviarle un mensaje y le conté todo lo que me había pasado. Nuevamente me ofreció un lugar en su casa, esta vez acepté diciéndole que ahora si era el momento.
Enseguida se puso a acomodar el lugar que había sido destinado para servir de depósito y lavandero. Lo limpió, frisó las paredes y el techo, lo pintó, le arregló la electricidad y le puso una puerta nueva. Un lugar escabroso lo convirtió en un “palacio”
Dios contesta mi oración
Pasaban los días y no me podía mudar por dos razones; la primera porque aunque el hospital deseaba deshacerse de mí, no permitían mi salida hasta que Josefina, quien era mi representante legal en dicho centro, firmase la autorización. A pesar de haber emprendido la demanda de divorcio se negaba a darme la libertad que me correspondía; presionada por las autoridades de la institución firmó mi salida.
La otra razón era porque me hacía falta una cama clínica para poder satisfacer mis necesidades, solicitamos una cama en préstamo al hospital, pero la administración se negó a entregarme una. Mis amigos estaban preocupados porque no sabían que hacer, sin embargo, cansado de salir en carrera de un sitio a otro, no tenía apuro y estaba decidido a no salir del hospital hasta tanto no tuviese una cama adecuada. Todavía estaba temeroso del ofrecimiento de María y traté de alargar el período de salida a fin de darle tiempo para que se arrepintiese o confirmase su decisión.
Un sábado por la tarde se apareció con un grupo de personas y entre todos me asearon, limpiaron mis excrementos, curaron mis heridas y la misma María me afeitó. Entonces, al darme cuenta de que no se inmutó por las incomodidades que ocasionaba, pensé:
_ Sí, es la voluntad de Dios que vaya a su casa.
Pasaban los días y no encontrábamos la cama, entonces, oré de forma osada:
_Señor, tú sabes que necesito una cama. Tú conoces mi necesidad y sabes también que por mi mismo no la puedo conseguir, tú eres el único que puedes obrar y en ti espero. Señor yo quiero una cama eléctrica para que las personas que me van a atender puedan realizar su trabajo con facilidad.
En esos días, María, viajó para Maturín y mientras conversaba con Alexander López le dijo:
_Me llevo a Italo para la casa pero me hace falta una cama clínica.
Alexander que para ese tiempo había sido nombrado director de la Clínica Adventista de Maturín, de inmediato respondió:
_ ¡Yo tengo la cama!
Se había ofrecido el mismo a llevarla pero pasaron los días y no llegaba. Entonces pregunté la razón de la demora. María me contestó:
_No ha podido traerla porque es muy pesada.
_Una cama no pesa tanto_ dije extrañado.
_Sí, pero esa es una cama eléctrica y el carro de Alexander es pequeño y no pudo cargarla_ respondió María.
_No puede ser, una cama eléctrica, como es bueno el Señor. Yo cometí un abuso y le pedí una cama eléctrica y el Señor me consintió.
“Jehová ha oído mi ruego; el Señor ha recibido mi oración. Se avergonzarán y se turbaran mucho todos mis enemigos” “Sepan, que con su amigo maravillas ejecutó el Señor.” (Salmo 6: 9,10. Salmo 4: 3)
Una cama eléctrica es muy costosa, vale millones y este pobre indigente había sido favorecido. Para algunos esto puede no representar mucho. Igual, un vaso de agua lo derramamos en el suelo pero puede representar la vida para un sediento y yo se que es tener sed. Alabo al Señor porque cuanto más profunda es la oscuridad, mejor brilla su luz. Cuanto mayor nuestra necesidad mejor nos suple.
La cama demoró unos días, y mientras esperaba, Delia de la iglesia evangélica “Maranata”, a quien conocí en esos días, me consintió celebrando mi cumpleaños y diligenció el traslado de mi suntuosa cama de Maturín a Anaco.
Lugar espacioso
Pedro, de inmediato cuando llegó la cama pasó un par de días buscando una ambulancia. En vísperas de navidad, cuando caía la tarde fui trasladado por el cuerpo de bomberos.
Me encontré en mi nuevo hogar, más tranquilo, más reposado. Me dije a mi mismo:
_Ha llegado bendición a este hogar.
Al estar instalado en el lugar, debido a mis experiencias anteriores, le pedí a María un gran favor:
_María,_ le dije_ quiero pedirte un gran favor, cuando consideres que no puedas tenerme más aquí, dímelo, porque no quiero salir corriendo de tu casa como me ha sucedido en estos tres años_, le había dicho antes que parecía una papa caliente porque todos me tomaban y de inmediato querían deshacerse de mí.
_Esta habitación la arreglé para ti y es tuya mientras la necesites_ me respondió con expresión sincera brindándome seguridad y confianza.
Pasé la navidad solo porque la dueña de la casa tenía compromisos familiares en otro lugar. Pero no me sentí desguarnecido porque tenía la compañía de Jesús y la paz me inundó.
Mi nueva habitación de unos doce metros cuadrados era suficiente para mis necesidades, arreglada con amor cristiano, la declaré en santidad y como mi centro para el servicio a los demás de acuerdo a mis posibilidades.
Los primeros días, vinieron muchas personas a verme, curiosos, querían conocer al extraño hombre a quien María había hospedado en su casa.
María se encargó de mi alimento y de pedir ayuda para mis necesidades. Fui recibido por Ada, una joven dedicada y siempre presta a atenderme, la chinita, como muchos la llaman, en una labor silenciosa, digna de ser loada, me fue muy útil. Júnior, de cinco años para entonces, me recibió con total normalidad y hoy día somos grandes amigos.
Pedro, desde entonces se ha ocupado de mi cuidado físico. Después de un año mis heridas, las heridas incurables, sanaron completamente. Sí, un hombre inculto usado por Dios logró lo imposible. Con sencillas curas, con la vulgar sábila y amoroso servicio cristiano se logró el milagro.
En su último y desesperado acto, a fin de salvar sus nombres, las dos mujeres tramaron una historia calumniosa, que me recordó a los del sanedrín cuando inventaron la historia de que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. Arremetieron en contra de la integridad moral de mi persona y de todos aquellos que de forma directa me habían ayudado. Fieles a los principios del enemigo de las almas, retro proyectándose, acusaron a cada quien de las obras que ellas mismas habían hecho. Entre otras cosas dijeron que yo había abandonado a mi esposa. Me asombra saber que hay personas que creen su absurda historia, me gozo porque hemos vencido el mal con el bien. Intentaron destruirme pero…
“Envió desde lo alto; me tomó, me sacó de las muchas aguas, me libró de mi poderoso enemigo, y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo.
Me asaltaron en el día de mi quebranto, mas Jehová fue mi apoyo.
ME SACÓ A LUGAR ESPACIOSO; ME LIBRÓ, PORQUE SE AGRADÓ DE MÍ
Viva Jehová, y bendita sea mi roca, y enaltecido sea el Dios de mi salvación” (Salmo 18 16 – 19,46)
Este capítulo parece un epilogo pero las maravillas de Dios en mí no terminan y en los siguientes contaré como he llegado a ser útil y victorioso.
Capítulo 22
PORTENTO EN LA CAMARA MUNICIPAL
Mi oración
El año 2002 se convirtió en un año tranquilo para mí. Había pasado la tormenta y aunque pasé todo el año sin salir de mi habitación, logré hacer nuevos amigos que me visitaban a menudo. Ese fue el año de la total sanidad de mis heridas. El llanto quedó atrás. Todavía siento melancolía de vez en cuando, pero trato de no darle cabida a pensamientos que perturben mi alegría.
Nuevamente, pude utilizar mi mesa y me mantuve leyendo durante todo el año. Hice muchas cartas con letras de niño y no perdí tiempo en dar lo mejor de mí a cuantos se me acercaban.
Queriendo hacer más, traté de entusiasmar a varios desempleados para organizar una empresa de servicio en la cual ellos efectuarían el trabajo físico. Organicé, hice un proyecto, les animé y al fin entendí porque se mantenían desempleados.
Aborté mi proyecto. Aprendí que, a causa de mi falta de recursos económicos, para seguir adelante, avanzar y poder tener éxito tendría que hacer algo donde casi toda la labor dependiese de mí.
Por otro lado, estaba claro en que todo emprendimiento que llevase a cabo debía tener la sanción de Dios y sería para su servicio. La razón principal de mi proyecto de empresa era que había prometido escribir este libro para contar mi experiencia y necesitaba los recursos para poder llevar a la realidad ese deseo.
Recuerdo el día estando en el Hospital “Luis Guevara Rojas” de Cantaura y mientras conversaba con una de las damas voluntarias le dije:
_Voy a escribir un libro acerca de mi experiencia y voy a crear una fundación.
Hablamos de otras cosas, pero no me comentó nada acerca de este asunto. Lo más probable, es que haya pensado que estaba desvariando. No me podía creer. ¿Cómo creerme si era un indigente quien le hablaba?
Señor dame una computadora
Escribir algunas cartas es una cosa, pero escribir un libro a papel y lápiz con la boca y sin un ayudante era una tarea un poco menos que imposible, sin embargo estaba dispuesto a emprenderla. No obstante, en el mes de marzo del año 2003 dirigí esta oración:
_Señor, tu sabes cuales son mis planes y que quiero hacer algo útil para tí. Si tú quieres que escriba ese libro dame una computadora. ¡Regálame una computadora!
Esa fue mi oración, no dije más. Sin embargo, a cuantos venían a visitarme les decía que le había pedido una computadora al Señor.
Alguien con aire de incredulidad me dijo:
_ ¿Cómo vas a conseguir una computadora y cómo la vas a usar?
_ Dios me la puede dar si a él le place y no sé usar una computadora pero con empeño puedo aprender a usarla con un palito así como he aprendido a pasar las páginas de los libros y a escribir _le contesté.
Dios contesta mi oración
Unas semanas después llegó la Semana Santa y habiendo quedado solo en mi habitación mi amiga Iris Guilarte me invitó a su casa donde disfruté con su esposo y otros amigos de buenos ratos de camaradería. El lunes cuando me despedía le pedí a Pedro para que me llevase a visitar a la amiga Maritza, para darle una sorpresa. Entusiasmado con la ocasión, Pedro cambió el rumbo y dirigió mi silla de ruedas hasta la casa de ella para proporcionarle una increíble sorpresa, pues, hacía más de un año que estaba en mi nueva habitación y no había salido de allí porque no tenía una silla de ruedas y en esos días estaba estrenándola.
Cuando llegamos a la casa nos recibió su esposo a quien no conocía. Se presentó:
_Hamilton Maneiro_ nos dijo que se llamaba y siendo muy afable nos llevó a través de toda su casa hasta un patio lleno de plantas. Conversamos por espacio de unas dos horas, me dijo que era un luchador social y que se dedicaba a resolver problemas de la comunidad. Mientras hablábamos noté que miraba con curiosidad mi silla de ruedas hasta que me preguntó:
_ ¿Donde conseguiste esa silla de ruedas? Porque conozco una niña que tiene aproximadamente doce años y necesita una silla de ruedas especial, porque no puede usar una normal y a ella todavía la sientan en un coche de bebé.
_Esta era una silla normal_ le contesté_ pero como no la podía usar y no tengo recursos para adquirir la silla especial para cuadripléjicos, tomé el lápiz y la rediseñé, entonces pedí a un joven que hiciera el trabajo.
_Estoy haciendo la diligencia con la gobernación del estado para una silla para la niña, pero tu idea es muy buena y se podría aplicar para adaptar las sillas para quienes lo necesiten _ me comentó.
Aprovechando la oportunidad le dije que me ponía a la disposición para rediseñar la silla de la niña cuando llegase y cualquier otra que hiciese falta. Después de contarle brevemente mi testimonio le dije que quería usar mi experiencia para ayudar a otros y que quería escribir un libro pero me hacía falta una computadora. Casi de forma automática me dio una respuesta sorprendente:
_Eso no es ningún problema, eso está facilito. El martes de la próxima semana voy a pedir un derecho de palabra en la Cámara Municipal, preséntate a las cinco de la tarde porque te voy a representar y vamos a conseguir esa computadora. Lleva los siguientes documentos…
Creía que Dios contestaría mi oración, ¿pero tan rápido? Los días siguientes los utilizamos Pedro y yo, en elaborar la carta correspondiente, haciendo la petición a la alcaldía del municipio Anaco y en poner en orden todos los documentos que el señor Maneiro había dicho que debíamos presentar.
Portento en la Cámara Municipal
Ese martes no nos tomó por sorpresa porque de una manera diligente procuramos todos los documentos y Pedro desde temprano me acicaló lo mejor que pudo y en la vieja y destartalada pick up de Juan Malavé nos trasladamos a la prensa para ofrecer algunas declaraciones y después nos dirigimos a la cámara municipal. Entramos a un bello salón donde estaban reunidos los concejales de la ciudad y un nutrido grupo de representantes de diferentes sectores.
Mi condición física impide que pase desapercibido, por lo que todas las autoridades cuando tomaban la palabra se dirigían a mí de forma muy especial.
El secretario debía recibir todos los documentos que eran entregados allí, sin embargo los míos fueron entregados por el señor Maneiro de forma directa al presidente de la cámara quien se los dio a los concejales. Mientras se desarrollaban los acontecimientos pude observar como uno a uno revisaba el sobre y leía mi carta y mi testimonio.
Mientras prestaba atención a lo que ocurría, recordé el esfuerzo que habíamos hecho y vino a mi memoria el principio-promesa bíblico; “¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Ante los príncipes estará”.
Se dijeron muchas cosas allí pertinentes a la ciudad, se otorgaron y se negaron peticiones.
Al final le fue concedida la palabra al señor Hamilton Maneiro; comenzó su intervención hablando, con su portentosa voz propia de un líder, acerca de un proyecto de aguas para la ciudad…
_El segundo punto que quiero tocar es el del señor Italo Violo quien sufrió un accidente de transito…quiero que elevemos una oración al cielo porque tenemos en este lugar dos varones de Dios…otros en su condición se han suicidado…el señor Italo necesita una computadora para escribir un libro y así poder ayudar a otros…
Yo estaba estupefacto mientras escuchaba sus palabras. Impávido no sabía como reaccionar. ¡No, no, por sus palabras! sino, porque mientras hablaba las lágrimas brotaron de sus ojos y rodando por sus mejillas mojaban su camisa. Ver llorar a un hombre no es fácil, menos a un político frente a una audiencia y allí estaba ese hombre quebrantado por el Espíritu de Dios. Valga decir que se pudo sentir la presencia de Dios en ese lugar. Otro daba testimonio por mí y Dios se glorificó. Cuando terminó sus palabras, que fueron televisadas por un canal local, la asamblea en pleno aplaudió fuertemente. Los concejales no dudaron en aprobar la petición y el presidente de la cámara dio el ejecútese para que me entregasen una computadora usada.
Después de esto se me acercaron muchas personas que gratamente impresionadas trataban de animarme. También recuerdo al señor Maneiro que constreñido fue contrario a su locuacidad y apenas despidiéndose se escabulló.
Habiendo siempre sido de acción retardada para asimilar las emociones me encontré a media noche sin poder dormir y hablando en alta voz con Dios, agradecido por la forma maravillosa como se había manifestado. Mi gozo se vio incrementado porque estaba maravillado que mi desvelo se convirtió en vigilia, había pasado noches eternas, soportando desesperado, la incomodidad y el dolor. Ahora la vigilia era porque me sentía alegre y lleno de energía. No clamaba por el amanecer, pues, mi alma estaba llena de luz.
Mi entrevista con el alcalde
Pasaban lo días y la computadora no me era entregada porque decían que las que habían en depósito, estaban en tan malas condiciones que no era posible que me diesen una. Dije yo:
_Es la voluntad de Dios que yo tenga esa computadora y así como a Josué le fue dada la tierra prometida y tuvo que luchar para conquistarla yo también voy a luchar por lo que Dios me ha dado.
Había aprendido que cuando Dios está dispuesto a darnos algo tenemos que unir nuestra debilidad a su fuerza y sin temor hacer la parte que nos corresponde.
En esos días estaba aprendiendo a dibujar y había recreado muchas veces la figura de una guacamaya hasta que María me dijo:
_ ¿Hasta cuando vas a pintar esa guacamaya?
_ ¡Hasta que la perfeccione!_ le contesté en varias ocasiones.
Muy bien, siguiendo el principio que recién había descubierto en la Biblia de que cuando visitamos a un príncipe o dignatario debemos llevarle un presente, me alisté para visitar al alcalde de la ciudad. Dibujé una guacamaya y escribí un hermoso pensamiento al lado. Solicité una cita y me la concedieron para su momento más ocupado.
De forma muy solícita, mis Amigos Wilfredo Gallardo e Iris me llevaron rodando por las calles hasta la oficina del Alcalde. Me afligí un poco cuando observé más de mil personas en las afueras esperando por él. Sin embargo, todo estaba arreglado porque su secretaria, con quien había hablado en días anteriores, me había clasificado como un caso especial.
A los pocos minutos, ordenan mi entrada y me preocupaba saber como me recibiría el alcalde en una oficina tan convulsionada. Apenas me vio, el alcalde Jacinto Romero Luna hizo señas para que me acercasen a él. Aún cuando no me ignoró pensaba que iba a solicitar consulta médica gratuita.
El médico que estaba parado a su lado comenzó a entrevistarme y le contesté:
_No vengo a hablar con usted, yo quiero hablar con el alcalde.
Siguió muy amable conmigo, me dijo que era neurocirujano, director médico de la alcaldía, director del hospital y conocía de mi problema físico y después de hablar conmigo unos minutos se convirtió en mi abogado defensor.
Después de lograr la atención del alcalde le obsequié mi humilde guacamaya hecha a lápiz sobre un simple trozo de papel bond. El alcalde apenas la miró y cuando le dije que necesitaba la computadora que la cámara había aprobado, me preguntó:
_Y… ¿Cómo vas a usar esa computadora?
De inmediato, el médico, en mi defensa, le respondió:
_ ¡Si puede pintar con la boca también puede usar la computadora!
El alcalde, no se había percatado como había realizado el dibujo y admirado lo tomó en sus manos y llamó a la administradora diciéndole:
_Mira lo que tenemos aquí, ven acércate para que conozcas al señor y lo que está dispuesto a hacer_, preguntó al médico acerca de mis condiciones mentales, y fascinado por mi lucidez intelectual y mi deseo de ser productivo ordenó a la administradora:
_Manda a enmarcar el dibujo y cómprale la computadora al señor. Hay muchos por allí que pudiendo hacer no hacen y este hombre en esas condiciones quiere, entonces, hay que ayudarlo.
El ocho de agosto tuve el honor de recibir en mi habitación al señor alcalde Jacinto Romero Luna, al señor José Ángel Biaggi, presidente de la cámara municipal, la señora Lelia Rodríguez administradora de la alcaldía y al actor de televisión Nelson Lamar y me hicieron entrega de una flamante computadora, nueva, “de paquete”, donada por la alcaldía, regalo de Dios y conquistada por mi empeño y la ayuda de mis amigos.
La Escritura dice que todo lo que pidamos creyendo lo recibiremos. Sin embargo, la espera de la respuesta es activa porque Dios solo hace por nosotros lo que nosotros no podemos. En el pasado fui un hombre físicamente fuerte, pero, aunque tenía grandes deseos de superación, a menudo me dejaba llevar por las circunstancias. Hoy día mi cuerpo está hecho un guiñapo pero la adversidad ha fortalecido mi espíritu y me ha dispuesto a luchar para obtener las bendiciones que Dios tiene para mí.
Por cierto ese día estaba tan contento que olvidé agradecer por el donativo, meses después en un corto discurso en el cual estaban presentes las autoridades locales tuve la oportunidad de reparar mi olvido y públicamente agradecí al alcalde por el bien recibido.
Al señor Hamilton Maneiro no lo volví a ver por mucho tiempo, y meses después, cuando le encontré en una plaza pública, aproveché la oportunidad de agradecerle y decirle que el Espíritu de Dios le había utilizado. También tuve el gozo de conocer a la niña de doce años a quien sentaban en un cochecito de bebé y utilicé la computadora para rediseñar su silla de ruedas, la cual tenía por algún tiempo sin poder utilizarla y junto con Pedro solicité la ayuda necesaria para que fuese una realidad su bienestar.
Capítulo 23
SUPERMAN Y YO
La derrota de Superman
_ ¡No es un pájaro!
_ ¡No es un avión!
_ Es Superman.
¿Quién no ha escuchado o leído estas palabras? Cuando niño mi pasión por la lectura se desarrolló con las tiras cómicas y uno de mis favoritos junto con el pato Donald era precisamente el hombre de acero.
Superman, el hombre de acero, el paladín de la justicia, el salvador del planeta tierra, es una representación de Norteamérica en su lucha por la libertad y una muestra del poder del coloso del norte, un ícono del “American Proud”, casi invencible sufriría su mayor derrota en su contraparte, el actor que lo representaba, Christopher Reeve.
Christopher, un actor talentoso, fornido y de perfectas formas era ideal para hacer de Superman y fascinó al mundo haciendo girar a la tierra al revés, para retroceder el tiempo y devolverle la vida a su amada novia, Luisa Lane. No obstante, la vida real le deparó una desgracia que le impediría volar nuevamente y salvarse a sí mismo.
Mientras disfrutaba de las comodidades de su holgada vida, en una práctica de equitación, Christopher, cayó de su caballo, se fracturó el cuello y rompiéndose la médula espinal quedó paralizado de por vida. El hombre fuerte se había transformado en la antítesis de quien representaba y como cuando cayeron las Torres Gemelas el país entero se lamentó con su orgullo herido.
El triunfo de Superman
No obstante, Christopher, no se amilanó y en una lucha de años en la vida real ha podido transformar la derrota en victoria y ha demostrado ser más fuerte en su lecho y en su silla de ruedas, que el personaje de fantasía a quien representaba. Los estadounidenses pueden ahora encontrar en él al verdadero héroe americano y la verdadera razón por la cual esa nación se ha engrandecido tanto.
Superman y yo
En esta etapa me he sentido más que nunca identificado con Superman. Porque Superman representa la lucha entre el bien y el mal y al final, el bien siempre vence. Pero para vencer hay que luchar y sufrir porque no hay gloria sin sacrificio. El mundo está lleno de muchos superhombres y superchicas que día a día se esfuerzan en trabajos mal remunerados y sin reconocimiento alguno para llevar el sustento a su hogar, que luchan contra la enfermedad y adversidades de todo tipo.
Nuestra condición de minusválidos nos puede llevar a pensar que somos inservibles y que no merecemos seguir viviendo. Pero quiero decirte que tienes derecho a la vida no importa tu condición. Todos somos útiles, como le decía hace poco a la madre de una niña con parálisis cerebral:
_Dios la tiene a usted en un lugar especial, conoce sus trabajos y su niña es muy útil porque ella está puesta para implantar amor en usted y sus familiares_ ¿Acaso no dijo Jesús que a los pobres los tendríamos siempre con nosotros?
Esa madre es una heroína así como todos aquellos que se dan así mismos para ayudar desinteresadamente a otros.
También son héroes aquellos que tienen que luchar contra sus mismas limitaciones y aun cuando no vean algún logro continúan esforzándose, los tales son triunfadores.
En mi caso, considero que soy más bien un superviviente que ha visto las maravillas de Dios.
Christopher Reeve reconoce que es un luchador y su objetivo es volver a caminar y no escatima recursos ni oportunidades en su lucha para que la ciencia logre el avance necesario para que esto sea una realidad, también reconoce que goza de privilegios que otros cuadripléjicos no tienen. En los países del primer mundo, el discapacitado lucha sobre todo por superarse a sí mismo, pero en el tercer mundo donde muy pocos tienen seguro social y donde no hay conciencia colectiva en ese orden, tienen que luchar primariamente contra la adversidad que les rodea. Por contraste mi mayor deseo no es volver a caminar sino que se conozca la realidad venezolana y quizá latinoamericana donde muchos se están muriendo sin esperanzas en lugares sombríos donde nadie los ve y por ende muy pocos brindan una mano de ayuda. Mi mayor deseo es que mi testimonio pueda ayudar a otros, no a levantarse de su silla, porque es imposible para mí, sino a levantar sus ánimos y puedan llevar su situación con aplomo y descubran que a pesar de todo “la vida es bella”
La historia está llena de hombres y mujeres que han podido ser útiles a la humanidad a pesar de sus limitaciones. Un discapacitado no solo debe estar dispuesto a recibir sino que debe mostrar su agradecimiento dando lo mejor de sí en la medida de sus capacidades para hacer de su vida una influencia admirable para cuantos lo conocen.
¡Aunque tú no lo creas!
Personas como Christopher Reeves, Hellen Keller, Sthephen Hawkins, el monstruo de Villalobar, Rona Ottolina, llevan o han llevado vidas plenas y fructíferas, dando grandes aportes a la humanidad.
¡Aunque usted no lo crea!
Un discapacitado puede llegar a ser un súpercapacitado.
La mayor discapacidad
La más grande de las minusvalías no es la parálisis cerebral, la vida vegetativa o la cuadriplejía que le sigue en orden. En fin, cualquiera de ellos pueden no ser capaces de hacer algo por si mismos, pero sirven para despertar en otros el espíritu de servicio y hacer crecer la planta del amor en los demás. Pero una persona que se desprecia a sí misma, que carece de entusiasmo y no es capaz, por su ignorancia voluntaria, de desarrollar un talento, aunque sea tan solo para procurar su propio alimento. Con su influencia malsana daña a otros y representa una carga innecesaria. Esa es la mayor discapacidad.
El ejemplo de mi madre
Mientras permanecía en mi lecho, en uno de esos días hice un descubrimiento que me dejó pasmado; mi madre era discapacitada y yo no lo sabía. Asombrado, me preguntaba como era posible que me hubiese dado cuenta solo meses después de mi accidente y tiempo después de su fallecimiento.
Mi madre perdió su brazo derecho siendo muy joven. La recuerdo cuando a escondidas se ponía su brazo de trapo que ella misma había confeccionado y metía la parte correspondiente a la mano en el bolsillo del vestido, siempre usaba manga larga. Era capaz de hacer cualquier oficio con un solo brazo, tuvo catorce hijos, jamás le escuché comentar nada respecto a su brazo, ni tomó ventaja de su deficiencia y nosotros, sus hijos la vimos siempre como una persona normal. Para mí, mi madre siempre tuvo dos brazos y me dejó su mejor ejemplo después de haber ido al descanso.
Mi hermano Brando, también tuvo desventajas debido a su estrabismo y limitación en su brazo izquierdo. Esas desventajas lo llevaron a una lucha más fuerte que la mía para su sobrevivencia, sin embargo desarrolló su familia normalmente.
Tu actitud decide. Decide tu actitud
Las personas con limitaciones, ceguera, sordera, amputaciones, daños en la médula espinal, retraso mental pueden lograr cualquier cosa que se propongan según sus habilidades.
Lo que va a determinar eso es la actitud que asuma. Sobre todo cuando la desgracia nos toca en la vida tardíamente cuando hemos saboreado una vida a la cual llamamos normal, representa en casi la totalidad de los casos el acabose y entramos en una etapa traumática muy difícil de superar. Esa puede llegar a ser una época de transición que la lleve a la destrucción personal o que la catapulte a una nueva fase, de una vida incluso mejor y más satisfactoria. Todo depende de la actitud que asuma, y la actitud no depende de cuan severamente hayamos sido golpeados, ni cuan mal nos sintamos, ni de las personas que nos rodean, ni de las circunstancias. No podemos cambiar lo que nos pasó, no podemos cambiar muchas de nuestras molestias, no tenemos el derecho de cambiar a otros, no somos culpables de las circunstancias adversas que no dependen de nosotros.
Definitivamente, somos responsables de nosotros mismos y de la actitud que asumimos. En la etapa de transición, el minusválido tiene primero que reponerse del golpe recibido, empieza a conocerse así mismo y puede encontrar a otra persona que no es él. Puede encontrar, quizá a su verdadero yo. Es una época de contrastes donde chocan los extremos porque donde está una persona necesitada, difícilmente permanece alguien indiferente. El minusválido levanta pasiones porque es abiertamente rechazado por muchos y solícitamente atendido por una minoría.
Es la hora de tomar una decisión, porque la actitud es una decisión y esa decisión determinará su futuro ahora y en la vida venidera. La vida del discapacitado es radical en todo sentido, otra persona puede ser indiferente, huraña o cualquier epíteto que se le quiera adjudicar y puede bien o mal seguir su vida. Pero una persona de condiciones especiales que albergue una actitud negativa termina muriendo con una vida desperdiciada. No obstante, si decide tener una actitud positiva, que llega a concientizar que hay una forma diferente de echar un vistazo a su propia existencia aceptando su nueva condición, si decide no mirar más hacia adentro recreándose tontamente en una actitud morbosa de auto compasión y decide mirar hacia afuera proyectándose hacia los demás; le esperan, entonces, grandes triunfos y una vida llena de satisfacción.
Alguien que supo vencer desventajas en su propia experiencia lo dijo mejor antes que yo y por eso quiero reproducir sus palabras, las cuales son válidas para todos los humanos:
“Muchos a quienes Dios ha capacitado para hacer un excelente trabajo, hacen muy poco porque intentan muy poco. Miles pasan por la vida como si no tuviesen un propósito definido por el cual vivir ni una norma que alcanzar. Estos recibirán una recompensa de acuerdo a sus obras.
Recuerda que nunca alcanzarás una norma más elevada que la que tú te propongas. Fíjate, pues, un blanco alto, y asciende paso a paso por la escalera del progreso, aunque represente un penoso esfuerzo, abnegación y sacrificio. Que nada te lo impida. El destino no ha tejido sus redes alrededor de ningún ser humano tan firmemente que este tenga que permanecer impotente y en la duda. Las circunstancias adversas deberán crear una firme determinación de vencerlas. Derribar una barrera dará mayor habilidad y valor para seguir adelante. Avanza con determinación en la debida dirección, y las circunstancias serán tus ayudadoras, no tus obstáculos”.
“Recuerda esto: si has cometido errores, no hay duda de que ganarás una victoria si los reconoces y los consideras como señales de advertencia. De ese modo transformarás la derrota en victoria”…
“No esperes una oportunidad; hazla. Aprovecha cualquier pequeña ocasión que se te presente…Decídete a ser tan útil y eficiente como Dios te pide que lo seas. Se fiel e integro en todo lo que emprendas. Aprovecha todas las ventajas que estén a tu alcance para fortalecer el intelecto”. (Palabras de Vida Pág. 144,145)
“A una persona se le puede quitar todo
menos una cosa,
la última libertad humana:
la posibilidad de elegir la actitud
que tendrá en cualquier circunstancia,
la posibilidad de elegir su propio camino”.
Víctor Frankl
Este capítulo fue escrito cuando Chritopher Reeve aún vivía y lo he dejado sin alterarlo en honor a él y a todos los que luchan decididamente por sus ideales.
Capítulo 24
NUEVAS HABILIDADES
Tomando las riendas del progreso
Durante veintinueve años he asistido a la iglesia a la cual pertenezco y la única silla de ruedas que he visto es la mía y por las calles venezolanas escasamente se ve alguna persona que se atreva a rodar la suya por ellas. Es tan escasa la probabilidad, a menos que vayamos a ciertos lugares donde acostumbran a mendigar, de encontrarnos con una persona con limitaciones motrices que nos olvidamos que existen. No es porque haya pocos minusválidos, sino porque los más, tal Cuasimodo en el campanario de Notre Dame, están escondidos en sus casas muriendo sin esperanzas. Yo mismo he pasado períodos cercano al año sin ver el cielo, los árboles y sin recibir la luz del sol. Esto se convierte en un circulo vicioso, (no te veo, entonces no existes, luego, no hago nada por ti – no hago nada por ti, porque no existes, pues, no te veo) y conlleva a que seamos relegados y dejemos de ser una prioridad.
Pronto comprendí que eso no estaba bien, pero también que había estado en la ignorancia durante toda mi vida respecto a ese problema, observar a los demás me lleva a la conclusión de que también permanecen en la ignorancia, por lo tanto tomé la decisión de que si quería hacer algo útil, tenía que tomar las riendas de mi propia superación.
Debo agradecer a muchos por su ayuda e interés por mí. Pero el interés que las personas tienen es hacia una persona enferma a quien hay que curar y darle los cuidados necesarios para su recuperación física o atenderle hasta su deceso.
En todo este tiempo no he encontrado una persona que tome la iniciativa de una forma activa para mejorar mi calidad de vida. No he encontrado a nadie que esté dispuesto a generar ideas o que esté decididamente dispuesta a llevarlas a cabo cuando se lo pido. La ayuda ha sido puntual. Con frecuencia tengo que pedir a muchas personas lo que quiero y armado de paciencia, debo esperar días, semanas o meses para lograr lo que quiero. Si dependiese de los demás, solo me darían los cuidados necesarios y palabras de aliento. Si por otros fuese no haría otra cosa que esperar la muerte o mi recuperación física, en ese aspecto me he encontrado terriblemente solo. Quisiera atribuirlo a que me he encontrado en medios muy limitantes pero lo cierto es que las personas con poca educación que me rodean parecen no estar en capacidad para forjar ideas que me sean útiles o no comparten ni entienden mis metas y los más educados no tienen tiempo para dedicarme.
Las personas aplauden mis logros pero jamás comprenderán el esfuerzo que estos conllevan. No solo esfuerzo físico, sino una carrera de aguante, de paciencia, de lucha mental para mantener el objetivo y no decaer, en especial porque es muy penoso para mí, haber sido antes autosuficiente y ahora, estar pidiendo constantemente favores.
Mis pasos al éxito
Mi recuperación comienza con la conciencia de que Dios mantiene el control y que debía ejercer confianza en él.
Cuando estaba en terapia intensiva, Alejandra hizo para mí una tablilla con el alfabeto para que con señas asintiese cuando colocaban el dedo sobre la letra correcta. Luego, pedí mi Biblia y leí los evangelios mientras solicitaba a las enfermeras que pasasen las páginas por mí. Allí mismo comencé a hacer chasquidos con mi boca para solicitar a las enfermeras y me apodaron “Flipper”. En Caracas, modifiqué mis chasquidos por silbidos y esta vez gané el apodo de “El Turpial de Monagas” (Debido a su bello canto y su hermoso plumaje el turpial es el ave nacional de Venezuela).
Después, mi lucha fue por recuperar la voz de tal manera que fuese lo suficientemente audible. Más adelante, le pedí a Dios que me diese la facultad para cantar.
Cuando leía y tenía que pasar la hoja de un libro debía esperar incluso horas a que alguien pasara y pedirle el favor. Pedí una varilla y aprender a pasar las páginas de los libros, fue para mí un reto. Pasaba a veces hasta media hora para pasar una, pero no pedía ayuda. El esfuerzo dio resultado y logré un poco de autonomía.
El logro más significativo fue cuando diseñé la mesa multiuso y mi amigo Luis Esaá la concretó y entonces pude no solo leer sino también empeñarme en aprender a escribir. Esta mesa se convirtió en la base de muchos de mis logros. Solicité un Lápiz y unas hojas de papel, tomé el lápiz en mi boca y traté de escribir, no fue fácil, pues éste saltaba cuando intentaba hacer algo y terminaba haciendo grandes rayas o se deslizaba saltando como una piedra lanzada sobre la superficie de un lago. Poco después hice mis primeras letras toscas y grandes como las de un niño que recién va a la escuela.
Estando aún en el centro geriátrico, con la ayuda de la mesa tuve la oportunidad de revisar y corregir la tesis de Alejandra, se graduó con honores como ingeniero de sistemas en la Universidad Bicentenaria de Aragua y luego me honró dedicándome su tesis.
La enfermedad detuvo mi progreso por más de año y medio, pero cuando me instalé en casa de María recuperé mi querida mesa y allí reinicié mis labores dedicándome a leer hasta por diez horas continuas. Esto fortaleció mis antes débiles músculos del cuello y de la boca. Nuevamente empecé a escribir y a enviar cartas. Mi letra mejoró muchísimo y empecé a escribir de corrido con letras pequeñas. Inventé un sistema para pasar las páginas que escribía y de esa manera, pude escribir varias sin necesidad de estar llamando a cada rato.
Me entusiasmé y sabiendo que tenía todo mi tiempo disponible para hacer lo que quisiera, bajo esa idea, aprendí a elaborar crucigramas pero como nadie se interesó en ellos abandoné la tarea. Me ofrecí para enseñar inglés, matemáticas o ayudar a los jóvenes a realizar los trabajos de investigación, pero los muchachos solo querían que les hiciera los trabajos por entero sin interesarse en las explicaciones que les podía dar y dije que ese no era el camino. Busqué a otros para formalizar una microempresa pero no logré contagiar mi entusiasmo.
Entre tanto, comencé a diseñar a lápiz algunas herramientas que me hacían falta y eso abrió el camino para hacer mis primeros dibujos artísticos. Al poco tiempo supe de la Asociación de Pintores con la boca y el pie, ubicada en el Principado de Liechtenstein, miré reproducciones de sus obras, entonces me dije:
_Si ellos lo hacen, yo también puedo hacerlo.
A la verdad, me parecía un imposible que pudiese lograrlo, pero siendo un reto no me amedrenté y seguí adelante.
Decididamente continué dibujando y con más firmeza en el trazo, dije que quería pintar, pero la limitación de recursos me impedía obtener los materiales, por lo que le pedí a María que me comprase un pequeño tarro de chimó (tabaco en pasta para mascar) y un pincel, así pude hacer mis primeras pinturas sobre papel en color sepia. Al principio, cuando me disponía frente al lienzo, me ponía nervioso, no creyendo que pudiese hacer algo valioso, pero venciendo mi temor finalizaba incrédulo y entusiasmado ante lo que había hecho. En vista de mi interés mi vecino Alexis me obsequió unos colores en acuarela y finalmente me topé con el rey de los colores, el óleo.
Cuando los de la asociación recibieron mis primeras obras, quedaron gratamente impresionados por mi rápida evolución en la pintura. Lo que ellos no sabían es que tenía mucho tiempo ganado con el trabajo previo del cual ya he contado. Muchas horas pasando páginas y escribiendo había sido el secreto.
El otro paso fue aprender a usar la computadora, lo cual me resultó fácil por mi destreza en el uso de la varilla con la boca.
He tenido la oportunidad de diseñar varias herramientas para mi uso personal, tengo “in mente”, otros equipos más sofisticados que me darán más autonomía, como lo son; la automatización de los equipos eléctricos de mi habitación para poder encenderlos y apagarlos con la voz, un intercomunicador que pueda abrir la puerta de la casa a control remoto activado por voz, un sofisticado equipo robotizado que colocado en el techo pueda agarrar objetos por mí, etc. Podría parecer muy ambicioso, pero, para el desarrollo tecnológico actual, esto es juego de niños. Espero llevarlos a cabo en el futuro, a medida que los recursos se hagan presentes.
También inventé un equipo electromecánico, completamente estanco para mantenerlo libre de bacterias, cuya función es expulsar la orina directamente a la cañería. Lo nombré expulsor automático de orina, URIEX. Deseo pronto hacer un prototipo y patentarlo.
Pequeños pasos, grandes resultados. Peldaño a peldaño se sube la escalera del éxito. Hice lo que podía en su momento sin preocuparme por lo que no podía hacer, con esfuerzo y perseverancia. El éxito no es solo llegar a una meta, pues cuando llegamos a ella, se nos imponen otros logros. Por eso, el éxito es más bien una actitud que nos impulsa a realizar nuestras tareas diarias con optimismo y excelencia.
He tenido la oportunidad de contar mi testimonio en diferentes lugares de forma presencial y a distancia por grabación videográfica, por la prensa, la radio y la televisión todo con un objetivo; alentar a unos y concientizar a otros.
Recuerdo la primera vez que me presenté para dar mi testimonio ante cientos de personas y sentado en una silla de ruedas les expliqué que ese día se había cumplido una palabra profética en mí, de cuando una dama, en el momento que me daban por muerto, me dijo que me veía en una silla de ruedas predicando.
Al salir de la reunión, Pedro me comentó acerca de los presentes:
_ ¡Muchos estaban llorando!
La otra cara de la realidad
Una mañana se apareció en mi habitación mi amigo invidente, Luis Garrido, para invitarme a su programa radial “La otra Cara de la Realidad”, por Radio Centro 610 AM, ubicada en la vecina población de Cantaura. Allí, en horario estelar hicimos un programa especial después de ser anunciado por espacio de quince días. Tuve la oportunidad de dar mi testimonio a miles de personas por la emisora más potente de la zona y me sentí contento de saber que Dios me había salvado la vida para una buena labor. Obsequié una pintura a mi amigo realizada con la boca y los ojos cerrados en señal de que si unimos nuestras debilidades llegamos a ser fuertes. Si existe un pintor cuadripléjico, ¿Porqué no, un pintor ciego? ¿Acaso, la humanidad no parió sordo a uno de sus más grandes músicos? En la parte posterior escribí a lápiz lo siguiente:
“La otra cara de la realidad,
Es la otra cara de la vida,
Es la cara que todos conocen,
Pero que muchos prefieren ignorar,
Es la cara del dolor y el sufrimiento,
Es la esperanza continuada
Por la liberación que a veces nunca llega.
La otra cara de la realidad,
Es la otra cara de la vida.”
Una silla de ruedas no basta
La promoción publicitaria de “Fundaprocura”, una organización cuyo fin primordial es donar sillas de ruedas, dice: “Un accidente en la médula espinal paraliza el cuerpo, no la vida.” Son palabras ciertísimas, pero en la mayoría de los casos la ayuda que se les presta a las personas con limitaciones motrices, desde el punto de vista institucional y gubernamental, se restringe a la donación de una silla de ruedas.
Pasé mucho tiempo sin una silla de ruedas y esto me confinó a no poder salir ni siquiera a la puerta de mi habitación. Mi vida cambió radicalmente con la obtención de ese elemento de movilidad y me impulsó a mayores logros. Pero, “Una silla de ruedas no basta”, es necesario que se nos den las herramientas necesarias: atención fisioterapéutica, instrucción, orientación y estímulo, equipos y recursos económicos; para que seamos verdaderamente rehabilitados y nos convirtamos en seres gozosos de una vida digna y plena. Dios destruiría un planeta, una estrella o una galaxia para salvar a un ser humano. Nos demostró cuan valiosos somos para él, cuando envió a su hijo Jesucristo a derramar su sangre por nosotros para que ello fuese realidad. Así que siempre serán pocos los recursos que se destinen para tan digna labor de reestablecer a un semejante, por ello no debería escatimarse en gastos a la hora de hacerlo.
AVEPANE es una organización venezolana que se especializa en atender a discapacitados con síndrome de Down y retardo mental y logra maravillas con estos seres humanos cambiándolos por medio de la educación especial en personas útiles, ganadores de medallas deportivas y reconocimientos, capaces de obtener títulos universitarios son orgullo para sus familiares. He podido observar a madres felices porque sus hijos son capaces de hacer tantas cosas a pesar de sus limitaciones.
Artistas Extraordinarios
El pintor con la boca es un artista extraordinario porque tiene que desarrollar sus propias técnicas rompiendo todos los esquemas ya que las condiciones en las cuales trabaja no se parecen a las de ningún artista convencional.
La distancia a la que fija la vista sobre el lienzo para plasmar sus colores es extremadamente corta. Tiene que valerse de técnicas ingeniosas para poder mantener la perspectiva, la correcta ubicación del objetivo sobre el plano y la proporción de las formas. Incluso tiene que colocar el lienzo con la parte de arriba hacia abajo o de lado para poder completar su obra pictórica. Sus pinceladas son generalmente cortas y perpendiculares. No le es posible la rotación ni la inclinación del pincel, el cual toma por su último extremo transformándolo en un largo dedo que sale de su boca la cual a su vez funge de mano y el cuello hace las veces de un muy corto brazo. Las más de las veces realiza toda su obra con solo un pincel pidiéndole a éste que haga lo que no quiere hacer, mágicamente logra crear con los malabarismos de su boca y cuello nuevos mundos donde muchos desearían hacer realidad hermosas fantasías.
Las posiciones en las cuales tiene que llevar a cabo su obra son en muchos casos antinaturales y forzosas con inclinaciones de hasta 135 grados hacia atrás y hacia la izquierda o derecha, Italo Violo añade a esto que tiene que pintar a contraluz dificultando así la obtención de tonos y matices.
Con todo esto un pintor con la boca logra hacer una obra extraordinaria, refrescante, capaz de agradar a la vista, pero lo más importante es que nos muestra un mensaje de tenacidad y valentía, entusiasmo y deseos de vivir, trabajo y perseverancia.
Buscando la perfección de las formas no persigue competir con otros artistas sino transmitir un mensaje estimulante donde presenta el valor de la vida humana, no obstante, sus deficiencias físicas o de cualquier otra índole. Sabiendo que el potencial del ser humano está siempre presente, considera que puede, entonces, desarrollar cualquier habilidad o facultad que le enriquezca a sí mismo y a cuantos le rodean.
Italo Violo no quiere ser valorado tan solo por la calidad de su obra pictórica sino más bien por lo que ella representa.
Capítulo 25
¿QUE SIGNIFICA SER MINUSVÁLIDO?
Humillación y victoria
No me atrevo a responder esta pregunta con un concepto, lo haré mas bien enumerando mis incomodidades y mis satisfacciones. Quisiera señalar que no vivo quejándome; pero he considerado pertinente hablar de este asunto porque deseo concientizar a quienes nunca han pasado por estas circunstancias.
Haber quedado cuadripléjico ha significado no poder apartar el más insignificante insecto de mi cuerpo, significa no poder comer lo que quiero ni cuando quiero, ni como quiero. Ha significado muchas noches de vigilia, sed que nadie sacia, muchas semanas de ayuno forzoso, muchas horas con escozor en el rostro sin poder rascarme. Meses de dolor continuo. Ha significado mantenerme sentado sobre mis excrementos por espacio de seis días y emprender una huelga de hambre para poder ser atendido, ha sido vivir sintiéndome despreciado y estar a las puertas de la muerte deseando que ella me arrope. Ha significado eutanasia frustrada, pensamientos suicidas, divorcio y abandono familiar, la pérdida de la libertad y la dignidad.
Pero también ha significado luchar contra la corriente y vencer, auxilio y liberación, la adquisición de grandes amigos y reconocer a los verdaderos.
Las experiencias citadas me han permitido andar más seguro porque rápidamente y sin reparos, las malas puertas se cierran y las espléndidas se abren, mis limitaciones me coartan, pero también me han dado ventajas como el no pasar desapercibido y así poder dar testimonio de mi fe y de mis logros y aspiraciones. He podido obtener reconocimiento por el desarrollo de nuevos talentos, así como relacionarme de forma mas estrecha con mis congéneres, conocerme mejor a mi mismo y saber con claridad lo que quiero. Ha significado ser humillado, tener que tragarme el orgullo y reconocer que es Dios quien da la victoria.
El discapacitado no es un enfermo
En una ocasión mientras jugueteaba con un par de niños, se acercó su representante y uno de ellos le preguntó:
_ ¿Qué le pasa al señor? ¿Por qué está así?
_Porque está enfermo_ le contestó sin inmutarse.
Nuestra sociedad, por desconocimiento, tiende a catalogar de enfermos a las personas discapacitadas y eso les puede llevar a mostrarles simpatía y ofrecerles cuidados pero haciendo un flaco favor les puede llevar a la autocompasión, a la inacción y a la pérdida del deseo de vivir. De esta manera somos marginados e impedidos no tan solo por nuestras propias limitaciones sino también por las restricciones que con su actitud nos imponen.
“El discapacitado no es un enfermo, sino un individuo con serias limitaciones y grandes necesidades, que precisa el apoyo de su familia, la iglesia, la sociedad y los entes gubernamentales para superar su minusvalía, desarrollar sus potencialidades y ser reinsertado de forma útil en su entorno.”
Son muchos los que bajo este principio han logrado superarse. Tal fue el caso de Corentin Baar, quien en el 2002 cuando tenía 20 años, formó parte de un equipo de cuatro hombres discapacitados; que conquistaron la cima de una montaña de 5500 metros de altitud en el Himalaya; “Mis padres me hicieron creer que nada es imposible”, señala. “Eso de que la discapacidad significa la muerte de los sueños es pura mentira”, afirma Pol-Marie Boldo, director de la fundación Emmanuel SOS Adoption.
Una silla de ruedas no significa retraso mental
Mientras estaba en el gimnasio sentado en mi silla de ruedas, el joven camillero del Centro Nacional de Rehabilitación se acercó y me dijo:
_Vamos a subir temprano porque la nutricionista te está esperando.
Fiel a su pedido me dejé llevar y cuando nos acercamos a la oficina donde supuestamente me estaban esperando, pasamos de largo rumbo a mi habitación. Luego de discutir y obligarle, regresó y me dejó hablar con la nutricionista.
_No he solicitado hablar con usted, señor Violo_ me dijo.
Al día siguiente, protesté la conducta de este camillero que confundía estar en una silla de ruedas con estupidez.
Esa es otra barrera que nos toca derribar, muchos creen que las personas minusválidas son necesariamente retrasadas mentales y por eso no prestan atención a nuestros deseos. Por lo general, cuando voy a una oficina a entrevistarme con alguien, las personas intentan hablar, primero, con la persona que me acompaña, obviándome, por la misma razón.
Los discapacitados también están expuestos a peligros
En una ocasión, salimos mi amiga Iris y yo y cuando tomamos una de las avenidas, decidió cruzarla para tomarla a contravía, pues de esa forma podíamos ver los vehículos que circulaban. A mitad de la cuadra nos detuvimos y también lo hizo la camioneta que transitaba y cuando decidimos avanzar, igualmente lo hizo el chofer del otro vehículo. En ese momento la silla se desvió y no pudiendo controlarla con seguridad iris llevó la punta de la silla hasta la parte trasera de la camioneta enganchándose de una pletina y salimos despedidos hacia atrás. Iris, una mujer pequeña pero fuerte asió muy duro la silla y de retroceso fuimos a parar en otro vehículo estacionado que impidió nuestra caída. Iris se aporreó y la silla se torció pero yo salí ileso.
Cuando quedé en mi actual condición, llegué a pensar que ella me valdría para estar a salvo de muchos peligros y que todas las personas serían más amables conmigo que en mi anterior condición de normalidad, pero no pude estar más lejos de la razón. Lo cierto es que las personas con limitaciones corren los mismos peligros, mayores desprecios y lo malo es que muchas veces se encuentran en un estado de indefensión tal que muchas veces llevan la peor parte.
El discapacitado toma sus propias decisiones
Me encontraba en una casa donde me habían dado alojamiento y una mañana no quise alimento sólido. Recuerdo que hablaba con el propietario de la casa, quien tenía allí mismo una panadería, y pedí un favor:
_ Miguel, quisiera tomar un vaso de leche pero quiero que parezca una malteada. ¿Tienes esencia de vainilla para darle sabor a la leche?
_ Sí, como no, tengo bastante porque utilizo mucha para hacer lo pasteles_ me respondió.
_Cuando llegue Melania, le diré que me prepare la leche y le ponga vainilla_ terminé diciéndole.
_No hay problema, tengo la vainilla en la panadería_ diciendo esto, terminó su conversación y se despidió.
A los pocos minutos se apareció Melania y le dije:
_ Melania, por favor, no quiero alimento sólido. Así que te agradezco que me prepares un vaso de leche con unas gotas de esencia de vainilla que le pedí a Manuel y una cucharada de azúcar.
Melania se alejó y se apareció más tarde con una taza con cereales.
_Melania, te dije que no quería comer porque después voy a tener problemas con mi estomago y el almuerzo. Tráeme el vaso de leche con vainilla_ insistí.
Nuevamente se alejó y a los minutos se apareció con el vaso de leche. Al probarlo me di cuenta que no le había agregado lo que le pedí, entonces reclamé,
_ ¿Por qué no le pusiste vainilla?
Muy molesta espetó:
_ Estás exigiendo mucho, tú lo que tienes que hacer es quedarte quietecito y aceptar todo lo que se te de. Tú lo que tienes es que estar agradecido por lo que se te hace. Así que no tienes porque estar pidiendo, ni opinando.
Se me parecieron tanto esas palabras a las que Josefina me había dicho meses atrás que me enfurecí y le dije:
_ Tú lo que me estás pidiendo es que me muera, porque si no puedo expresarme y decir lo que siento es como estar muerto y la vida no tendría sentido para mí, por lo que no la voy a complacer en eso.
Nuevamente me sentí humillado y no estuve dispuesto a tolerar. Tengo muchas dificultades para enojarme, incluso, cuando alguien trata de agredirme termino molestándome después de varios días, sin embargo, me he vuelto muy sensible ante la pretensión de otros de acabar con mi personalidad de ese modo.
Es muy frecuente que a los minusválidos, a los enfermos, a los ancianos y a los niños se les deje de lado y sus opiniones no sean tenidas en cuenta. Esta actitud es muy dañina porque menoscaba la dignidad y la autoestima, crea pensamientos negativos en el afectado y reduce las posibilidades de recuperación en el paciente, retarda el desarrollo de los minusválidos y niños y acelera el deterioro de los ancianos.
Las personas impedidas físicamente deben ser respetadas en su integridad moral, deben respetarse sus ideas, sus decisiones y merecen ser alentados a participar activamente en todo lo que les concierne.
Un discapacitado no tiene porque ser un indigente
En otra ocasión iba por la calle mientras Pedro empujaba mi silla y llamé a un transeúnte para preguntarle la hora y sin expresar palabras metió su mano al bolsillo sacó un billete de quinientos bolívares y me lo entregó. En otras muchas ocasiones las personas al verme se voltean y se hacen los desentendidos, sobre todo cuando estoy en la calle, tratan de ignorarme cuando me dirijo a ellos y en los establecimientos comerciales son reticentes a atenderme hasta asegurarse que no voy a pedir una limosna. Así reflejan el pensar colectivo que asocia silla de ruedas y minusvalía con indigencia. No juzgaré esta actitud pero hace más difícil el camino. La minusvalía ha sido desde siempre asociada a la indigencia, pero esta tiene raíces más profundas como son el egoísmo humano, la desigualdad social, la guerra, el abandono propio y de aquellos quienes tienen la responsabilidad de cuidar al que cae en desgracia, la falta de planes sociales bien estructurados por parte de la sociedad y de los gobernantes…
Un discapacitado no tiene porque ser un indigente, pero para que eso no ocurra requiere de la ayuda comprometida de sus seres queridos y del ejercicio de su propia voluntad.
El minusválido actúa según los dictados de su corazón
En una conversación alguien hablaba de las desavenencias que había tenido con un hombre a quien le faltaba un brazo y mientras hacían chistes al respecto otro hizo un comentario:
_No te fíes de un manco, un ñeco o un tuerto.
_Es verdad_ respondió otro_ los ñecos son mala gente, de inmediato, otro más, mientras reía y mostraba desconcierto, decía:
_No sé porqué, pero al final de cuentas te salen con una patada.
El lector puede estar de acuerdo conmigo en que probablemente ha escuchado expresiones como esa en más de una ocasión. Nosotros, los seres humanos tendemos a hacernos imágenes prefiguradas de las personas asociando ciertos rasgos característicos evidentes, como el color de piel, la nacionalidad, la edad, etc. con su personalidad. De esa manera por generalización, estigmatizamos a otros y lo traducimos en desconfianza y discriminación.
La vieja idea de que los hombres son castigados por Dios, en esta vida, pervive hoy más que nunca. Es cierto que la ley de las consecuencias, no perdona. Pero el problema es más complejo que esto. Todos estamos de acuerdo en que la generalización no es buena, pero en la práctica actuamos diferente. Las razones del sufrimiento son muchas y todos estamos de acuerdo que muchos inocentes sufren.
El discapacitado es un ser humano que ha sido tocado por la desgracia, pero en los demás aspectos comparte las mismas necesidades y deseos de sus congéneres. Es tan bueno o tan malo como los demás, siempre actuará de acuerdo a los dictados de su conciencia y de su corazón.
Las personas cuando sienten algún dolor, cuando están incómodas, cuando son discriminados o son abrumados por cualquier otra razón actúan de acuerdo a ciertos patrones y la persona con deficiencias físicas tiene razones más que suficientes para actuar de acuerdo con sus dolencias. Por eso el deber de sus prójimos está en comprenderle y no en discriminarlo.
En todo caso, he podido observar como muchas personas evitan ponerse en contacto conmigo. Si me visitan y me ven alegre, dicen, no hace falta que lo visitemos porque está bien. Si me encuentran triste, también se apartan por que no soportan la tristeza y si estoy malhumorado es porque no me soportan a mí. Otros más, porque no les soy agradable a la vista a causa de mis deformidades.
Los discapacitados son una exigencia
En mi experiencia me he encontrado con muchas personas que me tildan de exigente. Es verdad, pero la constante ha sido que quienes lo dicen muestran una indisposición desde el principio, por lo general son personas que solo quieren realizar su trabajo y que este sea lo más fácil posible. En una ocasión, le respondía a alguien que no solo soy exigente sino que soy una exigencia. Se necesita mucho amor, diligencia y don de servicio para atender a un prójimo de mi categoría.
¿Malagradecidos?
Otra idea preconcebida es que somos malagradecidos. Responderé a esto narrando la historia del rey David y Mefiboset en un capítulo siguiente.
Capítulo 26
MINUSVALÍA, ABANDONO E INDIGENCIA
La mala excusa de la maldad
No quiero insistir sobre lo que me ocurrió pero quisiera señalar la causa primaria por la cual muchos son dejados en el abandono y la indigencia, el porque muchos son dejados a su suerte sin ningún miramiento y quedan sin voz, sin hogar, sin familia, sin dignidad y no pocos mueren en la más absurda miseria.
Fui dejado en las puertas de una clínica y luego en la cama de un hospital. ¿Pero quién me dejó en el abandono? Ellas fueron el último eslabón de la cadena, fueron las autoras materiales, quienes apretaron el gatillo. Otros ya lo habían hecho con su indiferencia o alejándose después de creer que habían cumplido con su parte. No es solo uno quien abandona, sino todos aquellos que conscientemente saben lo que está ocurriendo y no hacen nada por impedirlo. Es la falta de compromiso hacia su prójimo y hacia su propia sangre.
En una ocasión, sintonizaron de forma especial para mí, el programa “Justicia Para Todos”, transmitido por Radio Caracas Televisión, RCTV, dirigido por el conocido abogado y congresista venezolano Julio Borges, quien en el mismo fungía como juez de paz, tuve la oportunidad de observar a un joven cuadripléjico que demandaba a su esposa y a su madre por haberle dejado abandonado. Contaba él que tenía que pedir a través de su ventana alimentos y otros favores a quien pasara por enfrente.
La razón explicada por esta madre extrañamente complotada con su nuera, en una asociación que no es muy común ver, era que su hijo había sido muy malo en su vida anterior.
Esa ha sido la misma razón esgrimida por quien me dejó al último, con una excusa superficial, que muchos están dispuestos a aceptar, me vilipendió tratando de dañar mi nombre y después de ver mi liberación, actuando con saña increíble no regresó ni siquiera mis objetos más personales, mis diplomas y títulos, ni mis documentos de identidad, ni la silla de ruedas. Luego, tratando a toda costa de justificarse, sabiendo de la existencia de testigos que la pudiesen poner al descubierto, arremetió contra la integridad moral de quienes estaban dispuestos a ayudarme.
Habiendo soportado esa experiencia me di a la tarea de investigar el asunto y entrevisté a cuantos pude y encontré un elemento común. Las personas que abandonan a sus parientes, cuando son adultos, faltos de creatividad por la premura, invariablemente acuden a la misma razón, señalando que el nuevo indigente fue terriblemente malo en su vida anterior. En el supuesto de que sea cierto, estaría bien en el espíritu de venganza de las películas de Hollywood o del Conde de Montecristo pero, ¿está moralmente bien?
El Señor Jesús fue enfático cuando señaló que debíamos tratar bien a nuestros enemigos.
“Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, bendecid a quienes os maldicen, haced bien a quienes os aborrecen” (Mateo 5: 44)
Pablo hablando a los romanos dijo:
“Así que, si tu enemigo tuviere hambre dale de comer; si tuviere sed, dale de beber… No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”
(Romanos 12: 20,21)
Y a los niños ¿por qué?
Pero los niños también son abandonados. Ron Heagy nos narra en su libro la siguiente experiencia:
“En una ocasión tenía programado hablar en un desayuno…Al llegar al estacionamiento donde se estaba llevando a cabo el desayuno vimos a un hombre que estaba sacando una pequeña silla de ruedas de la parte posterior de su camión. Luego sacó a un muchachito de la cabina y lo sentó en la silla.
Me acerqué al chico y lo saludé,
_Buenos días ¿Cómo estás?
El muchachito parpadeó pero no emitió sonido alguno.
Kevin está paralizado desde la nariz para abajo_ me explicó el hombre.
_Cuando le dije que usted iba a hablar para los cumplidores del Promesas quiso venir a escucharlo.
Recordando lo herido que me había sentido tiempo atrás cuando un desconocido le habló a mí padre en lugar de hablar conmigo cuando hicimos la primera visita al hospital en sillas de ruedas, mantuve la mirada fija en la cara del chico y le hablé directamente a él.
_Me alegra que hayas venido, Kevin, me da gusto conocerte. ¿Tal ves podamos tener una conversación después, OK?
Después del desayuno, viendo a Kevin sentado a la mesa donde estaban expuestas algunas de mis obras de arte, me acerqué a él.
_ Kevin, me gustaría darte una pintura. ¿Cuál te gusta?
Se le iluminaron los ojos y emitió sonidos ininteligibles.
Kevin está tratando de decir que le gusta el faro y quiere tenerlo sobre sus piernas_ me tradujo su acompañante.
_ ¡Muy bien, jovencito! ¡Es tuya! _Christy me puso un lápiz en la boca y se la firmé. Posamos juntos para las fotos y le dije:
_Kevin, en vez de irte a tu casa en el camión ¿no quisieran venir con nosotros en la camioneta?
Él no podía hablar ni sonreír, pero el muchachito parpadeó dos veces velozmente. Por encima de su cabeza su acompañante, asintió.
El hombre manejó la camioneta…Me contó que Kevin había nacido paralítico y que su papá lo había abandonado al nacer. Este hombre se había convertido como en un padre sustituto para el chico.
Me gusta trabajar para Kevin y mis hijos lo quieren. Siempre está contento y nunca se queja, pase lo que pase. Kevin no puede comer o probar la comida común. Recibe todo su alimento por medio de un tubo, pero cuando escuchó que a los niños les gusta su leche achocolatada, me pidió que la suya se la hiciera marrón. Quiere creer que él también está tomando chocolate.
¡Qué chico más inspirado eres! _ le dije a Kevin al despedirnos_ Me alegra mucho habernos conocido. Kevin nunca me olvidaré de ti.
Sus ojos parpadearon felices. Todavía los veo en mi mente” Actitud ante la Vida Págs. 253, 254
Sí, los niños también son abandonados cuando no satisfacen las expectativas de un bebé ideal o por cualquier otra razón. Aun muchos infantes normales física y mentalmente que son dejados a su suerte, proliferan como niños de la calle. En estos casos, los padres, no pudiendo apelar a la excusa de la maldad del abandonado, son más imaginativos y acuden a otros recursos cuales, el de no tener espacio físico donde tenerlo, la falta de alguien que ayude, la falta de trabajo y la pobreza. Pero lo cierto es que muchos les avergüenza tener a un ser querido desagradable a la vista por sus deformidades, los consideran un impedimento para sus propios logros y una amenaza de su libertad, así como una triste y pesada carga que no están dispuestos a llevar.
El Hospital San Juan de Dios, ubicado en Caracas, atendido por consagrados sacerdotes y abnegadas monjas, realiza una desinteresada labor a favor de los niños con deformidades físicas, pero su labor se hace titánica porque muchos padres y madres les dejan a los chicos y no regresan por ellos.
Si alguno que lee este libro, considera que tiene amor y desea adoptar un niño, tendría una buena opción llevando uno de estos chiquillos a su casa para darle un hogar, así como hicieron con Kevin.
El Dr. Pol-Marie Boldo creador junto con su esposa Christiane de la fundación “Emmanuel” SOS Adoption señala que los hogares que reciben a niños minusválidos son colmados de dicha. El dolor físico es menor que el trauma causado por el abandono. Sin embargo los padres adoptivos tienen una ventaja: no cargan con la culpa silenciosa de haber traído al mundo a un niño imperfecto. Su amor fluye con libertad, y los niños dolorosamente sensibles a las cuestiones del corazón, lo perciben: se sienten verdaderamente queridos, completos y libres para explorar sus límites naturales.” Selecciones de Reader’s Digest, Art. Los hijos de nadie. Pág. 44 Marzo 2004
La verdadera causa del abandono
La verdadera culpa del abandono no recae sobre quien es dejado a su suerte, sino en el egoísmo y falta de compromiso de quien ejecuta el hecho. En la pérdida de valores que no conoce clase social, ni profesión religiosa. El pobre da de su pobreza y el mendigo de su limosna. La pobreza no es una excusa para abandonar a un ser humano. Quien ama está dispuesto a dar su vida por la de su semejante. Dar su vida implica sacrificio, entrega y estar dispuesto a morir por otro. No hay razón moralmente válida para abandonar a un ser humano.
El egoísmo es lo contrario al amor, no el odio como algunos sustentan. El odio, como el rencor, la indiferencia y la falta de compromiso y todas las maldades que en este mundo existen son fruto del egoísmo. Solo el bien como fruto del amor lo puede vencer.
Sin embargo, hay muchos que están dispuestos a sacrificarse por sus seres queridos, pero jamás lo harían por otros. Por eso muchos se maravillan, yo mismo lo hago, cuando veo que hay personas que están dispuestas a dar el todo por un extraño.
Saludo a todos aquellos que conscientes de su compromiso, día a día, tal como Carolina, de quien hablé en el prólogo de este libro, se sacrifican por sus seres queridos. Pero una doble bendición recae sobre aquel que está dispuesto a sacrificarse por quien “no es nada de él.” Pero Jesucristo va más allá y ordena a sus seguidores a cuidar, alimentar y hospedar a los enemigos. No solo a algún malo que haya hecho daño por otro lado, sino a quien nos haya hecho daño. En fin, solo podemos perdonar a quien nos ha maltratado.
Consecuencias del abandono en la familia
En las controversias acerca de la eutanasia se discute que en muchos casos debe permitirse quitar la vida del enfermo por el bien de los familiares. ¿Pero quien sufre más?, ¿Quién lleva la peor parte? ¿No es quien está en cama?
¿Cómo puede crecer un niño que sepa que sus seres queridos le pueden matar si se enferma gravemente? ¿Qué valor le puede dar a la vida? ¿Cómo puede desarrollar principios de amor por sus semejantes, si ve que uno de los suyos es rechazado y dejado como un traste inservible en un hospital, manicomio, en un centro geriátrico o en la calle, por sus defectos físicos? ¿Cómo puede desarrollar un carácter firme? Digo que actos como este son producto de la involución, a la degradación del ser humano, como una espiral conducen a mayor degradación. Son más los daños que recaen sobre el núcleo familiar y la sociedad que los beneficios. Los padecimientos del ser querido trastornan a la familia, pero, un cuidado amoroso redunda en satisfacción a posteriori, en el fortalecimiento de los principios morales y en la cohesión familiar. El abandono, la eutanasia y cualquier otro mal como el aborto, conllevan invariablemente a remordimientos de conciencia y a la desintegración de la familia.
La verdad del amor
A mi amiga María le han dicho muchas cosas para desanimarla en la obra que hace por mí, ha pagado un alto precio. Personas que se consideran cristianas, expresan palabras como estas:
_ ¿Por qué metiste a ese hombre en tu casa?
_ ¡Debes estar loca!
El mundo y los falsos cristianos, llaman tontos a quienes se atreven a hacer bien. Pero el secreto de esto es el amor, un amor que la mayoría de la gente no conoce, es un amor que no tiene nada que ver con los sentimientos, porque los sentimientos son volátiles, sino que está fundamentado en sólidos principios, inquebrantables, macizos como el diamante, implantados por Dios en el corazón.
María no está sola, tengo una constelación de benefactores que se han atrevido a gastar su tiempo, a trasnocharse, a pasar hambre, a ser vejados, que han colocado sus recursos para salvarme la vida. Son personas dispuestas a cumplir con la áurea ley real:
_”Amarás a tu prójimo como ti mismo”. “Todo lo que queréis que hagan con vosotros los hombres, hacedlo también con ellos…”. (Santiago 2:8, Mateo 7:12)
Los cristianos deben ver la imagen de Dios en el hombre, tal como lo hacía la Madre Teresa de Calcuta que decía ver el semblante de Jesucristo en el rostro necesitado y hacía lo que Cristo haría por ella, estando en las mismas condiciones.
Los verdaderos cristianos como porciones de la iglesia universal de Cristo reconocen a los miembros como un cuerpo y una sola familia y de inmediato se disponen a socorrer al miembro que padece.
“Ustedes, pues, son miembros del cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro en particular.
…para que no haya desavenencias en el cuerpo, sino que los miembros se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.” (1 Corintios 12: 27, 25,26)
Los verdaderos cristianos, se reconocen unos a otros y reconocen la necesidad cuando la ven. He tenido el privilegio de ver unidos como un solo hombre a cristianos de diferentes confesiones para beneficiarme, así como el gozo de participar en verdaderos cultos ínter confesionales de cristianos más preocupados por su prójimo que por las doctrinas.
“El Señor dice: ‘Vended lo que poseéis, y dad limosna’. Sed ‘dadivosos, generosos’ ‘Cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos’. ‘Desata las ligaduras de impiedad’. ‘Suelta las cargas de opresión’. …deja ‘ir libres a los quebrantados’,…rompe todo yugo’,…parte ‘tu pan con el hambriento’,…alberga ‘a los pobres errantes…en casa’;…’cuando veas al desnudo’ cúbrelo…Sacia ‘al alma afligida’… Estas son las órdenes del Señor. ¿Están haciendo esa obra el gran conjunto de los que afirman que son cristianos? ” (Palabras de Vida Pág. 16)
No han sido los favores esporádicos los que me han salvado, sino la ayuda comprometida de quienes siguen los mandatos de Cristo. He aquí, la verdadera razón de su ayuda.
La verdadera definición del amor
Sino “tengo amor, nada soy…
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la justicia, más se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser…” (1 Corintios 13: 2,4 – 8)
Capítulo 27
DE LA TIERRA DEL OLVIDO A LA MESA DEL REY
Tiempos de cambio
Eran tiempos de cambio y el país estaba convulsionado. La causa era un gobernante que se había convertido en un fraude, se aferraba al poder mientras el que había sido nombrado legítimamente para sucederle andaba huyendo como un insurgente. Pero como todo tiene su hora, el viejo gobernante en guerra con sus enemigos fue muerto en batalla y todos los que de su familia podían sucederle en el trono fueron pasados a espada, excepto uno de nombre Mefiboset, hijo de Jonatán, amigo de David el rey fugitivo. “Tenía cinco años cuando llegó de Jesreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza”, temiendo por la vida del chico, “le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo.”
Huyendo al olvido
La nodriza, temerosa y con gran instinto maternal, escondió al niño lisiado, lo llevó a un lugar donde nadie lo podría hallar, a Lodebar, a la tierra sin nombre. Allí el niño creció ajeno a las comodidades y a los reconocimientos que merecía como miembro de la familia real. Su estirpe debía ser mantenida en secreto para salvaguardar su vida. De esta forma él no era él. No podía jugar ni correr como los otros niños, seguramente fue ridiculizado por sus compañeros y perdió su autoestima. Como era común en la época, le decían que un castigo de Dios lo tenía en esa condición. Sin familia se tornó inseguro, pero su nodriza haría un excelente trabajo en él.
A la mesa del rey
Mientras tanto, David, el nuevo rey de quien temía la nodriza, tendría que luchar para poner orden en el país y en una tarea que le llevó años, organizó y fortaleció el nuevo reino. “Y reinó David sobre todo Israel y David administraba justicia y equidad a todo su pueblo” David, más reposado, tuvo, entonces, tiempo de ocuparse de asuntos más personales y un día preguntó: “¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien pueda yo favorecer por amor” de mi amigo “ Jonatán?
Y había un sirviente de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David. Y el rey le preguntó: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Para servirte. El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: He aquí, está en casa de Faquir hijo de Amiel”, en la tierra sin nombre.
“Entonces envió el rey David,…y le trajo” de la tierra sin nombre.
“Y vino Mefiboset, hijo de Jonatán,” nieto “de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefiboset. Y el respondió. He aquí tu siervo.
Dijo David. No tengas temor, porque a la verdad te voy a favorecer por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl, tu abuelo, y tú comerás siempre a mi mesa”.
Incrédulo y asombrado como un campesino que llega a una gran ciudad, mostró de inmediato su baja autoestima y le contestó: “¿Quién es tu siervo, para que te fijes en un perro muerto como yo?”
A David no le importaron estas palabras y ordenó insistiendo: “Mefiboset comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey.”
Mefiboset se mudó a la capital y empezó a vivir de acuerdo a su linaje real y “comía siempre a la mesa del rey como uno de los hijos del rey”.
Tiempo después, en una de esa luchas intestinas, David, estuvo a punto de ser destronado y Siba aprovechando la coyuntura, mintiendo se acercó al rey y cuando éste le preguntó por Mefiboset, le respondió: “Él se ha quedado en Jerusalén, porque ha dicho: Hoy me devolverá Israel el reino de mi padre”. David indignado le entregó todos los bienes de Mefiboset a Siba.
Cuando David regresó victorioso de la batalla para tomar su lugar, se encontró con Mefiboset, no tratando de tomar el trono, sino sucio y sin afeitar, porque Mefiboset en un gesto de solidaridad, había hecho voto de aflicción y no se bañó, ni afeitó mientras el reino de su benefactor estaba en vilo.
Cuando se zanjaron las cosas, David en una decisión apresurada y demostrando que dudaba de ambas versiones repartió los bienes entre los dos, pero Mefiboset, mostrando gran nobleza le dijo a David: “Deja que él las tome todas, pues que mi señor el rey ha vuelto en paz a su casa.”
¡Y Mefiboset continuó comiendo siempre a la mesa del rey!
Este capítulo está basado en 2 Samuel Cáp. 4, 9 y 16. Versión libre del autor Cotejada con las versiones españolas de Reina – Valera y Evaristo Martín Nieto.
Capítulo 28
ÚTIL Y VICTORIOSO
Nombre: Italo Violo Edad: 38 años.
Diagnóstico: Fractura en columna cervical, a nivel de C4 – C5 con compromiso medular de C2 – C5. Cuadriplejía irreversible con desmielinización progresiva. Invalidez: 100%.
No es fácil aceptar un diagnóstico tal sin estar preparado y lo incuestionable es que difícilmente alguien podrá estarlo. Sobre todo cuando estamos dispuestos a creer que invalidez significa que ya no valemos nada, pero lo cierto es que esta palabra, en este caso significa más bien que no nos podemos valer por nosotros mismos, y que desarrollamos una vida de dependencia. El mundo establece normas para hacer más fácil la vida y sin ellas el desarrollo no sería posible. Pero las normas pueden también encasillarnos dentro de ciertos parámetros y limitarnos.
Pero la conducta del ser humano no se parece a las matemáticas y podemos quebrantar los porcentajes de invalidez para superarla y hacerlos tan pequeños como sea posible y ese es mi reto. He podido apreciar como día a día con avances a veces imperceptibles estoy logrando ser cada vez más independiente, más estable emocionalmente, más productivo y apreciado por cuantos me conocen. Aunque apenas logro alcanzar algunas metas, estoy dispuesto a alcanzar las otras que me he propuesto, y sin apuro dando un paso a la vez como la tortuga ante la liebre o como el caracolito ante el águila, con perseverancia sosegada y entusiasmo que no quiere ser quebrantado. Hoy puedo decir que soy válido 100%. No porque pueda valerme por mi mismo en todas las cosas, sino porque entiendo que soy tan valioso como cualquier ser humano. Estoy claro en saber quien soy, que quiero y hacia donde voy. En casi nada me puedo valer por mi mismo pero entiendo que he desarrollado habilidades especiales que incluso personas con todas sus facultades físicas son incapaces de hacer y esto me anima a seguir adelante sabiendo que me puedo ser útil a mi mismo, a los demás y en la más grande instancia, a Dios.
Digo estas cosas sin ánimo de engrandecerme, porque sé que en términos cuantitativos he logrado muy poco. Podría escribir otro libro escribiendo acerca de grandes logros alcanzados por otros en condiciones físicas y mentales desventajosas, en cuyos logros quedo totalmente opacado. Hellen Keller, mi favorita; siendo sorda, ciega y muda, aprendió a comunicarse con el mundo exterior y obtuvo títulos universitarios con honores, fue una escritora insigne y uno de sus libros llevado a la gran pantalla y obtuvo un Oscar, aprendiendo a hablar se convirtió en conferencista internacional. Rona Ottolina, verla contar su experiencia me animó, hija de Renny Ottolina, un famoso animador de televisión y candidato a la presidencia de la República de Venezuela, no fue esto lo que la hizo famosa, sino su empeño para vencer su discapacidad, habiendo quedado cuadripléjica cuando joven, siguió los pasos de su padre y llegó a ser diputada al congreso Nacional de Venezuela. Todavía la recuerdo cuando, luchando por sus ideales, se encadenó por varios días a las puertas del Consejo Nacional Electoral. Stephen Hawkins con todo su cuerpo paralizado y comunicándose por una computadora se transformó en el científico más renombrado del planeta en la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Pero todos estos valientes tienen elementos en común como el entusiasmo por la vida, el deseo de servir a los demás, un propósito, disciplina, perseverancia, tutores y confianza en el Ser Supremo.
Estos héroes me han servido de acicate para impulsarme y saber que yo también puedo. Y desde ésta, mi trinchera quiero darte el ánimo que necesitas y si todavía no has emprendido el camino de tu recuperación, puedes tomarlo y dentro de poco podrás decir igual que yo: “SOY ÚTIL Y VICTORIOSO”
EPÍLOGO
En un par de ocasiones, mientras trabajaba en este libro, alguien me preguntó que si estaba escribiendo mis memorias. Le respondí que no me gustaba esa palabra porque me sonaba a pasado, desesperanza y muerte. Aunque he escrito sobre mi pasado, no he dejado de proyectarme hacia el futuro sin dejar de tomar en cuenta que la vida es un eterno presente y mientras mis ojos permanezcan abiertos seguiré viviendo mi presente, no olvidaré nunca mi pasado porque el me ha hecho quien soy y es mi reservorio, mi biblioteca, donde hurgo de vez en cuando, no para lamentarme, sino para sacar experiencias útiles de lecciones aprendidas que aplicándolas en el presente, me sirvan para que cuando el mañana se haga hoy pueda vivirlo correctamente. El pasado es remembranzas y olvido, el futuro es utopía y fantasía, también esperanza, pero lo mejor que estemos dispuestos a hacer debemos realizarlo hoy.
Mi vida no ha terminado, así también este libro seguirá añadiendo capítulos, narrará hechos alegres y otros no tanto, pero seguro estoy que hoy me encuentro mejor preparado para enfrentar la posteridad. Libre de miedos, no veo el futuro con incertidumbre. Además no tengo que preocuparme por él porque, como todos, por más que me afane siempre estaré encerrado en el eterno presente.
En la actualidad vivo mi vida lo mejor que pueda sacando provecho de cada oportunidad. Mientras escribo este libro estoy promocionando un ministerio a favor de los minusválidos e indigentes a través del Centro para la Integración Social de Personas con Necesidades Especiales. Cuando se presenta una oportunidad doy mi testimonio por cualquier medio a la mano; radio, prensa, televisión, iglesias etc. Hace poco recibí una condecoración honor al mérito por la obra que trato de levar a cabo. En este momento me encuentro enseñando a un amigo a usar la computadora, lo cual me brinda gran satisfacción y me estoy preparando para una exposición de pintura a lo cual dedico muchas horas en mi cama para que eso sea una realidad.
Podría decir que mi historia tiene un final feliz y he encontrado el cariño de otras personas que me han dado el valor que merezco como ser humano, pero sobre todo quisiera decir que estoy dispuesto a corresponder, y correspondo con las pequeñas cosas que están a mi alcance, porque al fin y al cabo, la felicidad está no en recibir sino en dar. La felicidad fluye de adentro hacia fuera y de ello dan fe aquellos que han estado dispuestos a darse a sí mismos por mí, de quienes reproduzco algunos de sus pensamientos:
“Doy gracias por haber venido a Anaco y conocer a Italo, quien a pesar de estar lisiado en una cama, sin poder mover ni siquiera un dedo para rascarse la cabeza, aún en ese estado de cuadriplejía es de gran provecho tenerlo cerca. En mis momentos de soledad y tristeza, en muchas ocasiones, cuando no tenía con quien hablar y compartir alguna pena, él siempre ha estado dispuesto a escucharme y a consolarme con palabras de fe, ánimo y confianza en Dios. Le agradezco porque cuando mi hijo Mauricio necesitó su ayuda como profesor de matemática, inglés, geografía y otras materias, le explicó de forma sencilla y clara de tal manera que mi hijo pudo aprobar el año escolar. Gracias a Italo por su disponibilidad para ser útil, aunque sea en esa cama y con tantas incapacidades físicas. Ha sido para mí un honor poder servirle y poder hacerle más llevadera su existencia. Agradezco también, de una manera muy especial, por María Bautista, por gran disposición de ofrecerle su casa y pudiese tener la mejor atención.”
Iris Guilarte1
“La Sagrada Escritura registra una historia en el libro de Lucas, acerca de un hombre que fue golpeado por ladrones, le robaron todo su dinero. Aquel hombre tirado en el suelo, sin fuerzas tal vez. Por su lado pasaron varios individuos, que viéndole, no se detuvieron a ayudarle. Lo dejaron allí, hundido en su desgracia, no hubo ni una sonrisa, ni una frase de cariño, mucho menos, una ayuda. Pero alguien se detuvo y dice la historia que fue movido a misericordia y como el buen pastor, lo tomó entre sus brazos, le curó las heridas, le dio de comer, lo llevó a un lugar seguro, no obstante, sacó dinero y pagó su estadía en el hospedaje.
La Biblia lo llama el buen samaritano y termina la historia con un mandato: “Ve y haz tu lo mismo.” Pues, esa historia es una realidad en mi vida. Esa frase “fue movido a misericordia”. Estoy segura que el Espíritu Santo me movió a misericordia cuando vi a un hijo de Dios en una situación desesperada, abandonado a su suerte. Hubo un impulso dentro de mí que me llevó a tomar tan seria responsabilidad, y en ese momento no pensé en las consecuencias, no pensé en dificultades, que luego si las hubo. Pero Dios, en su misericordia, hace grandes promesas. Una de ellas es: “No te dejaré, ni te desampararé”. Esa promesa se ha hecho realidad en todo este tiempo…
Hemos visto la mano de Dios siempre, Dios ha contestado oraciones. Una de las cosas que pedí fue por su salud, y a pesar de todo Italo se ha mantenido saludable. Otra petición fue encontrar ayuda humana, y agradezco a Dios por Pedro Maita que ha estado siempre con nosotros. Hay muchos detalles pequeños pero de gran importancia tanto para Italo como para mí en la cual Dios se ha manifestado.
Para mí ha sido una gran bendición saber que he sido útil en el servicio que Dios nos ha mandado a realizar. En muchas ocasiones las puertas de mi casa han sido abiertas para algunas personas y me ha tocado ayudar a otros, pero esta labor es la más grande que he realizado en mi vida. ¿La bendición? La bendición consiste en la satisfacción que siento al saber que no he defraudado a Dios.
Hay una respuesta que todos podemos dar: “Heme aquí, envíame a mí”.
María Bautista René2
“Estando este humilde servidor en una escuela dominical, llegó una dama solicitando ayuda y oí hablar de Italo Violo, en esos instantes fui conmovido y Dios trató conmigo de una manera muy especial, me tomó el Espíritu Santo en lloro y mientras mis lágrimas corrían por mis mejillas como un río, vino a mi mente la siguiente palabra: ‘Maestro, ¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas’
(Mateo 22: 36-40).
Terminando la reunión me trasladé al hospital “Angulo Rivas” de la población de Anaco. Allí, conocí a Italo y entablamos una sincera amistad que creció como la de David y Jonatán.
Desde entonces, presté mis servicios a Italo, lo cual fue de mucho agrado para mí porque de esa manera pude honrar a Dios ayudando a mi prójimo. Dios me dio de su conocimiento y sabiduría para ejercer esa buena labor delante de él y los hombres.
Una vez llegaron unos médicos y quisieron impedirme la obra que estaba realizando para agradar a mi Señor, entonces les dije:
¿Será mejor hacer el mal y el bien no? Y les repliqué: ¿Cómo ustedes pueden impedirme que preste mis servicios a quien se lo merece cuando aun a ustedes mismos les estoy prestando mi ayuda? porque ni la ciencia médica ni las enfermeras quieren prestarle su servicio y yo no estoy aquí por mi propia cuenta, sino que Dios se plació de este humilde servidor.
Desde entonces accedieron para que estuviera a la disposición de atenderle. Esto me ha sido útil para adquirir buenas experiencias, Italo fue un taller de aprendizaje para mí hasta el día de hoy y que la gloria y la honra sea para mi Señor. Lo que fue imposible para la ciencia médica, para Dios fue posible porque nada hay imposible para Dios porque él es el médico por excelencia. Italo presentó unas escaras profundas que para los médicos eran incurables, pero nosotros vimos la mano de Dios operando el milagro porque estábamos orando al Dios vivo y por eso pudimos visualizar la mano del Dios altísimo.
La Biblia dice: ‘¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: el que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo ve y haz tú lo mismo’ (Lucas 10:36).
La Palabra de Dios también dice que ‘aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá’ (Salmo 27:10).
Estoy agradecido de Dios y de Italo, a quien le debo respeto y consideración, por habernos ayudado mutuamente”.
“Señor, te doy gracias por este testimonio que sea de gran bendición para todo el que lo lea, gracias por haberme elegido como instrumento tuyo para esta hermosa y bella labor, Amén y amén.”
Antonio Malavé3
1 Iris Guilarte se desempeña como distribuidora de libros de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
2 María Bautista es miembro activo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y es propietaria de una tienda naturista
3 Antonio Malavé, “por la misericordia de Dios”, según sus propias palabras, está ejerciendo como pastor visitador en la Obra evangélica “Luz del Mundo” Misión 1 Anaco, a cargo del pastor Juan de Dios Pineda. En la actualidad atiende 27 congregaciones.
He querido añadir un extracto de los postulados del ministerio que estoy desarrollando y de la fundación con el objetivo de que si alguno se siente impulsado a ayudar a otro, alcance a tener una idea de lo que se puede hacer o si quiere ayudarnos directamente también recibimos su colaboración.
CONSEJOS PRÁCTICOS PARA CUÁDRIPLÉJICOS, PARAPLÉJICOS Y DISCAPACITADOS CON LESIONES MEDULARES.
Esta sección fue revisada, corregida y ampliada por la Doctora Silvia Carranza Hernández especializada en Medicina Familiar y está domiciliada en Monterrey, Méjico.
Mi propia ignorancia y la falta de personas capacitadas dispuestas a orientarme y orientar a quienes me rodean ha sido el origen de muchos de los males que he padecido y he querido recopilar en esta última sección algunos aspectos de lo que me ha tocado aprender de los aciertos y desaciertos y de mi investigación particular.
En primer lugar puedo señalar que nadie conoce mejor el cuerpo que su propio dueño, así que debes tomar la responsabilidad de tu salud.
En segundo lugar, he podido comprobar que existe mucho desconocimiento en el gremio médico y de enfermería con respecto al tratamiento preventivo y curativo de personas con lesiones medulares y por lo general, los especialistas en la materia, es decir los médicos fisiatras, se limitan a diagnosticar y a dar algunas recomendaciones que terminan siempre siendo incompletas y los fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales se limitan a unos cuantos ejercicios y tratamientos terapéuticos.
La información se encuentra muy fragmentada debido a la excesiva especialización de los profesionales. Por lo que el discapacitado y sus allegados deben darse a la tarea de investigar cuanto puedan acerca de su problema para poder tener un conocimiento amplio de todos los pormenores de su situación y así poder prevenir y/o resolver las complicaciones que se vayan presentando. Libros, revistas, Internet, compartir la experiencia de otros, etc.
Síntomas comunes
La secuela de una lesión medular viene acompañada de una serie de síntomas que varían de una persona a otra y en esta sección se describirán algunos de ellos.
En algunas ocasiones hay movimientos involuntarios, como temblores, llamados espasmos los cuales son ocasionados por la irritación del sistema nervioso.
La disreflexia autónoma es una complicación importante en los pacientes con lesión traumática alta de la médula espinal que se inicia en 1 a 3 meses posteriores a la lesión. Se caracteriza por episodios transitorios de hipertensión arterial que son desencadenados por la dilatación vesical o rectal y por otros estímulos de naturaleza diversa.
Debido al fallo del sistema nervioso autónomo podemos encontrar otros síntomas y signos como:
· Dolor de cabeza.
· Visión borrosa
· Sudoración profusa
· Rubor facial
· Taquicardia
· Episodios alternativos de hipotensión/hipertensión
· Dificultad para mantener la temperatura corporal con episodios de hipertermia/ hipotermia
Suele estar provocado por una retención urinaria, fecal o por infecciones de cualquier tipo o por ulceraciones en la piel. Los síntomas habituales son cefalea opresiva, enrojecimiento, sudoración, aumento de la tensión sanguínea e incluso disminución del pulso cardiaco. Suele desaparecer al tratar la causa que lo provoca. Sólo si no se encuentra la causa, habrá que tratar la hipertensión con fármacos.
Disfunción intestinal
En el caso de disfunción intestinal, la reeducación intestinal va dirigida en procurar un ritmo defecatorio al menos en días alternos mediante:
· Mantener un ritmo intestinal adecuado utilizando fármacos tipo Lactulosa (Duphalac®), Lactitol (Emportal®) o fármacos aceleradores del tránsito intestinal.
· Una adecuada hidratación de las heces aportando dieta rica en fibra.
· Facilitar la defecación utilizando lubricantes locales (supositorios).
· Crear un hábito defecatorio horario aprovechando los reflejos fisiológicos (20 minutos después de la comida principal).
Disfunción Vesical
Es importante buscar una rápida solución a su problema y a las posibles complicaciones. La mayoría de las personas que han perdido el control de la vejiga puede ser entrenada para utilizar técnicas o dispositivos (cateterización intermitente) o bien dejando una sonda de permanencia, es importante revisar el color y olor de la orina ya que es una puerta de entrada de bacterias que pueden deteriorar el estado de salud. La ingesta de líquidos evita la proliferación de bacterias porque las desplaza.
Úlceras por presión
Podemos definir las úlceras por presión (UPP) o escaras como toda pérdida de tejido, producida por isquemia, (pobre o nula circulación sanguínea) y derivada de una presión ejercida y mantenida sobre una prominencia ósea. Siendo esta una presión que va mas allá del límite tolerable de la misma piel.
Debido a que carecen de los mecanismos fisiológicos de defensa, ya que presentan una hipoestesia-anestesia (disminución de la sensibilidad o falta de ésta), acompañada o no de transtornos tróficos en la piel, como piel delgada y una pérdida de grasa subcutánea; además puede existir una falta de tono muscular o espasticidad, o presentar un éxtasis venoso-linfático (mala circulación.) Todas estas alteraciones contribuirán en mayor o menor medida a incrementar el efecto nocivo de la presión.
Cuando aparece una UPP (úlcera por presión) en estos enfermos puede ser índice de que existe un agravamiento de su enfermedad primitiva y sobretodo se acompañará de una mala evolución y una curación más difícil, de ahí la importancia extrema que representa la prevención de la formación de las úlceras por presión en todos estos grupos de riesgos.
En el caso de los pacientes con lesiones medulares, el riesgo de aparición de las UPP se mantiene todo el tiempo, ya que existe una desaparición de los reflejos vasomotores. La anestesia de una zona corporal hace que el individuo no tenga la posibilidad de conocer la progresiva actuación de la presión con la correspondiente alarma sensitiva, haciéndolo más vulnerable a la aparición de lesiones.
Las áreas más afectadas son las nalgas, las caderas, los tobillos y talones. La limpieza esmerada, las medidas de asepsia para evitar infecciones, el masaje suave para corregir la acumulación venosa y linfática son medidas de enfermería primordiales para evitar las úlceras en la piel
Es fácil reconocer la formación de nuevas escaras; el aspecto clínico que presentan las úlceras por presión va variando a lo largo de su evolución. Así pues podemos diferenciar una fase aguda, al comienzo de su formación, en la que la UPP se presenta como una mancha parda o violácea, rojiza persistente, sobre una prominencia ósea. Este enrojecimiento persistente puede pasar por estadios de inflamación y comenzar a presentar el inicio de una necrosis tisular, (muerte del tejido) que habitualmente es interpretada, de forma equivocada, como un absceso agudo, que en general suele ser incidido para drenar un pus inexistente, dejando expuesto una grasa necrótica de color amarillo-grisáceo, susceptible de una infección posterior. Cuando se presenta este “pseudoabsceso” debe ser interpretado como la fase inicial de una UPP y, por lo tanto, es importante adoptar una actitud conservadora, eliminando la presión y evitando el drenaje del mismo.
Insisto, primero se nota enrojecimiento en la piel, luego se torna violáceo y por ultimo se ennegrece por la muerte del tejido. No debe permitirse nunca que pase del tono rojo al siguiente, para ello el cuidador debe inspeccionar acuciosamente todo el cuerpo del paciente cada vez que se le practique el aseo personal y tomar las medidas necesarias.
Si la presión no se alivia, la mancha violácea comenzará a oscurecerse hasta llegar a formar una placa negra, dura y adherida, que, a medida que vaya evolucionando, comenzará a presentar un halo de enrojecimiento periférico que indica el inicio de un proceso inflamatorio que permitirá eliminar este tejido necrótico, hasta conseguir que esta placa negra quede suelta y, por último, se desprenda.
La pérdida de sustancia resultante suele tener en su fondo una prominencia ósea o un tejido muscular visible. Si no es atendida a tiempo se ira formando una “cueva” con perdida de tejido, conocido como saco ulceroso.
Los productos de la invasión bacteriana y de la destrucción de tejidos conforman una descarga purulenta y maloliente, destructiva para el nuevo epitelio. Esto le ocasiona al paciente, elevación de la temperatura y malestar general
En algunas ocasiones, el proceso supurativo puede recorrer gran distancia entre planos de tejidos con la destrucción de cavidades articulares lo que se traduce como sepsis. Este cuadro puede llegar a poner en peligro la vida del paciente.
Sanar las úlceras por presión es muy difícil y costoso, y pueden tardar meses y años en curar. Las mías tardaron dos años en sanar, no sin antes, consumir muchos millones de bolívares, mucho esfuerzo y grandes incomodidades que casi me cuestan la vida y hoy día estoy más limitado de lo que debiera. Se me aplicó casi todos los medicamentos conocidos para curarlas, sin embargo, la medicina más económica fue la que dio resultado. A continuación describo la cura que me fue efectiva.
Como curar las UPP
Deben tomarse siempre las normas de asepsia y antisepsia. La ulcera debe ser limpiada a conciencia, eliminando cualquier tejido muerto, Esto se logra con el debridamiento.
El tratamiento de la úlcera abarca el debridamiento mecánico con un jabón antiséptico blando y agua tibia, el desbridamiento químico con sustancias fibrinolíticas junto con el desbridamiento de los bordes muertos de la herida.
Los bordes deben ser reactivados frotando duro con la gasa y Betadine hasta que sangren. Si están muy infectadas y el paciente presenta fiebre, las heridas pueden ser lavadas con vinagre, enjuague bucal u otro desinfectante propicio y después éste debe ser removido con agua destilada o agua filtrada previamente hervida.
Los primeros días, mientras cede la infección se le coloca azúcar blanco, papelón rayado o mejor aún; miel, directamente en la herida.
Después se elimina el azúcar y luego de limpiar la herida según el procedimiento anterior, se descorteza y se corta la sábila (Aloe Vera) en trozos tan grandes como se puedan, de acuerdo al tamaño de la úlcera y se colocan sobre la herida cubriéndola con una gasa suficientemente gruesa y grande para que los excrementos y la orina no penetren en la herida, esto en caso de ser úlceras sacras, trocantéricas o espinales que son las más comunes. La orina es muy peligrosa porque macera las heridas.
Las curas deben ser diarias, pero al mejorar, si no son muy grandes, se pueden hacer ínter diarias. No gaste recursos en cremas costosísimas que no dan resultado. Los parches son muy efectivos para úlceras superficiales y son rápidos pero son muy costosos. Recuerde, se necesita mucha perseverancia y paciencia porque la curación es lenta. Con una alimentación pobre e inadecuada las úlceras no sanan. No deje de lado a su médico y dígale que se atreva a monitorear este tratamiento no convencional y natural. El zinc y la vitamina C favorecen la cicatrización.
Como prevenir la aparición de las UPP
Las “escaras” (aparición de placa oscura de aspecto seco con reblandecimiento de los bordes) son el peor enemigo, desde el punto de vista de la salud, para quien pasa todo su tiempo en cama o en silla de ruedas, no pocos mueren por esta causa. Por lo que prevenirlas debe ser la prioridad número uno del paciente y de quien está a cargo de su cuidado inmediato.
EL CUIDADOR ES EL MÁXIMO RESPONSABLE A LA HORA DE LA FORMACIÓN DE LAS ÚLCERAS POR PRESIÓN.
No debe escatimarse esfuerzo alguno a la hora de adquirir un colchón anti escaras pues de ello depende la vida del paciente.
Para reducir la presión sobre las zonas sensibles pueden utilizarse colchones inflables de presión alternante, los colchones de gomaespuma en forma de huevera y los colchones de gel de silicona o agua. Si hay que aliviar la presión al máximo se pueden utilizar colchones de flotación con aire. Debe emplearse una almohadilla protectora sobre las prominencias óseas.
El paciente debe movilizarse cada 2 a 3 horas, si esto no es posible debe mantenérselo boca arriba, nunca de lado. Debe evitarse que las protuberancias óseas choquen entre sí o con cualquier objeto duro por tiempo prolongado.
Para permanecer más tiempo en la silla de ruedas ideé colocar la colchoneta anti escaras, doblada en dos, longitudinalmente, (se puede hacer una funda y meterla allí luego se asegura para que no se ruede) y al llegar a un sitio pido que la conecten al suministro de electricidad.
A continuación se desglosan los aspectos a tomar en cuenta para la prevención de las UPP
Limpieza de la piel y aseo diario con jabones neutros, y aplicar cremas hidratantes en aquellas zonas de mayor sequedad cutánea
El colchón debe ser cómodo y las sábanas limpias, con el fin de que la piel no esté en contacto con secreciones como sudor, orina, etc.
Utilizar cojines especiales que repartan homogéneamente las presiones y que no sean demasiado duros. Existen en el mercado varios modelos de cojines “antiescaras”, que reparten uniformemente las presiones a condición de que se lleven relativamente desinflados. Un cojín duro incrementará la presión en la zona de apoyo pudiendo ser el origen de la aparición de enrojecimientos y ulceraciones. Por si solos no llegan a eliminar la condición principal en la profilaxis, que es el cuidado constante y esmerado del enfermo para evitar su apoyo continuado.
Cuando sea posible, se adoptará la posición “boca a bajo”mientras permanezca en la cama, protegiendo las rodillas y el dedo gordo del pie. Esta posición es la que permite liberar de presiones la cintura pélvica, área anatómica con mayor incidencia de ulceraciones.
En las personas que deban permanecer en silla de ruedas, es importante enseñarles a “sentarse bien”, con una posición correcta que evite el apoyo de la región sacrococcígea y evitar arrastrarse hasta el asiento.
La realización de cambios posturales cada 2-3 horas debe ser estricta
Protección con almohadas de las zonas peligrosas: talones y sacro cuando se este “boca arriba” caderas cuando estén acostados de lado; e isquión (región glutea) cuando estén sentados.
Realizar pulsiones periódicas, elevándose con ayuda de los brazos, o cuando los brazos no estén útiles, tendrán que separar el cuerpo del cojín inclinándolo hacia un lado y otro.
Vigilar el estado de la piel después de estar un tiempo en la misma posición, constituye una de las medidas más importantes dentro de la profilaxis. Para ello se realizará una inspección regular de las zonas de apoyo con un espejo, vigilando que no aparezca un enrojecimiento persistente que nos indicaría que hemos llegado al límite de tolerancia de la piel a la presión.
Una dieta correcta incluyendo un buen aporte proteico, así como de vitaminas y minerales será un apoyo importante para favorecer la cicatrización de los tejidos dañados.
“LA PREVENCIÓN SÓLO ES POSIBLE EN LA FASE DE ERITEMA. SI SE RETIRA LA PRESIÓN EN ESTA FASE, CONSEGUIREMOS EVITAR LA APARICIÓN DE UNA ÚLCERA”.
Frecuencia del aseo
Se deben cambiar con frecuencia las ropas de vestir y de cama. Las sábanas tienen que ser suaves, limpias y no tener arrugas. Limpiar la piel con una esponja en agua caliente y secarla con cuidado. Es importante una dieta equilibrada rica en proteínas. Los discapacitados que permanezcan siempre en cama se les pueden asear cada dos días, siempre y cuando no esté sucio de heces, para aliviar la carga de los cuidadores. El cuidador no debe temer movilizar al minusválido a cualquier posición, incluso boca abajo. El cuerpo está inmóvil pero todos sus miembros, por lo general están tan fuertes como los de una persona normal.
Si tiene problemas para expectorar ponga al paciente boca abajo y déle palmadas repercutorias en la espalda y así expulsará toda la flema. Incluso se podrá evitar usar el succionador en pacientes con traqueotomo.
La alimentación
Cuando el cuerpo no está bien alimentado tiene que hacer uso de sus propias reservas para mantenerse y esto favorece la creación de úlceras. La alimentación, debe ser rica en proteínas, lípidos de origen vegetal y muchas frutas y legumbres. Debe evitarse el consumo excesivo de carbohidratos los cuales favorecen la producción de detritos en la orina ocasionando obstrucciones frecuentes de las sondas urinarias. El arroz, el pan, la arepa, las pastas, el café y todo producto que tenga que ser tostado provoca estreñimiento por lo que si es posible no deberían ser consumidos. Es preferible un plato solo de frijoles a uno acompañado con arroz. No coma nunca plátano verde. Las frutas como la guayaba, la pomalaca, la manzana y toda astringente están absolutamente prohibidas por la misma razón. La lechosa es especial cuando se está obstruido y se puede comer por varios días combinándola con yogurt y ciruelas pasas. Se debe consumir alimentos con mucha fibra y cantidades moderadas de aceite. Mantenerse levemente laxado es lo mejor. Es importante mantener un peso promedio.
Si se está en cama lo mejor es acercar las porciones de alimento a media ración tres veces al día. Comer es uno de los pocos placeres físicos que una persona con daño medular puede disfrutar, por lo que debe evitarse presentarle mucha comida en el plato porque puede terminar comiendo más de lo debido, sin embargo no debe privársele del disfrute de la buena mesa.
Las señales del cuerpo
Siendo que, por lo general, una persona con lesión medular no siente los órganos internos, tiene que estar atento a las señales de su cuerpo, pues, este emite señales antes desconocidas. En mi caso he aprendido que cuando mi cabeza comienza a sudar y tengo dolores y presión en la misma, si tengo taquicardia y la tensión sanguínea sube y baja, entonces tengo un globo vesical por obstrucción en la sonda de foley o en la bolsa recolectora de orina.
Si siento sensación de llenura es porque no he evacuado lo suficiente.
Si estoy triste o rabioso sin ningún motivo es una alarma para una enfermedad sin detectar.
Para evitar infección urinaria basta con tomar muchísima agua, si presenta infección, lo cual se reconoce por la fetidez, toma tanta agua como pueda y así se evitará el uso de antibióticos.
Si se sufre de baja tensión, cuando esto ocurra tomar un vaso de agua con azúcar y una pizca de sal, luego colocarse en posición horizontal hasta te restablecerse.
Desarrollo de habilidades
Debes mantenerte con la disposición para desarrollar nuevas habilidades y obtener el mayor grado de independencia posible, no permitas que otro haga lo que tú puedes hacer por ti mismo. No te compadezcas de ti mismo, tampoco admitas que otros lo hagan.
Es fundamental tener una cama clínica para poder sentarte, así como también es necesaria una mesa de trabajo que sea adecuada a tus necesidades. No te complazcas en la autocompasión, más bien utiliza tu tiempo buscando cosas útiles para llevar a cabo y encontrando la manera de hacerlo, comunica a los demás tus deseos para que te ayuden. El progreso puede ser muy lento, pero no desmayes.
Para leer y trabajar en la computadora utiliza una varilla delgada y firme de unos 30 a 40 cm. de largo y ¼ de pulgada de diámetro con dos trozos de manguera plástica en los extremos.
Para escribir; un lápiz unido a otro para extenderlo, se le quitan los borradores y se le pone un trozo de manguera plástica en el extremo que se introduce en la boca. Usar lápiz 6B ó 7B, inclinar el lápiz o el bolígrafo ligeramente para hacer posible la escritura.
Salud Psico-social
El mejor remedio para la depresión es mantenerse ocupado. La lectura edificante, ver programas no violentos de televisión y oír buena música representan buenas alternativas para mantener la mente activa. Puedes emprender cualquier carrera de estudios, hacer negocios, deporte y todo lo que se te ocurra de acuerdo a tus capacidades, aún estando en cama. Es importante salir a pasear a un parque, plaza o cualquier otro lugar donde aparte del esparcimiento puedas hacer nuevos amigos. La pena o vergüenza por que otros vean al discapacitado debe desaparecer de éste y de sus familiares. Cuanto más se relacionen, se concientizará mejor a otros y cosecharán más colaboración. Un discapacitado puede ser una influencia positiva para los demás y puede animar a otros con su buen ejemplo.
Crear o afiliarse a un grupo o fundación de discapacitados debería ser una prioridad para compartir ideas, fortalecerse los unos a los otros y para conseguir las ayudas necesarias para sus miembros. En la unión está la fuerza.
La familia por entero debería integrarse porque es su responsabilidad el hacer que su ser querido tenga el ambiente y el apoyo necesario que le haga posible aceptarse a sí mismo y devolverle el deseo de vivir.
Trata de aprender de la experiencia ajena, buscar a otros que ya han superado su discapacidad puede ser muy provechoso, orienta a otros con lo que ya sabes. Recuerda que la minusvalía es una circunstancia y como tal debe ser tratada, solo quienes no se amilanan ante las circunstancias son triunfadores. Recuerda la discapacidad no significa el final de la vida ni de los sueños, sino que es el comienzo de otra, más difícil, llena de retos pero podría ser más fructífera aún. Te lo digo yo que soy cuadripléjico ¡ÚTIL Y VICTORIOSO!
Vuelve a empezar
Aunque sientas el cansancio,
Aunque el triunfo te abandone,
Aunque un error te lastime,
Aunque una traición te hiera,
Aunque una ilusión se apague,
Aunque el dolor queme tus ojos,
Aunque ignoren tus esfuerzos,
Aunque la ingratitud sea la paga,
Aunque la incomprensión corte tu risa,
Aunque todo parezca nada…
Vuelve a empezar
ASOCIACIÓN CIVIL “ÚTIL Y VICTORIOSO”.
Centro Para La Integración Social De Personas Con Necesidades Especiales
“ÚTIL Y VICTORIOSO” es una organización social sin fines de lucro, inspirada en ideales cristianos como lo son el servicio desinteresado por los demás, la utilidad del ser humano y que reconoce el valor de la vida y que sin importar la condición del individuo todos tienen derecho a ella. Nadie se puede abrogar la facultad a quitarla, la cual solo pertenece a Dios, por lo tanto consideramos que es inalienable.
La eutanasia, el aborto, la pena de muerte, el abandono familiar son inaceptables desde todo punto de vista. Legalizar estos anti valores en Venezuela representaría aumentar la criminalidad, los abortos, la injusticia. Es más, se estaría institucionalizando la injusticia y la maldad.
El potencial del ser humano siempre está presente y las personas siempre pueden ser útiles no obstante su condición física o social.
“ÚTIL Y VICTORIOSO quiere contribuir y tiene como objetivo desarrollar las pontencialidades de las personas que por múltiples causas tienen necesidades especiales como son la minusvalía por daño en la médula espinal, cuadriplejía, paraplejía, hemiplejia, sordera, pérdida de la visión, polio, amputaciones, etc. para que puedan ser útiles y de ser posible logren auto sostenerse económicamente. También tiene como meta elevar la autoestima del minusválido por medio de ayuda espiritual, psicológica y vocacional.
En el mismo orden de ideas desea concienciar a la familia y a la sociedad demostrando que un minusválido puede ser útil. Pero es necesario que se les den las herramientas y el apoyo necesario para superar su condición, por eso nuestro lema es:
“CREAR OPCIONES PARA LA VIDA PORQUE UNA SILLA DE RUEDAS NO BASTA”
No está demás decir que la medida de una sociedad está determinada en lo que es capaz de hacer por los desafortunados, por los que menos tienen, por los que están en desventaja.
¿POR QUÉ ES NECESARIO NUESTRO CENTRO?
El incremento de los accidentes viales y laborales, la tasa de malformaciones congénitas y sobre todo la desigualdad social, nos hace pensar en un grupo considerable de personas que requieren atención social pero que están desasistidas. Por otro lado, la necesidad de conciencia colectiva, la necesidad de resaltar los valores cristianos y de la humanidad, la necesidad de elevar al individuo y sacarlo de la ignominia, colocándole adonde debe estar, justifican cualquier esfuerzo que se haga en consecución de los mismos.
¿A QUIENES VA DIRIGIDO?
A todas las personas que padezcan una discapacidad con el objetivo de reestablecer sus deseos de volver a la vida y se integren de forma útil y productiva a la sociedad. A todo aquel que sienta compasión por el sufriente. A los familiares que no saben qué hacer con sus parientes discapacitados
PROPÓSITOS
Formar conciencia social
Integrar al minusválido a la sociedad
Ayudar en la gestión de recursos económico para los discapacitados
Ayudar en la gestión de sillas de ruedas, muletas, prótesis, etc. para personas de bajos recursos económicos.
Brindar orientación espiritual y psicológica al discapacitado y su familia
¿CÓMO PUEDE UD. AYUDAR?
Integrándose a nuestro equipo.
Aportando sus ideas y experiencia
Dando su colaboración económica.
Donando equipos y herramientas de trabajo, computadoras, impresoras, máquinas de coser, llaves, etc.
Donando ropa y alimentos.
Llevando a pasear a un discapacitado, visitarle o bien brindarle una sonrisa en señal de solidaridad.
Donando la silla de ruedas, muleta, prótesis, etc. que tenga sin uso en su casa.
¡Si usted tiene un equipo de estos en su casa por razones sentimentales o para su uso futuro, recuerde que usted puede cambiar una vida hoy!.. ¡Y recibirá una gran satisfacción!
BIBLIOGRAFÍA
HEAGY, Ron. “Actitud ante la Vida”, Editorial UNILIT, Miami, Florida, 1998.
NÚÑEZ, Miguel Ángel. “Un Nombre Nuevo” Asociación Publicadora Interamericana, Miami, Florida, 2003
WHITE, E. G. “Palabras de Vida”, Asociación Publicadora Interamericana, Miami, Florida, 1983
WHITE, E. G. “Patriarcas y Profetas”, Publicaciones Interamericanas, Boise, Idaho, 1955
La Santa Biblia. Versión Reina Valera, Sociedades Bíblicas Unidas, Bogotá, Colombia, 1989, versión 1960.
La Santa Biblia. Versión Evaristo Martín Nieto, Ediciones Paulinas, Madrid, España, 1988
Diario Meridiano. Art. “Superman lucha por volver a caminar”, Pág. 25. Caracas, Lunes 4 de noviembre de 2002.
Selecciones de Reader´s Digest. Art. “Los hijos de nadie”, México, marzo de 2004.
Si deseas comunicarte conmigo
italvio@hotmail.com italoviolo@yahoo.com.ar

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